guiado por las apariencias

Mostrando entradas con la etiqueta sociedad y política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad y política. Mostrar todas las entradas

6/5/14

Dormir por las noches.

Durante mucho tiempo me he preguntado ¿cómo pueden dormir por las noches? El presidente de la Bayer, los banqueros, Felipe González, los brockers, el gerente de supermercado que despide a gente. He tardado demasiado en entender que es una pregunta estúpida; la gente es muy versátil y encuentra las más diversas soluciones: algunos explotadores son sádicos, otros cínicos, muchos lo suficientemente grises como para no plantearse esto, algunos incluso "buena gente" que simplemente han conseguido autoconvencerse de que sólo participan de un orden inevitable superior a su voluntad... La verdadera pregunta, para la que no tengo respuesta, es ¿cómo duermo yo por las noches? ¿Cómo? Si participo a veces como víctima y muchas veces como responsable de todo esto. Ésa es la verdadera pregunta moral, ésa es la pregunta en la que hay que esforzarse. Esforzarse porque, aunque no podamos responderla, sí podemos tenerla presente.
.
 

3/4/14

La fe del homo economicus.



La mayoría de las gentes de todas las partes y de todos los tiempos viven intentando disfrutar de vez en cuando de un olor, de un sabor, de bailar, de tocarse. Sólo el puritanismo impone una vida sin días de fiesta, una vida donde los días de penitencia son todos y donde incluso el descanso está medido y regido por la regla. El descendiente ideológico de ese puritanismo, el capitalismo, mantiene esa obsesión por hacer de todo una cuenta, una orden. En él incluso el descanso está cuantificado. Nos estamos forzando a ser fanáticos, tan fanáticos que creemos que esta forma de vivir es inevitable, innegable, insustituible. Somos tan religiosos que nos creemos laicos, porque hemos olvidado que hay alternativas a la fe.

.

1/5/13

Gelos.

Si el dinero fuese un dios, y en muchos sentidos los es, sería un dios de la risa. Al menos ese sería su atributo primigenio. Gelos elevado al rango de deidad suprema.

Igual que la risa, el dinero es imbatible por el saber. Destruye toda certeza, porque sabe que nada tiene en realidad sentido, que todo sentido es una ilusión.

El dinero, igual que la risa no entiende de moral  ni de ideología, de odio ni de amor. Implica una distancia de toda humanidad que es en parte admirable y en parte terrible.

Como la risa, arrasa.

Como la risa, seduce.

Como la risa, excluye a todo aquel que no le siga el juego, le deja en ridículo.

Como la risa, es inmoral y disfruta de la desgracia ajena. Pero también es amoral, porque en él toda desgracia es relativa; intrascendente como cualquier otra cosa.

¿Cómo nos libramos de la potestad de Gelos? ¿Quien será el nuevo Nietzsche que escriba El Antigelos? ¿Cómo destruiremos a la ironía, que es el principio de toda destrucción, de toda crítica? Es como combatir el fuego con gasolina...


22/4/13

It's water, my friend.

   Una de las diferencias fundamentales entre el dinero y Dios, es que el dinero no conoce la blasfemia.

 Uno puede cagarse en el dinero sin que nadie le persiga por ello. Es casi algo evidente y aceptado que el dinero es algo nocivo, vil, pero ello no aminora su poder. Visto así, el poder espiritual del dinero es una cierta forma de taoismo perverso
  
 El dinero es como el junco verde, que a pesar de parecer liviano, resiste al viento sin quebrarse, porque es flexible. Esto hace un tanto burda su identificación sin matices con el poder patriarcal...

 Tal es la naturaleza de nuestro enemigo: mutable y dúctil, fuerte en su inconcreción, en su fluidez. Imparable, como un cáncer. 

 ¿Cómo vamos a combatirlo?

28/9/12

Inevitable violencia

me parece mal la condena de la violencia, cuando a los que apuntaban eran a los inmigrantes que venían a nuestras fronteras porque éste era un país rico, eso no daba tanto miedo. todo orden social está basado, en parte, en la violencia, la hipocresía en la que hemos vivido en la que se ha negado esto es inadmisible. es hora de abrir los ojos.

pensar que hasta ahora no nos agredian porque éramos buenos chicos, cuando vivíamos en una situación ultra privilegiada respecto a los ciudadanos de otros estados es muy egoísta, hoy nos toca a nosotros, pero la lucha siempre ha sido la misma.


31/8/12

Cancelan Carne Cruda.


mientras arde también Málaga, se anuncia que cancelan el programa Carne Cruda.

hace tiempo que tengo claro que la idea de ser español, o de cualquier país, es una idea nociva, porque todas las personas somos iguales, y no hay bandera que nos haga a unos más iguales que a otros. aun así, es difícil crecer en este mundo sin que le machaquen a uno con alguna identidad nacional. dentro de la que a mí me vendieron estaba que el mío era un país que a pesar de ser un poquito golfo y desorganizado, era una "democracia". en seguida descubrí que lo que llamaban democracia tenía poco de eso, pues se trataba de un sistema representativo que estaba muy lejos de dar ningún tipo de poder a la mayoría y que a penas guardaba algunos principios respetables. la libertad de expresión era uno de ellos.

no es que uno no sepa ya que casi toda esa propaganda era mentira, pero es difícil librarse de los mitos, no basta con saber que son mentira, anidan, al menos en parte e incluso aunque no nos guste, en un espacio más profundo que el del saber lógico.

ya compré el billete para irme a Canadá. otro mito de esta tierra española es que es el país donde siempre luce el sol, lo cambio por el frío, intento irme a la otra punta del mundo, a ver si allí las cosas son diferentes. en cierta medida escapo, sería tonto no reconocerlo.

escapo de un mito perverso.


