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guiado por las apariencias
6/5/14
Dormir por las noches.
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3/4/14
La fe del homo economicus.
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1/5/13
Gelos.
22/4/13
It's water, my friend.
Uno puede cagarse en el dinero sin que nadie le persiga por ello. Es casi algo evidente y aceptado que el dinero es algo nocivo, vil, pero ello no aminora su poder. Visto así, el poder espiritual del dinero es una cierta forma de taoismo perverso
El dinero es como el junco verde, que a pesar de parecer liviano, resiste al viento sin quebrarse, porque es flexible. Esto hace un tanto burda su identificación sin matices con el poder patriarcal...
Tal es la naturaleza de nuestro enemigo: mutable y dúctil, fuerte en su inconcreción, en su fluidez. Imparable, como un cáncer.
¿Cómo vamos a combatirlo?
28/9/12
Inevitable violencia
pensar que hasta ahora no nos agredian porque éramos buenos chicos, cuando vivíamos en una situación ultra privilegiada respecto a los ciudadanos de otros estados es muy egoísta, hoy nos toca a nosotros, pero la lucha siempre ha sido la misma.
31/8/12
Cancelan Carne Cruda.
30/5/12
Por qué me voy.
1/5/12
Contra las revelaciones.
27/4/12
¿y si...?
2/1/12
Miedo y esperanza.
Esos dos esclavistas de todas las personas; el miedo y la esperanza, son a menudo utilizados por los que tienen más para controlar a los que tienen menos. En los tiempos de bonanza de una civilización, la esperanza suele tomar protagonismo, se fomenta en la gente el deseo de conseguir nuevas metas, mejoras para sus vidas, a menudo, eso sí, acosta de la desgracia de otros...
Cuando al discurso de una estructura de poder establecida se le acaban las respuestas, cuando se encuentra vacía y derrumbándose, sólo le queda acudir al miedo para controlar a aquellos que tiene sometidos. Miedo a perder lo que se tiene, a menudo lo poco que se tiene.
Yo, hoy, tengo miedo. No sé cómo voy a ganar algo de dinero para mantenerme el mes que viene, vivo desde hace tiempo con esa angustia. Me es inevitable sentir vértigo, pánico, pero intento controlarlo porque aquellos que se hunden por completo en el miedo son esclavos absolutos. El miedo, además, no es lúcido, su razón anuncia que todo irá a peor, que la maquinaria del opresor es invencible; algo que puede parecer evidente, pero que es falso. Tal vez no podamos cambiar la naturaleza humana y no lleguemos a alcanzar un ideal de justicia social, pero este mundo en el que vivimos va a cambiar, y puede cambiar a mejor.
Así que basta ya discursos cargados de miedo, vacíos de esperanza. Basta ya de pedir, desde voces que supuestamente representan a la izquierda, medidas reaccionarias que consoliden un sistema democrático representativo que no sólo es incapaz de combatir el desastre de la fase actual del capitalismo sino que está intimamente vinculado a ella. Yo no quiero un perfeccionamiento del sistema, el sistema ya se está perfeccionando, no cesa de hacerlo, por eso aumentan cada vez más las diferencias de clase. Yo no quiero una reforma de la ley electoral. Yo no quiero un trabajo asalariado para todos.
Gran parte de las medidas propuestas desde el movimiento 15-M están profundamente pervertidas por el miedo y sólo aspiran a mantener el status pequeño burgués de sus integrantes. Eso no sólo es mezquino, también es inútil. Se responde a la presión del sistema rogando que se modere el castigo, pero sin rebelarse realmente contra el castigador. El capitalismo actual mata a billones de hambre, destruye a especies y ecosistemas, esclaviza a la mayoría de la población del mundo, una reacción moderada y tímida no es suficiente. Pienso que el 15-M ha tenido un efecto positivo psicológico para muchos, pero sólo puede ser un precedente de algo más. Sus respuestas no bastan, los delitos que denuncia son demasiado graves.
