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4/12/13

Sobre la locura

Pensé el otro día una respuesta a por qué me resulta tan significativo y erróneo que la gente tienda a decir "subconcsciente" cuando habla del inconsciente. Es una cuestión topológica: el inconsciente no está debajo de nada.

Lovecraft imaginó que la raza que dominaría el mundo después del ser humano sería una raza de enjambres de insectos en los que cada enjambre sería un individuo. Una vez más, el enajenado Lovecraft tiene una intuición muy sugerente. Creo que la imagen del sujeto como enjambre se parece un poco a nuestro espíritu: la forma del enjambre es el yo, los bichos son el inconsciente. Son la forma y la materia; no está uno debajo de otro.

Cuando enloquecemos, nuestro enjambre pierde forma, nuestros bichos se escapan. Siempre se están escapando, no podemos evitarlo, pero en ocasiones se escapan tantos que el enjambre se disipa. En esta dirección la locura es perdición, muerte espiritual.

Pero la locura tiene otra vertiente, u otra cara. Locura también es la capacidad de ver más allá de la forma, de ver los bichos, los propios bichos o los bichos del otro. Por eso la imagen de un telón que se descorre, de una verdad que se revela, aparece tan comunmente en la locura. Por eso la locura tiene una parte de genuina lucidez. El problema es que es una lucidez abrasadora que tiende a deshacer nuestro enjambre.

Tal vez el mayor esfuerzo de la cordura no sea tanto mantener la forma del enjambre, si no el negarse a ver los insectos que lo componen. En realidad el importante componente de locura que revolotea en todo momento en cada enjambre humano es basante evidente, somos nosotros los que insistemos en fijarnos sólo en la forma, para no perdernos, pero no enloquecer.

Creo que vivimos en una sociedad preocupantemente cuerda. Cada día hay más psicóticos diagnosticados, los etiquetados como esquizofrénicos, pero creo que eso es así porque vivimos en un mundo incapaz de lidiar con nuestra realidad de enjambres. Sin una religión que nos respuestas y con un cientifismo anquilosado que intenta suplantar al pensamiento religioso, cualquier asomo a nuestra deformidad espiritual nos resulta insoportable. Somos incapaces de probar la más mínima dosis de lucidez lunática sin desvanecernos en el proceso. 

Se habla mucho del relativismo postmoderno, yo mismo he estado años obsesionado con él, pero ahora creo que estaba muy equivocado. No somos relativistas en absoluto, no somos ambiguos y no somos críticos. Nada ha venido a suplantar al cientifismo decimonónico. Somos cuadriculados, no tenemos respuestas para la excepción ni para la diferencia, aun peor, no sabemos admitir nuestra ignorancia, dejar un espacio al misterio, a la ausencia de respuestas. La postmodernidad, salvo algunos pensadores aislados, que por cierto hoy están todos muertos, ha centrado sus esfuerzos en racionalizar, sistematizar y academizar todo aquello que había conseguido escapar al primer embate academicista del XIX. Foucault es un pensador muy pero que muy nocivo.

Necesitamos que todo sea forma, no podemos soportar nuestra condición de enjambre.

1/5/13

Gelos.

Si el dinero fuese un dios, y en muchos sentidos los es, sería un dios de la risa. Al menos ese sería su atributo primigenio. Gelos elevado al rango de deidad suprema.

Igual que la risa, el dinero es imbatible por el saber. Destruye toda certeza, porque sabe que nada tiene en realidad sentido, que todo sentido es una ilusión.

El dinero, igual que la risa no entiende de moral  ni de ideología, de odio ni de amor. Implica una distancia de toda humanidad que es en parte admirable y en parte terrible.

Como la risa, arrasa.

Como la risa, seduce.

Como la risa, excluye a todo aquel que no le siga el juego, le deja en ridículo.

Como la risa, es inmoral y disfruta de la desgracia ajena. Pero también es amoral, porque en él toda desgracia es relativa; intrascendente como cualquier otra cosa.

¿Cómo nos libramos de la potestad de Gelos? ¿Quien será el nuevo Nietzsche que escriba El Antigelos? ¿Cómo destruiremos a la ironía, que es el principio de toda destrucción, de toda crítica? Es como combatir el fuego con gasolina...


18/4/10

Madre muerte.

Madre muerte
sujeta mis tobillos
balancéame boca abajo.

Suena música de feria,
bailo un baile torpe y triste,
libre y viejo, solitario.

Pasión es posible contigo;
tu piel y tu voz
encima de una madre muerta.

Los pies descalzos, preciosos, descubiertos,
tu ser al fin
concebible por mis ojos.

Soy para ti
el hijo vivo
de la madre muerta.

9/9/09

Para Ana.

María no era bonita, tenía la piel áspera y el cuerpo huesudo y seco. En el pueblo la tomaban por loca porque aseguraba que podía oír hablar a los ángeles y porque escribía unos poemas dedicados al Señor que resultaban demasiado apasionados, casi carnales. Sin embargo, algo debía de tener la niña, porque los Domingos, cuando cantaba en el templo, a pesar de que su voz no era la más fina, casi todos sentían una agradable sensación de plenitud en el pecho y más de uno tenía que enjugarse las lágrimas. A penas cumplidos los 13, sus padres, recelosos de su extraño comportamiento, la dieron en matrimonio a un viejo carpintero llamado José. Tenían la esperanza de que la serenidad del anciano viudo la encauzara, pero José era un hombre rudo y serio que entendía a su mujer tan poco como el resto. Rara vez le hacía el amor, y cuando ocurría, María sentía una angustia terrible que mitigaba perdiéndose en sus extravagantes fantasías.


Como todas las chicas del pueblo María estaba enamorada de Gabriel. Era un muchacho alto y delgado, de belleza arrolladora, casi excesiva, admirado por los hombres y deseado por las mujeres. Gabriel había sentido posarse en él miles de miradas, pero nunca había visto ninguna tan intensa como aquellas que le dedicaba la joven esposa del carpintero. Él jamás había necesitado ser una persona intensa, la vida le había mimado en exceso. El fuego de aquella niña le llenaba de una sensación de reto que parecía una suerte de cruce de envidia y melancolía.


Un día, mientras José estaba fuera reparando alguna viga carcomida, Gabriel irrumpió en la casa del matrimonio y sorprendió a María en la sala leyendo. El pánico ante el inminente pecado no hizo más que alimentar el deseo de la muchacha. Él ordenó que no gritase, sus palabras ejercieron la autoridad incomprensible de un hechizo. En la cama se abrazaron desnudos, la piel de él era tersa, y cuando la penetró, la matriz se acomodó dulcemente al miembro duro y suave. Mientras el joven se mecía acompasadamente sobre ella, le susurraba al oído que nada debía temer, porque aquello era obra de Dios. Y la niña así lo entendía, porque todo en el acto se sentía divino y correcto. Ambos alcanzaron el orgasmo a un tiempo, ella nunca había experimentado nada parecido, como agua fresca recorriendo el interior de su cuerpo, como una erupción de luz en sus entrañas.


Gabriel ya no volvió a visitarla y esquivó desde entonces sus ojos tiernos, domados. Al no menstruar por segundo mes consecutivo estuvo a punto de sucumbir al pánico, llevaba casi un año sin acostarse con su marido. Pero María gozaba del talento de los poetas y con tal seguridad y pureza en sus ojos contó a José y a todos que aquel fruto de su vientre era obra de Dios, que los aburridos aldeanos se dejaron seducir y creyeron. El misterio fascina a los sencillos que intuyen su valor sin comprenderlo y lo necesitan para sobrellevar la dura rutina del trabajo. Así de útiles son los artistas.


Consecuente con su fantasía, María crió al pequeño como si realmente fuese fruto de un amor divino, perfecto, un sentimiento que sólo puede existir en el mundo de las ideas, en el cielo, en las mentes de aquellos seres tocados por la gracia, capaces de conservar la lúcida intuición de la infancia.


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Inspirado por una anunciación de Fra Angelico. La estricta simetría de las anunciaciones de este pintor siempre me ha hecho pensar en María como un doble del ángel al que las alas le han sido extirpadas. Como un Ícaro, símbolo de la ensoñación castrada.

