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22/12/09

Querida Gatis X

Querida Gatis:

Siento llevar tanto sin escribirte, lo hago en este momento desde un porche, en un hotel en Hawaii. He deambulado un poco por el Pacífico y no ha sido nada fácil acceder a Internet. Al final he tenido muchos problemas con el pasaporte, pero no quería volver. He tenido que acudir a Michael, que me ha conseguido que un amigo me haga un falso contrato de trabajo, aquí en esta isla estadounidense. He vivido un montón estos meses, la visión del océano te cambia profundamente, esa infinitud, ese vacío azul, inmensidad ciega. Uno se siente más pequeñito, no creo que la Ilustración o el Renacimiento hubiesen sido posibles en este entorno. Han sido días apacibles pero también extraños, cargados de una angustia sorda y de un sentimiento cercano a lo místico. Todo empezó en la Isla de Pascua, pasé unas cuantas semanas allá, vi todos los moais y aprendí algunas cosas sobre ellos; su sublime frialdad sobrecoge. Allí, minúsculo, me sentí como un monstruito, como una pequeña alimaña, creo que las personas, con nuestra obsesión por pensar, somos los más grotescos de los animales, caminamos haciendo un ruido absurdo mientras que la realidad calla, dueña de una sabiduría vacía que no podemos comprender. Pensé muy poco esos días, observaba el mar y la roca, el sonido de las olas. Me sentí limpio, lloré sin sentido y sonreí sin sentido, solo. También me invadió la angustia por dejar de entender quien soy, por perderme en ese azul, por sentirme como una bolsita revuelta en su interior a punto de abrirse a la nada circundante, supongo que acercarse a Dios significa morir. Creo que no hay plenitud con personalidad, no se puede ser perfecto y tener nombre, el cielo debe de ser un lugar terroríficamente aburrido. Recordaba una y otra vez, de forma siniestra, una frase del tebeo Akira: “no dejes que la alucinación te consuma”. Cuando alucinamos nos dejamos no ser, cedemos a la locura, pero si lo que vemos no importa, si todo viene y va, ¿para qué estar sujeto a la realidad? ¿qué más da? He estado haciendo funambulismo en el filo de una navaja. La isla se presta a ello, conociéndola un poco se puede uno mantener relativamente al margen de los turistas, he caminado cientos de horas por su hierba y por su roca, bajando a la playa para bañarme desnudo, embriagado de tacto y sonido. A los solemnes muais les he cogido un cariño sencillo y tierno, respetuoso también, como si fuesen una suerte de poderosos padres que me sostuvieron en mi extraño camino.

Por la noche, bebía té y jugaba un par de horas al póker. Lo hacía sin pensar en absoluto, nunca he jugado tan bien. Gané mucho, viví con comodidad; en un bungaló fantástico en un hotel caro. Un lugar elegante, con una comida estupenda, construcciones de madera y servicio discreto y amable. No se puede decir que halla sido exactamente feliz ni desgraciado, he encontrado al tiempo mucha paz y mucha desolación, paz por el vacío, desolación ante el vacío. Me preocupaba especialmente que mi deseo sexual estaba por los suelos, a pesar de pasarme el día viendo a turistas con poca ropa, algunas muy guapas; nada. Creo que esto en concreto me ha venido bien, como una limpia, y ha sido fundamental, un paso en mi vida.

Creo que siempre he tratado de encontrar un sentido épico a mi existencia; en el arte, en la amistad, en la pura experiencia, en todo. Pero al tiempo, he guardado siempre cierto cinismo, cierta sensación de que todo se derrumbaría en algún momento. Creo que sólo una cosa escapó a ese descreimiento; el amor de pareja. De entre todas las cosas que he buscado, ha sido en encontrar a una media naranja en lo que más auténtica fe he depositado, por eso la crisis fue total al perderte, al perdernos, por eso empecé este viaje. ¿Se puede vivir sin esperanza? La esperanza es resistente, tenaz, pero no es lo último. Tras ella queda la melancolía, tras la melancolía, el humor, tras el humor, la angustia, y tras la angustia, tal vez nada, pero esa nada ya no es nada, porque sin nada no hay palabras, ni conceptos ni nada. La paz. Mi amigo Javi me dijo en una ocasión que yo era un tipo muy interesante porque me dedicaba a construir cosas enormes y a destruirlas una vez terminadas, he tardado años en entender lo que eso quería decir.

He estado comiendo realmente poco, todavía estoy muy delgado, más aun que de costumbre. A finales del Otoño (aquí Primavera) pasé además el dengue, una enfermedad que trasmiten algunos mosquitos y que es una especie de gripe fuerte con fiebre alta y dolor en los huesos. El dengue duele duro de verdad, en las muñecas, en las rodillas, se siente como si todo tu cuerpo se quisiese descoyuntar. Sufrí, pero sufrí con una serenidad que de nuevo me asustó. Pasé tanto miedo, tanto miedo cocido en mi propio sudor, sólo, perdido y aterrorizado exclusivamente por una causa; por no tener miedo de morir, por no echar de menos, por estar bien, por ser libre. Pasaron los días febriles sin aburrimiento ninguno, de nuevo completo en la experiencia de escuchar, de tocar, de oler sin juicio alguno el gusto de mi propio sudor.

Luego me recuperé y desde entonces me he ido centrando un poco. La primera persona con la que volví a intimar fue Klauss, un niño alemán que estaba de vacaciones con su padre. Klauss tiene seis años y habla inglés porque su madre es australiana. Se acercó a mí algunos días después de curarme del todo, mientras desayunaba en el comedor del hotel. A pesar de que es sólo un niño, su saludo me intimidó, si hubiese sido un adulto sin duda no hubiese sido capaz de hablar con él, estaba demasiado sumido en mí mismo. Pero Klauss es un muchacho regordete de mirada brillante, los niños pequeños son así de limpios, ya parlantes pero aun no del todo humanos. Debía tener yo un aspecto lamentable, escuálido y con una barba enorme que aun llevo, afortunadamente el padre de Klauss es una suerte de exhippie adinerado y no se asustó demasiado. Klauss y yo nos presentamos y comenzamos a charlar. Me pidió que le contase un cuento y le resumí El retrato de Dorian Gray. Supongo que no es lo más apropiado para un niño pero el caso es que le encantó y a la mañana siguiente, en el desayuno, me pidió otro cuento. Le conté la Isla del Tesoro. Y así fui recuperándome, recuperándome en un sentido literal porque volví a ser yo, volví a tenerme un poco, volví a recordar. Todo ello a través de historias, de historias de otros tan importantes para mí que ya son mías, y ahora un poco de Klauss también. Le conté 1984 mezclado con Un Mundo Feliz, y Alicia en el país de las maravillas, y Frankenstein, y Peter Pan, y Narciso y Goldmundo, y el cuento de los siete hermanos que se convirtieron en cuervos y el de la muchacha sin manos, y el mito de Eros y Psique y el de la caja de Pandora, y la historia de David y Goliat, y la de Sansón y Dalila, y la de Indra aprendiendo el secreto de la Maya de Vishnu. Le conté las aventuras de Ulises en su viaje a casa, y los amores de Romeo y Julieta, y el Drama de Segismundo, encerrado en un torreón por su padre desde su nacimiento. Y el último día le hablé del Tejón, que había cruzado el océano en busca de algo que ni él ni nadie sabe lo qué es, algo que nadie encuentra nunca. Los ojos azules de Klauss imaginaban cada escena, sus oídos acogían cada palabra con fuerza. Lloró un poco el día que nos despedimos. Yo, en cada desayuno que pasé haciendo de cuenta cuentos, fui recuperando el apetito y entre unas peripecias y otras me comía mis buenas tostadas y mis buenas macedonias de frutos tropicales.

Y más o menos así me ha ido, poco después de Klauss me fui yo también de Pascua, visité algunas islas más y acabé en Hawaii, como te dije, donde, de momento, me encuentro agustito, aunque ya estoy tramando un nuevo destino de viaje...

Tengo muchísimas ganas de saber de ti, escribe pronto.

Te mando muchos besos.

El Tejón.

27/9/09

Querida Gatis IX

(muy mal escrito, pero me gusta la historia)
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Querida Gatis:
¡Felicidades! ¡Madre mía, ya tienes una niña! No sabes la ilusión que me hace, espero conocerla algún día y ver en ella un cachito de ti. Me da un poco de pena ¿sabes? Supongo que en parte me fui de España huyendo de nuestra relación, pero a menudo he pensado que aunque no quedaba otro remedio que terminar con ella, me resulta muy triste, porque lo que yo había querido desde niño era encontrar a alguien como tú y pasar la vida a su lado, en fin… cuando creces los sueños que tuviste de crío se desvanecen. En mi caso esto ocurre de forma extraña porque creo que en la adolescencia me encontré con todas mis ilusiones de infancia satisfechas, lo viví como una edad de oro, y ahora descubro que gran parte de todo aquello no fueron más que ilusiones.