30/5/12

Por qué me voy.



Pienso que este video traduce bastante bien el sentir general de mi generación: Somos jóvenes con una amplia formación académica, criados en un entorno de enorme bonanza económica, con unos hábitos de consumo tal vez excesivos, que pretendíamos seguir el camino trazado en el modelo de vida propuesto por el estado del bienestar. Un modelo de vida que nos permitiría disfrutar de la riqueza dentro de una sociedad que aseguraba oportunidades de integrarse y un mínimo de dignidad a todos, o casi todos.

Como le comento a la mayoría de la gente sobre mi marcha, esa ilusión se ha visto frustrada, el estado del bienestar se derrumba y la sociedad de consumo también, al menos en el lugar donde vivo. Cientos de miles de jóvenes salimos buscando un futuro mejor, el futuro que esperábamos tener aquí, el mismo hueco, pero en otro lugar.

Movimientos como el 15-M traducen la frustración general de ésta, mi generación. Y aunque su corte ideológico es diverso, en sus mensajes mayoritarios se puede apreciar ese sentimiento de profunda insatisfacción que nos sacude. El 15M mayoritariamente pide que no se nos arrebate esa justicia social ahora que más la necesitamos, que se mantenga la cobertura médica, que se mantenga el sistema educativo, que el estado del bienestar que tanto se nos vendió en los tiempos maduros, no desaparezca ahora que vienen los duros.

Bien, esta es la generación a la que por espacio y tiempo pertenezco. Y esto es más o menos lo que le digo a la mayoría de la gente cuando me preguntan por mi marcha a otro país, planeada para dentro de unos meses. Pero, en realidad, es lo que digo sólo cuando no tengo confianza o no quiero discutir, porque, en realidad, todo lo anterior me parece una mierda. 

Repasemos esas ilusiones sociales que hemos tenido, hablaré ahora por mi mismo:

Tengo 30 años, crecí en Madrid, comí bollicaos, vi el equipo A, me enamoré de Cameron Díaz en la Máscara, me acabé el Súper Mario Bross, seguí la Liga e hice más o menos lo que me dijeron... Tanto en el colegio, como en la tele, como en casa me repitieron una y mil veces lo importante que era estudiar, porque eso me permitiría trabajar y así podría tener dinero y una vida feliz. Pero no creo que tuviera más de 14 años cuando empecé a entender que todo eso era mentira.

Yo, y la gente de mi entorno, hemos crecido bombardeados por los mitos de la sociedad de consumo, pero también hemos crecido sabiendo (lo reconozcamos o no) que la gente de otros estados se moría de hambre mientras nosotros vivíamos en la abundancia material y que las fronteras de nuestros países estaban guardadas por vallas bien altas y militares armados que controlaban el flujo de inmigrantes y que intentaban que sólo pasasen los justos para realizar aquellos trabajos que nosotros no queríamos hacer. 

Hemos visto a nuestros padres, beneficiados del "milagro español", de uno de los mayores despegues económicos de la historia. Y hemos visto que a pesar de tener casas en la playa, televisores de la hostia, coches, zapatos y juguetes para los nenes, en muchos casos no eran felices, y cuando lo eran no era en absoluto por lo mucho que trabajaban ni por todas las cosas que podían comprar con el dinero que ganaban.

Yo se desde niño que los banqueros son codiciosos, que los políticos, en todas partes, se mueven por la ambición de poder y que la seguridad social es algo que no estába mal, pero que se limitaba a mi país, que era rico y que "cuidaba" de sus habitantes, pero que no hacía una mierda por el resto del mundo. Se desde niño que el trabajo, para la gran mayoría de la gente, acaba siendo una mierda en la que uno emplea la mayor parte de su vida y que consiste, básicamente, en hacer lo que a uno le ordenan a cambio de dinero.

Hoy, mi situación económica no es buena. Gano una cantidad con la que mi madre no entiende que se pueda vivir (sobre todo pagando el alquiler que pago) y me cuesta encontrar trabajo. Pero, todavía, soy independiente, y mi mujer también. Podría quedarme, y desconfío del sueño del inmigrante; sé que es posible que no encuentre allá algo mucho mejor. No me voy por eso que le digo a la gente. No me voy para buscar mi final feliz.

Me voy porque estoy asqueado de este mundo. Porque no puedo con el modelo que se me ha impuesto, desde niño, nunca me lo he creido y nunca me ha gustado. Me voy porque siempre he intentado vivir en los bordes: al margen, dentro lo posible, de ese sueño que en el fondo TODOS sabemos que es una pesadilla. Me voy para no quedarme quieto, para seguir viviendo, y también para encontrar un lugar donde pueda hacer las cosas de la forma más diferente posible a aquella que me enseñaron que estaba pensada para mí.