Una respuesta al sistema sólo puede ser ilegal. "Ningún ser humano es ilegal", se grita en las manifestaciones. He aquí el error. Yo soy ilegal, la inmensa mayoría somos ilegales, la legalidad no es lo mismo que la moralidad. Lo legal no mide el bien y el mal, mide lo que es conveniente o inconveniente para el orden impuesto desde las estructuras de poder. Cuando desde los supuestos movimientos de izquierda contemporáneos se insiste en la no utilización de la violencia, se está en realidad llamando a no quebrantar de forma radical los límites de la legalidad. Tras el "no" a la violencia se esconde el miedo a cambiar verdaderamente el mundo.
No creo que la violencia directa pueda tener una utilidad revolucionaria significativa en el momento preciso actual. Pero ¿si no fuese así? Incluso la ley perversa actual ampara al que mata en defensa de su propia vida, o al que mata a quien pone en peligro a sus personas más cercanas. Si estuviera en nuestra mano el evitar por medio de la violencia, los terribles desastres que ocurren a nuestro alrededor ¿no deberíamos ejercer esa violencia? ¿No tenemos, de hecho, la obligación moral de quebrantar cualquier ley escrita con la complicidad de aquellos que nos oprimen, de aquellos que esclavizan, humillan, torturan y matan a la mayoría, cada día, sí esa transgresión puede ayudarnos a combatir esa misma opresión?
Debemos superar el miedo a la incertidumbre que genera la angustia de renegar del destino que se nos pretende imponer, para pasar a vivir sin destino, generando nosotros mismos nuestro propio porvenir.
1/12/11
El futuro ya está aquí.
El futuro ya está aquí. Nos resistimos a verlo, pero no es algo que va a pasar, es algo que está pasando. Ya no vivimos en una democracia representativa. No voy a entrar a valorar las virtudes y defectos del pasado sistema de gobierno, porque pienso que es mucho más necesario centrar nuestros esfuerzos en afrontar el hecho de que el actual sistema de gobierno, llamémoslo mercadocracia (mientras esperamos a que lo bauticen oficialmente) ya no es una democracia representativa.
Todos aquellos que aun votan, que aun confían en los sindicatos, que aun buscan en las antiguas estructuras de moderación del poder de los explotadores una salvación, están equivocados. No es momento de discutir si en el pasado (hace tan sólo unos pocos años), merecía o no la pena seguir los cauces establecidos. Esa es ya una discusión del pasado. Hoy, esas estructuras no tienen poder. Para entender esto, no hay que acudir a los medios de información más alternativos o sospechosos de parcialismo revolucionario, los periódicos mayoritarios lo explican claramente: en Grecia, en Italia; los gobiernos, vaciados de poder, ya no los regentan personajes elegidos por el voto del pueblo. Los regentan mercadócratas (me abstengo de llamarlos tecnócratas), al servicio la cúpula del mundo bursátil, auténtica institución de poder en Europa y Estados Unidos.
Tanto en lo personal como en lo público, el pasado se caracteriza sin excepciones por el hecho de ser algo terminado, perdido, que nunca vuelve, que sólo puede revivirse en el recuerdo. Cuando se confía en los partidos políticos que aceptan esta mascarada (si la aceptan porque aun creen en ella o por interés, tampoco importa) o en los sindicatos tradicionales, cuando se buscan cambios para un estado concreto en un mundo en el que los grandes poderes son internacionales, cuando se piden medidas como reformas de las leyes electorales; se está predicando en el desierto. Se está buscando un futuro, hablando al presente con palabras del pasado. No es algo fortuito, la mente humana tiende a resistirse a los cambios, los poderosos se aprovechan de ello. Tenemos tantas ganas de no ver, que aunque sepamos, negamos lo que tenemos frente a nuestros ojos.
Siguiendo la lógica de lo expuesto anteriormente, me han preocupado profundamente las reacciones ante los resultados de las últimas elecciones generales españolas por parte de mucha gente que supuestamente se opone al devenir político, económico y social en el que se encuentran Europa y Estados Unidos. Puedo entender que, dado que han sido unas elecciones vaciadas de poder, en las que si el resultado no hubiese coincidido con la intenciones de los auténticos dirigentes de seguro España hubiese corrido la misma suerte que Italia y Grecia, la gente haya acudido a votar por el motivo que sea, pero entendiendo lo vano del proceso. Pero me resulta incomprensible que se indignen y se entristezcan al ver el resultado y, sobre todo, que piensen que uno u otro resultado, hubiese cambiado la realidad en la que nos encontramos, en la que los derechos y las libertades sociales se están recortando a un ritmo frenético. Fuera de puntos muy concretos (algunos importantes a nivel ético y moral, como el del respeto y el reconocimiento de la igualdad de derechos de las personas homosexuales), la política bajo un partido u otro va a ser inevitablemente la misma, porque el gobierno de los partidos políticos ha terminado.