Parece que os estáis poniendo todos de acuerdo para hacer que la inestabilidad de mi vida me pese, Michael me escribió hace poco para decirme que se casaba con Pauline. Ha sido una noticia fantástica, he hecho un buen dinero en las Vegas y estaba esperando una oportunidad para abandonar este país. La boda ha sido el broche de oro perfecto a mi estancia en la tierra de las oportunidades.

La mezcla de ambas familias ofrecía un espectáculo magnífico. Michael tiene cinco hermanos que sumados a los tíos, primos, padres y abuelos, forman un verdadero clan afro americano. Proceden de Nueva Orleans y son una familia llena de cultura popular, casi todos tocan o cocinan, o hacen ambas cosas, como Michael. Los parientes de Pauline, en cambio, son sofisticadísimos judíos parisienses, muy finos y educados. La mitad tienen trabajos lucrativos, son joyeros, banqueros, empresarios… la otra mitad se dedican a cosas creativas, son pintores, escritores, fotógrafos… Fue un gustazo relacionarme otra vez con Europeos, aunque en Europa los franceses nos resulten muy diferentes, hay muchas cosas que tenemos en común con ellos si nos comparamos con los americanos del Norte e incluso del Sur. Pequeñas cosas, pero importantes.

La boda fue en un prado precioso junto a un lago inmenso, un sitio idílico que alquilan para celebraciones de este tipo. Fue muy divertido ver interactuar a dos grupos tan diferentes. Al principio los franceses estaban muy cortados, pero según fueron bebiendo y la música les fue animando empezaron a soltarse; bailaban unos con otros formando parejas inverosímiles de señoronas negras con imposibles vestidos fucsias y espigados burgueses rubios con trajes de una elegancia impoluta. Los niños jugaban hablando en idiomas diferentes, y yo jugaba también con ellos haciendo un poco el papel de excéntrico, que creo que es en lo que me he convertido con el paso del tiempo. Michael y Pauline abrieron el baile, fue una verdadera maravilla verles, se quieren tanto… fue precioso pensar que su amor era lo que daba sentido a aquella extraña celebración. Mientras todos les mirábamos moverse al compás de la música ellos se perdían el uno en los ojos del otro. Pauline llevaba un vestido sencillo, no de novia, pero con un corte especial, color marfil con flores azul pálido. Estaba radiante. Sentí envidia sana.

Pensé mucho sobre la familia allí, hace tanto que no veo a la mía… Es cierto lo que se dice, las relaciones de amistad tienen a su favor el hecho de que las elije uno, pero tienen en contra el no ser del todo incondicionales, como la familia. Es muy común que no soportes a tus padres y hermanos, pero son tu gente y lo serán siempre. Creo que viendo todo aquello sentí verdadera morriña por primera vez desde que me fui. No fue echar en falta a personas concretas, añoré más bien mi tierra, mi familia, el dejar de sentirme extranjero, una sensación a la que, por otro lado, creo que me he vuelto adicto.

En la boda conocí a una chica, una prima de Pauline, se llama Ruth. Es morena con el pelo rizado y fuertes rasgos hebreos. Tiene una nariz grande muy bonita, los ojos azul oscuro y la piel blanca. Lleva una tienda de ropa y objetos antiguos en Lyon. Estuvimos todo el rato haciendo bromas de la envidia que nos daba la felicidad de los recién casados. A ella le acababa de dejar su novio, llevaban nueve años juntos, desde la adolescencia, pero él no terminaba de comprometerse, al final se había ido con otra y se iba a casar. Ruth tiene la mirada llena de ternura pero se hace la dura. Camufla su dolor con ironía y le duele casi todo, más ahora, después de la experiencia con su novio. Le duele la ausencia, la traición y el despecho. Pero le duele también la belleza que le entra por los ojos, la abrumadora sensación de entender demasiado bien el alma de las demás personas, incluso las alegrías le duelen. Qué cosa tan difícil de manejar es la sensibilidad excesiva, la genialidad en realidad. Ella me recuerda en parte a María, sólo que en vez de refugiarse en la droga y la tristeza se esfuerza en ser fuerte, en reír, reírse de todo aunque queme por dentro.

La ceremonia fue por la mañana, al caer la tarde la gente se fue yendo. Primero los novios, luego el resto. Ruth y yo aun no nos habíamos besado, aunque era evidente que yo le gustaba guardaba las distancias. Al fin, mientras me decía adiós, le di un beso, lo recibió con miedo pero respondió. Nos fuimos a mi hotel y nos pasamos dos días en la cama. Viendo películas en el ordenador, haciendo el amor, comiendo y hablando. Hablamos de todo, bromeamos mucho. Ruth tiene una piel palidísima con muchos lunares, su pelo de rizo cerrado es suave, está entradita en carnes, intenta cuidarse y hace ejercicio, pero le apasiona comer. Envidia a su prima porque se ha casado con un cocinero, que para ella es el colmo de los braguetazos. Le gustan tanto las gambas con mayonesa que las pidió tres veces al servicio de habitaciones. Adora la moda, pero odia el ambiente frívolo de los desfiles y los modistos. Trabajar le hace feliz, le da paz (en eso no nos parecemos) es nerviosa y está llena de vida. Es intrépida y le gusta hacer locuras como correr desnuda conmigo por los pasillos del hotel (apostó a que podíamos dar la vuelta entera a la planta sin que nadie nos pillase y perdió). No le gusta sentirse vulnerable, no le gusta decir que alguien le gusta (yo, por ejemplo) o que lo ha pasado mal o que desea algo. Si expresa algo íntimo lo hace de forma indirecta, con algún comentario fugaz y, sólo algunas veces, físicamente, con un abrazo o con una caricia. Mueve las caderas de forma prodigiosa y le encanta el sexo oral en todas sus vertientes.

Cuando nos despedimos estuvo seca, yo le dije que me había gustado muchísimo pero ella a penas quiso besarme. Intente encontrarla al día siguiente, volvía ya a Francia y pensé en ir a despedirla al aeropuerto. Llamé a su hotel pero me dijeron que no estaba, creo que era mentira. Llamé a Pauline, la pillé a punto de irse de viaje de novios a Australia, me dijo que Ruth no quería verme.

- ¿Por qué?

Pregunté yo.

- Creo que está enfadada.

- ¿Por qué?

- Va, no la hagas caso, está mal desde lo de su novio. En realidad siempre ha estado un poco loca.

- Pero todo fue muy bien, ¿qué le molestó?

- Es que… quería que le pidieses que se casase contigo. Pero, de verdad, no le des más vueltas, Ruth no es normal…

Una vez desarrollé un test de compatibilidad de pareja, tiene seis categorías en las que se puntúa una relación de 0 a 10, el resultado es un número sobre 60. La teoría dice que si sacas 50 o más tienes una relación lo suficientemente buena como para que, si la cuidas, dure por toda la vida. Las categorías son: intimidad (la capacidad de estar juntos cómodamente, sin hablar, sin necesidad de otra cosa que la mutua presencia), atracción sexual, práctica sexual, sentido del humor, intereses comunes y compatibilidad de caracteres. Aunque se supone que debes llevar un tiempo con alguien para que el test funcione, por lo que vi en Ruth nuestros resultados serían los siguientes:

Intimidad: 9.
Atracción sexual: 7.
Práctica sexual: 9.
Sentido del humor: 10.
Intereses comunes: 7.
Compatibilidad de caracteres: 8.
Resultado: 50.

Supongo que Ruth sí es rara, pero creo que no está loca.

En fin, Gatis, tras la boda volví a las Vegas y me estoy despidiendo de esta extraña ciudad. Casi no te he hablado de ella porque la verdad es que no me ha gustado mucho. Entra por los ojos pero luego es mayormente un parque temático del vicio, encima de un vicio nada perverso, un vicio lerdo y simplista. Eso sí, visualmente es una maravilla, todo un festival de la silicona y las luces de neón. Yo ya estoy con la cabeza fuera. Esta noche salgo para Chile, se me ha metido en la cabeza visitar la isla de Pascua primero, y otras islas del Pacífico después. Un capricho como otro cualquiera, que ahora puedo pagarme…

Espero algún día verte con tu pequeña Julia, sale preciosísima en las fotos. Se os ve muy felices a ti y a Francisco. Eres una persona extraordinaria y serás una madre extraordinaria.

Yo sigo intentando correr más rápido que el viento.

Pienso en ti.

El Tejón.