Estamos perpetuando un mundo asqueroso. Hoy más que nunca la mentira que todos nos repetíamos una y otra vez resulta evidente, grotesca. ¡Basta ya! No deseemos volver a lo que teníamos, seguimos teniendo lo mismo: una sociedad de mierda donde unos pocos nos manipulan a la mayoría para explotarnos, para impedirnos ser dueños de nuestras propias vidas, y ni siquiera ellos mismos son realmente felices mientras nos joden.

No quiero para mis hijos la bonaza económica que yo he tenido, no quiero que ellos tengan la tele, ni los juguetes, ni el colegio, ni la medicina que yo he tenido. Por no hablar de la competitividad, la perspectiva laboral, la polución o el bombardeo mediático. Todo eso siempre me ha parecido una basura y si la crisis me anima a mí y otros a esforzarnos más por buscar otra manera de vivir, bienvenida sea.

Se que no voy a acabar en una maravillosa comuna, rodeado de verdes prados y siendo amigo de los osos amorosos. Tampoco me gustaría, la inocencia jipi me produce nauseas, pero al menos mientras no me conforme con esta basura y siga buscando y aprendiendo, no estaré completamente dentro de aquello que me habían prometido/impuesto. De eso va la vida, al fin y al cabo, de estar "en proceso de", porque llegar nunca llegas, sólo al final, en el que se llega a ninguna parte.

No se cuanto tiempo seguirá mi generación siendo una generación perdida, pero yo voy a esforzarme por no estar allí cuando ellos se encuentren. Voy a intentar seguir siendo una persona perdida, con una pareja perdida que forme una familia perdida, con niños perdidos. Y es por esto, no para encontrar, sino para seguir perdido, que me voy.

A todos los que quiero, les echaré de menos. Pero a los sueños que me vendieron, a esos no, ni tampoco a eso que llaman patria, que es otro nombre de la misma mierda.

Plata y oro. 
El Tejón. 


1/5/12

Contra las revelaciones.


he soñado con una pirámide. como en el hotel California, en la pirámide, se podía entrar pero no salir. una vez dentro, todo el mundo deseaba subir al cénit, para hacerlo debían pasar una serie de pruebas misteriosas, pesadillescas. todos querían subir porque en los niveles más bajos de la pirámide se pasaba muy mal, había un ambiente mezcla de miseria moral y amenaza de castigo físico. subir era complejo, prácticamente imposible, y cada nivel ascendido era igual al anterior. la gente de mi alrededor no había salido nunca de los niveles más bajos y no hacían más que añorar esas zonas cercanas a la punta. todo me parecía absurdo, yo sabía que más arriba todos los niveles eran iguales, que no merecía la pena subir. aquello que nos amenazaba desde abajo, el diablo, el macho cabrío antropomorfo, era el mismo ser que regía la Torre. el reto, entonces, no era seguir subiendo, si no enfrentarse a su mirada. yo lo intentaba, en una imagen como una viñeta de cómic: los dos sentados frente a frente, sentados en la postura del loto sobre plataformas circulares que surgían de las aguas. su rostro era demasiado aterrador, pero en el duelo llegaba a ver por un resquicio de mi pánico el misterio en toda su plenitud: ese monstruo que tira de nosotros desde arriba, que nos empuja desde abajo, no existe; precisamente es lo único que no existe, es algo así como la muerte, a la que no nos podemos enfrentar desde nuestra existencia precisamente porque es opuesta a ella. y esa nada con careta de cabra es lo que nos lleva a construir la pirámide, con todos sus pisos, con todos sus recovecos; la fortaleza donde nos protegemos y nos encerramos a nosotros mismos; y los unos a los otros. 

El sueño me recuerda a esa historia que tanto me gusta sobre la Academia de Atenas, cuando estando Platón de viaje, los disidentes de las enseñanzas del maestro (entre los que se encontraba Aristóteles), empezaron a debatir la autenticidad del mito cósmico del Timeo. Decían que el escrito de Platón no era más que una superchería, que nada tenía que ver con la verdad física; que era falso. Los partidarios del Maestro se defendían argumentando que la explicación que el Timeo proponía era un mito, y como tal era cierto de una manera metafórica. A su vuelta, Platón resolvió el entuerto de la siguiente forma: ni unos ni otros estaban en lo cierto: el Timeo era efectivamente un mito, pero no por ello dejaba de ser verdadero de una manera absoluta, tan absoluta como cualquier cuestión comprobada físicamente. Yo de esta historia saco la moraleja de que en realidad todo conocimiento, toda estructura, por muy científica y contrastada que esté, no es más que una construcción humana: toda idea está hecha de lenguaje, y el lenguaje es humano. El lenguaje son las piedras con las que levantamos la pirámide, y no sólo es cierto; es lo único que puede ser cierto, pero sólo mientras nosotros le dotemos de veracidad con nuestra fe en él.

Este sueño que he tenido de la pirámide lo interpreto yo como un rechazo a la gnosis. La gnosis es ese conocimiento mistérico y sagrado, que algunos sistemas religiosos toman como principio fundamental. La gnosis es esa revelación, que sólo es transmitida a los iniciados en una doctrina y gracias a la cual uno consigue elevarse a una suerte de nivel espiritual superior. La gnosis es una mentira nociva: no hay secreto en las palabras más allá de su significado evidente y de su condición de herramienta de relación entre los hombres. Sí hay misterio: fuera de nuestro pequeño círculo humano de palabras, símbolos, afectos y percepciones sensoriales, todo lo es. Pero su condición misteriosa, no puede ser profanada por ningún conocimiento secreto, por ningún lenguaje. La creencia en lo arcano nos esclaviza. Por dura que sea la realidad humana: perecedera, endeble, maleable; enfrentarnos a su verdadera naturaleza es lo único que nos hace más fuertes y más libres. La verdad es evidente, somos nosotros los que la hacemos compleja por el temor a enfrentarnos a sus muros de piedra. 

