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22/6/09

Querida Gatis VI

Querida Gatis:

El otro día soñé contigo y me apetecía contártelo. Soñaba que tenía el poder de hacer que el pasado volviese y se pegase al presente y vivir así las dos cosas a la vez. Y yo estaba de viaje y a la vez en Madriz, y me sentía libre de todos los lastres de la rutina, como aquí, pero a un tiempo seguro y arropado por el cariño de los míos y también por el cariño de la misma ciudad, porque en las cabezas de las personas los lugares también tienen sus afectos y protegen. Recuerdo que iba al Prado, otro lugar que me quiere y que echo mucho de menos, y no estaban sólo el Jardín de las Delicias y la Condesa de Chinchón y el Noli me tangere del Corregio, si no también los cuadros de David del Louvre que nunca he visto y La Venus del Espejo de la National Gallery y la familia del Infante Don Luís de Goya que vi en una exposición pero que no sé en que museo suele reposar. Y hacía el amor contigo y tocaba tu culo grande y redondo, pero a la vez sentía las costillas de María contra las mías y veía el pelo rubio de una chica guapa que cenó hace poco en el restaurante. Y bebía con todos mis amigos, sobrio y borracho, contando todas las historias, escuchando todas las historias, brindando por los presentes, amigos del pasado, amigos del presente.

A partir de un momento, la sensación de maravilla del principio del sueño evolucionaba hacia la angustia. Me abrumaba toda esa totalidad, me hacía volverme más pequeño. Literalmente empezaba a encoger. No me hacía minúsculo, pero pasaba a medir más o menos como un niño de diez años, metro cuarenta, o algo así. Y entonces dejaba de gustarle a la gente, a mi gente y a mis sitios, por ser demasiado pequeño. Os ibais todos y yo me retorcía de angustia y me repetía que sólo podría vivir quedándome solo, olvidándome de todo, dejando todo atrás… y volvía a crecer pero ahora rodeado de una inmensidad negra, y al no tener referencias no podía saber cuanto había crecido pero me daba la impresión de que me había hecho inmenso. Allí solo, me sentaba con las piernas cruzadas, en la negritud. Estaba desnudo y comenzaba a reír y a canturrear sin sentido, y aunque todo el sueño había sido en primera persona en ese momento pasaba a verme desde fuera y me iba alejando, y desde fuera parecía que me hubiese vuelto loco o que tuviese la personalidad de un bebé. Me desperté.

Ahora, al escribirlo, me doy cuenta de que a penas apareces en él, pero me levanté echando de menos Madriz y pensando en ti y en todo lo que dejé allí. El día anterior había estado hablando de literatura con Michael y su novia, hablamos del Aleph de Borges y de la Odisea, y pensé en la vuelta a casa. Les comenté que es curioso que en la Odisea Ulises se muestre muy humano todo el rato, superando los problemas a duras penas, con muchas pérdidas, y que sólo al final, al llegar al hogar, demuestre ser un superhombre capaz de superar pruebas de habilidad imposibles y de vencer a todos los pretendientes de Penélope apoyado sólo por su hijo y dos esclavos. Les dije que me parece algo terrible, porque el héroe más real de la épica, dejaba de ser humano al volver a casa, como si lo más ilusorio de la Odisea fuese la llegada al hogar, como si la Odisea contase que la vida es un vagar, que nunca se vuelve al terruño mas que en la ilusión.

La nueva novia de Michael se llama Pauline y es un verdadero encanto. Es minúscula, rubia, con la nariz grande y gafas enormes. Enseña literatura en la universidad de Winskonsin (lo cual no es nada del otro mundo, dado el nivel del centro), es afable y graciosa y adora a Michael y Michael adora a Pauline. Es judía francesa, le enchufaron en la universidad unos parientes que tenía en Chicago. No se puede decir que sea un genio de su profesión, está bastante más preocupada por tomar cenas agradables, dar paseos y escuchar a Michael tocar la trompeta. Una personita sabia, con talento para ser feliz. Se conocieron porque ella se torció un tobillo justo delante de él, pisó mal al bajar el escalón de una tienda. Michael iba por la calle, la tomó en brazos, la metió en su coche y la llevó a un hospital, esa noche la invitó a cenar al restaurante. En Milwaukee una pareja interracial levanta bastantes miradas pero ellos están tan enamorados que no necesitan nada más que al otro. Él debe ser unas seis veces más grande que ella.