30/5/09

Una teoría que espero desarrollar algún día.

Cada día me gusta más el Rococó.

El relativismo posmoderno pone en crisis la solidez del lenguaje. Palabras, historias, imágenes, belleza, razonamiento, todo código deja de ser absoluto, deja de ser sólido. Las artes plásticas han sufrido claramente el shock de la crisis de los lenguajes, si la relación entre significante y significado es meramente convencional, todo se tambalea. Las sensaciones cobran entonces el protagonismo. Las sensaciones no están pervertidas, son innegables, son. Los animales y los niños que tan despreciados habían sido, nos deslumbran desde ese momento con su pureza. Los lenguajes nos pervierten, nos separan de la sensación pura, el buen salvaje es mudo, sólo ve, oye, palpa, degusta y huele la realidad, vive en directo todos esos estímulos sin intentar salvaguardarlos de su fugacidad encerrándolos en símbolos. Al sentir nos libramos de la presión del tiempo y de la presión del yo, somos uno con el entorno, todo es presencia.

Mi teoría es la siguiente: cuando en lo plástico los lenguajes entran en crisis, la grandilocuencia del arte pierde fuelle. Entonces lo decorativo, el diseño, cobra el protagonismo. Se ve en el Rococó, como culmen de ese largo periodo de crisis que es el Barroco. Se ve en las vanguardias, que una tras otra intentan ofrecer lenguajes sólidos, y que una tras otra caen de forma fugaz y acaban teniendo su mayor repercusión en el campo del diseño, como soluciones puramente plásticas (e incluyo en esto a la mayor parte del arte dada, no así a Duchamp). Se ve en Japón, cuya sensibilidad privilegiada para el diseño tiene que ver mucho con el budismo Zen, ese sofisticadísimo sistema de pensamiento centrado en escapar a las trampas de la razón (y cuando digo razón, quiero decir lenguaje) y en entregarse a la sensación pura.

La seducción de la identificación que nos ofrece el diseño tiene sus peligros. Objetos, textiles, grafismos: no nos basta con entenderlos y apreciarlos; por el fenómeno de la identificación queremos que sean parte de nosotros, queremos poseerlos, serlos. La publicidad, el capitalismo, se nutren de esta necesidad acuciante del hombre sin lenguajes sólidos.

En fin, como siempre, pensando demasiado.

Plata y oro.

El Tejón.
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30/3/09

El día de la desgracia.


Era el Día de la Desgracia del año en el que Inkinu cumplía 16 años. Como su padre había hecho antes que él y antes de éste el padre de su padre, Inkinu debía tensar su arco con todas sus fuerzas y disparar la flecha que los ancianos habían tallado para él. Después, caminaría hasta el Santuario de la Diosa Primera, y allí aprendería la manera de regenerar el Tiempo. Era preciso que no comiese ni bebiese nada hasta su vuelta, así que antes de partir su madre le preparó un abundante festín para que aguantase las tres jornadas de camino que necesitaría para llegar a su objetivo, más allá de los bosques del Dios-mono y de la Tierra Seca, en el Fin del Mundo. Todos observaron en silencio como preparaba su arma y aclamaron con admiración cuando disparó el proyectil que se perdió lejos, entre los árboles. Su padres le despidieron llenos de orgullo, las lágrimas manaban de sus ojos, sus primos cantaron a su tótem pidiendo buenos augurios y Ninphäli, su prometida, le besó en la mejilla y le dio una vejiga sellada llena de ungüento que ella misma había preparado.


Cuando cayó el sol del primer día, Inkinu se hallaba ya en los límites de los Terrenos de Caza, en la frontera con el bosque del Dios-mono. En plena noche se adentró en territorio desconocido, la espesa maleza filtraba la luz de la luna llena, caminó con la mano prieta en el arco mientras a su alrededor el bosque le recordaba con su estruendo que allí era un intruso perdido. Guiándose por las estrellas consiguió mantener el rumbo, pero se sintió amedrentado, invadido por la sensación de estar siendo acechado. Cuando llegó el alba pudo ver a los hijos del dios de aquellas tierras que le observaban desde las ramas, en silencio. Poco antes del atardecer, los simios comenzaron a mostrarse intranquilos, algunos le arrojaban ramas o frutos y ya no le observaban sólo desde los árboles, si no que empezaron a bajar al suelo y a caminar siguiendo su paso, rodeándole. El miedo estuvo a punto de hacerle cometer el error fatal de utilizar su arco, pero en el momento en el que la tensión parecía ya inaguantable un violento chasquido de madera partiéndose sonó encima de su cabeza y una enorme forma negra aterrizó delante suyo cortándole el paso. El majestuoso Dios-mono, soberano de aquel lugar, debía de pesar siete veces más que Inkinu, su pelo era negro como el carbón y su rostro arrugado de redondos ojos rojos imponía un respeto ancestral más allá de toda torpeza humana.

- Estás muy lejos de casa, joven ser parlante. ¿Qué te trae por mis tierras?

Su potente voz parecía salir de todo el bosque y no sólo de su garganta, pero el coraje del héroe humano era grande y no vaciló en su respuesta.

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu, partí del Mundo de los Hombres el Día de la Desgracia en busca del Santuario de la Diosa Primera, fui purificado por los sacerdotes y no he probado alimento alguno desde entonces. Así como yo respeto tu excelso poder, Señor de los Bosques, respeta tú mi empresa, que no es otra que la de conseguir que me sea revelada la manera de regenerar el Tiempo.

- En efecto, joven ser parlante, has cumplido los rituales. Así mismo, el objeto de tu viaje es una cuestión de extrema importancia para todos aquellos que habitamos el Mundo. Pero has de entender que como rey de esta tierra, no puedo permitir el paso a un humano cualquiera. Si realmente eres quien dices ser, deberás probar tu fuerza combatiendo conmigo con las manos desnudas.

Inkinu tiró al suelo su equipaje y se puso en guardia. Su gigantesco adversario soltó un fabuloso gruñido y arrancó a correr hacia él ayudándose de sus manos. La embestida fue terrible pero el héroe no fue arrollado, saltó antes de recibir el impacto y se agarró con fuerza a la cabeza negra que a penas podía cubrir con sus brazos. Furioso, el dios continúo su carrera dirigiéndose hacia un árbol con la intención de aplastar al joven. Éste reaccionó con un impulso y se aupó al cuello de la bestia que se dio de bruces contra la áspera corteza. Ambos cayeron, el hombre se levantó presto, pero el simio agarró su pierna derecha y levantándole sin esfuerzo le alzó por encima de sí para estrellarle después contra el suelo. A su alrededor la corte simiesca llenaba el bosque con sus chillidos, Inkinu estaba aturdido por el impacto y no pudo reaccionar cuando su rival se abalanzó encima suyo. El mono empezó a castigarle violentamente con sus manos, una, dos, tres veces. El héroe pensó en los suyos, en la Tierra Segura, en sus primos, en los ancianos, en sus padres, en Ninphäli. Haciendo un esfuerzo supremo consiguió agarrar con sus manos el brazo derecho del monstruo cuando este arremetía por cuarta vez. Ambos rivales pusieron a prueba sus músculos, la extremidad peluda se tensaba con una fuerza inconcebible, pero el hombre resistía. A punto de ceder, hizo un último esfuerzo y desvió el golpe brutal hacia el suelo, los nudillos del animal se clavaron en la tierra. Con una velocidad extraordinaria agarró de nuevo la gran cabeza y le propinó un certero golpe con su frente para luego hundir sus dientes en la gran nariz de la que brotó la sangre copiosamente. El dios aulló de dolor, Inkinu aprovechó para zafarse y se puso en pié. Tenía una ceja rota y escupió varios dientes. Los dos se encontraron de nuevo cara a cara y se lanzaron una intensa mirada de odio. Esta vez fue el gran cazador el que embistió, pero el dios golpeó su pecho y alzó su voz emitiendo un sonido profundo. De las copas más altas cayeron varias decenas de monos sobre el héroe que se defendió repartiendo certeros puñetazos y patadas, a pesar de que tumbó a muchos de sus enemigos, el esfuerzo fue en vano, eran más de cien contra uno y consiguieron reducirle en poco tiempo. Quedó al fin tumbado boca abajo, completamente cubierto de estas bestias que presionaban su cabeza contra la tierra. El Dios-mono se acercó sonriendo, pisó la nuca de Inkinu y apretó con saña. Entonces habló:

- Bien, bravo joven, bien. Eres ágil y recio. Te será permitido cruzar. Pero que esta lucha te sirva de lección: mi pueblo no tiene la habilidad de crear tierra segura, de encender fuego. Sólo vosotros, los seres parlantes, podéis comunicaros con la Diosa Antigua y regenerar el Tiempo, pero a nosotros los monos nos corresponde la fuerza, y ni el más fiero de los vuestros podrá nunca equiparar su poder al del simio. Si te he hecho prender ha sido sólo para evitar la inevitable muerte que habrías alcanzado si el combate hubiese llegado a su fin. Parte ahora, y mantén presente en tu mente este día. Que tu humillación y tu odio sean la semilla de la fuerza que necesitarás para guiar a los tuyos.