Vivimos en una época atragantada de gnosticismo. Los científicos cuánticos nos aturden con sus demostraciones de imposibilidades que pretenden revelar los más grandes misterios del cosmos. Millones de conspiranoicos se intercambian revelaciones terribles sobre planes secretos que los poderosos traman contra la masa (algo estúpido en una sociedad que se define precisamente por la falta de vergüenza de los explotadores a la hora de esconder sus intenciones). Pedantes posmodernos posestructuralistas nos aturden con incomprensible palabrería (como la de este texto, por otro lado), asegurando que para desentrañar los complejísimos misterios sociales y humanos que abordan, es necesario estar iniciado en su jerga neo-académica. Críticos e historiadores del arte desprecian la función decorativa más evidente de las obras, e insisten en que su verdadero valor reside en las interpretaciones iconográficas, históricas o sociológicas que ellos amablemente y por un módico precio están dispuestos a mostrarnos a aquellas mentes simples que no vemos más allá de lo “bonito”. Todos estos, y muchos otros, se empeñan en ser los poseedores de un secreto, de una clave, que sólo compartirán con los iniciados en su causa…

Tal vez los más peligrosos de los sacerdotes gnósticos actuales sean aquellos que guardan los “misterios de los mercados”. Sólo ellos conocen los secretos que rigen las fluctuaciones de la bolsa: son los augures que con sus presagios dan legitimidad cósmica (o “científica”, que viene a ser lo mismo) al orden social establecido. 

Toda esta basura mistérica sólo nos hace más cobardes, nos aturde y nos esclaviza. No hay que entrar en el juego de querer subir niveles de la pirámide, la sabiduría es algo extrañamente orgánico que no entiende de jerarquías ni de academias. El mundo es mucho menos misterioso de lo que insistimos en creer, y no debemos olvidar evidencias como el hecho de que si hay suficiente riqueza para asegurar una vida digna para todos, no hay misterio arcano que justifique el hecho de que tantos estén condenados a la miseria. No se puede vivir sin cierta fe en las palabras y en las estructuras que arman la sociedad y que nos permiten relacionarnos y vivir, pero esas mismas estructuras son maleables, podemos cambiarlas con esfuerzo y trabajo. Es mucho más fácil pensar que existe un secreto que da sentido a toda esta incoherencia, pero no es así, toda esta incoherencia en la que vivimos, nuestro mundo, es tan estúpido y mezquino como parece, y en nosotros recae el trabajo de enderezar nuestras vidas y nuestro entorno, para que sean un poco más claros y justos.

Mi sueño de la pirámide no esconde una analogía arcana sobre el camino ascensional al que el conocimiento nos dirige. Más bien manifiesta mi pánico a reconocer que los muros de la prisión son una ilusión, que este orden social que se desmorona a mi alrededor es sólo una convención que debemos cambiar, pero dentro de la cual estamos aun demasiado encerrados para atrevernos a revelarnos contra sus falsos misterios. Mi sueño me está recordando el pánico que me produce la libertad a la que estoy condenado. Libertad que deberíamos ejercer, primero de todo, para matar al dinero, ese mito mistérico que ha crecido como un cáncer, y que hoy tenemos la obligación de desterrar, igual que Nietzsche en su momento mató a Dios señalando la terrible verdad de su no existencia.

La serie (muy gnóstica) Expediente X rezaba el sugerente lema: “la verdad está ahí fuera”. La verdad no sólo está ahí fuera, está delante de nuestras propias narices, esperando a que nosotros nos atrevamos a enfrentarla. Pero Nietzsche acabó loco, y a mi generación nos aterra la mirada del chivo.

Feliz primero de Mayo; brindo por el ansia de derribar todos esos misterios que pretenden justificar lo absurdo, lo estúpido y lo injusto.

 

27/4/12

¿y si...?


¿y si la principal responsabilidad de lo mucho que nos están jodiendo fuese nuestra?

¿acaso no sabíamos desde hace mucho que la inmensa mayoría de la gente que ostenta un poder sobre los demás, no son hermanitas de la caridad si no personajes ambiciosos que buscan tener más a costa de los demás? yo lo sabía desde niño...

¿y si se nos ha olvidado que el estado en absoluto somos todos y que todos los beneficios sociales de los que disfrutábamos no habían caído del cielo, si no que nos los concedían porque tenían miedo de nuestra respuesta social?

¿y si en realidad todos sabemos que si nos tratan mejor que en la edad media no es porque los poderosos de ahora sean más buenos sino porque, con sus más y sus menos, las clases trabajadoras han conseguido una serie de derechos en el pasado, mayormente luchándolos a sangre y fuego?

¿y si en realidad todos sabemos en algún lugar de nuestras cabezas, que aquello que hoy nos quitan, aquello que tanto trabajo había costado ganar, nos los quitan porque les estamos dejando quitárnoslo?

