Benjamin piensa que en el cine y la foto el ritual ha muerto. Está muy equivocado, si la magia no se percibe, no se hace evidente en ellos, es, precisamente, por lo vivo que aun está su misterio. Son la pintura, la escultura y la arquitectura las que han perdido su aura, su valor ritual, y sólo existen y reflexionan sobre su propia existencia. La teoría en cine resulta insulsa, pedante, aburrida, innecesaria. En cambio, en las artes plásticas, la teoría ha fagocitado al arte. Dios maldiga a los historiadores y críticos de arte. Dios nos ha maldicho, de hecho, con el peor de los castigos. Nos ha arrebatado aquello que amábamos por medio de nuestras propias manos. Dios maldiga a la Academia Posmoderna.
No entendemos hasta qué punto creemos en el arte, en nuestro arte, en la publicidad, en el cine. No entendemos lo maravillosos que son; no lo entendemos porque no nos lo planteamos porque creemos en ellos a ciegas, sin pensar.
Al mismo tiempo, eso sí, sabemos que existen el montaje, las cámaras, la virtualidad... Sabemos que los actores son actores pero para nosotros también son los personajes. Sabemos que las modelos están retocadas por photoshop, pero al tiempo no lo sabemos. Creemos que son de verdad, más de verdad que nosotros, de hecho. Estas contradicciones, estas desmentidas, siempre se han dado en lo cultural, son la creencia, la magia, la religión. Creer es dar como cierto algo que no puede ser. La duda, la necesidad de certeza, destruyen la creencia. ¿Qué sentido tiene el sincretismo? ¿Por qué Alejandro pudo ser faraón? ¿Cómo era posible que fuese Atón el que movía el sol, si antes era Horus, si ambos son diferentes y sus sacerdotes rivales, pero cuando llega la paz son el mismo? ¿Cómo es posible la Trinidad? ¿Acaso los hombres de la antigüedad, que tantos restos magníficos nos han dejado, eran estúpidos? ¿Acaso no pensaban? ¿Acaso no había razón antes de la Ilustración? ¿Por qué adoraban a pedazos de piedra tallados por la mano humana como si fueran dioses?
Se sabía, se sabía pero se creía. Como en la sala de cine. La creencia no anula la conciencia, le propone una tregua. Esa tregua es fundamental para el arte, para la vida, aunque en su engaño tenga, siempre, parte de maravilla y parte de perversión.
El que no cree juega con el fuego abrasador de una libertad que le hace navegar muy cerca de la locura. Muy pocos se atreven a vivir sin nada por encima. Aunque en la era posmoderna la puerta que hay que atravesar para ser libre esté mucho más abierta, muy pocos se atreven a cruzarla.
No nos damos cuenta de lo bellísimos, mágicos y extraños que son los enormes carteles que cubren nuestros edificios. No nos damos cuenta del tiempo que dedicamos a mirarlos, de lo mucho que se parecen a los templos del foro de Roma, no nos damos cuenta de los orgullosos que estamos de ellos, de cuanto los reverenciamos. Si nos diésemos cuenta, no serían ya sagrados.
[Escrito ayer, al volver de jugar con la nieve, de encontrarme con Leticia dos veces, de ver la exposición de Floridablanca que no tengo ningunas ganas de enseñar, de enfrentarme en la Academia con la escultura original del Ángel Caido que había estado fotografianndo en el Retiro, de ver el Arcimboldo y El Sueño del Caballero, de caminar bajo la nevada. Escrito antes de zamparme una pizza y un helado, de leer sobre Sánchez Castillo, de tomarme unos whiskis y de tener una larga conversación con Ana]:
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Hoy todo lo que pasó fue como tenía que ser y sabía que sería así.