El orgulloso hombre, aun con la boca llena de tierra y el cuerpo mutilado respondió:

- Algún día llevaré tu cabeza a mi aldea.

- Algún día, joven cazador, algún día.

Y de nuevo el dios rugió, con un sonido que recordaba a una carcajada. Levantó su pié y desapareció entre las copas. Tras él lo hizo toda su corte y dejaron a Inkinu solo, apaleado y exhausto en el suelo del bosque.

A penas recuperó el aliento, se apresuró a recoger sus cosas. Antes de reanudar la marcha sacó el ungüento que Ninphäli le había preparado y curó con él sus heridas que empezaron a escocer como si estuviesen cubiertas de fuego. Tenía varias costillas rotas y cada paso era una tortura, pero apretó los dientes y caminó a buen ritmo. No había avanzado mucho la noche cuando al fin llegó a la árida llanura que precedía al Fin del Mundo. La Luna estaba casi llena e iluminaba aquel basto paisaje de arena y rocas donde apenas crecían algunos polvorientos y sucios hierbajos. La tremenda algarabía del bosque cesó, ya sólo se oía el más absoluto de los silencios a penas roto de cuando en cuando por el vuelo de un insecto. Los lagartos inmóviles observaban al hombre pasar, Inkinu sabía que al alba llegaría al Fin del Mundo y eso le daba fuerzas. No se detuvo cuando divisó una figura inmensa en el horizonte, pero según se fue dibujando la forma que allí se encontraba, incluso la intrépida alma del gran cazador se amedrentó. Frente a él se erguía el gran Nagash, el dragón gris del desierto, de piel escamosa, colmillos afilados, mirada serena y alma retorcida. No había posibilidad de huir del monstruo, tampoco podía esconderse en ningún lugar de aquel erial, así que mantuvo su trayectoria hasta que se halló a pocos metros del fabuloso ser. Pudo entonces ver al mal en toda su majestuosidad, desprendía una luz plateada y la intensidad de su mera presencia hacía temblar el suelo. Dicen que el valor no es la ausencia de miedo si no la capacidad de sobreponerse a éste, y así debe ser porque no hay corazón humano que pueda permanecer impasible ante la presencia de un gran dragón. Inkinu tembló, el dolor de sus llagas a medio sanar se intensificó, la debilidad debida al hambre y al agotamiento se hizo patente en todo su cuerpo, a punto estuvo de desfallecer, pero su voluntad era la más fuerte que pueda tener un hombre, así que miró a la bestia a los ojos y habló:

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu. Salí de la Tierra Segura el Día de la Desgracia, crucé el Bosque de Caza de los Hombres y el bosque del Dios-mono. Con éste luché y aunque fui derrotado y acarreo esa vergüenza, probé mi valor y me fue concedido permiso de paso. Ahora, a las puertas del Fin del Mundo, te pido a ti, gran Nagash, Señor de la Tierra Seca, que me dejes proseguir mi marcha para que pueda llegar al Santuario de la Diosa Primera y aprender allí la manera de regenerar el Tiempo.

Las enormes comisuras de la boca del dragón se estiraron hasta articular una amplia sonrisa que puso al descubierto sus brillantes colmillos. Antes de responder, dejó pasar un largo silencio, luego su voz sonó al fin. Era una voz horrenda, aguda y múltiple, como si en su garganta habitaran millones de seres minúsculos que hablasen a coro, un sonido que ensuciaba el alma y degeneraba el cuerpo y que sólo los lagartos podían soportar mucho tiempo:

- Hace miles de años, un hombre de tu mismo nombre llegó a este desierto. Luchamos, y con la ayuda de los dioses consiguió vencerme, convirtiéndose así en el primero de los héroes. Durante cientos de décadas, perdí año tras año mi batalla, derramando sobre la arena mis lágrimas negras de rabia. Yo fui creado poderoso y astuto, un adversario digno, pero fui condenado a la derrota perpetua, y no se me dio una naturaleza sumisa con la que mitigar mis ansias de venganza. Hoy, joven guerrero, para evitar esta contienda que sólo puede llevarme al desastre, te ofrezco un presente que sellará la paz entre nosotros para siempre. Un regalo que me ha llevado eones realizar, pues durante cientos de siglos he reunido cada una de mis lágrimas provocadas por el odio, y cada gota de mi saliva, tan preciosa y escasa en este desierto. Con todo mi dolor, he creado este estanque que hoy te muestro a la luz de la luna llena, éste es mi regalo, valiente Inkinu, no podrás saciar en él tu sed, pues es tan venenoso como mis colmillos, pero podrás observar en su serena superficie el más maravilloso prodigio que jamás halla visto un ser parlante.

Y la bestia levantó su gigantesca cola y tras ella se descubrió un socavón en la tierra, cuya anchura era poco mayor a la del rostro del hombre. Éste, olvidando las advertencias de los ancianos que prohibían posar los ojos en los cuencos mientras estos estuviesen aun llenos, fijó su vista en el tupido líquido negro. Estaba liso como el azabache pulido, y a la luz de Luna, ofreció al héroe una imagen que cambiaría el destino del Cosmos, la imagen de su propio rostro. Inkinu vio a Inkinu por primera vez y cuando tocó su mejilla con la mano derecha el ser del reflejo hizo exactamente lo mismo con su izquierda. Y a través de la mirada que sus propios ojos le devolvían entendió de repente que su rostro no era igual que el de sus primos, ni siquiera igual que el de su padre, que ninguno de los hombres de su aldea era igual entre sí, que nunca lo serían. Sintió entonces una extraña sensación en el estómago, como un agarrotamiento horrible tal vez producido por el hambre, y cuando levantó la vista aturdido por la extraña experiencia, miró a los ojos a la gran serpiente y volvió a sentir miedo, pero sintió también lástima por el demonio cuya mirada era ahora diferente, tal vez similar a la del estanque en algún sentido oscuro y misterioso.

- Parte ahora.

Dijo Nagash, y se desvaneció en el aire polvoriento. El héroe reanudó su camino y al amanecer llegó a la Gran Montaña del Fin del Mundo donde se encontraba el Santuario de la Diosa Primera. Escaló la angulosa pared debilitado por los golpes, la sed y el hambre, y al fin alcanzó la abertura en la roca. Fuera el sol del desierto brillaba ya en todo su esplendor con una fuerza abrasadora, iluminando el interior de la pequeña cueva. Dentro de ésta el gran cazador vio al fin la estatua de la diosa, imponente, eterna, esculpida en piedra roja llegada de fuera del Mundo, por manos no humanas en una era anterior al Tiempo. A pesar del sofocante calor del exterior, el Santuario se hallaba fresco y húmedo, las paredes rezumaban agua y todo estaba cubierto de musgo y líquenes que crecían en la roca. La fuerza de la diosa generaba la vida allí donde sólo puede haber muerte. Y a los pies de la estatua crecían los frutos bulbosos que Inkinu sabía que debía ingerir. Rezó la Plegaria Secreta y comió un puñado, luego calló exhausto a los pies protectores de la deidad.