¿y si todo ese torrente inútil de denuncia de injusticias evidentes (del que participo) no esconde la vergüenza de nuestra falta de coraje para exponernos al sufrimiento que implicaría la lucha por recuperar lo que nos están quitando?

¿y si estamos cometiendo un error al buscar en el Otro las causas de lo que está pasando cuando en realidad la causa está en nosotros y la solución están en nosotros, porque si esperamos a que los que gobiernan vean la luz y se vuelvan bondadosos vamos bastante de culo?

¿y si realmente estamos condenados a ser libres y por eso hay pocas escusas válidas para dejarse esclavizar?

¿y si lo que cambia es la dureza de los palos, pero es en uno mismo en donde siempre reside la capacidad de revelarse contra los mismos?

¿y si, aunque no tiene sentido sentirse culpable por lo que nos pasa porque no es culpa nuestra, si debería llegar el momento de que nos sintiésemos responsables de nuestra situación, el momento de que dejásemos de intentar delegar gran parte de las responsabilidades de nuestra vida en una gente que siempre hemos sabido que eran unos explotadores?

con tanta mierda lloviendo, uno se pone a pensar...

2/1/12

Miedo y esperanza.

Una de mis citas preferidas es esa de Séneca en una carta a Lucilo, en la que le recuerda que ha de tratar bien a sus esclavos, porque todos somos esclavos de alguna cosa; algunos de una persona amada, otros de un vicio, todos del miedo todos de la esperanza.

Esos dos esclavistas de todas las personas; el miedo y la esperanza, son a menudo utilizados por los que tienen más para controlar a los que tienen menos. En los tiempos de bonanza de una civilización, la esperanza suele tomar protagonismo, se fomenta en la gente el deseo de conseguir nuevas metas, mejoras para sus vidas, a menudo, eso sí, acosta de la desgracia de otros...
Cuando al discurso de una estructura de poder establecida se le acaban las respuestas, cuando se encuentra vacía y derrumbándose, sólo le queda acudir al miedo para controlar a aquellos que tiene sometidos. Miedo a perder lo que se tiene, a menudo lo poco que se tiene.

Yo, hoy, tengo miedo. No sé cómo voy a ganar algo de dinero para mantenerme el mes que viene, vivo desde hace tiempo con esa angustia. Me es inevitable sentir vértigo, pánico, pero intento controlarlo porque aquellos que se hunden por completo en el miedo son esclavos absolutos. El miedo, además, no es lúcido, su razón anuncia que todo irá a peor, que la maquinaria del opresor es invencible; algo que puede parecer evidente, pero que es falso. Tal vez no podamos cambiar la naturaleza humana y no lleguemos a alcanzar un ideal de justicia social, pero este mundo en el que vivimos va a cambiar, y puede cambiar a mejor.

Así que basta ya discursos cargados de miedo, vacíos de esperanza. Basta ya de pedir, desde voces que supuestamente representan a la izquierda, medidas reaccionarias que consoliden un sistema democrático representativo que no sólo es incapaz de combatir el desastre de la fase actual del capitalismo sino que está intimamente vinculado a ella. Yo no quiero un perfeccionamiento del sistema, el sistema ya se está perfeccionando, no cesa de hacerlo, por eso aumentan cada vez más las diferencias de clase. Yo no quiero una reforma de la ley electoral. Yo no quiero un trabajo asalariado para todos.

Gran parte de las medidas propuestas desde el movimiento 15-M están profundamente pervertidas por el miedo y sólo aspiran a mantener el status pequeño burgués de sus integrantes. Eso no sólo es mezquino, también es inútil. Se responde a la presión del sistema rogando que se modere el castigo, pero sin rebelarse realmente contra el castigador. El capitalismo actual mata a billones de hambre, destruye a especies y ecosistemas, esclaviza a la mayoría de la población del mundo, una reacción moderada y tímida no es suficiente. Pienso que el 15-M ha tenido un efecto positivo psicológico para muchos, pero sólo puede ser un precedente de algo más. Sus respuestas no bastan, los delitos que denuncia son demasiado graves.

Una respuesta al sistema sólo puede ser ilegal. "Ningún ser humano es ilegal", se grita en las manifestaciones. He aquí el error. Yo soy ilegal, la inmensa mayoría somos ilegales, la legalidad no es lo mismo que la moralidad. Lo legal no mide el bien y el mal, mide lo que es conveniente o inconveniente para el orden impuesto desde las estructuras de poder. Cuando desde los supuestos movimientos de izquierda contemporáneos se insiste en la no utilización de la violencia, se está en realidad llamando a no quebrantar de forma radical los límites de la legalidad. Tras el "no" a la violencia se esconde el miedo a cambiar verdaderamente el mundo.

No creo que la violencia directa pueda tener una utilidad revolucionaria significativa en el momento preciso actual. Pero ¿si no fuese así? Incluso la ley perversa actual ampara al que mata en defensa de su propia vida, o al que mata a quien pone en peligro a sus personas más cercanas. Si estuviera en nuestra mano el evitar por medio de la violencia, los terribles desastres que ocurren a nuestro alrededor ¿no deberíamos ejercer esa violencia? ¿No tenemos, de hecho, la obligación moral de quebrantar cualquier ley escrita con la complicidad de aquellos que nos oprimen, de aquellos que esclavizan, humillan, torturan y matan a la mayoría, cada día, sí esa transgresión puede ayudarnos a combatir esa misma opresión?