14/7/09

Querida Gatis VII


Querida Gatis:

Camino por Las Vegas, ciudad de neón. Todo aturde aquí. Estoy harto de la soledad del viajero. Escucho a Bob Dylan en el reproductor de mp3 que me regaló Michael como despedida. Música de otros tiempos, de una generación que pensó que todo podía cambiar. Cansado, me pesan ya los pies. El que viaja sin rumbo no hace otra cosa que huir. ¿Huir de qué? Ciudades y personas, adoro a las ciudades y a las personas, pero sigo viajando comiéndome los kilómetros y las experiencias con un ansia que no entiendo. Buscando algo que aun no he encontrado. Buscándome a mí mismo o intentando perderme. Siempre hay un motivo para sonreír, aunque sólo sea por la belleza que impregna todo. Me da miedo pensar que toda esa belleza la pongo yo, que en realidad no está ahí, belleza brillante o belleza melancólica. Quiero dejar este país, dejar esta lengua que entiendo, quiero sentirme aun más extranjero. Ser demasiado romántico es agotador, ser demasiado romántico significa intentar curar el dolor en el exceso, intentar curar la ansiedad del deseo hartándose de desear, intentar luchar contra la imagen que nos devuelve el espejo, el espejo de cristal, el espejo en los ojos de los demás, el espejo del campo, del viento y de los enormes edificios que nos acechan y nos arropan. Ahora tú vas a ser madre, algo tan real, los demás… ya no lo sé. ¿Por qué somos tan necias las personas? ¿Por qué es tan necia nuestra abrumadora inteligencia? Estoy ganando dinero de verdad, jugando, cada vez soy mejor. En la mesa de juego me siento seguro, arropado por la matemática, gran juego humano que reduce el mundo a algo controlable, ilusión de realidad. Contar cartas, leyes de probabilidad, un antídoto contra la soledad.

El dolor de querer creer y no saber en qué. Ya no busco dejar ningún rastro, ya no. Las palabras se apagan, se extinguen, las palabras, los símbolos, no tenemos otra cosa. Y aun así cuando uno se siente incapaz de ver ninguna épica a su alrededor le asalta como un torrente la ternura, aun puedo. La vida, con todo, es como es, y es preciosa, porque la alternativa es lo plano. O vives o no vives. Recuerdo que en el instituto la profesora de física nos dijo que el frío no existe, existe un nivel mayor o menor de calor. La muerte tampoco existe. Nos calentamos en la hoguera, aunque queme. Por suerte la vida es larga, la vida de aquellos que tenemos la suerte de no irnos prematuramente, está plagada de tiempo, que pesa pero permite mucho si lo tratas bien. Ser agradecido con el tiempo es vivir con los oídos bien abiertos a los demás. Los dos errores más terribles que puede cometer el hombre son dejarse vencer por el miedo y no escuchar a su intuición, no creer.

Si no existiese el arte no tendríamos ninguna prueba de que la gente del pasado también tubo miedo. Menos mal.

Desde la ciudad del vicio,
fiel a sí mismo
El Tejón.


22/6/09

Querida Gatis VI

Querida Gatis:

El otro día soñé contigo y me apetecía contártelo. Soñaba que tenía el poder de hacer que el pasado volviese y se pegase al presente y vivir así las dos cosas a la vez. Y yo estaba de viaje y a la vez en Madriz, y me sentía libre de todos los lastres de la rutina, como aquí, pero a un tiempo seguro y arropado por el cariño de los míos y también por el cariño de la misma ciudad, porque en las cabezas de las personas los lugares también tienen sus afectos y protegen. Recuerdo que iba al Prado, otro lugar que me quiere y que echo mucho de menos, y no estaban sólo el Jardín de las Delicias y la Condesa de Chinchón y el Noli me tangere del Corregio, si no también los cuadros de David del Louvre que nunca he visto y La Venus del Espejo de la National Gallery y la familia del Infante Don Luís de Goya que vi en una exposición pero que no sé en que museo suele reposar. Y hacía el amor contigo y tocaba tu culo grande y redondo, pero a la vez sentía las costillas de María contra las mías y veía el pelo rubio de una chica guapa que cenó hace poco en el restaurante. Y bebía con todos mis amigos, sobrio y borracho, contando todas las historias, escuchando todas las historias, brindando por los presentes, amigos del pasado, amigos del presente.

A partir de un momento, la sensación de maravilla del principio del sueño evolucionaba hacia la angustia. Me abrumaba toda esa totalidad, me hacía volverme más pequeño. Literalmente empezaba a encoger. No me hacía minúsculo, pero pasaba a medir más o menos como un niño de diez años, metro cuarenta, o algo así. Y entonces dejaba de gustarle a la gente, a mi gente y a mis sitios, por ser demasiado pequeño. Os ibais todos y yo me retorcía de angustia y me repetía que sólo podría vivir quedándome solo, olvidándome de todo, dejando todo atrás… y volvía a crecer pero ahora rodeado de una inmensidad negra, y al no tener referencias no podía saber cuanto había crecido pero me daba la impresión de que me había hecho inmenso. Allí solo, me sentaba con las piernas cruzadas, en la negritud. Estaba desnudo y comenzaba a reír y a canturrear sin sentido, y aunque todo el sueño había sido en primera persona en ese momento pasaba a verme desde fuera y me iba alejando, y desde fuera parecía que me hubiese vuelto loco o que tuviese la personalidad de un bebé. Me desperté.

Ahora, al escribirlo, me doy cuenta de que a penas apareces en él, pero me levanté echando de menos Madriz y pensando en ti y en todo lo que dejé allí. El día anterior había estado hablando de literatura con Michael y su novia, hablamos del Aleph de Borges y de la Odisea, y pensé en la vuelta a casa. Les comenté que es curioso que en la Odisea Ulises se muestre muy humano todo el rato, superando los problemas a duras penas, con muchas pérdidas, y que sólo al final, al llegar al hogar, demuestre ser un superhombre capaz de superar pruebas de habilidad imposibles y de vencer a todos los pretendientes de Penélope apoyado sólo por su hijo y dos esclavos. Les dije que me parece algo terrible, porque el héroe más real de la épica, dejaba de ser humano al volver a casa, como si lo más ilusorio de la Odisea fuese la llegada al hogar, como si la Odisea contase que la vida es un vagar, que nunca se vuelve al terruño mas que en la ilusión.

La nueva novia de Michael se llama Pauline y es un verdadero encanto. Es minúscula, rubia, con la nariz grande y gafas enormes. Enseña literatura en la universidad de Winskonsin (lo cual no es nada del otro mundo, dado el nivel del centro), es afable y graciosa y adora a Michael y Michael adora a Pauline. Es judía francesa, le enchufaron en la universidad unos parientes que tenía en Chicago. No se puede decir que sea un genio de su profesión, está bastante más preocupada por tomar cenas agradables, dar paseos y escuchar a Michael tocar la trompeta. Una personita sabia, con talento para ser feliz. Se conocieron porque ella se torció un tobillo justo delante de él, pisó mal al bajar el escalón de una tienda. Michael iba por la calle, la tomó en brazos, la metió en su coche y la llevó a un hospital, esa noche la invitó a cenar al restaurante. En Milwaukee una pareja interracial levanta bastantes miradas pero ellos están tan enamorados que no necesitan nada más que al otro. Él debe ser unas seis veces más grande que ella.

La única pega es que yo me he quedado bastante al margen. Pauline me adora y hacemos planes juntos, pero como es normal ellos quieren estar mucho tiempo a solas. Por lo menos he vuelto a escribir, lo último la historia de un chico de unos treinta años que descubre que es adoptado y busca a sus padres biológicos. Estos están muertos, pero tiene un hermano gemelo que ellos sí se quedaron y criaron. Va a hablar con él y tienen una conversación. Ya te lo pasaré. A ver si voy reuniendo los cuentos que tengo, los corrijo (que es lo que más me cuesta) y monto un librito. En el trabajo voy ayudando poco a poco a los cocineros, Michael, que es la mejor persona del Mundo, se siente un poco mal por no poder hacerme el mismo caso que antes y se esfuerza en compensarme enseñándome cosas en la cocina. Por lo demás voy a parques a leer y vuelvo a pensar demasiado. El otro día fui de excursión a pescar solo, tres días yo y el bosque. Fue una experiencia llena de paz, pero también bastante melancólica, sentir toda esa belleza sin poder compartirla. La naturaleza tiene además una extrañeza, viéndola en toda su opulencia es el sumun de la elegancia, pero si la retratamos, si sacamos una foto, resulta hortera y convencional. Tiene una belleza que no se puede apresar. Estoy un poco mal de la cabeza porque le cogí el coche a Michael sin tener carné. Creo que debería terminar de aprender a conducir para sacarme la licencia, aquí es fácil y necesario. Además dudo que me quede mucho tiempo en Wiskonsin, me está costando hacer amigos, algo raro en mí, señal de que va siendo hora de cambiar de aires.

Pero no sé a donde encaminarme, seguir vagando empieza a ser una necesidad más que una ilusión. En ese libro que los dos odiamos, Rayuela, el pesado de Cortazar dice una cosa que me gustó: "el hombre es el animal que se acostumbra incluso a no estar acostumbrado". Es algo inevitable que me da pánico.

Perdido pero con los ojos abiertos,
te manda recuerdos
el Tejón.

17/6/09

Querida Gatis V

Querida Gatis:

Al fin huí de la Gran Manzana. Casi sin dinero, deprimido y abúlico, me llegó la oferta de Michael de mudarme a su ciudad, Milwaukee, para trabajar de camarero en el restaurante de sus padres. Y aquí estoy, la verdad es que no es un lugar muy excitante, pero resulta acogedor. La gente es amable y más o menos progre (es la única ciudad de los Estados Unidos donde ha gobernado el Partido Socialista).