En su sueño se le apareció ella, con su precioso cuerpo desnudo, casi transparente, suspendido en el aire. Envuelta en su manto de luz nocturna acercó su mano azulada al rostro del hombre y acarició su mentón, luego sonrió. Le habló directamente al alma, sin mover los labios, generando en su mente visiones del futuro. Le mostró como volvería a la Tierra Segura, como al llegar podría al fin descansar y desposar a Ninphäli. Inkinu vio como el día antes de la noche de bodas saldría a cazar y apresaría al mayor de los pájaros del bosque. Pero no comería su carne, si no que lo sacrificaría en honor de ella, levantaría después la Piedra Negra y allí encontraría la efigie del dios de la memoria cuyo nombre no ha de ser pronunciado, renegaría entonces de él y luego todo los hombres juntos entonarían la más importante de las plegarias, aquella que regenera el Tiempo y permite que lo que ha sido degradado vuelva a nacer. La noche de ese mismo día engendraría en el vientre de su esposa un niño, que a los nueve meses nacería sano y fuerte y recibiría el nombre de Inkinu, sellándose así el pacto de vida entre el Hombre y la Diosa Primera, que permitiría a ambos vivir para siempre en eterno equilibrio.

Según acabó la instrucción, el sueño se desvaneció y el héroe despertó. Pero al incorporarse, aun dentro de la cueva, giró su rostro dando la espalda a la estatua de la diosa y miró al cielo luminoso. Recordó la visión de su reflejo y entendió que si el tiempo no era regenerado el mundo comenzaría a expandirse y los hombres ya no tendrían por qué respetar los dominios de los monos. Podrían someterlos y ocupar sus bosques y luego podrían ocupar los bosques nuevos que aparecerían más allá de las montañas. La Tierra Segura se haría más grande, los hombres más numerosos. Incluso crearían tierras seguras diferentes a la original, en otros claros en otros bosques. Y él, Inkinu, sería el descubridor de ese nuevo poder, el responsable de un mundo nuevo, siempre diferente, que envejecería al igual que lo hacen los hombres, pero cuyo tiempo sería precioso por ser exclusivo, porque cada segundo nunca desde entonces se volvería a repetir. Y ya no tendrían que borrar de la Piedra Negra su nombre para inscribir en él el de su hijo, su nombre quedaría escrito para siempre y bajo él un nombre nuevo, diferente, Pactú, el nombre del niño que Ninphäli y él engendrarían cuando volviese a casa.

Y así, se despidió de la diosa siguiendo el Ritual de Respeto, pero nada más salir tensó su arco, apuntó al cielo y mató un pájaro carroñero. Lo comió con ansia y con las fuerzas renovadas cruzó el desierto. Al llegar a la linde del bosque, buscó un árbol de madera firme del que cortó una rama gruesa. Usando su piedra afilada talló una docena de flechas de esta madera, mucho más largas de lo que los ancianos permitían. Acampó esa noche allí y cazó dos grandes lagartos que fueron su cena. Al despuntar el alba se adentró en territorio enemigo. Esta vez, los monos se mostraron aun más intranquilos que en su viaje de ida y no había llegado el mediodía cuando la maleza se estremeció con un crujido ensordecedor y el Dios-mono apareció una vez más ante el héroe.

- Detén tu camino, ser parlante. ¿Cómo osas profanar estas tierras? Has comido carne, tu impureza profana la armonía de nuestro territorio y ofende el honor de mi pueblo. Por esta afrenta morirás, aunque ello conlleve impedir que cumplas tu destino.

Inkinu no respondió, tensó su arco y disparó sin vacilar al rostro del animal. Éste se cubrió con la mano, pero la nueva flecha del hombre atravesó la extremidad y llegó a hundirse en el ojo derecho de la bestia. La impresión del resto de primates fue tal que ninguno se atrevió a atacar por no privar a su rey del privilegio de tomarse venganza tras tamaña ofensa. El dios cargó mientras el héroe apuntaba de nuevo. El segundo proyectil se hundió muy profundo en la carne negra pero no detuvo el embiste. Inkinu salió despedido, rebotó contra un árbol y calló al suelo. De allí le recogió el Dios-mono, agarrándole del cuello con su mano derecha. El hombre lanzó una última mirada desafiante e intentó articular palabra, pero la presión en su garganta era ya demasiado fuerte. La mano se fue cerrando inexorable hasta que rompió primero el espinazo del joven y terminó aplastando del todo su cuello, separando su cabeza del tronco. Miles de monos alzaron sus voces salvajes, tomaron los restos del héroe, irrumpieron en los Terrenos de Caza y llegaron hasta los lindes de la Tierra Segura donde arrojaron su trofeo.

¡Ay, amigos míos! Ese fue el triste final del gran Inkinu, el primero de los héroes de nuestro tiempo. Esa noche los hombres entonaron oraciones funerarias y llenaron el viento de lamentos, se decidió que el nombre del héroe jamás sería borrado de la Piedra Negra. Ninphäli, desconsolada, puso la cabeza de su amado frente a las antorchas y dibujó con un tizón negro el contorno del perfil que la sombra proyectaba en el suelo, los ancianos ordenaron que esa imagen no fuese borrada nunca. Y el hijo de Ninphäli ya no sería Inkinu, pues ya no sería Inkinu su padre, se llamaría Pactú y sería un héroe nuevo, capaz de someter a los monos y de quien sabe qué más nuevas hazañas.

Esa noche, todos los primos del fallecido vieron en sueños a Ninphäli y desearon su cuerpo bello y su espíritu noble, y gestaron en su mente dormida imágenes en las que engendraban en la mujer un niño destinado a llevar a cabo gestas fabulosas, un hijo que no llevaría su nombre, pero que sería aun así sangre de su sangre.

Y esa noche los monos recorrieron todo el bosque aullando frenéticos, triunfales. Sólo su dios se sentó en silencio sobre una rama y miró a la Luna, que ya no estaba llena si no menguante. Aturdido por el dolor de su ojo, entendió de una forma instintiva que esa regularidad seguiría rigiendo en el astro pero no lo haría ya en la tierra que pisaban. Y así mismo entendió que los hombres a partir de ese día nunca más regenerarían el tiempo, que empezarían a rendir culto a la memoria, que nunca estarían satisfechos. Y soltó un leve gruñido tristísimo, casi un sollozo, al haber comprendido al fin por qué el día de la partida de Inkinu, tres días antes de la última luna llena del año, era llamado desde siempre el Día de la Desgracia.

Dedicado al gran Iván en el aniversario de su nacimiento que fue, y así lo acabará reconociendo la Historia, justo lo opuesto a un día de desgracia.
Felicidades genio!


22/1/09

24 hour crazy badger!