Debemos superar el miedo a la incertidumbre que genera la angustia de renegar del destino que se nos pretende imponer, para pasar a vivir sin destino, generando nosotros mismos nuestro propio porvenir.



1/12/11

El futuro ya está aquí.

El futuro ya está aquí. Nos resistimos a verlo, pero no es algo que va a pasar, es algo que está pasando. Ya no vivimos en una democracia representativa. No voy a entrar a valorar las virtudes y defectos del pasado sistema de gobierno, porque pienso que es mucho más necesario centrar nuestros esfuerzos en afrontar el hecho de que el actual sistema de gobierno, llamémoslo mercadocracia (mientras esperamos a que lo bauticen oficialmente) ya no es una democracia representativa.

Todos aquellos que aun votan, que aun confían en los sindicatos, que aun buscan en las antiguas estructuras de moderación del poder de los explotadores una salvación, están equivocados. No es momento de discutir si en el pasado (hace tan sólo unos pocos años), merecía o no la pena seguir los cauces establecidos. Esa es ya una discusión del pasado. Hoy, esas estructuras no tienen poder. Para entender esto, no hay que acudir a los medios de información más alternativos o sospechosos de parcialismo revolucionario, los periódicos mayoritarios lo explican claramente: en Grecia, en Italia; los gobiernos, vaciados de poder, ya no los regentan personajes elegidos por el voto del pueblo. Los regentan mercadócratas (me abstengo de llamarlos tecnócratas), al servicio la cúpula del mundo bursátil, auténtica institución de poder en Europa y Estados Unidos.

Tanto en lo personal como en lo público, el pasado se caracteriza sin excepciones por el hecho de ser algo terminado, perdido, que nunca vuelve, que sólo puede revivirse en el recuerdo. Cuando se confía en los partidos políticos que aceptan esta mascarada (si la aceptan porque aun creen en ella o por interés, tampoco importa) o en los sindicatos tradicionales, cuando se buscan cambios para un estado concreto en un mundo en el que los grandes poderes son internacionales, cuando se piden medidas como reformas de las leyes electorales; se está predicando en el desierto. Se está buscando un futuro, hablando al presente con palabras del pasado. No es algo fortuito, la mente humana tiende a resistirse a los cambios, los poderosos se aprovechan de ello. Tenemos tantas ganas de no ver, que aunque sepamos, negamos lo que tenemos frente a nuestros ojos.

Siguiendo la lógica de lo expuesto anteriormente, me han preocupado profundamente las reacciones ante los resultados de las últimas elecciones generales españolas por parte de mucha gente que supuestamente se opone al devenir político, económico y social en el que se encuentran Europa y Estados Unidos. Puedo entender que, dado que han sido unas elecciones vaciadas de poder, en las que si el resultado no hubiese coincidido con la intenciones de los auténticos dirigentes de seguro España hubiese corrido la misma suerte que Italia y Grecia, la gente haya acudido a votar por el motivo que sea, pero entendiendo lo vano del proceso. Pero me resulta incomprensible que se indignen y se entristezcan al ver el resultado y, sobre todo, que piensen que uno u otro resultado, hubiese cambiado la realidad en la que nos encontramos, en la que los derechos y las libertades sociales se están recortando a un ritmo frenético. Fuera de puntos muy concretos (algunos importantes a nivel ético y moral, como el del respeto y el reconocimiento de la igualdad de derechos de las personas homosexuales), la política bajo un partido u otro va a ser inevitablemente la misma, porque el gobierno de los partidos políticos ha terminado.

A pesar de que soy muy crítico con el sistema democrático representativo, he votado en varias ocasiones. Me considero una persona moderada y reformista. Aunque evidentemente el anterior sistema, por muchísimos motivos, era un sistema injusto y perverso, pensaba que si se podía matizar un poco la realidad de, al menos, el estado donde me ha tocado vivir, no encontraba razones de peso para no intervenir en ella. Pero hoy, si queremos un cambio, ese cambio va a tener que llegar por nuevas vías, vías que en su mayoría aun desconocemos y que tendremos que inventar. Vías revolucionarias, porque ya vivimos en una revolución, una revolución que la izquierda no ha comenzado, pero a cuyo carro debe subirse si no quiere ver como la situación social de la mayoría se sigue deteriorando. Los cambios sociales profundos, de base, más allá de las simples reformas, no son hoy una opción, ni un futuro, ni una utopía. Son una realidad. El Estado del bienestar y la democracia representativa se han terminado, aun están desmantelando sus estructuras, pero ya son algo pasado. Necesitamos inventar un nuevo mundo al que aspirar, ya sea desde las esperanzas exaltadas o desde la prudencia moderada. Porque si no oponemos una ideología nueva, unos nuevos deseos, al mundo que nos están imponiendo, nos lo impondrán sin remisión. Y ese mundo que se está instaurando en nuestras narices, frente a nuestros ojos, es un mundo horrible.

Lo que desde luego es un absoluto ideal, inocente y estúpido, es pretender que el pasado volverá. El pasado, en el que muchos piensan que aun vivimos, es pasado, para siempre.

Revolución significa: “Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales.” Nos encontramos en plena revolución.