A pesar de que soy muy crítico con el sistema democrático representativo, he votado en varias ocasiones. Me considero una persona moderada y reformista. Aunque evidentemente el anterior sistema, por muchísimos motivos, era un sistema injusto y perverso, pensaba que si se podía matizar un poco la realidad de, al menos, el estado donde me ha tocado vivir, no encontraba razones de peso para no intervenir en ella. Pero hoy, si queremos un cambio, ese cambio va a tener que llegar por nuevas vías, vías que en su mayoría aun desconocemos y que tendremos que inventar. Vías revolucionarias, porque ya vivimos en una revolución, una revolución que la izquierda no ha comenzado, pero a cuyo carro debe subirse si no quiere ver como la situación social de la mayoría se sigue deteriorando. Los cambios sociales profundos, de base, más allá de las simples reformas, no son hoy una opción, ni un futuro, ni una utopía. Son una realidad. El Estado del bienestar y la democracia representativa se han terminado, aun están desmantelando sus estructuras, pero ya son algo pasado. Necesitamos inventar un nuevo mundo al que aspirar, ya sea desde las esperanzas exaltadas o desde la prudencia moderada. Porque si no oponemos una ideología nueva, unos nuevos deseos, al mundo que nos están imponiendo, nos lo impondrán sin remisión. Y ese mundo que se está instaurando en nuestras narices, frente a nuestros ojos, es un mundo horrible.
Lo que desde luego es un absoluto ideal, inocente y estúpido, es pretender que el pasado volverá. El pasado, en el que muchos piensan que aun vivimos, es pasado, para siempre.
Revolución significa: “Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales.” Nos encontramos en plena revolución.
P. D. Los primeros ministros actuales de Grecia e Italia son, respectivamente, Lucas Papademos y Mario Monti. El primero pertenece a la Comisión Trilateral, influyente think tank fundado por el banquero David Rockefeller y relacionado con el mundo de las altas finanzas, ha sido presidente del banco de Grecia y vicepresidente del Banco Central Europeo. Mario Monti pertenece así mismo a la Comisión Trilateral, así como al Club Bilderberg (otra institución internacional privada, integrada por personas influyentes del mundo de la economía y la política); ha ejercido de Comisario Europeo de Mercado Interior y es asesor del grupo de inversión Goldman Sachs.
Ninguno de los dos es militante ni está públicamente vinculado a ningún partido político ni profesa ninguna ideología concreta, más allá del apoyo evidente a los principios de la última fase del gran capitalismo.
30/8/11
Primera I.
1) Internacionalismo: “proletarios del mundo uníos”, los ideales de justicia y solidaridad universal son la base de toda ideología de izquierdas (quien piense que esto no es un tema de “izquierdas” y “derechas”, se equivoca, en mi opinión, de pleno, pero eso ya lo comentaré más adelante), han de serlo. La izquierda entró en la asfixiante decadencia en la que ahora se encuentra cuando perdió su espíritu internacional (la historia soviética es el ejemplo más representativo de esto). Todo nacionalismo es una proyección alienante del individualismo y del egoísmo: defiende lo tuyo, no lo de todos. Esto divide la lucha social y deja a los sujetos aislados, desvalidos frente a la opresión de las clases dirigentes. Luchar por los derechos de uno está un paso por delante de la pasividad social, pero no es una actitud verdaderamente revolucionaria. Hemos de luchar por los derechos de todos. Si no llevamos esto en la cabeza va a ser muy complejo integrar a inmigrantes, coordinarnos con ciudadanos de otros estados (algo necesario), ser efectivos.