Ayer tuve un día de 24 horas, al fin empezé a redactar. Realmente tengo una energía dentro que resulta casi excesiva, el schedule fue el siguiente:
- 8:00 am, me levanto.
- Enseño una exposición en la Academia.
- Vuelvo a casa, charlo con Genia (guay, como siempre).
- Siesta.
- Comida.
- Escribo una entrada del blog, mientras pongo canciones brutales en el youtube para enriquecer los sueños de la siesta de Ana.
- Me voy al Thyssen para mirar libros para reseñar (un currilo que tengo).
- Quedo con Patricia.
- Yendo con ella veo unos zapatos en una tienda, entro, me pruebo varios y me compro unos muy chulos.
- Cañas con Pat.
- Me despido de patricia y me voy a la Casa del Libro y la FNAC, como no tienen el libro de Maupassant que busco me pillo otro de cuentos de Chejov (gasté demasiada pasta).
- Vuelvo a casa, como chico con zapatos nuevos. Están Sergio y Ana montando muebles, justo acabando. Terminan y bajamos a tomar unas cañas.
- Me encuentro a Amudena en la puerta del ya mítico Rincón del Ibérico de la Calle Jardines. Hablo con ella un ratete (qué rica es) y luego cañeo.
- Subo, hago bocatas de salchichas y cenamos.
- Después de cenar le echo las cartas a Ana, primero le daba miedo, luego le parece corto y poco.
- Se va todo el mundo a dormir, pongo la lavadora.
- Termino el Discurso a los Católicos de Lacan, habla de su pensamiento en contraste con el pensamiento religioso. Un libro que simplemente está hecho para mí.
- Cuelgo la lavadora (ya es muuuuuuuy de noche).
- Empiezo mi novela, o cuento, o lo que sea. AL FIN, esta sé que estará bien o mal, pero que va a ser el segundo escrito largo que acabe!!! Me sale algo raro, siempre que creas un personaje de verdad es raro porque sale de ti y eres tú, pero al tiempo es otro ser. Esa sensación significa qe lo estás haciendo bien pero tiene un punto siniestro.
- ATENCIÓN, porques esto es muy fuerte, 6:15, me pongo a limpiar la casa!!! Firego baño y cocinca, no sólo los suelos, todo.
- Mientras dejo que se seque me leo un cuento (que en realidad eran tres) que me ha mandado mi amiga Patricia, bonito, es muy lista. En este periplo, a las 7 y pico, Sergio se levanta a beber agua. "Ten cuidao al pisar que está recién fregado", flipa.
- Cocina y baño secos, acabo de recogerlos un poco y me voy a la cama.
- Me meto en la cama y me leo un cuento de Chéjov, Agafia, brutal, como siempre.
- 7:55 Pienso que es un canteo la cantidad de cosas que he hecho, que es guay, pero que me gustaría estar un pelo más sereno. Qué difíciles son los equilibrios en la vida. Cojo un post it y escribo el resumen de este post con todo lo que he hecho en el día.
- 8:00 am, me duermo. 24 hour crazy badger.

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El día anterior, terminando la preparación revia a la novela escribí este par de cosas:

- Señales falsas, señales desperdiciadas. Aquí hay turrón. Una princesa de un mundo extraño, los astrónomos determinan que un hombre es su pareja ideal porque lo dice el cosmos, ella no quiere que le adjudiquen un marido, pero llega y le empieza a gustar, realmente parece que estén hechos el uno para el otro, pero el es muy reticente. Al final él se suicida, por algún motivo no quiere estar con ella, no quiere cumplir su destino, lo hace porque sabe que es inútil porque cree firmemente que las señales son falsas, en parte puede tener razón, o en parte no quiere enfrentarse a esa posibilidad porque le da miedo, quedaría ambiguo. Es la duda de Hamlet, el hecho de que el Universo tenga realmente unas leyes puede ser muy chungo, sobre todo porque si las tiene son incomprensibles, sólo intuibles. Es Hamlet desde el punto de vista de Ofelia y centrado en la historia de amor.
- Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Aquí está la clave, intentar lo eterno en este mundo fugaz. Eso es el amor. Un problema de tiempo, el tiempo no existe.
- Es fundamental dejar de sorprenderse, dejar de buscar la coherencia. Maravillarse ante las cosas bellas, pero maravillarse no es sorprenderse.

Lo que voy a escribir no tiene nada que ver con esta historia, pero hoy al releerla me ha parecido curiosa.

Y ya está, tal y como voy, o acabo escribiendo algo bueno, o acabo loco, o ambas cosas...

Justo ahora, tenía puesto el Young Americans de Bowie, y ha empezado a sonar su versión de Across the Universe, había olvidado esta canción, en general, hace un montón que no escucho tampoco la de los Beatles, no sé por qué. "Nothing's gonna chnge my world", es brutal.



Plata y oro.
El Tejón.

17/11/08

Manos que aprietan.


Santiago Rusiñol. Antes de tomar el alcaloide.


Santiago Rusiñol. La Morfina.

El budismo se basa en cuatro "nobles verdades":

1 - La vida es dolor.

2 - El origen del dolor es el deseo.

3 - El deseo puede ser extinguido.

4 - Para extinguir el deseo hay que seguir el "camino de los ocho miembros" (que viene a ser como comprar el libro de autoayuda de Buda, sólo que él lo dio gratis porque era buena gente).

Durante un tiempo nada en mi vida me dio más que pensar que esto. Estuve a punto de ingresar en un grupo de práctica zen, pero en el último momento me eché para atrás. Me di cuenta de que no soy una persona religiosa y de que eso no se puede forzar. Uno cree o no cree, y aunque el budismo no tenga nada que ver con las religiones dogmáticas, y es en gran medida una práctica más que una teoría, hay que creérselo de alguna manera para practicarlo con auténtica devoción, como pasa, en realidad, con casi todo en la vida. Además, mi periplo de investigación religiosa empezó en el cristianismo y, pude decirse, que terminó en él. Porque de seguir creyendo en algo creería en Jesús (a mi manera, eso sí), porque Jesús entiende que la vida es sufrimiento, pero su solución es mucho más romántica: "Tú date, date a muerte para superar esa sensación de ansiedad que produce la necesidad egoísta de control. Date lo más que puedas y no dejarás de desear nunca del todo, nunca llegarás, pero en un resquicio de tu corazón, el Amor universal que lo rige todo (en el cristianismo Dios es Amor), te estará salvando y tú lo sentirás. Se bueno y estarás bien, date y estarás bien, inténtalo de verdad (si fracasas no importa, lo que cuenta es la intención) y Dios limpiará tu alma".

Es tan romántico, tan idealista… Es una mentalidad frustrante por principio que sólo se apoya en la Fe para seguir adelante. La Fe es un invento increíble, fantástico de puro absurdo. Surgido en la tradición proféctica hebrea, es un concepto que la iglesia católica y los protestantes y las diferentes facciones institucionales islámicas y judías, han podrido hasta conseguir que suene a un instrumento de anulación de la voluntad individual. Pero la Fe es la base del poder de los individuos, la Fe te permite caminar solo sin tener que ser un arhat o un bodisatva (un iluminado). La Fe es un principio absurdo por el cual sentimos en nuestro corazón que hay un motivo para seguir, para ser mejores, para poner la otra mejilla, para levantarnos cada vez que nos caigamos. La verdadera Fe no se basa en la esperanza de un Cielo tras la muerte o de un Juicio Final que traiga justicia, la verdadera Fe no se basa en nada, es sólo eso: Fe. La Fe es creer, creer en intuiciones que nunca sabremos si son ciertas.

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En lo que se refiere a las relaciones de pareja, no se puede decir que Lacan sea muy idealista. Para él se basan en el deseo y su concepción del deseo se puede resumir en la frase "quiero que me quieras": La ansiedad de ser amado es la fuerza motriz del amor, por eso, cuando el amor se consuma, tras un periodo de satisfacción, desaparece.

Bien, yo no estoy de acuerdo con eso, tampoco soy budista. Creo en la capacidad de las personas para lidiar con la complejidad a menudo malsana del deseo y construir a partir de ahí algo bueno y sincero. Es como intentar navegar con una balsa en una tempestad, hay que achicar el agua sin parar y las posibilidades de irse a tomar por culo son tan altas que sólo la inconsciencia y el tener muchas ganas de darse un paseo en barca pueden llevarnos a intentarlo. Pero es mi personalidad, porque lo de escapar al deseo me parece muy solitario y lo de vivir con conciencia de su omnipotencia, muy triste.

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Ando muy impactado con los cuadros de Casas y Rusiñol que hay en la fundación Mapfre estos días. La Morfina, de Rusiñol, es una buena representación de la problemática del deseo. Es difícil interpretar si la protagonista del cuadro está ya drogada o está con el mono. La respuesta se encuentra en otro cuadro: Antes de tomar el Alcaloide, en la que la misma chica aparece preparándose su chute, en una acción que es causa de la otra escena. Eso hace que La Morfina sea aun más dramático, la angustia de la adicta es tal que incluso el momento de la consumación de su deseo es violento y ansioso. Sobre deseos insatisfechos o insatisfactorios hay otro cuadro que me obsesiona: el Noli me tangere de el Correggio, que ya traté en otra entrada del blog.

