guiado por las apariencias

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3/10/13

Un jueves por la tarde.



Un jueves por la tarde yo encajé en los planes de Dios


un rayo cayó sobre mi cabeza


recto y brillante


como dibujado por un lápiz incomprensible.


Creí. 

Aun creo.


Pero pasaron los días

y no volví a saber nada de Dios.


Cuando dicen que los Caminos del Señor son inescrutables

tienen razón.


Inescrutablemente mi compañero murió en mis brazos.


Fue Dios el que me hizo anarquista.



21/9/13

Sobre los manuales.

En los últimos 300 años se han escrito muchísimos manuales, muchísimas palabras sobre cómo hacer las cosas... pero al final, aunque te sepas el manual, y a veces sea útil, si quieres vivir bien tienes que pensar cada situación por separado. Es muy cansado, una lucha constante, produce inseguridad y angustia, pero es así. Aunque haya algunos patrones, la vida, la realidad, es terrible y maravillosamente caótica.

 La angustia es el precio que se paga por la libertad. Pero el precio que se paga por no ser libre es mucho más alto. Tal vez esa sea la esencia de la estupidez humana: esa especie de instinto, de obsesión, por encontrar un manual que afortunadamente no existe. 


15/5/13

Muerte en Venecia (sobre un video de Almudena Mestre)


y si no nos muriésemos?
cómo podríamos sentir las imágenes?
cómo podríamos mirarlas, aunque sea por un instante,
sin prejuicios ni juicios
extraños ante su instantaneidad eterna.

y si no envejeciésemos?
cómo podríamos vencer, aunque sólo sea un poco, la mezquindad?
cómo podríamos hacer sacrificios,
rendirnos al desasosiego que producen las cosas bonitas.

cómo podríamos entender la maravilla de haber acariciado un cuerpo joven
cómo podríamos valorar los recuerdos
cómo podríamos amar a aquellos a los que de forma misteriosa elegimos.

yo estuve una vez en venecia,
escuchando una música salida de ninguna parte
yo he sido un príncipe invisible
y me he arrastrado consumido por la estupidez de la culpa.
todo lo bueno, todo lo intenso de mi vida se lo debo a la vejez y a la muerte
cada destello de lucidez, vencedor de la melancolía.

no hay suerte mayor que llegar a viejo
comprender el valor de lo que fue
entender el poder de una fotografía
de un fantasma precioso
resto de un pasado que al revés que el presente y el futuro
existirá para siempre.

pido a la inmensidad vacía de sentido
que me deje llegar al momento en el que intuyo que mi vida debe terminar
que no me lleve antes ni después
que me de la gracia de avanzar cada paso de ese camino
con todos los errores, con todo el miedo.

La vida no se hizo para ser feliz.
cómo podría entender esto si no supiese que un día estaré muerto.
yo tengo fe en la muerte
gracias a eso puedo acostarme satisfecho, cada jornada,
cada día acepto todo lo que dejo sin hacer
todo lo que dejo sentido y que ya no podré sentir por primera vez,
gracias a que a cada instante muero,
puedo aceptar la pérdida,
puedo entender que no se puede entender.

Tesoros que tengo porque ya no los tengo,
un desierto de granos de arena minúsculos
y en cada grano una ciudad sobre las aguas
música olvidada
abrazos
lágrimas en la lluvia.




28/9/12

...



qué esfuerzos tan terribles
por matar la ilusión remota
de poder descansar en vida
.
cabellos como el sol entre los dedos
como el sol queman y desaparecen
.
suspirar sonriendo es el único atisbo de fuerza
que conozco, que acepto, que permito
.
los números se mueven con el mismo desenfreno
imparables
pero cuando estoy desnudo, por un momento no los entiendo
y por un momento muero
.
mujeres del otro lado
y yo soy suyo
respiro con ellas debajo del agua
encharcado por dentro
.
y por un momento dudo
y no me importa estar sólo
como un cuerpo a tu lado
.
veo y miro en blanco y negro
.
pero sólo por un momento
.

28/5/12

From Hell

Jack el destripador fue el primer hombre demonio. Los hombres-demonio del pasado no dejaban de ser hombres metamorfoseados o disfrazados. Hoy, perdidos de la mano de Dios y perdidos en ciudades inmensas, anónimas, donde estamos solos casi constantemente, más solos cuanta más gente nos rodea, no podemos ser ángeles, pero sí podemos ser demonios.