"Conocer" es una palabra que cada vez me produce menos confianza. Sabiduría es tal vez mejor, la sabiduría aflora, lo que se conoce se conoce y es algo que en cierta medida permanece. Sabio se puede ser, al menos a destellos, es complejo ser sabio todo el rato. Pero conocer… ¿qué conocemos? no conocemos nada. Pensar demasiado es un problema, casi una enfermedad, no implica ser sabio ni pensar bien, y es un mal que yo padezco. Pero cuando el cerebro es tan obsesivo, los momentos de simple sensibilidad se vuelven preciosísimos, maravillosos, preciados. Vitales descansos en la agotadora jornada cerebral. Si un ciego pudiese ver durante una hora al día, tal vez sería el mejor de los fotógrafos, porque la intensidad de su visión sería extrema, desesperada. Cuando algo me hace sentir me arrastra hasta límites insospechados. Hoy, la nieve; pocas veces he logrado tener el corazón tan blanco, he sentido tanto que por momentos me he dado la vuelta y todo ha sido pura serenidad, armonía. Eso es sabio. Nunca sería budista zen, pero esa gente sabe de lo que hablan. Como dice David Bowie: "Satori must be something just the same". Hoy todo fue magia, todo. La nieve es algo que siempre me hace dudar de la esencia entrópica del Universo. ¿Cómo puede ser tan bonita, Dios mío? Aun tengo que trabajar, pero ya llega, ha sido un parto largo, pero se acerca. Al fin me hago mayor del todo, al menos por ahora. ¿Os habéis sentido así alguna vez? ¿Habéis sentido que empezáis a ser quien teníais que ser desde hace tiempo? Es una sensación agridulce porque dejas atrás tantas cosas… A mí siempre me han dado miedo los cambios, tal vez porque a mi manera soy muy bruto y cuando cambio, cambio a conciencia y sin remisión.
La vida es un jardín de confusión con flores de coincidencia con sangre en las aceras con pena que ponerse para estar por casa.
La vida es una fiesta de diario una comedia trasformada en noticiario una aventura sin protagonista un misterio sin pista.
Una enfermedad que se cura en el vacío un Otoño y un estío una primavera olvidada.
La vida es la última calada de un cigarrillo arrugado. Tonta como un actor ruidosa como un disparo.
Como toparse contigo como mancharse de barro.
La vida es un juego sin instrucciones una lección, una herida, un duelo, el santo patrón de los camelos. Una carcajada, un cielo.
Tu risa colgada de una fantamasgoría perversa, todos los días, todas las caras, ninguna respuesta. La seda que teje las perversiones, días sin huella, manos que aprietan, niñas que corren.
Bueno, hoy me ha vuelto el buen humor. De hecho me volvió ayer por la noche, fue la primera noche que dormí en mi casa. Aun no me he mudado pero hay un colchón en el suelo donde acomodé mi mustélida espalda. Estuve charlando hasta las tantas con mis maravillosas compañeras de piso y todo fue felicidad. También me cogí una buena borrachera (en realidad por eso estoy de buen humor).
Hoy volviendo a casa de mi padre todo me parecía bonito, incluso mi resaca de proporciones épicas. Por fin volvía a tener uno de esos días, cuando el gris del cielo es el más bello de los colores. Sigo sin leer prácticamente nada, eso sí, lo poco que leo es a Walter Benjamin, y cada ensayito de sus Iluminaciones, me da combustible intelectual suficiente para unos días. En el último hablaba de nihilismo romántico y cita a Barrès: "¿Qué me importa la rectitud de las doctrinas? Lo que se estima en ellas es el entusiasmo." Me identifico bastante con la terminología "nihilismo romántico", aunque tendré que tener cuidado porque Barrès fue conservador y ultra nacionalista. Ya en la puerta de la casa de mi padre he ido a meter la llave en la cerradura y ha empezado a sonar The Battle of Evermore de los Zeppelin, es tan bonita que no podía escucharla viendo el portal, que está reformado y es feo. Así que me he puesto de pie en mitad de la acera y he mirado al cielo y justo ha pasado volando altísimo una bandada de pájaros que emigraban al Sur. Luego me he dado cuenta de que la camarera del restaurante de al lado me estaba mirando con curiosidad, seguramente preguntándose que hacía parado en frente de mi casa mirando al cielo. Y he entrado.
Me gusta Amor a quemarropa, tengo ganas de volver a verla.
Apollinaire decía que en el mundo contemporáneo, los poetas serían erradicados.
Hoy hace 28 años que mataron a John Lenon.
Plata y oro.