Esta concepción nacionalista e individualista de la lucha social se hace particularmente grave en un contexto, el contemporáneo, en el que los dirigentes (los poderes bursátiles y, sólo en segundo lugar, los políticos) piensan y actúan a escala global. El internacionalismo es una concepción que surge en los movimientos obreros y fue durante más de un siglo patrimonio de la izquierda. Hoy esa situación ha dado un giro de 180º y son los poderosos los que entienden que todos los hombres somos iguales (aunque sea iguales como objetos de su explotación), mientras que nosotros seguimos intentando, sin éxito, provocar un cambio social en una nación concreta (España, por ejemplo).
La mayoría de las reivindicaciones surgidas del 15-M van dirigidas a un estado concreto. Un estado que, como todos en el Occidente contemporáneo, no es más que un pelele, una cortina de humo que no hace sino acatar las órdenes de ese ente pretendidamente abstracto que son “los mercados”, que en realidad es una clase dirigente concreta y muy reducida, con nombres y apellidos, que gobierna Occidente y el orbe de forma anónima. Éste ha sido uno de los hallazgos más cruciales de nuestro tiempo: desde el auge del neoliberalismo en la década de 1980, los poderosos ya no son personajes públicos, figuras sociales que la gente emula, aspira a suplantar, ama o envidia. Hoy son seres escondidos. Ni siquiera las personalidades más visibles del mundo bursátil, como los multimillonarios mediáticos (Bill Gates o Carlos Slim) o los grandes banqueros emblemáticos de generaciones pasadas (Marcelino Botín) son el verdadero problema. Los grandes presidentes de agencias de inversión, que mueven cantidades aun mayores de capital aunque no lo posean directamente, son fantasmas, y gran parte nuestras vidas dependen de sus decisiones.
¿Cuanta gente sabe quien es Laurence Fink? Se dice que el mejor truco que inventó el Diablo fue hacer creer al hombre que no existía. Quememos las banderas y aspiremos a una revolución internacional contra los verdaderos opresores, que son internacionales. Que el miedo a la incapacidad de trascender las fronteras de nuestra nación (fronteras meramente humanas, inventadas por los poderosos a lo largo de la historia), no nos detenga.
Los matices ideológicos son vitales, en la vida íntima y en la vida social del hombre, si pensamos a escala nacional nos será imposible superar a la clase dirigente internacional que nos oprime.
14/11/08
Casas, ideas y hechos.
En fin, llevo un mes bastante ajetreado, he escrito cosas pero no voy a colgarlas, de momento. No puedo decir que esté poco inspirado, pero me he centrado en la poesía (tengo que pensar muy en serio corregir toda la que tengo y armar un librito), y he dejado de lado el blog. Estoy con una nueva carta del Tejón a Gatis en su viaje a Nueva York. Quería acabarla hoy pero como no me estaban quemando los dedos he preferido dejarla a medias y ponerme a escribir una entrada sin sentido. Allá va:
Vientos de cambio, cuando nada sucede del todo y todo está sucediendo. Grandes despedidas y nuevos encuentros. Al fin me emancipo (ya era hora). Mis nuevas compañeras y Sergio, no parece que sea gente con la que vivir y ya, no parece que valla a ser una casa y ya. Deseando sacar proyectos adelante: la revista, un libro de poesía, Querida Gatis… Siempre más proyectos que resultados, sino de un tejón.
Paseo por la ciudad y desde que busqué casas ya no camino tan encerrado en mis pensamientos; miro. Hay edificios preciosos, Madriz, ciudad tan sobria, a veces pasa desapercibida. Todavía, la pintura: Rusiñol y Casas en el Paseo de Recoletos. Casas, siempre Casas, si pudiera ser un historiador del arte famoso organizaría una exposición de Manet y Casas enfrentados. Tengo la teoría de que Casas le puede aguantar y quiero comprobarla.