Me da pánico la carta del destripador, la ausencia de límites, el monstruo...



Desde el infierno
Sr. Lusk
Soñor
Le mando la mitad el riñó que cogí de una mujer lo guardé para usted lotro trozo freí y comí estaba muy vueno. Tal vez le mande el cuchill sangriento que lo sacó si tan sólo espiera un poc más.
firmado
cójame cuando pueda Senor Lusk. 





 
Palabras deformadas, se me enroscan en algún lugar, adentro... Tenemos que intentar en serio, cada día, ser mejores personas. Por nosotros mismos. Por mantener a raya al monstruo.

1/5/12

Contra las revelaciones.


he soñado con una pirámide. como en el hotel California, en la pirámide, se podía entrar pero no salir. una vez dentro, todo el mundo deseaba subir al cénit, para hacerlo debían pasar una serie de pruebas misteriosas, pesadillescas. todos querían subir porque en los niveles más bajos de la pirámide se pasaba muy mal, había un ambiente mezcla de miseria moral y amenaza de castigo físico. subir era complejo, prácticamente imposible, y cada nivel ascendido era igual al anterior. la gente de mi alrededor no había salido nunca de los niveles más bajos y no hacían más que añorar esas zonas cercanas a la punta. todo me parecía absurdo, yo sabía que más arriba todos los niveles eran iguales, que no merecía la pena subir. aquello que nos amenazaba desde abajo, el diablo, el macho cabrío antropomorfo, era el mismo ser que regía la Torre. el reto, entonces, no era seguir subiendo, si no enfrentarse a su mirada. yo lo intentaba, en una imagen como una viñeta de cómic: los dos sentados frente a frente, sentados en la postura del loto sobre plataformas circulares que surgían de las aguas. su rostro era demasiado aterrador, pero en el duelo llegaba a ver por un resquicio de mi pánico el misterio en toda su plenitud: ese monstruo que tira de nosotros desde arriba, que nos empuja desde abajo, no existe; precisamente es lo único que no existe, es algo así como la muerte, a la que no nos podemos enfrentar desde nuestra existencia precisamente porque es opuesta a ella. y esa nada con careta de cabra es lo que nos lleva a construir la pirámide, con todos sus pisos, con todos sus recovecos; la fortaleza donde nos protegemos y nos encerramos a nosotros mismos; y los unos a los otros. 

El sueño me recuerda a esa historia que tanto me gusta sobre la Academia de Atenas, cuando estando Platón de viaje, los disidentes de las enseñanzas del maestro (entre los que se encontraba Aristóteles), empezaron a debatir la autenticidad del mito cósmico del Timeo. Decían que el escrito de Platón no era más que una superchería, que nada tenía que ver con la verdad física; que era falso. Los partidarios del Maestro se defendían argumentando que la explicación que el Timeo proponía era un mito, y como tal era cierto de una manera metafórica. A su vuelta, Platón resolvió el entuerto de la siguiente forma: ni unos ni otros estaban en lo cierto: el Timeo era efectivamente un mito, pero no por ello dejaba de ser verdadero de una manera absoluta, tan absoluta como cualquier cuestión comprobada físicamente. Yo de esta historia saco la moraleja de que en realidad todo conocimiento, toda estructura, por muy científica y contrastada que esté, no es más que una construcción humana: toda idea está hecha de lenguaje, y el lenguaje es humano. El lenguaje son las piedras con las que levantamos la pirámide, y no sólo es cierto; es lo único que puede ser cierto, pero sólo mientras nosotros le dotemos de veracidad con nuestra fe en él.

Este sueño que he tenido de la pirámide lo interpreto yo como un rechazo a la gnosis. La gnosis es ese conocimiento mistérico y sagrado, que algunos sistemas religiosos toman como principio fundamental. La gnosis es esa revelación, que sólo es transmitida a los iniciados en una doctrina y gracias a la cual uno consigue elevarse a una suerte de nivel espiritual superior. La gnosis es una mentira nociva: no hay secreto en las palabras más allá de su significado evidente y de su condición de herramienta de relación entre los hombres. Sí hay misterio: fuera de nuestro pequeño círculo humano de palabras, símbolos, afectos y percepciones sensoriales, todo lo es. Pero su condición misteriosa, no puede ser profanada por ningún conocimiento secreto, por ningún lenguaje. La creencia en lo arcano nos esclaviza. Por dura que sea la realidad humana: perecedera, endeble, maleable; enfrentarnos a su verdadera naturaleza es lo único que nos hace más fuertes y más libres. La verdad es evidente, somos nosotros los que la hacemos compleja por el temor a enfrentarnos a sus muros de piedra. 