Ayer fui al Prado y como era Domingo y había mucha gente hice algo que nunca había hecho: ponerme los cascos y ver pintura escuchando música. Siempre había pensado que la pintura tenía que verse en silencio, pero la experiencia me fue muy bien. Puse la reproducción de mi MP3 en modo aleatorio y las canciones fueron saltando con una adecuación casi mágica (salvo cuando sonó el Chiki Chiki mientras veía el Cristo sostenido por un ángel de Alonso Cano). Cuando llegué frente al Noli me tangere empezó a sonar All Nenon Like de Björk, y me quedé los seis minutos que dura la canción frente al cuadro. Fue maravilloso. Observando la imagen que tantas veces he mirado a fondo descubrí de repente algo nuevo. Entre otras muchas cosas es un cuadro de pies y manos, pero así como las manos de Cristo las tenía yo muy analizadas, esta vez me fijé en otra mano: la izquierda de la Magdalena. Se agarra el vestido con fuerza, como intentando sentir una sensación de aferramiento, de realidad, completamente insatisfecha. Esa mano intenta agarrar lo que no puede tener, su amor, la muerte, Dios… Esa mano expresa toda la frustración de aquello que se contempla, que se ve, que se intuye, que se cree, pero no se puede tocar. "Noli me tangere". Esa mano es Platón, Platón marcando toda la historia del pensamiento Occidental: la maravilla de la teoría, el desastre en la práctica. Es el comunismo y el anarquismo. Desde diferentes puntos de vista es Freud y Lacan, y Jung también, claro. Es El Quijote y La Vida es Sueño y el monólogo de La Tempestad. Y… es la misma mano que la de la adicta de Rusiñol, exactamente la misma. Una vez más: ¡magia!

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Estos días alguien me contó una interpretación de Casablanca que me pareció muy interesante: Cuando Rick deja que Ilsa se valla con Laszlo no está siendo generoso. Lo que hace es no enfrentarse a la historia real y quedarse con la ideal. Además de esta forma la pone a salvo y queda de puta madre. ¿Qué preferiría yo si fuese Ilsa? Si realmente amase a Rick preferiría quedarme a su lado sin duda, el peligro es secundario. Dejando ir a Ilsa, Rick no tendrá que reinventar su vida, ni dejar de ser un solitario. No tendrá que cogerle la mano mientras ella empuja de sus entrañas un sanguinolento bebé, no tendrá que perder su elegante aura cuando estén en la cama y se le escape un pedo por primera vez, no tendrá que sufrir la incógnita de saber si Ilsa le sigue amando después de tantos años, no tendrá que ver como las tetas de su amada caen hasta tocar su ombligo, ni tendrá que sufrir la humillación de quedarse calvo y engordar, o de padecer Alzheimer y olvidar el nombre de ambos. Nunca será herido y nunca la hará daño. Y de esta manera estarán siempre juntos, en París, en el Mundo de las Ideas.

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Conflictos entre el Mundo de las Ideas y el mundo "real". Ansiedad, manos que aprietan y no agarran. El valor y la paciencia son las más sabias de las virtudes. La vida es sufrimiento. Enamorado de la vida aunque a veces duela. Merece la pena arriesgarse, tirarse colina abajo con los ojos cerrados. Siempre ser joven, nunca adolescente, nunca adulto. Y luego está la cosa de que en un momento dado podemos reírnos de todo.


Plata y Oro.

El Tejón.


Nota: La socorrida y razonable simplificación del concepto de deseo en Lacan se la debo al Profesor Roca Sierra, que me introdujo en la obra de ese autor.



Santiago Rusiñol. La Morfina (detalle).


Antonio Allegri da Correggio. Noli me Tangere (detalle)




14/11/08

Casas, ideas y hechos.

Ramón Casas. Flores deshojadas.

En fin, llevo un mes bastante ajetreado, he escrito cosas pero no voy a colgarlas, de momento. No puedo decir que esté poco inspirado, pero me he centrado en la poesía (tengo que pensar muy en serio corregir toda la que tengo y armar un librito), y he dejado de lado el blog. Estoy con una nueva carta del Tejón a Gatis en su viaje a Nueva York. Quería acabarla hoy pero como no me estaban quemando los dedos he preferido dejarla a medias y ponerme a escribir una entrada sin sentido. Allá va:

Vientos de cambio, cuando nada sucede del todo y todo está sucediendo. Grandes despedidas y nuevos encuentros. Al fin me emancipo (ya era hora). Mis nuevas compañeras y Sergio, no parece que sea gente con la que vivir y ya, no parece que valla a ser una casa y ya. Deseando sacar proyectos adelante: la revista, un libro de poesía, Querida Gatis… Siempre más proyectos que resultados, sino de un tejón.

Paseo por la ciudad y desde que busqué casas ya no camino tan encerrado en mis pensamientos; miro. Hay edificios preciosos, Madriz, ciudad tan sobria, a veces pasa desapercibida. Todavía, la pintura: Rusiñol y Casas en el Paseo de Recoletos. Casas, siempre Casas, si pudiera ser un historiador del arte famoso organizaría una exposición de Manet y Casas enfrentados. Tengo la teoría de que Casas le puede aguantar y quiero comprobarla.

También Zuloaga, las figuras de Zuloaga se sostienen muy bien desde lejos, tienen un porte y una clase extraordinarios, velazqueños. ¿Cómo se consigue eso? Pintar no es pintar y ya. Se pueden decir muchas cosas sobre la pintura y sobre todo, pero no hay que olvidar que muchas de las cosas más importantes son sencillas, o no se pueden decir. El misterio, la magia, el aura. Zuloaga pinta esos hombres y mujeres y se ven enormes, y si te alejas y los vuelves a mirar, tienen una consistencia… Romero de Torres es un amor, pero no es tan grande. Hay pintores mejores y peores, cuadros mejores y peores, y pasa con todas las artes. En las artes hay una fuerte parcela de realidad que no hay en la vida pero que es innegable, escapa a cualquier posmodernidad. Los que estudian el arte desde una única perspectiva, ya sea conceptual, sociológica o formalista, los que se limitan e intentan estudiar el arte según un manual no sólo son aburridos, están equivocados. Es muy fácil no creer, cualquier cosa se puede rebatir desde el cinismo absoluto, pero por ello el cínico no deja de estar equivocado, no deja de ser estúpido, sólo un poco menos estúpido que el que se cree cualquier cosa. Los adalides del relativismo, los que creen en la ausencia de creencias sin la ironía que su postura ha de implicar… esos ya me ponen nervioso del todo.

En realidad siempre odio sobre todos a aquellos que más afines son a mí. Cada vez más gente me viene con el maldito Cortazar. Odio al maldito Cortazar. Odio Rayuela; me parece misógina, irritante, exenta de ironía, petulante, carente de empatía y aburrida. Me saca de quicio el sistema de los numeritos y lo de ir saltando si te la quieres leer de la forma guay del Paraguay (evidentemente, NO lo hice). Odio las innovaciones a las que no veo sentido. Cambia todo lo que no te guste, pero cuídate mucho de cambiar las cosas sin motivo. Tampoco me gusta Godard. El problema es que todo el mundo me dice que tengo que redescubrir a Cortazar, y lo que es peor, que tiene mucho que ver conmigo. ¡Ojetes llameantes! ¡qué rabia! No quiero tener que ver con ese tipejo. Al final, aunque soy muy egocéntrico, acabo odiando a los que se suponen que tienen que ver conmigo. ¿Por qué la gente no puede verme como Wilde? A nivel humano era un ser despreciable, pero tan inteligente… Según Wilde el crítico es el más alto de los artistas: juzgar está por encima de crear, no hacer es más difícil que hacer. Wilde si que es un cínico de los más grandes, porque al tiempo cree: Wilde esteticista por encima de todo, religioso, Dandy.

Hace poco, explicando a Eugenia por qué me parecen tan listos los británicos listos:

"- Si en los 80' la Tatcher tiene que dejar en la calle a miles de mineros, se hace porque hay que hacerlo. Pero si los taxis de Londres están viejos y hay que cambiarlos; ahí sí que se monta la del calamar. ¡No se pueden cambiar los cabs! Y se diseña un nuevo coche moderno pero con aspecto de cab porque es inconcebible que deje de haber cabs.

- Igual que la monarquía, que nadie se la cree pero están tan contentos con ella.

- Claro.

- Pero es horrible.