También Zuloaga, las figuras de Zuloaga se sostienen muy bien desde lejos, tienen un porte y una clase extraordinarios, velazqueños. ¿Cómo se consigue eso? Pintar no es pintar y ya. Se pueden decir muchas cosas sobre la pintura y sobre todo, pero no hay que olvidar que muchas de las cosas más importantes son sencillas, o no se pueden decir. El misterio, la magia, el aura. Zuloaga pinta esos hombres y mujeres y se ven enormes, y si te alejas y los vuelves a mirar, tienen una consistencia… Romero de Torres es un amor, pero no es tan grande. Hay pintores mejores y peores, cuadros mejores y peores, y pasa con todas las artes. En las artes hay una fuerte parcela de realidad que no hay en la vida pero que es innegable, escapa a cualquier posmodernidad. Los que estudian el arte desde una única perspectiva, ya sea conceptual, sociológica o formalista, los que se limitan e intentan estudiar el arte según un manual no sólo son aburridos, están equivocados. Es muy fácil no creer, cualquier cosa se puede rebatir desde el cinismo absoluto, pero por ello el cínico no deja de estar equivocado, no deja de ser estúpido, sólo un poco menos estúpido que el que se cree cualquier cosa. Los adalides del relativismo, los que creen en la ausencia de creencias sin la ironía que su postura ha de implicar… esos ya me ponen nervioso del todo.
En realidad siempre odio sobre todos a aquellos que más afines son a mí. Cada vez más gente me viene con el maldito Cortazar. Odio al maldito Cortazar. Odio Rayuela; me parece misógina, irritante, exenta de ironía, petulante, carente de empatía y aburrida. Me saca de quicio el sistema de los numeritos y lo de ir saltando si te la quieres leer de la forma guay del Paraguay (evidentemente, NO lo hice). Odio las innovaciones a las que no veo sentido. Cambia todo lo que no te guste, pero cuídate mucho de cambiar las cosas sin motivo. Tampoco me gusta Godard. El problema es que todo el mundo me dice que tengo que redescubrir a Cortazar, y lo que es peor, que tiene mucho que ver conmigo. ¡Ojetes llameantes! ¡qué rabia! No quiero tener que ver con ese tipejo. Al final, aunque soy muy egocéntrico, acabo odiando a los que se suponen que tienen que ver conmigo. ¿Por qué la gente no puede verme como Wilde? A nivel humano era un ser despreciable, pero tan inteligente… Según Wilde el crítico es el más alto de los artistas: juzgar está por encima de crear, no hacer es más difícil que hacer. Wilde si que es un cínico de los más grandes, porque al tiempo cree: Wilde esteticista por encima de todo, religioso, Dandy.
Hace poco, explicando a Eugenia por qué me parecen tan listos los británicos listos:
"- Si en los 80' la Tatcher tiene que dejar en la calle a miles de mineros, se hace porque hay que hacerlo. Pero si los taxis de Londres están viejos y hay que cambiarlos; ahí sí que se monta la del calamar. ¡No se pueden cambiar los cabs! Y se diseña un nuevo coche moderno pero con aspecto de cab porque es inconcebible que deje de haber cabs.
- Igual que la monarquía, que nadie se la cree pero están tan contentos con ella.
- Claro.
- Pero es horrible.
- Síiiii, es horrible. Pero es que lo jodido es que creo que tienen razón, que es más importante que los taxis no cambien, a que la gente se quede sin trabajo."
Cinismo; es mucho más importante que la gente se quede sin trabajo, pero tiene mucha menos fuerza. Los desempleados se adaptan o mueren, pasan, desaparecen. Los cabs permanecen, los cabs son imagen, son idea. Las ideas son irreales, pero son más fuertes y además, son maleables, se pueden manipular. El ejército más poderosos de la historia no pudo vencer en Viet Nam y no puede vencer en Irak. La fuerza de las ideas puede ser tan bella… malditos, malditos los que descubrieron que era tan maleable. El Mundo en el que vivimos lo inventaron Stalin y, sobre todo, Goebbels.
Las ideas dejan de ser maleables según son más personales. Por eso me producen rechazo las dinámicas gregarias. Siempre "yo's". Los verdaderos amigos se forjan quedando a solas o en grupos pequeños.
¿Wilde o Cortazar? Como listo el primero, como afín, me temo, más el segundo. Aunque a mí me gusta pensar que si fuese listo sería Murakami. En fin, pienso demasiado… lo cual no quiere decir que piense bien.
Dedicado a mis futuros compañeros de casa: a Sergio, porque eres noble y es demasiado gracioso que vallas a vivir en un zulo. A Ana, por como hablas y por como miras. Y a Eugenia, por lo maravilloso que es descubrir a alguien con el que es tan fácil entenderse.
Plata y oro.
El Tejón.