El Tejón.
I had to come all the way from the highways and byways of Tallahassee, Florida to Motor City, Detroit to find my true love. lf you gave me a million years to ponder, l would never have guessed that true romance and Detroit would go together. And to this day, the events that followed all seem like a distant dream. But the dream was real and was to change our lives forever. l kept asking Clarence why our world seemed to be collapsing and everything seemed so shitty. And he'd say: "That's the way it goes. But don't forget, it goes the other way too.'' That's the way romance is. Usually that's the way it goes. But every once in a while, it goes the other way too.
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Amid the chaos of that day when all l could hear was the thunder of gunshots and all l could smell was the violence in the air, l look back and am amazed that my thoughts were so clear and true. That three words went through my mind endlessly. Repeating themselves like a broken record. You're so cool. You're so cool. You're so cool. And sometimes Clarence asks me what would l have done if he had died. lf that bullet had been two inches more to the left. To this, l always smile. As if l'm not going to satisfy him with a response. But l always do. l tell him of how l would want to die. But that the anguish and the want of death would fade like the stars at dawn. And that things would be much like they are now. Perhaps. Except maybe l wouldn't have named our son... Elvis.
Me he despertado y en el correo tenía una poesía que me ha impactado:
El Amenazado
de Jorge Luis Borges
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Me ha inspirado para escribir otra poesía:
Las personas esquivas hunden sus raíces en el suelo de este tiempo incomprensible.
El humor se esconde pero nunca se pierde,
sigue gobernándolo todo desde su trono transparente
que está sumido en todo y al tiempo detrás de todo.
La palabra tú se convierte en un fantasma,
la palabra yo se convierte en una cadena con una bola de metal negro
que arrastro mientras huyo por un campo de trigo de una foto en blanco y negro.
Sueño con que el pasado volverá
como una flecha atravesando un cristal
y rompiendo mi reflejo ajeno en mil añicos,
en diez mil años de soledad.
Hay una canción de cuna que mueve mis pasos,
la cantan todas las voces que alguna vez me dieron calor.
El tercer hombre es el que conoce todos los secretos,
por eso sonríe, por eso su corazón puede latir despacio
y su vida rueda y no se arrastra.
Viene una ola de frío polar.
Tiempo para buscar casa,
o para perderse del todo.
La persona que mas he amado en mi vida me regaló una vez tres cactus preciosos traídos de Holanda, cada uno con una gran flor de un color distinto. Venían en unas macetitas pequeñas y parecían tan resistentes que en un principio a parte de regarlos no les dediqué más cuidados. Con el tiempo uno empezó a ponerse pocho, tardé un poco en tomar medidas y acabó muriendo sin remedio. Compré una maceta más grande y transplanté los dos que quedaban. Era la primera vez que trasplantaba algo, y debí de hacer alguna cosa mal porque otro de los cactus murió. El último de ellos tenía una flor roja redonda, enorme y preciosa. Al menos ese sobrevivió, pero su flor se marchitó. A cambio la salió un brote, el brote es una especia de segundo cactus, que ya es casi tan grande como el tronco original, no tiene flor pero tiene un saludable color verde claro y parece fuerte y sano.
Me había liado tanto con todo esto que ya llegaba tarde al piso que tenía que visitar (eran las 17:30). Por suerte estaba cerca de casa. He ido corriendo para allá y lo he visto. Estaba bien pero no me ha convencido del todo. Ayer había estado viendo otros pisos con dos de mis futuros compañeros, y hablamos de buscar pisos por la calle. Como no tenía nada que hacer, llevaba el mp3 y me gusta pasear; me he puesto a ello. Ha sido maravilloso, yo suelo caminar siempre sumido en mis pensamientos y me pierdo muchas cosas. Obligarme a mirar minuciosamente la ciudad ha sido toda una experiencia. Ya desde casa he escrito un mail al grupo en el que listaba las siguientes conclusiones:
1) El Morrison Hotel es mejor disco de lo que yo pensaba, Spiritualized son dioses y Gimme Shelter de los Rolling Stones es un temazo.