Vivimos en una época atragantada de gnosticismo. Los científicos cuánticos nos aturden con sus demostraciones de imposibilidades que pretenden revelar los más grandes misterios del cosmos. Millones de conspiranoicos se intercambian revelaciones terribles sobre planes secretos que los poderosos traman contra la masa (algo estúpido en una sociedad que se define precisamente por la falta de vergüenza de los explotadores a la hora de esconder sus intenciones). Pedantes posmodernos posestructuralistas nos aturden con incomprensible palabrería (como la de este texto, por otro lado), asegurando que para desentrañar los complejísimos misterios sociales y humanos que abordan, es necesario estar iniciado en su jerga neo-académica. Críticos e historiadores del arte desprecian la función decorativa más evidente de las obras, e insisten en que su verdadero valor reside en las interpretaciones iconográficas, históricas o sociológicas que ellos amablemente y por un módico precio están dispuestos a mostrarnos a aquellas mentes simples que no vemos más allá de lo “bonito”. Todos estos, y muchos otros, se empeñan en ser los poseedores de un secreto, de una clave, que sólo compartirán con los iniciados en su causa…

Tal vez los más peligrosos de los sacerdotes gnósticos actuales sean aquellos que guardan los “misterios de los mercados”. Sólo ellos conocen los secretos que rigen las fluctuaciones de la bolsa: son los augures que con sus presagios dan legitimidad cósmica (o “científica”, que viene a ser lo mismo) al orden social establecido. 

Toda esta basura mistérica sólo nos hace más cobardes, nos aturde y nos esclaviza. No hay que entrar en el juego de querer subir niveles de la pirámide, la sabiduría es algo extrañamente orgánico que no entiende de jerarquías ni de academias. El mundo es mucho menos misterioso de lo que insistimos en creer, y no debemos olvidar evidencias como el hecho de que si hay suficiente riqueza para asegurar una vida digna para todos, no hay misterio arcano que justifique el hecho de que tantos estén condenados a la miseria. No se puede vivir sin cierta fe en las palabras y en las estructuras que arman la sociedad y que nos permiten relacionarnos y vivir, pero esas mismas estructuras son maleables, podemos cambiarlas con esfuerzo y trabajo. Es mucho más fácil pensar que existe un secreto que da sentido a toda esta incoherencia, pero no es así, toda esta incoherencia en la que vivimos, nuestro mundo, es tan estúpido y mezquino como parece, y en nosotros recae el trabajo de enderezar nuestras vidas y nuestro entorno, para que sean un poco más claros y justos.

Mi sueño de la pirámide no esconde una analogía arcana sobre el camino ascensional al que el conocimiento nos dirige. Más bien manifiesta mi pánico a reconocer que los muros de la prisión son una ilusión, que este orden social que se desmorona a mi alrededor es sólo una convención que debemos cambiar, pero dentro de la cual estamos aun demasiado encerrados para atrevernos a revelarnos contra sus falsos misterios. Mi sueño me está recordando el pánico que me produce la libertad a la que estoy condenado. Libertad que deberíamos ejercer, primero de todo, para matar al dinero, ese mito mistérico que ha crecido como un cáncer, y que hoy tenemos la obligación de desterrar, igual que Nietzsche en su momento mató a Dios señalando la terrible verdad de su no existencia.

La serie (muy gnóstica) Expediente X rezaba el sugerente lema: “la verdad está ahí fuera”. La verdad no sólo está ahí fuera, está delante de nuestras propias narices, esperando a que nosotros nos atrevamos a enfrentarla. Pero Nietzsche acabó loco, y a mi generación nos aterra la mirada del chivo.

Feliz primero de Mayo; brindo por el ansia de derribar todos esos misterios que pretenden justificar lo absurdo, lo estúpido y lo injusto.