- Síiiii, es horrible. Pero es que lo jodido es que creo que tienen razón, que es más importante que los taxis no cambien, a que la gente se quede sin trabajo."

Cinismo; es mucho más importante que la gente se quede sin trabajo, pero tiene mucha menos fuerza. Los desempleados se adaptan o mueren, pasan, desaparecen. Los cabs permanecen, los cabs son imagen, son idea. Las ideas son irreales, pero son más fuertes y además, son maleables, se pueden manipular. El ejército más poderosos de la historia no pudo vencer en Viet Nam y no puede vencer en Irak. La fuerza de las ideas puede ser tan bella… malditos, malditos los que descubrieron que era tan maleable. El Mundo en el que vivimos lo inventaron Stalin y, sobre todo, Goebbels.

Las ideas dejan de ser maleables según son más personales. Por eso me producen rechazo las dinámicas gregarias. Siempre "yo's". Los verdaderos amigos se forjan quedando a solas o en grupos pequeños.

¿Wilde o Cortazar? Como listo el primero, como afín, me temo, más el segundo. Aunque a mí me gusta pensar que si fuese listo sería Murakami. En fin, pienso demasiado… lo cual no quiere decir que piense bien.


Dedicado a mis futuros compañeros de casa: a Sergio, porque eres noble y es demasiado gracioso que vallas a vivir en un zulo. A Ana, por como hablas y por como miras. Y a Eugenia, por lo maravilloso que es descubrir a alguien con el que es tan fácil entenderse.


Plata y oro.

El Tejón.



Hitler y Goebbels.

30/9/08

El horror.



Triunfos VIII y III del tarot de Kobe.

1

Sigo leyendo sobre el tarot. Hoy curioseando en Internet he encontrado una baraja que realizó un arquitecto esloveno llamado Boris Kobe, mientras estaba prisionero en el campo de concentración nazi de Dachau. Realmente no tiene desperdicio y merece la pena dedicarle un rato: prisioneros peleándose o golpeándose unos a otros, escenas de hecatombe, hombres famélicos forzados a desnudarse en público, cuerpos que se desploman rendidos por la enfermedad y el trabajo extenuante… Es un tarot completo con sus cuatro palos (las cartas de juego convencionales) y sus triunfos (las cartas adicionales que comúnmente se identifican con el tarot). Las correspondencias con el tarot tradicional (el tarot de Marsella) son confusas, pero las cartas sí mantienen el principio de la doble lectura aportado por Etteilla: los triunfos tienen un dibujo del derecho, su lectura positiva, y otro del revés, su lectura negativa. Lo curioso en este caso es que en ambas posiciones observamos siempre escenas de horror. Los matices más amables de las cartas al derecho son mínimos: por ejemplo, en el octavo triunfo del derecho, un cocinero le niega la comida a un prisionero, en el dibujo invertido el cocinero directamente golpea al preso.

Cuando llega el horror, se terminó la esperanza. La suerte y la voluntad juegan un papel nimio. No hay lección en el horror.

Según la Poética de Aristóteles una historia dramática (prácticamente cualquier historia contada por el hombre) se basa en la presentación de un personaje que tiene un objetivo y que realiza una serie de acciones para conseguirlo, terminando la narración con su éxito o su fracaso. En cuanto la épica más arcaica, basada en personajes interiormente estáticos, deja paso a personajes más complejos (presentes ya en los poemas homéricos), esas acciones desarrolladas no sólo conducen al protagonista de la trama a su objetivo, si no que además producen en él una transformación. Ulises envejece, Hamlet supera sus miedos, Don Quijote abandona el Mundo de las Ideas, Hans Castorp pasa a la acción… Tal vez la película que más lúcidamente plantea el problema del horror de la Solución Final (no me gusta llamarla "el Holocausto", porque no ha sido el único, ni el último), sea El Pianista de Roman Polanski. El viaje, la tremenda odisea, de su protagonista, empieza con él tocando el piano y termina exactamente de la misma manera. El pobre pianista realiza el más largo de los viajes para acabar exactamente en el mismo punto. Ha cumplido su gran objetivo: sobrevivir, pero no ha habido una evolución interior. La única lección que nos deja el horror es la esperanza de olvidarlo.


* * *


2

Hace unos meses mandé un correo a mis amigos, empezaba así:

Una vez, Ángel González preguntó en clase cual era la imagen del siglo XX. Yo no respondí (me daba vergüenza), pero pensé en la bomba atómica. En la bomba atómica confluyen los fascismos (es su golpe de gracia), el capitalismo (las tiraron los Estados Unidos) y el comunismo (se tiraron para amedrentar a los rusos). Además es masificación (de la muerte, en concreto), ciencia e industria; cosas muy propias del siglo. También es, y esto es fundamental, el acto publicitario más brutal de la Historia. ¿Por qué acto publicitario? Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no se tiraron para acabar con los japoneses (era una nación ya derrotada y su capitulación hubiese sido tan sólo cuestión de meses), se tiraron para mandar un mensaje a Rusia y a todos: a partir de ahora mandan los Estados Unidos de América. Son una demostración de poder inútil a nivel estratégico y militar. Por eso tiraron dos, porque tenían dos tipos: la de explosión de Uranio 235 (Little Boy, Hiroshima) y la de implosión de Plutonio (Fat Man, Nagasaki); querían probar y enseñar las capacidades de los dos modelos: Un enorme espectáculo de luz y sonido, broche de oro a esa gran demostración del horror que fue la guerra del 39 (por parte de todos los bandos).


* * *


3

Bien, según el ministro de finanzas alemán, la presente crisis económica augura el final de Estados Unidos como primera potencia financiera. Eso sí, pase lo que pase, el país norteamericano seguirá siendo, con mucho, la primera potencia militar del globo. No puedo evitar sentir miedo; mucho.

En el Mundo, gran cantidad de gente vive ya bajo el yugo del horror, aunque esa condición me atormenta, por puro egoísmo, me produce aun más angustia pensar que esa situación pueda expandirse y, sobre todo, atacar a los míos y a mí.

Por desgracia, a ciertos niveles no se puede escapar del horror. Nos rodea en la miseria que sustenta nuestra obsceno modo de vida y en el mal puro de los hombres capaces de cometer atrocidades.


* * *


4

El Mundo contemporáneo terminó de descubir el horror en 1888, gracias a Jack el Destripador (Goya lo había descubierto 89 años antes). Dios no existe y tampoco podemos confiar en la persona: existen hombres mucho peores que malos, hombres capaces del horror, no justificable ya por la existencia del Demonio. Luego llegaron las guerras mundiales. ¿Y ahora qué? Desde 1945 esa ha sido la gran pregunta de la Posmodernidad, una era que toca a su fin sin haber aportado ninguna conclusión clara.

Os traduzco la más famosa de las cartas enviadas por Jack a las autoridades. Va dirigida a Charles Lusk, presidente del Comité de Vigilancia del Distrito de Whitechapel en el momento en el que el asesino estuvo activo. Reproduzco las faltas de ortografía:


Desde el infierno:

Señor Lusk

Siñor.

Le mando la mitad del riño que tomé de una mujer lo guardé para usted lotro pedazo lo freí y comí y estaba muy fueno. Puede que le mande el tuchillo ensangrentado que lo sacó si tan sólo espera un poc más.

Firmado:

Cójame cuando pueda Sennor Lusk.


Desde el infierno.


* * *


5

Y para no resultar demasiado desasosegante me remito de nuevo a mi adorado Goya. Porque él supo ver el horror (estuve viendo la semana pasada los Desastres de la Guerra), al tiempo que nunca perdió su sensibilidad frente a la ternura. Horror y ternura: esas es la moral que yo entiendo, bien y mal son términos lejanos, lo que queda es horror y ternura. Y la risa, claro, la risa más allá de la esperanza, porque la risa crece en el terreno del vacío, del absurdo, del final. Porque el horror es la última broma, en la que sólo Dios, que no existe, y los desesperados, tienen estómago para hacer sonar sus carcajadas.

Siento haber sido tan inconexo.

Saludos.

El Tejón.

Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer



Manola. (Leocadia Zorrilla).






18/8/08

Me voy.