2) Mirar casas por la calle buscando un piso de 5 habitas es un poco absurdo, porque muchas no tienen portaero y es difícil saber cuantas habitaciones tienen y de cinco hay pocas. He pillado mil telefonos y mañana llamaré, pero como experiencia práctica, lo de peinar zonas, creo que no va a ser muy útil (igual me equivoco).
3) En la calle Segovia hay una tienda de trajes con unos muebles y unas esculturas gigantes y unas cuantas banderas de España con el pollo que es bastante impresionante y que tiene un dependiente que debve llevar en la misma postura desde 1952.
4) Las casas del rastro son acojonantemente bonitas y en la Ribera de Curtidores hay unas especie de corralas con tiendas de antigüedades que son uno de los sitios más maravillosos de Madriz (había una estatua de piedra de una tortuga que era tan alta como yo).
5) En la calle Toledo hay una residencia de ancianos cuya sala de estar se puede ver desde el exterior a través de un cristal. Es bastante curioso.
6) Vivimos en una ciudad con algunas zonas realmente bonitas.
7) Mi abuela debía de tener razón cuando le decía a mi madre que era un niño raro.
En concreto las corralas de los anticuarios me han fascinado. Son un lugar absurdo y extraño, tanto por su tipología como por los miles de objetos que allí se acumulan. En la puerta de una de las tiendas había unas quince estatuas clasicistas bastante feas y otra estaba llena de cuadros de pastiche de los que uno era más o menos bonito (representaba a una mujer como del XIX vestida a la japonesa, yo creo que copiando a un Monet). He tenido ganas de volver a tener pareja y pasarme un día entero con ella mirando casas y también visitándolas, sin ninguna intención de habitarlas. Me ha parecido una actividad divertidísima, fantástica. Creo que es algo que haré de vez en cuando, llamando a pisos que se vendan o se alquilen y yendo a verlos sólo por la experiencia de entrar en los portales, los patios, las escaleras y las habitaciones de las casas más bonitas de Madriz…
Estaba a punto de volver a casa cuando me ha escrito un mensaje Sergio y he quedado con él y con Andrés. Ha estado bien hablar con alguien, no sólo con alguien si no con dos amigos. Está bien que a uno le caigan bien sus amigos, parece un perogrullo, pero no sé si lo es tanto… A las 22:00 ya no podía más y me he ido a casa, estaba muy cansado de tanto andar y mirar. En casa he querido hacerme una buena cena para seguir con la buena dinámica del día. Me he hecho unos carbonara al estilo Tejón: con jamón serrano, mucha pimienta y echando el huevo en la sartén de la cebolla, una vez retirada esta del fuego, para que esté un poquito más cuajado al verterlo sobre la pasta. Me los he comido viendo una obra maestra: Only Yesterday, de Isao Takahata, uno de mis ídolos.
Y eso, ahora termino esta entrada del blog y luego leeré un rato el aburrido libro que tengo que hacer para la revista y, si hay tiempo, escribiré un poco del nuevo proyecto que tengo entre manos. Quien sabe, a lo mejor, incluso, puedo ver algunas canastas del partido de la NBA.
Hay días que simplemente da la impresión de que las cosas avanzan y uno vive con intensidad.
Este fin de semana pasado estaba en el aeropuerto leyendo los artículos de El País que mi padre me imprime a lo largo de la semana (gracias grandullón), cuando di con una columna de Félix de Azúa que lleva por título Inicuo paso primitivo. Yo tengo mis más y mis menos con las columnas de este autor (nunca he leído sus libros), pero ésta en concreto conecta mucho con mis preocupaciones y me ha motivado para escribir un comentario al texto (que tendréis que leeros primero si queréis entender algo).
Partamos de dos frases:
"La máquina de construir mundos posibles se había puesto en movimiento y gracias a ella el mundo obligatorio, aquel al que habíamos sido condenados (lo que más tarde llamarán El Edén) se convertía en un dominio controlado."
"A partir de la primera imagen quedaba dominada la totalidad de los caballos y podía llegar Platón (29.500 años más tarde) para darles la definitiva patada que los elevaría al mundo de las Ideas, allí en donde se puede amar sin dolor."