Michael y yo nos escapamos cada vez que podemos al Norte, a los Grandes Lagos, para acampar y pescar. Wiskonsin está muy poco habitado y tiene una riqueza natural apabullante. Es magnífico estar con Michael solos en nuestra minúscula barquita en medio de esas enormes masas de agua, rodeados de montañas boscosas. ¡Qué diferente de la vida en Nueva York! La Naturaleza cura por dentro, probablemente más que ninguna otra cosa.

Me alegro de que todo te valla bien, me da un poco de vértigo oír que te vas a vivir con un chico, pero bueno, supongo que son cosas que pasan. Es fantástico que te hayan dado el papel, parece que definitivamente vas a ser actriz, actriz de verdad. Al final yo no me hecho escritor ni mi vida se ha precipitado hacia nada concreto, que era lo que buscaba al venirme aquí. A ti, en cambio, permanecer en casa no te ha amilanado y estás en el camino de conseguir vivir según quien eres. Es lo que tiene el viaje, nunca sabes lo que te va a traer, nunca trae lo que esperas, precisamente porque a lo que te lleva no es a lo que tú tenías planeado, si no a encontrarte con lo que traías dentro.

A Michael da gusto verle, se dedica a cocinar, que le apasiona. El restaurante de su familia sirve comida internacional sofisticada, un poco a la francesa, y un día al mes cerramos para experimentar nuevas recetas. Yo le ayudo, me enseña el trabajo de pinche y le sirvo de crítico (aún conservo mi faceta de gourmet). Salsas de papaya sobre carne rellena de frutos del bosque, ensalada de brotes de lenteja con salsa de tomate y cilantro, mollejas de cordero a la plancha con verduras salteadas y salsa de camembert, tarta de zanahoria y chocolate, espuma de tiramisú con helado de café casero. Su destreza es fascinante, tiene mecanizados todos los movimientos pero dentro de ese automatismo improvisa, matiza. El trabajo con las manos puede alcanzar una precisión diabólica y al mismo tiempo estar cargado de imaginación. Yo que soy tan torpón me lleno de admiración y envidia, sobre todo ahora, que estoy harto de tantas ideas.

Su relación con la trompeta es también maravillosa, ahora su música se siente ligera y alegre, llena de ritmo. Cada día tiene más técnica pero la pone al servicio de la sencillez, que sea difícil pero que no se note. Ya no queda casi nada del academicismo que tenía cuando le conocí ni del desgarro de sus piezas del 13 puntos. El 13 puntos… han pasado pocos meses pero ya casi parece otro tiempo, como todo lo intenso de la vida su recuerdo ha marcado tanto nuestros corazones que no parece real, como un sueño.

Lo que admiro de Michael es su capacidad para no pensar. En parte le tiene miedo, pero consigue evadirlo de forma limpia, creando, dejando pasar el tiempo arropado por el bosque. Estoy recibiendo lecciones muy importantes en este terreno. Creo que llevo toda mi vida buscando esos momentos de paz que da salirse de uno mismo, pero siempre los he buscado en el exceso, en pensar tanto, tantísimo, que al final se alcanza la catarsis por agotamiento. Me pasa con la pintura, reflexiono sobre ella, dando vueltas y más vueltas hasta que la agoto y no me queda otra cosa que hacer que acercarme al cuadro y disfrutar de la pincelada. Michael vive en otro universo, él de entrada se va a lo sencillo, a la música, a la cocina, a los medios donde el mensaje es menos concreto y menos evidente, al hacer.

En una de nuestras acampadas me desperté al alba mientras él aun dormía en la tienda, me hice un café y me senté en una piedra a tomarlo. Aunque ya está empezando la Primavera, aun hace un frío terrible y tuve que abrigarme con una manta. Allí, tomando mi café en medio del silencio, escuchando el ruido tranquilo de mis propios sorbos, me invadió una profunda sensación de plenitud, ajena a todo tiempo. Cualquier palabra que usase para describirla la ensuciaría, pero es fácil de entender, todos la hemos sentido alguna vez, la traen a veces las tormentas de verano o los viajes en tren, algunas sonrisas de complicidad o ver jugar a los niños en los parques. ¿Sabes Gatis? Creo que empiezo a estar bien y creo que ahora, y no antes, estoy aprovechando mi viaje para hacerme más listo.

El otro día volví a follar, no lo hacía desde que estuve con María y tenía ganas. Estaba en un parque pasando la mañana del martes (mi día libre), leyendo Juventud de Konrad (que es brutal), y apareció una madre con su niño de año y pico. Me quedé mirando al crío, era divertido. Aun le costaba andar y perseguía torpemente una pelota. Me encantan los niños pequeños, por los mismos motivos por los que le gustan a casi todo el mundo. La mujer tenía treinta y tantos, estaba delgada y era algo más alta que yo, con la piel muy blanca, el pelo muy negro, los ojos muy grandes y expresión ausente, como de pasmada. Se dio cuenta de que estaba observándoles pero no le dio importancia. En un momento dado el pequeño cogió la pelota con las dos manos y la tiró, llegó rodando hasta mis pies. Ella se acercó a mí y se disculpó, le pregunté como se llamaba el niño, hablamos de la edad que tenía y de sus primeras palabras, luego me preguntó por mí, le hablé de España… Todo muy convencional, pero agradable, nos caímos simpáticos. Cuando se fue a marchar me dijo que vivía cerca, que si quería acompañarla y ayudarla a subir el carrito me invitaría a algo de beber. Mientras caminábamos hacia la casa me puso ojitos de deseo. Al llegar dejamos al niño en el cuarto y en la cocina la besé antes de que me sirviese la limonada. Estuvimos todo el día haciendo el amor, no comimos, en los intervalos charlamos y estuvimos con el crío, lo hicimos con muchas ganas y muy bien, a veces agarrándonos fuerte y fijando el uno en el otro miradas perdidas, otras serenos, con sonrisas tranquilas. Al caer la tarde me pidió que me fuese porque iba a llegar su marido. Tenía la piel suave y llena de pecas.

Nunca había mantenido una relación sexual tan fugaz y ligera, supongo que todo esto de no pensar me está calando en cierta medida. Pero sólo en cierta medida, porque al día siguiente en el trabajo no podía parar de pensar en ella, en su manera de obrar tan sumamente silenciosa, en su forma de hablar tan suave, en su capacidad de hacer algo tan perverso con naturalidad. Dos días después apareció en el restaurante con su marido, con el carrito y con el niño, ella sabía que yo trabajaba allí porque se lo había dicho. Pensé que sólo quería ponerme nervioso, que se limitaría a retarme con la mirada, pero me saludó alegremente y le explicó a su esposo que habíamos estado hablando en el parque. La buena educación estadounidense es la mejor del mundo, distendida, cercana y cordial. A él no le sorprendió en absoluto que ella se mostrase tan entusiasta por la coincidencia. Charlamos un rato y les invité al postre. Todo el encuentro fue muy morboso, pero ni yo ni ella actuamos de forma extraña. Al día siguiente volvió por la mañana y me dejó una nota disculpándose por si me había causado alguna molestia apareciendo así, decía que casi no pasa tiempo a solas y que le apetecía verme y que era la única forma que tenía de hacerlo. Después se despedía: con amor, Cecilia (ella lo pronuncia “Sesilia”). No sé por qué, me sentí muy triste, sabía que no nos volveríamos a ver…

Y así sigue todo, tan raro como siempre. Escribir no escribo nada de nada. Leo algo, a Freud y a Conrad, pero sobre todo trabajo y voy al campo. El ambiente del restaurante me encanta y estoy deseando que Michael me de la oportunidad de empezar a ayudar a los cocineros. Cosas con las manos, cosas ricas o bonitas, bien hechas, el sonido mínimo del agua quieta cuando pica un pez. La música de la trompeta. A ver si consigo no pensar, no pensar en el por qué de las cosas, en como solventar la sensación de ausencia, no pensar en los amigos pasados, no pensar en María ni en ti, no pensar en la diferencia que hay entre la esperanza y lo que luego pasa, no pensar el silencio de su piel suave.

Un fuerte abrazo.
El Tejón.

26/5/09

Limbo.

Querida Gatis:

Ya es invierno en la gran manzana. Mi verano y mi otoño de confusión han pasado dejando un poso amargo, la verdad es que todo ha salido tan mal como se podía intuir. No te asustes por lo que te voy a contar, estoy bien, siento dentro de mí que a pesar de todo he sobrevivido y tengo ganas de seguir luchando. Hace un mes le dio una sobredosis a María. Dejó el teléfono descolgado y se pinchó una cantidad de droga desmedida, ella nunca se pincha. Mientras se iba yo estaba en una exposición de Bacon en el MOMA con Raúl. Viendo esos cuerpos en descomposición de repente lo sentí, como un relámpago. La llamé por el móvil y al ver que comunicaba quise salir corriendo a buscarla pero Raúl me retuvo, dijo que no tenía ningún sentido. A los cinco minutos volví a llamar, de nuevo sin respuesta. Esta vez no dudé. Cuando llegué estaba blanca, fue especialmente llamativo porque acostumbra a tener la piel tostada. Estaba preciosa, como si se hubiese detenido en el tiempo, parecía un personaje de un cuadro de Seurat… La viva imagen de la melancolía, la imagen aun viva. Llevaba sólo el camisón pero no teníamos tiempo, la cogí en brazos y la bajé a la calle, paré un taxi y la llevé al hospital. Mientras la llevaban en la camilla cogía mi mano y me sonreía y me pedía perdón. "¿Perdón por qué?", "porque lo hice para que me salvaras".