Pareja, por el Señor Tejón, año 2003. (Dibujo como el culo).

Me voy a Galicia hasta el Viernes. Esta semana con las fiestas en mi barrio ha pasado un montón de gente por aquí y casi no he podido dedicarme a mis cosas pedantes, pero por otro lado he visto a un montón de amigos y he tenido un montón de conversaciones intensas. De eso también vive un Tejón, casi más que de ninguna otra cosa. No me da tiempo a escribir nada nuevo, pero me gustaría dedicar algo bonito a todos, por eso cuelgo este texto antiguo que hice hace bastantes años y que durante mucho tiempo fue el que más me gustaba de mi repertorio. Os lo dedico a todos, que esta semana habéis sido muchos. Añado una poesía que escribí anteayer en honor a Capitán y le envío un abrazo tremendamente especial a Raquel. Y como el texto va de ideales se lo dedico en concreto a Almudena, porque cuando pienso en ideales siempre me viene su presencia, que es ideal de talento, bondad, inteligencia y belleza, y también ideal de otro tiempo en el que todo era sencillo y feliz.

Ala, a cascarla.


* * *


Asustas.


Me asusta tener la cabeza vacía. Cuando me siento delante de la pantalla o la hoja en blanco y no puedo escribir nada o lo que escribo es basura, el mundo se me viene encima. Tengo que escribir, tengo que inventar, que crear. Necesito, necesitamos darle un sentido a las cosas, pero las cosas, el cosmos, no parece tener un sentido concebible por nuestras pequeñas y oscuras cabecitas. Por eso tengo que hacer nuevos sentidos, falsos como todos los sentidos dados a las realidades, fugaces, variables, tan sólo instantes brillantes, burdas bromas al silencio del Espacio que, al menos en el momento que ven la luz, parecen tener sentido. Mañana se habrán fundido en las sombras de la duda, del olvido, de lo viejo. Da lo mismo que sean historias poesías o ensayos, todos son destellos de un cuchillo que se agita en la noche tratando de rasgarla como si fuera una manta negra. Qué torpes se me antojan todos nosotros, los individuos, personajes minúsculos agitando nuestros puñales, intentando atravesar la oscuridad intangible, prístina.

Imagino una Diosa que tiene la cara de Kate Winslett y que me observa pura y noble intentando hacerme comprender. Soy ciego para su imagen, o, mejor, llevo una cinta en los ojos, una cinta que arde y me quema. No puedo verla a través de la tela pero sé que es preciosa. No tiene 20 años y un cuerpo esculpido, tiene treinta y cinco y está hecha de luz y su cara es cándida como si este adjetivo se hubiese inventado para ella. En mi mito de la caverna nadie se quita la venda, nunca. Nacemos con ella y aunque la diosa es buena no podemos hablarla, ni tocarla, ni sentirla, ni escucharla mientras me explica que tiene miedo como yo o nos reímos de algo. Todo en el bosque que me rodea, desde dónde ella observa, es azul y nocturno, todo funciona sin sentido en la paz de las noches sin personas. Pero mi cinta es de fuego y quema mis ojos y me da ilusiones de un mundo cálido.

Miro a través del fuego y me abraso y me hago viejo. Quemo mi ojo; mi globo blanco, marrón y negro hace un ruido desagradable mientras arde y se consume, pero miro, intento ver a través y sólo veo la llama y describiéndola escribo cosas sin sentido. Mientras se queman los ojos, se va descubriendo lo azul y todo pierde su significado.

Hoy sólo puedo pensar en mi diosa, si viniese a vernos sería parecida a Cristo, quizás en chica. Pero es buena, no viene porque no puede. No lo puede todo mi diosa, carece de voluntad. Nos da la vida, nos mira, impotente sonríe. Brillando entre azul y blanco, con las manos en las mejillas, sonriendo con toda la ternura, con toda la pena. Es tan bonita… me gustaría no tener alma y no tener cuerpo para poder ser como ella. Sin sentido podríamos serlo todo: mi novia, mi madre, mi esposa, mi amiga, mi hermana, mi desconocida de mirada que me marca en un segundo para toda la vida, mi hija, mi dulce hija. Cómo un místico me siento enamorado de ti, de Dios, pero no quiero subir, trascender, iluminarme. Quiero hacerte el amor y desayunar contigo, olerte cuando sudes y calentarme con tu cuerpo del frío. Vivir en el pecado y la blasfemia que supone mi deseo y, al ser como tú; ser libre, no tener sentido, amantes perfectos.

Cegado en la locura del escrito me veo caminando hacia ti, te toco. Tu cuerpo es de vapor de hielo. Tan bonita, con unos pómulos que me hacen saltar las lágrimas de puro resguardo, con la ilusión de la bondad misma en tus facciones, sin palabras en tus labios que yo me duelo llenando de besos. Me consumo en tu no ser, muero, expiro, con un sonido de aspirar de aire. En la noche de tu bosque misterioso me borro, más que morir, me voy, me voy del todo. Mi carne, mi energía, ya no están, como las tuyas. No soy más que un ente azul, la representación de mi imaginación de algo que no existe. Sobre el paisaje oscuro nos elevamos, miedo es lo último mortal que siento. Ahora, encima de las copas de tus árboles, bailamos.

Bailamos un vals, ¿por qué no? Somos libres. Sonreímos como locos, nunca dejaremos de querernos. Al ritmo de nuestros compases el horror de los hombres sigue allá abajo. Impotentes, perfectos, soñamos su salvación imposible con melancolía. Giramos y giramos en nuestro vuelo con una locura que recuerda a los libros de Howard Phillis Lovecraft. Vueltas y vueltas y vueltas.

En mi cuarto, frente a la pantalla zumbante me muero de frío que no existe mientras escribo esto. Estoy tiritando y apuro un pitillo que no quería fumar. Me pregunto si siento y me acuerdo de la gente que quiero, me alejo tanto de ti. Vuelvo a sentir el fuego.

Que triste estoy pensando en todos, ruines amantes somos. Cargados de miedo y esperanza; en los bloques de ladrillo, en los tubos de escape, en la pantalla de mi máquina. Ya está amaneciendo y anocheciendo en otros lugares y chicas hacen el amor por primera vez y personas sufren torturadas. Es demasiado para mi pobre cabeza, casi no puedo soportarlo. Escuece y me da nauseas.

Si pudieses, te pediría que me escribieses, pronto. Si pudieses, juntarías las palabras que me recordasen el romance de esta noche y nunca podría tenerte, pero nunca tendría celos de que bailases con otro. Sería como un enamoramiento de verano, el primero, el más intenso, falso y puro. Tus cartas lo mantendrían en un resquicio de mí y siempre podría volver a él, como si del mito de la creación de la esperanza se tratase. La rara esperanza de los hombres que tan poco sentido tiene. Como del héroe de una gesta hablarían de mí las leyendas y los viejos contarían que si la esperanza nos sigue moviendo a pesar de todo, es porque una vez tú y yo bailamos sobre las copas de los árboles y, vacíos, fuimos amantes perfectos.


* * *


¿Qué fue del niño?

¿Qué fue del viento?

¿Qué fue del susto que nos dio el tiempo?

¿Qué fue del perro?

¿Qué fue del amo?

¿Qué fue del amor que duraría mil años?

¿Qué fue del sol?

¿Qué fue de las hadas?

¿Qué fue de las mentiras que tú me contabas?

¿Qué fue de mí?

¿Qué fue de ti?

¿Qué fue de todos?

Yo nunca quise volverme el dios que un día inventó los polos.


Ayer la vida se fue por un sumidero,

dejó por respuesta la forma perfecta de un gran agujero.


Ya sólo queda el tacto caliente de nuestras manos

el pelo, la carne, el hedor y la sangre de nuestros hermanos.


Sonrisas de palo que salvan semanas que olvidan los años,

ya nadie se atreve, ya nada me sabe, ya no sé hacer daño.


Yo quiero morirme, todos los días, algunos momentos,

Porque echo de menos todas las cosas y todos los cuentos.


Y la lección del agua que corre en el río;

a mí no me sirve. No quiero ser sabio, no quiero ser frío.