P. D. Los primeros ministros actuales de Grecia e Italia son, respectivamente, Lucas Papademos y Mario Monti. El primero pertenece a la Comisión Trilateral, influyente think tank fundado por el banquero David Rockefeller y relacionado con el mundo de las altas finanzas, ha sido presidente del banco de Grecia y vicepresidente del Banco Central Europeo. Mario Monti pertenece así mismo a la Comisión Trilateral, así como al Club Bilderberg (otra institución internacional privada, integrada por personas influyentes del mundo de la economía y la política); ha ejercido de Comisario Europeo de Mercado Interior y es asesor del grupo de inversión Goldman Sachs.

Ninguno de los dos es militante ni está públicamente vinculado a ningún partido político ni profesa ninguna ideología concreta, más allá del apoyo evidente a los principios de la última fase del gran capitalismo.


30/8/11

Primera I.

Primera parte del texto: I.I.I. ; 3 conceptos necesarios de los que el 15-M adolece.

1) Internacionalismo: “proletarios del mundo uníos”, los ideales de justicia y solidaridad universal son la base de toda ideología de izquierdas (quien piense que esto no es un tema de “izquierdas” y “derechas”, se equivoca, en mi opinión, de pleno, pero eso ya lo comentaré más adelante), han de serlo. La izquierda entró en la asfixiante decadencia en la que ahora se encuentra cuando perdió su espíritu internacional (la historia soviética es el ejemplo más representativo de esto). Todo nacionalismo es una proyección alienante del individualismo y del egoísmo: defiende lo tuyo, no lo de todos. Esto divide la lucha social y deja a los sujetos aislados, desvalidos frente a la opresión de las clases dirigentes. Luchar por los derechos de uno está un paso por delante de la pasividad social, pero no es una actitud verdaderamente revolucionaria. Hemos de luchar por los derechos de todos. Si no llevamos esto en la cabeza va a ser muy complejo integrar a inmigrantes, coordinarnos con ciudadanos de otros estados (algo necesario), ser efectivos.

Esta concepción nacionalista e individualista de la lucha social se hace particularmente grave en un contexto, el contemporáneo, en el que los dirigentes (los poderes bursátiles y, sólo en segundo lugar, los políticos) piensan y actúan a escala global. El internacionalismo es una concepción que surge en los movimientos obreros y fue durante más de un siglo patrimonio de la izquierda. Hoy esa situación ha dado un giro de 180º y son los poderosos los que entienden que todos los hombres somos iguales (aunque sea iguales como objetos de su explotación), mientras que nosotros seguimos intentando, sin éxito, provocar un cambio social en una nación concreta (España, por ejemplo).

La mayoría de las reivindicaciones surgidas del 15-M van dirigidas a un estado concreto. Un estado que, como todos en el Occidente contemporáneo, no es más que un pelele, una cortina de humo que no hace sino acatar las órdenes de ese ente pretendidamente abstracto que son “los mercados”, que en realidad es una clase dirigente concreta y muy reducida, con nombres y apellidos, que gobierna Occidente y el orbe de forma anónima. Éste ha sido uno de los hallazgos más cruciales de nuestro tiempo: desde el auge del neoliberalismo en la década de 1980, los poderosos ya no son personajes públicos, figuras sociales que la gente emula, aspira a suplantar, ama o envidia. Hoy son seres escondidos. Ni siquiera las personalidades más visibles del mundo bursátil, como los multimillonarios mediáticos (Bill Gates o Carlos Slim) o los grandes banqueros emblemáticos de generaciones pasadas (Marcelino Botín) son el verdadero problema. Los grandes presidentes de agencias de inversión, que mueven cantidades aun mayores de capital aunque no lo posean directamente, son fantasmas, y gran parte nuestras vidas dependen de sus decisiones.

¿Cuanta gente sabe quien es Laurence Fink? Se dice que el mejor truco que inventó el Diablo fue hacer creer al hombre que no existía. Quememos las banderas y aspiremos a una revolución internacional contra los verdaderos opresores, que son internacionales. Que el miedo a la incapacidad de trascender las fronteras de nuestra nación (fronteras meramente humanas, inventadas por los poderosos a lo largo de la historia), no nos detenga.

Los matices ideológicos son vitales, en la vida íntima y en la vida social del hombre, si pensamos a escala nacional nos será imposible superar a la clase dirigente internacional que nos oprime.


14/11/08

Casas, ideas y hechos.

Ramón Casas. Flores deshojadas.

En fin, llevo un mes bastante ajetreado, he escrito cosas pero no voy a colgarlas, de momento. No puedo decir que esté poco inspirado, pero me he centrado en la poesía (tengo que pensar muy en serio corregir toda la que tengo y armar un librito), y he dejado de lado el blog. Estoy con una nueva carta del Tejón a Gatis en su viaje a Nueva York. Quería acabarla hoy pero como no me estaban quemando los dedos he preferido dejarla a medias y ponerme a escribir una entrada sin sentido. Allá va:

Vientos de cambio, cuando nada sucede del todo y todo está sucediendo. Grandes despedidas y nuevos encuentros. Al fin me emancipo (ya era hora). Mis nuevas compañeras y Sergio, no parece que sea gente con la que vivir y ya, no parece que valla a ser una casa y ya. Deseando sacar proyectos adelante: la revista, un libro de poesía, Querida Gatis… Siempre más proyectos que resultados, sino de un tejón.