Su familia decidió que si no se metía a rehabilitación le quitarían la pensión, en principio ella prefería la segunda opción, pero hablando conmigo cambió de opinión. Me gustaría decir que yo la convencí, pero en realidad lo hizo por salvarme a mí, para salvarme de ella. Me dijo que se curaría si nunca volvíamos a hablar. ¿Y sabes que más? Me dijo que algún día yo volvería a casa, y que nos reencontraríamos tú y yo, Gatis. Y me pidió que entonces, cuando te abrazase, le dedicase un pensamiento, no porque ella quiera que siga en parte enamorado, si no porque en ese abrazo se estaría cumpliendo su voluntad, que es que yo me reencuentre contigo y recupere así la paz.

Lleva tres meses en la clínica, en teoría está desintoxicada y podría irse, pero ha decidido quedarse. Supongo que estar allí, aislada, en ese ambiente artificialmente pacificado y aséptico, es otra forma de no vivir. Yo sólo se de ella por terceros, creo que está escribiendo mucho…

Y han pasado más cosas malas, poco después de eso Michael se empezó a drogar. Creo que es lo peor que he hecho en mi vida, dejar que alguien como él se pervierta. En realidad todo vino de Raúl, que actuaba de una forma cada vez más enfermiza. Llegó un punto en el que se sentía tan ácido y furioso consigo, que empezó a incitar a Michael. Una noche atacó a su orgullo, le dijo que se creía mejor que nosotros y que en realidad era un cobarde que le daba miedo la vida, que por bien que tocase la trompeta nunca llegaría a sacar algo grande de verdad si no se arriesgaba del todo, si no se arriesgaba a morir. Lo peor es que había algo de cierto en sus palabras. Yo intenté pararle los pies, pero cargó contra mí diciéndome que sólo sabía estar en medio, que en todas mis relaciones tenía que ser siempre el otro y nunca el protagonista, que era otro cobarde. Y lo dijo de una forma que me hundió y cuando Michael cogió el cilindro de cristal y se puso a esnifar no hice nada, me sentí como si estuviese viendo una escena de una película. Desde entonces no ha parado y ha empezado a tomar crack y heroína de vez en cuando. Ahora toca la trompeta en el 13 puntos y realmente suena como nunca, cada sonido como un grito de rabia. Todo se ha ido pudriendo, corazón, todo, pero hasta que dimos contra el suelo permaneció en nosotros el sentimiento de que estábamos viviendo algo grande, cada vez más, cada vez más, hasta que dimos contra el suelo.

A mediados de enero la policía entró en casa. Tenían una orden y sabían donde escondíamos la droga, alguien nos delató, no sabemos quien… La gente es extraña, Raúl especialmente, asumió toda la responsabilidad. Se autoinculpó desde el primer momento, con la policía allí, asegurando que nosotros no sabíamos nada. Me lanzó una mirada de tal intensidad que de nuevo no me atreví a replicar. Michael ha salido libre sin cargos, a mí me han puesto una condena por posesión que me obliga a realizar 200 horas de trabajo social y Raúl pasará cinco años en la cárcel. En la cárcel de verdad. A la mierda, Gatis, a la mierda todo.

Lo cierto es que me he quedado sin ganas de nada. Trabajo de camarero y los fines de semanas voy a un centro de ayuda a drogodependientes donde ordeno los fármacos y limpio un poco, tampoco hago gran cosa. He tenido que alquilar un nuevo apartamento, comparto piso con dos chicas, Blanche y Simone, son pareja y unas estadounidenses bastante convencionales, la verdad. Se pasan el día viendo series en DVD. Casi no escribo. Leo, leo a Freud y a Lacan, y a un novelista japonés que se llama Natsume Soseki que me ha aconsejado Manuel. Leo también a Thomas J. Fry, un escritor mulato de la generación Beat que murió a los 26 años, tiene sólo una novela y algunas poesías. Estoy con la novela que se llama Risas Negras, cuenta sus peripecias en un viaje por la América profunda. Drogas y alcohol, racismo de blancos a negros y de negros a blancos. Murió de una paliza que le propinaron estando borracho.

Aun paseo, esta ciudad es el cielo, un cielo oscuro ahora que me pesan tanto los pies y los hombros, pero igualmente precioso. Camino por Central Park nevado, y voy a patinar solo a la pista del Rockefeller Center, al lado del árbol de navidad gigante. No creo que este año tenga ningún regalo. Aun veo a Manuel de vez en cuando, paseamos y charlamos, pero ya nunca en el 13 puntos. Él sigue yendo, supongo que es un superviviente, adelante, siempre adelante con media sonrisa en la boca.

No sé bien lo que he aprendido por ahora, tal vez he aprendido que no hay nada que aprender o tal vez mis experiencias me han turbado tanto que voy a necesitar tiempo para sacar mis moralejas. De todas formas no sé por qué siempre tengo que estar sacando enseñanzas de todo, llevo tal pila de lecciones contradictorias a lo largo de mi corta vida que debería estar escarmentado, debería dejar de creer en nada. Aunque si nada es seguro la única forma de saber es creer ¿no? Va, qué sabré yo, lo que sí puedo decirte es que seguiré buscando o huyendo o lo que sea. En cuanto acabe mi trabajo con los junkies me iré de aquí. Aun no sé a donde…

Te dejo con un fragmento del libro de Fry, creo que no hay ediciones en español, esto lo he traducido yo mismo:

"… después de vomitar todo el whisky, me tumbé en la cubierta, mirando al río con la cara apoyada en la madera. Las voces de sus cantos dejaban sentir aun su huella en mi alma borracha. Me asaltó entonces un pensamiento que ocupó mis entrañas con claridad desoladora: La vida es una sucesión de deseos y pérdidas. Cada cosa que ganas un día será perdida y sólo el final es sereno. Sereno y libre de cadenas.
Me fui quedando dormido, llevado por la corriente, viendo las aguas que la noche había vuelto negras."

Ahora mi vicio es el sueño, duermo diez horas al día, creo que no es bueno…

En fin, muchos besos.

Se despide,
nunca quieto,

El Tejón.

24/2/09

Lo nuevo de "Querida Gatis".