Azúa aborda el problema de la aparición de la representación plástica humana, pero en gran medida sus conclusiones pueden aplicarse al lenguaje y a todo el universo conceptual que el hombre acarrea. Pensar, pintar, hablar, escribir, imaginar… aquello que nos hace humanos a un nivel más íntimo, nos separa al tiempo del Edén, que nos rodea con su salvaje inocencia y a la vez se encuentra a una distancia insalvable. Pienso a menudo que la razón humana es un error, que fue útil para aprender a blandir palos, incluso afilarlos y convertirlos en lanzas, pero que, en algún momento, como un cáncer, esa capacidad práctica se desarrolló de forma descontrolada y degeneró en nuestra insaciable ansiedad dominadora y nuestra congénita sensación de desarraigo.
El Zen, el Génesis, Lacaan y sus órdenes, Platón, Cervantes y muchos otros se han planteado estos problemas. A mi me obsesionan también, especialmente en sus implicaciones a la hora de relacionarnos entre nosotros, individuos desarraigados. Si vivir ideas, arquetipos, nos impide a nosotros mismos vivir lo que realmente tenemos delante, nos impide también amar lo que verdaderamente tenemos delante. Amamos ideas, ideas que tenemos de otras personas. Ser amigo de alguien, tener un vínculo familiar o enamorarse, es, en gran medida, un acto de representación, un acto artístico. Amamos aquello que inventamos que una persona es a partir de lo que percibimos, amamos convirtiendo aquello que percibimos en una invención. Te quiero como pinto tu retrato, me quiero como pinto mi retrato, peligro terrible, melancolía, Dorian Gray.
Por suerte, las personas no son sólo ideas. Los otros tienen su propio universo conceptual y actúan. Tienen su propio cuerpo que se mueve, se acerca, se aleja y, eventualmente, muere. Por eso sólo en el Mundo de las Ideas se puede amar sin dolor. Sólo en el Mundo de las Ideas o en el mundo añorado por Cristo en el que el amor es global y absoluto, y, no distinguiendo, no está condenado al sufrimiento que implica la individualización y el deseo. El amor humano amedrenta, supone un peligro, el peligro de no poder controlar nuestras ideas, el amor lleva implícita la frustración y sólo con paciencia y sacrificio puede mantenerse. Hay que aprender a decir "vale", a cerrar los ojos y tirarse montaña arriba, montaña abajo.
Si amar es un proceso creativo; la cultura, el ocio, la riqueza personal, son fundamentales para ello; también el talento innato. Con ello no me refiero a la alta cultura, la cultura popular y tradicional puede ser igual o más rica que aquella. El Mundo de hoy sufre una desculturalización terrible, la aniquilación de la cultura popular y de la cultura religiosa y su sustitución por la escalofriante "cultura basura" que baja sus estándares de calidad año tras año, deja a la gente indefensa, mata su imaginación, mata su capacidad de amar a los demás y de amarse a sí mismo, de inventar e inventarse como personas y de pensar como individuos. En el éxito del modelo social chino, masivo hasta el extremo y despersonalizado; el terrorífico éxito de la Revolución Cultural ha sido sin duda crucial. En la Europa del XIX ya se intentó arrebatar a las clases populares su cultura. No debemos ser ilusos y considerar nuestro tiempo el mejor de todos los tiempos (el peor tampoco); los obreros se revelaron mucho antes que los campesinos en gran medida porque su vida era más terrible: sin un sistema de creencias seductor, sin unidad familiar, sin tiempo libre, tratados como simples números. Hoy las personas que tejen nuestra ropa son de nuevo seres condenados a vivir sin cultura, seres condenados a vivir sin Mundo de las Ideas y sin amor. Cada vez más, se intenta degradar la cultura no sólo de los parias, si no también de las clases medias. Repitiendo los esquemas sociales del Occidente decimonónico, nos dirigimos de nuevo hacia un Mundo en el que las potencias políticas y la macroeconomía juegan su juego sin la más mínima consideración con el individuo. Un Mundo así se avoca al terror y a la guerra, pues la guerra es la máxima expresión de la destrucción de la cultura, el amor y la persona.