Paseo por la ciudad y desde que busqué casas ya no camino tan encerrado en mis pensamientos; miro. Hay edificios preciosos, Madriz, ciudad tan sobria, a veces pasa desapercibida. Todavía, la pintura: Rusiñol y Casas en el Paseo de Recoletos. Casas, siempre Casas, si pudiera ser un historiador del arte famoso organizaría una exposición de Manet y Casas enfrentados. Tengo la teoría de que Casas le puede aguantar y quiero comprobarla.

También Zuloaga, las figuras de Zuloaga se sostienen muy bien desde lejos, tienen un porte y una clase extraordinarios, velazqueños. ¿Cómo se consigue eso? Pintar no es pintar y ya. Se pueden decir muchas cosas sobre la pintura y sobre todo, pero no hay que olvidar que muchas de las cosas más importantes son sencillas, o no se pueden decir. El misterio, la magia, el aura. Zuloaga pinta esos hombres y mujeres y se ven enormes, y si te alejas y los vuelves a mirar, tienen una consistencia… Romero de Torres es un amor, pero no es tan grande. Hay pintores mejores y peores, cuadros mejores y peores, y pasa con todas las artes. En las artes hay una fuerte parcela de realidad que no hay en la vida pero que es innegable, escapa a cualquier posmodernidad. Los que estudian el arte desde una única perspectiva, ya sea conceptual, sociológica o formalista, los que se limitan e intentan estudiar el arte según un manual no sólo son aburridos, están equivocados. Es muy fácil no creer, cualquier cosa se puede rebatir desde el cinismo absoluto, pero por ello el cínico no deja de estar equivocado, no deja de ser estúpido, sólo un poco menos estúpido que el que se cree cualquier cosa. Los adalides del relativismo, los que creen en la ausencia de creencias sin la ironía que su postura ha de implicar… esos ya me ponen nervioso del todo.

En realidad siempre odio sobre todos a aquellos que más afines son a mí. Cada vez más gente me viene con el maldito Cortazar. Odio al maldito Cortazar. Odio Rayuela; me parece misógina, irritante, exenta de ironía, petulante, carente de empatía y aburrida. Me saca de quicio el sistema de los numeritos y lo de ir saltando si te la quieres leer de la forma guay del Paraguay (evidentemente, NO lo hice). Odio las innovaciones a las que no veo sentido. Cambia todo lo que no te guste, pero cuídate mucho de cambiar las cosas sin motivo. Tampoco me gusta Godard. El problema es que todo el mundo me dice que tengo que redescubrir a Cortazar, y lo que es peor, que tiene mucho que ver conmigo. ¡Ojetes llameantes! ¡qué rabia! No quiero tener que ver con ese tipejo. Al final, aunque soy muy egocéntrico, acabo odiando a los que se suponen que tienen que ver conmigo. ¿Por qué la gente no puede verme como Wilde? A nivel humano era un ser despreciable, pero tan inteligente… Según Wilde el crítico es el más alto de los artistas: juzgar está por encima de crear, no hacer es más difícil que hacer. Wilde si que es un cínico de los más grandes, porque al tiempo cree: Wilde esteticista por encima de todo, religioso, Dandy.

Hace poco, explicando a Eugenia por qué me parecen tan listos los británicos listos:

"- Si en los 80' la Tatcher tiene que dejar en la calle a miles de mineros, se hace porque hay que hacerlo. Pero si los taxis de Londres están viejos y hay que cambiarlos; ahí sí que se monta la del calamar. ¡No se pueden cambiar los cabs! Y se diseña un nuevo coche moderno pero con aspecto de cab porque es inconcebible que deje de haber cabs.

- Igual que la monarquía, que nadie se la cree pero están tan contentos con ella.

- Claro.

- Pero es horrible.

- Síiiii, es horrible. Pero es que lo jodido es que creo que tienen razón, que es más importante que los taxis no cambien, a que la gente se quede sin trabajo."

Cinismo; es mucho más importante que la gente se quede sin trabajo, pero tiene mucha menos fuerza. Los desempleados se adaptan o mueren, pasan, desaparecen. Los cabs permanecen, los cabs son imagen, son idea. Las ideas son irreales, pero son más fuertes y además, son maleables, se pueden manipular. El ejército más poderosos de la historia no pudo vencer en Viet Nam y no puede vencer en Irak. La fuerza de las ideas puede ser tan bella… malditos, malditos los que descubrieron que era tan maleable. El Mundo en el que vivimos lo inventaron Stalin y, sobre todo, Goebbels.

Las ideas dejan de ser maleables según son más personales. Por eso me producen rechazo las dinámicas gregarias. Siempre "yo's". Los verdaderos amigos se forjan quedando a solas o en grupos pequeños.

¿Wilde o Cortazar? Como listo el primero, como afín, me temo, más el segundo. Aunque a mí me gusta pensar que si fuese listo sería Murakami. En fin, pienso demasiado… lo cual no quiere decir que piense bien.


Dedicado a mis futuros compañeros de casa: a Sergio, porque eres noble y es demasiado gracioso que vallas a vivir en un zulo. A Ana, por como hablas y por como miras. Y a Eugenia, por lo maravilloso que es descubrir a alguien con el que es tan fácil entenderse.


Plata y oro.

El Tejón.



Hitler y Goebbels.