Querida Gatis:
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Siento llevar tanto sin escribirte. Lo cierto es que están siendo tiempos revueltos, han pasado cosas. No sé, me siento un poco alejado de tu presencia. Tu persona siempre ha sido en mi vida un punto de encuentro conmigo mismo, una cura para la ansiedad, para esta maldita manía que tengo de pensar a borbotones, sin concierto y sin acierto. Al venir aquí, he dejado atrás eso y una parte de mí que estaba adormecida ha salido a la luz. Escribo cientos de folios, pero siempre inconexos. Ayer escribí sobre lo extraño que es el Mundo, sobre que, cuando miras las cosas dos veces, puedes darte cuenta de que no hay nada intrínseco en ellas que las haga familiares, sólo la repetición. Cada una de las cosas que te rodean a diario, en tu propia casa, pueden ser sorprendentemente maravillosas, o angustiosamente ajenas. A veces echo de menos volver a tus brazos, hundir mi cara en tu pelo y dejar de pensar.
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Lo primero que tengo que contarte es que estoy teniendo bastantes remordimientos. Ya sé que dijimos que nos separábamos sin ningún compromiso, pero aun así me siento mal, porque ando metido en una relación que empieza a ser especial, no se… no me atrevería a decir que me he enamorado, y no es por falta de intensidad, si no porque lo que estoy viviendo es… otra cosa. Ahora voy al 13 puntos casi todos los días, y me he liado con la Mejicana que conocí allí. Ella empieza a tener un problema grave con la heroína, supongo que es una persona melancólica de por sí. El jaco es el mejor compañero de la tristeza, la nutre, la hace lo suficientemente llevadera como para que no sea necesario vencerla. Se llama María, como la Virgen, y tal vez es un poco el mismo tipo de persona. María, en realidad, lo tiene todo: es inteligente, sensible, bondadosa, con una cara bella de rasgos indianos y unos enormes ojos negros, negros de verdad. Su vida es como una broma, tiene la estrella de las personas que gustan a todos, que tienen talento para todo. Canta como los ángeles y escribe unas canciones preciosas, tristes sin ser nunca cursis. Cuando la oyes cantar se te revuelven el corazón y las tripas hasta el punto de que dejas de saber cual es cual. Su padre mató a su madre porque ésta dejó de quererle, ella tenía sólo trece. Su familia es rica pero ella se quedó sola, a cargo de una tía que no quería hacerse responsable. Acabó estudiando interna en Estados Unidos. Luego hizo literatura en Vassar y allí deslumbró, sus profesores le ofrecieron publicarle sus poesías pero ella lo dejó pasar. Se fue a Méjico y se enamoró de un tipo del que estuvo colgada tres años, una mañana él se pegó un tiro en la cabeza. A veces, cuando estamos los dos solos en la cama, desnudos, me coge las manos y llora sin sollozar, sin decir nada, mirándome fijamente. Llora unas lágrimas enormes y compactas que le recorren la cara despacio. Siempre me está tocando y excitando, pidiéndome que le haga el amor, pero cuando lo hacemos casi nunca llega al orgasmo. A veces incluso llora, pero no me deja parar, me llama por mi nombre y me pide que no pare y me toca y me anima y retuerce su cuerpo, y yo sigo hasta el final, siempre. Termino dentro y ella me abraza y me dice que me quiere, aunque no entiendo si es verdad. No hay peligro de que se quede embarazada porque se le cortó la regla hace un año. Pensó que era por la mala vida pero los médicos le dijeron que es sicológico, no quiere dar vida.
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Siento haberme extendido tanto hablándote de María, lo que pretendía en un principio era sólo disculparme, no he podido evitarlo. Supongo que me siento tan desconcertado que necesitaba volcarlo. No sé si finalmente te mandaré esto. Estoy perdido, corazón, perdido. He dejado de lado el póquer, lo cierto es que ahora vivo principalmente de vender cocaína. Raúl nunca fue camarero, se dedica a vender droga y me ha metido en el negocio. Nos ponemos bastante, empiezo a pensar que no lo controlamos del todo. Michael, el músico, se entera, y no le gusta nada la dinámica que estamos cogiendo. Es un tipo sencillo y noble, creo que incluso sufre por nosotros. Nos estamos alejando de él. Es de esas personas tímidas que cuando se acercan a alguien lo hacen con todas las consecuencias y le consideran casi su familia, nos quiere de verdad a Raúl y a mí. Cada vez habla menos, pero se le ve melancólico y cuando toca la trompeta la casa se llena de tristeza hasta tal punto que yo callo y Raúl se empieza a sentir incómodo, como si la trompeta de Michael fuese la voz de la conciencia. No entiendo lo que estoy haciendo, la cocaína es una droga necia, absolutamente vacía, el puro vicio. Pero bueno, la vida es una sucesión de momentos diferentes, al menos la que yo he elegido. Es casi una lección que estoy recibiendo. Todo en nuestro interior y en nuestro exterior es tan inestable… creo que ante eso hay básicamente dos actitudes posibles: buscar puntos de apoyo para atenuar la corriente, o sumergirte en ella y rodar montaña abajo.
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En el 13 puntos leo algunas de mis poesías, me estoy haciendo al escenario, aunque estoy muy lejos de producir las impresiones que consiguen generar Raúl y Manuel. A veces suben juntos y se pelean con versos, Raúl en su tono fatalista y Manuel con su ironía. El otro día Raúl empezó a exaltarse mucho, terminó gritando un poema. Hablaba sobre un gran incendio, los últimos versos decían algo así:

"…nievan cenizas de campos y ciudades,
de madres con sus hijos, de hombres solitarios,
de noches de fiesta y de días de diario,
de cosas de verdad
y de escenarios.
Han ardido la sangre de los poetas y los estómagos de los campesinos,
los recuerdos de los viejos,
la fe de los niños…"

La poesía no era de las mejores, pero tendrías que haber visto como la gritaba, con las venas de la frente hinchadas, ido por completo. Y luego empezó a decir que cuando saliésemos del local sólo encontraríamos cenizas porque todo había ardido y le empezó a sangrar mucho la nariz y tuvo que bajarse del escenario temblando y sentarse en una silla donde se quedó resoplando. Casi se desmaya. Luego todos volvimos a mirar Manuel que seguía allá arriba y que no había movido ni un músculo. Aguanto un instante largo, se encogió de hombros y bajó también. Lo hizo de una forma tristísima que resultó aun más desasosegante que el número de Raúl.
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Cuando se cansan del arte en el bar, se ponen a hablar de política. Lo hacen como si estuviesen en posesión de la verdad, critican llenos de autosuficiencia. A María y a mí no nos gusta el tono, dada la vida que llevamos nos parece mezquino, aunque Manuel ponga un poco de orden con su humor. En esas ocasiones ella y yo nos apartamos y hablamos abrazados y nos besamos, casi como una pareja normal. Me canta sus poesías que nunca recita en el escenario, y mientras la escucho se da cuenta de que me gustan de verdad, de que siento que es la más brillante de todos nosotros. Parece que es lo único que le da cierta felicidad, ver que al escucharla me siento como si estuviese viviendo la Historia, porque soy tan tonto que aun creo en los genios y me dejo fascinar por su voz y por su piel de color tierra. María sonríe como si supiese algo que tú no sabes. Tal vez Dios es así: una chica tierna y poderosa, pero impotente.
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Esnifo demasiado, a veces nada más levantarme. A veces me despierto en casa de María y me pongo a hacer café y cuando vuelvo al cuarto ella se está preparando un chino y a mí me da tanta pena que esnifo, aunque no entienda cual es la relación entre mi pena por María y drogarme. Y mientras la veo hacerlo siento una angustia terrible, pero al mismo tiempo es algo bonito: el alivio tristísimo en su rostro y como me pide que la abrace después. Nunca lava la almohada y llora tanto que deja manchas.
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Con ella me pasa como contigo, que me deja sin palabras.
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Y creo que eso es todo por ahora, espero que tú estés bien. Por mí no te preocupes demasiado, tengo la intuición de que esto no va a quedar aquí, de que saldré de esta fase, aunque no sé como, ni qué perderé por el camino. Esa es la cosa, vivir es cambiar, vas dejando atrás lo pasado, aceptas lo nuevo. Tal vez lo más frustrante es que nunca pierdes lo que esperabas y a menudo sientes su ausencia cuando ya se fue. Y entonces te despides de lo que no está. Porque algo así es la melancolía, un largo adiós a todo aquello que ya está ausente.
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De una forma u otra, siempre tuyo,
El Tejón.
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17/2/09

Próximamente en "Querida Gatis"...

Me gusta tanto como me ha quedado este párrafo que os lo dejo como avance, para finales de semana tendré corregido el capítulo entero y lo colgaré:
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"Esnifo demasiado, a veces nada más levantarme. A veces me despierto en casa de María y me pongo a hacer café y cuando vuelvo al cuarto ella se está preparando un chino y a mí me da tanta pena que esnifo, aunque no entienda cual es la relación entre mi pena por ella y drogarme. Y mientras la veo hacerlo siento una angustia terrible, pero al mismo tiempo es algo bonito: el alivio tristísimo en su rostro y como me pide que la abrace después. Nunca lava la almohada y llora tanto que deja manchas."
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one, two, three
If you close the door
the night could last forever
Leave the sunshine out
and say hello to never
.
All the people are dancing
and they're having such fun
I wish it could happen to me
.
But if you close the door
I'd never have to see the day again
.
If you close the door
the night could last forever
Leave the wine-glass out
and drink a toast to never
.
Oh, someday I know
someone will look into my eyes
And say hello
you're my very special one
.
But if you close the door
I'd never have to see the day again
.
Dark party bars, shiny Cadillac cars
and the people on subways and trains
Looking gray in the rain, as they stand disarrayed
oh, but people look well in the dark
.
And if you close the door
the night could last forever
Leave the sunshine out
and say hello to never
.
All the people are dancing
and they're having such fun
I wish it could happen to me
.
Cause if you close the door
I'd never have to see the day again
I'd never have to see the day again, once more
I'd never have to see the day again
.

10/2/09

El 13 puntos.

Querida Gatis:

Te escribo de nuevo desde La Gran Manzana, que estos días es sin duda la ciudad de Barak Obama y del entusiasmo que su figura despierta. Mientras este país siente que está viviendo su historia, yo vivo la mía propia. La noche de las elecciones Michael se había ido a su pueblo a votar y Raúl me dijo que teníamos que ir a su bar porque era el único sitio de toda la ciudad donde no se iban a seguir los resultados. Aunque cada vez le tengo más cariño, ya empezamos a discutir cuando abusa de esa actitud tan negativa. La crítica sin medida es una posición muy cómoda, por muy amarga que resulte para el que la practique. Lo peor de discutir con él es que es más listo que yo, aunque también pienso que ser listo es más fácil si eres así de pesimista. Raúl escribe poesía pero nunca enseña nada, dice que lo que él escribe es sólo para ser recitado y que el sólo recita en su bar. Nos hemos hecho íntimos muy deprisa, pero nunca me había invitado hasta esa noche y, aunque me parecía tonto estar en Nueva York y no participar del momento histórico que se iba a vivir, terminé aceptando pasar la noche en el 13 Puntos. Y la verdad, Gatis, es que no puedo decir que me arrepintiese.