Aunque el arte, la literatura, la religión, el diseño, etcétera, hallan estado casi siempre supeditados al poder explotador, su existencia es un dique que evita el terror.
Amémonos los unos a los otros, es una forma de impedir que nos roben lo que somos.
El Mundo de la Ideas puede ser un terreno frío y altivo pero cuando lo plasmamos sobre el otro se templa con el caos de la incertidumbre, se tiñe de rojo con el peligro del dolor de la ausencia y nos aporta el único atisbo de comunión entre carne y alma que podemos sentir aquellos que no somos ni santos ni iluminados.
***
Una vez vi una chica guapa en la biblioteca. A menudo las chicas tan guapas me dan pereza, es tan difícil que estén a la altura de las expectativas que crean… es tan desilusionante cuando no lo están… En vez de hablar con ella le escribí una poesía:
¿Por qué amamos aquello que seduce?
¿Por qué creemos que lo bello guarda magia?
El Universo en los ojos de una niña,
tan real como el sol por la mañana:
Sólo es humo, es un ángel sin su lira
Es mentira, es la muerte sin guadaña.
Todo lo dicho tiene unas implicaciones especialmente interesantes en la relación que se establece con los personajes que uno mismo crea. Pigmalión. Pero es un asunto que requiere otro texto.
A ver si empiezo mi novela y me rallo de forma más fructífera. (Ya estoy maquinando y también se avecina una revista literaria).
Hoy por la mañana he ido a ensayar con mi maravillosa banda y me lo he pasado de puta madre (se quejan de que canto mal mientras que ellos tocan bien, tienen toda la razón, pero coño, el espectáculo que doy, eso no lo valoran. Aun así les quiero). Ensayar me recarga las pilas. Luego he pasado por casa para comer y he bajado a hacer recados. Lo primero, hacerme unas llaves (perdidas OTRA VEZ) y arreglar la cremallera de mi mochila (amo esa mochila). He ido al Mercado de la Cebada que me parece un sitio maravilloso: un espacio basto y absurdo, con puestos de chapa con letreros antiguos. Me ha dado mucha rabia no llevar la cámara porque tenía una luz preciosa, espero hacer fotos mañana y colgarlas. El tipo de la zapatería es un hombre de unos 30 años, calvo y nervioso, que trabaja en un cubículo minúsculo abarrotado de zapatos y máquinas, escucha música metalera a todo trapo y tiene una pila de cd's copiados que llega casi hasta el techo. Me ha dicho que no hacía llaves, que fuese a la ferretería, y que no arreglaba cremalleras de mochilas. Pero cuando le he enseñado que era sólo la del bolsillo pequeño, se ha puesto manos a la obra y en un periquete me la ha reparado. No ha querido cobrarme. Antes de ir por la llave me he dado una vuelta por el mercado, es cierto que la mayoría de los puestos están desocupados, pero es una lástima pensar que vallan a tirar un sitio con tanto encanto para hacer algo que, seguro, va a ser más feo. A lo lejos he visto una chica con el pelo precioso comprando en la pollería, la luz de las cinco entraba por los ventanales y, en general, había buenas vibraciones en el aire, así que he pensado que igual era el amor de mi vida (tengo la teoría de que si lo pienso muchas veces, alguna pasará). Por desgracia al acercarme he comprobado que tenía unos 14 años, pero incluso eso me ha parecido gracioso y bien así. Luego he hecho la llave y he ido al Compro Oro de Montera porque conozco al hijo del dueño y me había dejado un regalo de cumpleaños a recoger (gracias Jose, a ver si mañana puedo pillarlo). La mujer no lo ha encontrado, pero siempre me gusta pasar un tiempo ahí y ver el ambiente súper macarra. Me monto la historia de que impresiona ver a un personaje como yo entrando ahí y diciendo: "me llamo Germán, hay un paquete para mí". He vuelto a casa y he leído una entrada de Los Tarados que me ha gustado mucho (grande, Dani) y luego en seguida me ha llamado Mercedes y he quedado con ella, hemos cenado y tomado unas cañas en un par de terrazas. Me encantan las terrazas, aunque sean caras, y me encanta compartir ese gusto con mi amiga Meme. Luego, volvía a casa pronto y me he encontrado con Lucía y Patricia (que estaban en otra terraza), ha sido un encuentro fantástico porque Lucía se va dentro de nada a Londres (suerte y fuerza Lu) y así me he podido despedir y también ver a Pat y quedar con ella para mañana. Luego llegué a casa con pretensión de escribir pero hablé primero por teléfono con Aitor y luego con Raquel. Llevo todo este medio Septiembre teniendo larguísimas conversaciones con Raquel que está viviendo un "tardoverano" realmente sorprendente, sumida en una regresión a la adolescencia y conmigo de confidente telefónico. Para cuando me he querido dar cuenta eran las 4. Quería haber escrito un texto sobre un artículo de Félix de Azúa (que no suele convencerme del todo pero esta vez sí) pero no me ha dado tiempo. Pero bueno, ya lo haré mañana, hoy fue día para otra cosa: para retomar mi vida después de mi último examen de la carrera, para asentarme en la situación vital que tengo ahora e ir aprendiendo a sentirme cómodo en ella. A veces la frase "hoy es el primer día del resto de tu vida", parece estar llena de sentido.
Cuando estuve en Moscú, le pregunté a la chica que nos guiaba por la ciudad qué impresión le causaba el monumental metro cuando era niña. Me dijo que ninguna, porque la costumbre le hacía asimilarlo y verlo como algo corriente. La chica era un encanto, pero ese comentario me parece triste. Si no podemos apreciar las maravillas que están al alcance de nuestra mano, las más sencillas y cotidianas, todo se vuelve muchísimo más oscuro.
Esta noche hay una luna llena desproporcionadamente grande. Es maravillosa.
Escribiendo la palabra "desproporcionadamente" me he dado cuenta de lo larga que es. Joder, es muy larga.
Afotos: como siempre, pinchad para hacer más grandes y bellas, cual doncellas.
El otro día quedé en mi placita con Pino y Marta y estuvimos sacando unas fotos. Me gustan las fotos nocturnas sin flash, con las pieles saturadas y los contornos difusos. Últimamente estoy volviendo a recuperar el gusanillo de la fotografía, así que todos los meses colgaré algunas muestras. Éstas me gustan especialmente, mis dos amigas son dos personas extraordinarias y las que me sacó Pino son fantásticas (tienes que conseguirte una reflex, futura estrella de la foto). También me he encontrado una camarita Lumix que no está mal, sobre todo porque hace videos; así que me voy a bajar un programa de edición y a ver si monto algo. Nuevos planes, como siempre; un año más viejo, un año más perdido.
Sobre mi cumpleaños decir que creo que maduro hacia atrás. Cuando estuve en la playa, mi madre, que no sabe que decir de mí para que la gente no me tome por el cantamañanas que soy, le vendía al personal mi difuso plan de irme a Nueva York. Una chica que había vivido allí se puso a aconsejarme sobre el lugar:
- Ten cuidado porque en Nueva York es fácil acabar pintando la mona. Por otro lado te puede venir muy bien para aprender muchas cosas sobre el mercado del arte.
- No, a mí el mercado no me interesa nada, yo soy un ser absurdo.
Dije exactamente eso. Primera mirada de incomprensión.
- Y entonces ¿a qué vas?
- Pues…
- ¿A pintar la mona?
Risas. Segunda mirada de incomprensión, esta vez de mí hacia ella.
"Pintar la mona", creo que se ajusta mucho a lo que entiendo por vivir la vida. Creo que es algo que sé de siempre, pero según crezco lo tengo más claro. Se supone que con la edad debería ir entendiendo que es mejor ajustarse a caminos más "seguros" y establecidos, pero como cuando he pretendido seguir esas vías he fracasado estrepitosamente, me temo que voy a seguir pintando la mona a ver a donde me lleva. De momento estoy aprendiendo a echar el tarot y de todas las actividades que llevo acabo creo que es la que tiene más futuro profesional…
Para cerrar, gracias a todos por hacer de mi cumpleaños algo tan intenso y maravilloso. Desde el Jueves por la noche en el que vi una de las mejores películas de la Historia con una de las mejores personas de la Historia y recibí uno de los mejores regalos de la Historia; hasta el Sábado por la mañana cuando volví y mandé este mail:
"Pues nada, son las 8 y mañana tengo que currar, así que intentaré ser breve...