El 13 Puntos es un antro extraordinario. Está en un sótano de Brooklyn, en algún lugar cerca de la orilla del East River. Si no sabes a dónde vas es muy difícil que lo encuentres por casualidad. Desde la calle tienes que bajar unas viejas escaleras hacia una puerta de metal sucísima que tiene un cartel de neón apagado lleno de polvo en el que se lee: "Drinks". Al pasar encuentras otras escaleras iluminadas por una luz de emergencia que terminan en otra puerta oscura. En el dintel de esta entrada definitiva hay una inscripción: "Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate": "Abandonad toda esperanza vosotros que entráis", lo mismo que está escrito en las puertas del Infierno. Para cuando leí esto yo ya estaba emocionadísimo, Raúl se dio cuenta y me bajó un poco los humos. Me dijo que tanto la frase como el cartel no eran parte del 13 Puntos, llevaban allí desde los setenta, cuando el sitio era un punto de reunión de punks. "Lo que sí es verdad", añadió, "es que aquí dentro han pasado muchas cosas".

El 13 Puntos parece un mundo a parte. Dentro, uno se siente como si estuviese en una escena de Blade Runner. Es un sótano de paredes de cemento sin pintar, completamente diáfano con algunas mesas desperdigadas. Mucha gente se sienta en el suelo e incluso encuentras a más de uno durmiendo. Se habla más español que inglés, porque está lleno de latinoamericanos. La iluminación irregular causa una impresión muy extraña: en algunas zonas hay grandes tubos de neón blanco en el techo, como los que se usan en los parkings, pero no dan una luz consistente porque muchos de ellos parpadean o están fundidos del todo. En otras zonas hay lámparas de pie, con mesitas y sillas alrededor. No hay dos objetos iguales en el 13 puntos, ni dos zonas iluminadas de la misma forma, eso da una extraña impresión de multiplicidad de ambientes en un local que sólo tiene un espacio. A pesar de lo grande que es sólo hay una barra, todo huele mucho a humo y la concurrencia se divide entre indigentes y bohemios. Bohemios auténticos, Gatis, sucios, cultos, pobres y creativos, como no quedan ya casi en ninguna parte, cabezas en un equilibrio imposible entre el idealismo y el hastío. Argentinos, chilenos, mejicanos, también "gringos" y europeos. En el escenario tocan jazz contemporáneo, recitan poesías, hacen slang, cantan, ese día incluso se subió un pintor a promocionar su obra, había montado una especie de performance. Lo más impresionante es que a pesar de lo cochambroso del lugar, todo es fantástico. Todo está bien hecho, todo es fresco y arriesgado, pero nada estúpido ni desapasionado. Una chica recitó una poesía en español (era Argentina), hablaba de que perdía a su hijo, usaba muy pocas palabras, en seguida se puso a gritar a pleno pulmón: "¡Luíiiiiiiiis! ¡Luíiiiiiiiiis!", tenía un control sobre su voz extraordinario, conseguía modularla a la vez que se desgañitaba. Terminó subiendo el grito hasta quedarse absolutamente sin voz y luego rompió a llorar y con las manos en la cara recitó muy rápido otro poema largo, lleno de frases de angustia, dichas con claridad entre sollozo y sollozo. "Te añoro en mis muslos y en mis muñecas, como un telón de terciopelo negro", recuerdo que decía un verso.

Raúl es un personaje querido en el 13 Puntos, en seguida saludó a Malcolm, el barman, un mulato con la piel muy clara y rasgos de negro. Le pidió dos tragos de un bourbon horrible. Raúl me explicó que muchos de los artistas del 13 Puntos han rechazado ofertas para actuar en clubes de mayor status y que sólo lo hacen en ocasiones puntuales para sacar dinero. Los que deciden intentar triunfar y van dejando de lado sus actuaciones allí, casi siempre dejan también de ir porque el resto les desprecia. Debe ser el único lugar de este país donde es impopular venderse.

- Pero casi todos sois extranjeros. ¿Habéis emigrado para seguir pobres?

Le pregunté. Y él respondió:

- ¿Tú estás aquí para triunfar?

- Mmm… no.

- ¿Y por qué viniste a Nueva York?

- Porque quería vivir en Roma. Siempre he pensado que si hubiese vivido en el siglo I, me hubiese gustado vivir en Roma.

- Pues por eso estás en el 13 Puntos.

Y me sonrío, hasta ahora es la única vez que le he visto hacerlo.

Luego me contó por qué el sitio se llama así. En un principio se abrió exclusivamente como una tapadera para vender droga (función que todavía conserva). Un día entró un homeless que pidió un trago. Como tenía dinero, le sirvieron. Empezó a hablar con Malcom. "It's easy to make friends but It's hard to keep them", repetía el pobre trastornado sin parar: "es fácil hacer amigos, pero es difícil mantenerlos". Al rato pidió un bolígrafo y una servilleta y se fue al baño. No volvieron a saber de él hasta que al cerrar lo encontraron muerto en uno de los váteres, estaba cirrótico perdido y había tenido una hemorragia interna. En la servilleta había dejado escritos 13 puntos. Raúl le pidió a Malcolm que me enseñase la servilleta enmarcada y colgada en la pared entre las botellas. Es el único elemento decorativo del bar.

Los puntos están en inglés, pero dicen algo así:


1 - Procura no caer nunca en los tópicos.

2 - Cambia todo lo que no te guste, no cambies nada si no sabes por qué lo estás cambiando.

3 - Si no te queman los dedos, no escribas. Si no te quema el corazón, no ames. Si no te quema la cabeza, no pienses. Cuando sientas frío, descansa. Si descansas demasiado, cambia.

4 - Escucha a los demás y escúchate a ti. Es difícil conocer a la gente, pero sobre todo porque es mucho más fácil ignorarla.

5 - Sé sincero con los otros y contigo. Las mentiras piadosas no existen.

6 - Si lloras, ríete después. No dejes de entender en un resquicio de ti que eres ridículo, que todo lo es.

7 - Recuerda que pueden pasar tantas cosas malas que muy rara vez pasan las que temes. Cuando cambias nunca pierdes lo que esperabas. Sé intrépido.

8 - Aquello que te hace fuerte es aquello en lo que te apoyas. Por eso es, al tiempo, tu debilidad. Acomodarse es exponerse.

9 - Intenta ser intuitivo, fíate de las primeras impresiones. Pero vigila que éstas respondan a la pura intuición y no a los prejuicios.

10 - Desconfía de los mezquinos, los mentirosos y los envidiosos. El egoísmo, en cambio, es un mal congénito, por eso sólo es reprobable su exceso.

11 - Si consigues ser una persona paciente y apasionada a un tiempo, habrás conseguido mucho.

12 - Perdona y pide perdón. Pero si alguien muy cercano a ti te traiciona de veras, perdónale pero no olvides.

13 - Si no quieres perder a los tuyos, no les traiciones nunca. Esto último es lo más importante de todo.


Curioso ¿verdad? Supongo que es la obra de un loco, de un loco lúcido (hay muchos). Aunque Raúl sostiene que la lista la escribió Malcolm ("que se cree sabio y no lo es tanto, como todos los barmans").

Y allí pasamos la noche sin acordarnos de las elecciones en absoluto. Esnifamos algo de cocaína (en el 13 Puntos sólo se gasta el dinero en droga) y Raúl me presentó a varios amigos. Conocí a un Mejicano llamado Manuel, pequeño y menudo como yo y como Raúl, con el que en seguida hice buenas migas. Es un tipo irónico y cordial a un tiempo, muy fino. También ha estudiado historia del arte y me dijo que conocía a gente que trabajaba en el MOMA y que podrá pasarme gratis. Estoy deseándolo porque desde que estoy aquí no he ido aun a ver pintura y es algo fundamental para mí. Manuel es rápido como una centella y se ríe constantemente del dramatismo de Raúl, lo cual resulta muy saludable para todos. Siempre le dice "no se estrese, capitán". Le llama "capitán" y Raúl se pone muy nervioso, es realmente gracioso. Y aunque Raúl no se ríe se lo toma bien porque en el fondo es consciente de que interpreta un personaje. Manuel es feo, con el Pelo rizado largo y muy encrespado. Tiene un aspecto tierno e inofensivo que contrasta con el rostro perfilado y elegante de Raúl.

Y mientras los dos creaban conversación y polémica a su alrededor yo me puse a hablar con María, otra mejicana, dulce y apacible, versadísima en poesía contemporánea, que me enseñó muchas cosas y me dios unos besos maravillosos, cándidos, mostrándose luego reacia a nada más. A la mañana siguiente Raúl me explicó que iba de heroína hasta las cejas, como cada noche últimamente.

Subimos los dos tramos de escaleras cuando ya había amanecido. De las celebraciones de la victoria demócrata sólo quedaban los restos. Salimos de aquel inframundo dejando atrás la inscripción: "Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis." Y realmente habíamos pasado la noche de espaldas a esa esperanza que vende Obama.

Y eso, Gatis, seguro que volveré al 13 Puntos. Parece que ya me estoy asentando en la ciudad. Por increíble que parezca, el póquer cada vez se me da mejor y me entretiene. Como voy sacando dólares, estoy dejando un poco de lado el buscar trabajo. Escribir, escribo, pero tan disperso como siempre: entradas del blog, mails como éste, notas… y últimamente bastante poesía también. Como me siento tan solo en la cama por las noches, el otro día me salió esto:


"Solo de pie en la autopista

y las luces de los coches, siempre las luces de los coches.