Muchas gracias a todos, de verdad. Estoy abrumado por el cariño, la presencia, los mensajes, los regalos y todo lo que me habéis dado hoy. César me dijo el otro día que soy vil, yo lo llamaría más bien sicópata. A veces puedo ser quisquilloso, siempre quiero que las cosas se hagan a mi manera, puedo ser altivo, distante y difícil de entender. No sé si merezco tantos buenos amigos. Pero una cosa sí es verdad, y aquellos que me habéis mirado bien a los ojos alguna vez sabréis que soy sincero, yo nunca moriría por una idea (eso no me honra), pero estoy realmente dispuesto a dar mi vida por alguien a quien quiero. Esto va por vosotros.
Gracias a todos y, por favor, seguid siendo quienes sois.
Y no me puedo resistir a plagiar aquí el mail que recibí después del César, que se quedó de fiesta con los demás cuando yo me fui ese Sábado por la mañana:
"Mientras volvía de la cocina con dos vasos llenos de cubitos de hielo pensaba acerca del último mail de Germán. Germán es vil, sabe que va a ser un tío importante, nos pegamos a él en los días señalados. Está amaneciendo. Sorprende con sus comentarios más inteligentes que los de la media. Majo. Buen chaval. Tengo que leer más. ¿Honrado? Nunca se sabe. Ni yo lo soy. Buen chaval. Luego limpio esto.
-Yo no quiero ser rico, digo al llegar al salón, no quiero dos cuartos de baño en mi casa, ni una cama king size. Ni mirar la hora en oro, ni caminar sobre cocodrilos. No quiero vestir de seda, ni comer cuentas impagables, ni beber exclusividad ante ilusiones de amor. Ni siquiera envidio la tranquilidad que experimentó mi hermana cuando la hicieron indedifefinidadadúm, ni la de aquel compañero que aprobó el examen de "ya tienes un trabajo de mierda para toda la vida".
Ezequiel me mira sin dejar de rascarse la mejilla con el indice, sin duda pensando que ya tenía preparado ese discurso.
-Gran porproblema. Preocupación de todos. Gran preocupación.
-No creo que hagan falta muchas más ganas de las que tengo para estar toda la vida haciendo lo que me gusta. Y si no que se lo digan a éste:
-Uhmm... no me importaría llevar puesta la cara de felicidad de aquel negro de cincuentaytantos años que tocaba las congas mientras sus compañeros hacían acrobacias en las calles de un San Sebastián en fiestas.
-Por Tutatis, recuerdo esa cara.
-Sólo se recuerdan las caras importantes.
-¿Quieres otro disparo?".
Y desde aquí anuncio que mi temporada de caos se acerca a su fin, aun tengo que terminar la carrera (ocurrirá el 12 de este mes), aprender a echar el tarot y alguna cosilla más (a ver si apaño un poco mejor mi futuro profesional mandando La Espera a editoriales o algo así...). Cuando cierre estas cosas será el momento de empezar una nueva novela y dejar de escribir sobre mi propio glande...
Hasta entonces, a pintar la mona (y después, también).
- Shannon Hoon se le aparece a alguien y le canta. - Chispas se echa una siesta en el ultramundo gatuno. - Muere un banquero. - Los tejones se reúnen y planean conquistar el mundo. - Miyazaki se decide a hacer su última película una vez más. - Declaran el gin tonic de Tanqueray bien de interés general. - Sale un nuevo anuncio de Intereconomía aun más gracioso que el anterior. - Alguien lee por primera vez el Retrato de Dorian Gray. - Dos se besan y nace un recuerdo. - Descubren que las barbacoas hacen crecer el pelo. - Un niño grita que le gustan las tortugas. - El Señor Tejón concive un texto en el que no se hable de lo siniestro en Freud, de Lacan, de Duchamp, del romanticismo, del "relativismo posmoderno" ni de Picasso... ¡Y muchas cosas buenas más!