Me confunden con las estelas que dejan a su paso,

en la vida ocurren demasiadas cosas.

Todo se escurre entre los dedos,

se escurre entre los dedos,

no puedo asimilar tantas pérdidas,

atragantado como estoy de cosas nuevas.

Todo muere,

ni si quiera puedo decir adiós

a las estelas de luz de los coches.

Siempre las luces de los coches.


He olvidado el mar

y el bosque.

He olvidado el pasado que fuimos,

que fuimos animales, todos.

He olvidado que somos.

Quiero agarrar,

a penas puedo retener algunas caras…

Entre tantos ya no distingo.

Y estoy solo.

Aturdido.

Atronado por las luces de los coches.


Ahora de cuclillas

me agarro la cabeza con las manos.

Me duelen las sienes,

se hinchan.

Mis sienes se hinchan mucho.

Dolor insoportable.

Dolor

en mi cabeza…



Revientan.


Pero no son mis sienes, sino mis tímpanos.

Sangro por las orejas y aun me duele.

Un dolor menos agudo, sordo.

Ya no puedo oír.

Pero aun veo,

aun las veo:

las luces de los coches.

Siempre las luces de los coches,

que no cesan de pasar…"


Ya me dirás qué te parece. Te mando un beso enorme. Espero que estés bien.

El Tejón.

11/11/08

Querida Gatis

Querida Gatis:

Todo está confuso en mi vida después de nuestra ruptura. Me he dado cuenta de que la fuente de mis taquicardias y la razón por la que tuve que ir a la sicóloga después de que rompiésemos no fue el creer haberme enamorado de otra mujer, o haberlo hecho, o el haberte perdido, o la soledad. Mi profunda y aterradora crisis se debió a mi miedo a los cambios. Me sentía perdido porque todo se volvió diferente demasiado deprisa: empezar a trabajar en serio, emanciparme, vivir sin estar enamorado de otra persona… Supongo que el Mundo en el que vivimos ya va lo suficientemente deprisa como para hacernos sentir confusos y desamparados y siempre he necesitado tener muy claro quien soy, quien es importante para mí y cual es mi futuro. Por eso siempre lo he retrasado, por eso siempre he sentido que podía llegar a ser escritor pero nunca me había decidido a serlo. Por eso me ha costado tanto durante muchos años cambiar de planes, de amigos. Pero la vida es una dinámica de cambios, por mucho que nos cueste entenderlo a las personas, la entropía nos domina, el tiempo nos supera y la vida pasa. Pasa y nos cambia. Aunque a la vez todos seguimos siendo la misma persona que fuimos de niños y, quizás, somos ese niño que perdimos por encima de ninguna otra cosa. Porque él fue nuestro yo más puro, aquel que no tenía un pasado que le hiciese sentir que se había convertido en otra persona, en un extraño.

Al darme cuenta de todo eso mi cabeza ha dado un vuelco y ha sentido que todo tenía que cambiar aún más. Como siempre, veo las cosas en blanco y negro, y si lo que debo hacer es superar mi miedo a los cambios, he decidido hacerlo de la forma más radical, lanzándome de cabeza a ellos. Así que no he querido esperar y con los pocos euros que tenía ahorrados he cumplido mi sueño de mudarme Nueva York. Intentaré sacar partido a los contactos de mi padre y ver si consigo algún trabajo relacionado con la historia del arte. Mientras tanto, estoy jugando al póquer por Internet. No es tan difícil como pensaba y aunque aun no saco lo suficiente como para vivir, nunca pierdo.

Vivo en un bloque de apartamentos en Brooklyn. Pago 600 dólares por un cuartito pequeño pero acogedor. Comparto piso con un chico negro, Michael, y otro portorriqueño, Raúl. Michael es joven, de unos veinte años, grandote y apacible, estudia en una escuela de alta cocina y toca la trompeta. Raúl es un tipo bajito y nervioso, con fuertes rasgos indígenas. Creció en Chile y odia su país. Pero también odia Chile y a los Estados Unidos. Es culto y un tanto desequilibrado, siempre está echando pestes de todo, pero el fondo de su mirada es triste y vulnerable.

Lo bueno de haber cambiado radicalmente de escenario es que mi vida ahora es tan fresca y novedosa que cualquier actividad me llena e incluso me emociona. Como acompañar a Michael a comprar comida y que me explique donde ir para conseguir la mejor carne, o como distinguir las buenas verduras y la buena fruta. O pasear por las pequeñas tiendas de comestibles, por esas calles que parecen sacadas de una película o construidas para ser rodadas. Además, Michael es casi un genio, sobre todo por lo mucho que le gusta lo que hace. Es muy introspectivo y cuando cocina se sumerge por completo. Casi siempre hace él la cena (todo un privilegio) y cuando la está terminando aparece Raúl, que viene de servir cafés en un antro bohemio en el que trabaja, y empieza a quejarse del mundo, de la gente, de todo, a menudo inclusive del menú. Luego cenamos con las ventanas abiertas (ya hace mucho calor) mientras oímos a la gente en sus casas, hablando diferentes idiomas, riendo, jugando, discutiendo, y Raúl nos habla de algún escritor mejicano de los años 70' que a penas es conocido pero que él considera un genio. Y me sigue hablando de la política chilena o de la historia popular norteamericana, mientras nosotros fregamos los platos y Michael toca la trompeta o simplemente fuma asomado a la ventana de su cuarto. Realmente es algo especial, esta es una ciudad que se caracteriza por la convivencia de culturas más colosal de todos los tiempos, pero no es habitual que esas culturas convivan y se mezclen realmente. En Nueva York se tiende a la yuxtaposición más que al verdadero mestizaje. Me pregunto como se conocieron estos dos.

De momento, la verdad, la terapia está dando resultado. Soy bastante feliz. Coger el metro e ir a Manhattan, pasear por Central Park, ir a bares de mala muerte a beber cerveza barata, cenar en restaurantes italianos escondidos en patios interiores… y mirar. Mirarlo todo, es todo tan bonito aquí… Los edificios enormes, la mezcla de personas. Es importantísimo vivir en un sitio bonito, bonito en el sentido amplio de la palabra, no bello, si no atractivo, con encanto. El centro de Madriz lo es. Pero esta ciudad… aun es la capital del Mundo. Y los neoyorquinos, en fin, son americanos, y a veces se les ve un poco infantiles. Pero son infantiles para lo bueno y para lo malo, son gente que aun cree en el mundo en el que viven, son tan diferentes a nosotros…

Están a punto de ser las elecciones y casi toda la ciudad anda loca con Obama. Esta gente confía en su sistema, y eso que está incluso más podrido que el nuestro. Pero ellos salen a la calle con sus banderas y lo hacen con un orgullo, que aunque me repele, es sencillo, simple, de alguna manera, puro. Los estadounidenses son como niños, incluso los más genuinos "newyorkers" con todo su pretendido cinismo. Eso puede ser desesperante, pero también maravilloso. Me di cuenta viendo a toda esa gente negra con camisetas de Obama, probablemente él no será más que otro político, uno genial, pero uno, al fin y al cabo. Pero la forma en la que los negros con sus camisetas se sientan al lado de los blancos estas semanas… hay en ella algo bueno. Hace cuarenta años los blancos y los negros ni siquiera se sentaban juntos en el autobús.

Yo paseo y paseo, miro. Hay unas tiendas maravillosas con todo tipo de objetos, discos, ropa, libros y todo lo que te puedas imaginar, pero no estoy como para gastar. Aun así me paso el día en las tiendas, voy entrando y saliendo y así disfruto de la calle, de la gente y de las mercancías. A veces pienso que vivir en nuestro tiempo y no ir de tiendas es como haber vivido en el siglo trece y no haber entrado en las catedrales. Independientemente de lo horrible que sean la Iglesia bajomedieval o el capitalismo, sus grandes creaciones no dejan de ser impresionantes. El espectáculo de las mercancías es el gran espectáculo de nuestro tiempo junto con el cine. Veo personas perdidas, muchos mendigos, se percibe en seguida que este país es aun más duro que el nuestro con los que no tienen nada. La cultura de la competencia, del fracaso y del éxito está muy patente. Miro y miro; y escribo. Aun no me siento parte de todo esto, mi mirada es la del extranjero, la del turista, pero el encanto de lo que me rodea me va seduciendo poco a poco. Tal vez no tarde mucho en encontrar aquí un verdadero hogar y mi gran cambio se convierta en una nueva rutina que me de una nueva ilusión de seguridad…

Y poco más. Bueno, igual no debería decírtelo, pero también, a veces, te echo en falta. Echo en falta hablar contigo, verte, tal vez abrazarte también. En fin, por ahora mi objetivo es mejorar mi nivel de póquer y darle duro a la escritura. Por ahora sólo llevo un diario de viaje, pero estoy intentando encontrar una idea para una novela.

Te mando muchos besos.

El Tejón.