La única pega es que yo me he quedado bastante al margen. Pauline me adora y hacemos planes juntos, pero como es normal ellos quieren estar mucho tiempo a solas. Por lo menos he vuelto a escribir, lo último la historia de un chico de unos treinta años que descubre que es adoptado y busca a sus padres biológicos. Estos están muertos, pero tiene un hermano gemelo que ellos sí se quedaron y criaron. Va a hablar con él y tienen una conversación. Ya te lo pasaré. A ver si voy reuniendo los cuentos que tengo, los corrijo (que es lo que más me cuesta) y monto un librito. En el trabajo voy ayudando poco a poco a los cocineros, Michael, que es la mejor persona del Mundo, se siente un poco mal por no poder hacerme el mismo caso que antes y se esfuerza en compensarme enseñándome cosas en la cocina. Por lo demás voy a parques a leer y vuelvo a pensar demasiado. El otro día fui de excursión a pescar solo, tres días yo y el bosque. Fue una experiencia llena de paz, pero también bastante melancólica, sentir toda esa belleza sin poder compartirla. La naturaleza tiene además una extrañeza, viéndola en toda su opulencia es el sumun de la elegancia, pero si la retratamos, si sacamos una foto, resulta hortera y convencional. Tiene una belleza que no se puede apresar. Estoy un poco mal de la cabeza porque le cogí el coche a Michael sin tener carné. Creo que debería terminar de aprender a conducir para sacarme la licencia, aquí es fácil y necesario. Además dudo que me quede mucho tiempo en Wiskonsin, me está costando hacer amigos, algo raro en mí, señal de que va siendo hora de cambiar de aires.

Pero no sé a donde encaminarme, seguir vagando empieza a ser una necesidad más que una ilusión. En ese libro que los dos odiamos, Rayuela, el pesado de Cortazar dice una cosa que me gustó: "el hombre es el animal que se acostumbra incluso a no estar acostumbrado". Es algo inevitable que me da pánico.

Perdido pero con los ojos abiertos,
te manda recuerdos
el Tejón.

30/3/09

El día de la desgracia.


Era el Día de la Desgracia del año en el que Inkinu cumplía 16 años. Como su padre había hecho antes que él y antes de éste el padre de su padre, Inkinu debía tensar su arco con todas sus fuerzas y disparar la flecha que los ancianos habían tallado para él. Después, caminaría hasta el Santuario de la Diosa Primera, y allí aprendería la manera de regenerar el Tiempo. Era preciso que no comiese ni bebiese nada hasta su vuelta, así que antes de partir su madre le preparó un abundante festín para que aguantase las tres jornadas de camino que necesitaría para llegar a su objetivo, más allá de los bosques del Dios-mono y de la Tierra Seca, en el Fin del Mundo. Todos observaron en silencio como preparaba su arma y aclamaron con admiración cuando disparó el proyectil que se perdió lejos, entre los árboles. Su padres le despidieron llenos de orgullo, las lágrimas manaban de sus ojos, sus primos cantaron a su tótem pidiendo buenos augurios y Ninphäli, su prometida, le besó en la mejilla y le dio una vejiga sellada llena de ungüento que ella misma había preparado.


Cuando cayó el sol del primer día, Inkinu se hallaba ya en los límites de los Terrenos de Caza, en la frontera con el bosque del Dios-mono. En plena noche se adentró en territorio desconocido, la espesa maleza filtraba la luz de la luna llena, caminó con la mano prieta en el arco mientras a su alrededor el bosque le recordaba con su estruendo que allí era un intruso perdido. Guiándose por las estrellas consiguió mantener el rumbo, pero se sintió amedrentado, invadido por la sensación de estar siendo acechado. Cuando llegó el alba pudo ver a los hijos del dios de aquellas tierras que le observaban desde las ramas, en silencio. Poco antes del atardecer, los simios comenzaron a mostrarse intranquilos, algunos le arrojaban ramas o frutos y ya no le observaban sólo desde los árboles, si no que empezaron a bajar al suelo y a caminar siguiendo su paso, rodeándole. El miedo estuvo a punto de hacerle cometer el error fatal de utilizar su arco, pero en el momento en el que la tensión parecía ya inaguantable un violento chasquido de madera partiéndose sonó encima de su cabeza y una enorme forma negra aterrizó delante suyo cortándole el paso. El majestuoso Dios-mono, soberano de aquel lugar, debía de pesar siete veces más que Inkinu, su pelo era negro como el carbón y su rostro arrugado de redondos ojos rojos imponía un respeto ancestral más allá de toda torpeza humana.

- Estás muy lejos de casa, joven ser parlante. ¿Qué te trae por mis tierras?

Su potente voz parecía salir de todo el bosque y no sólo de su garganta, pero el coraje del héroe humano era grande y no vaciló en su respuesta.

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu, partí del Mundo de los Hombres el Día de la Desgracia en busca del Santuario de la Diosa Primera, fui purificado por los sacerdotes y no he probado alimento alguno desde entonces. Así como yo respeto tu excelso poder, Señor de los Bosques, respeta tú mi empresa, que no es otra que la de conseguir que me sea revelada la manera de regenerar el Tiempo.

- En efecto, joven ser parlante, has cumplido los rituales. Así mismo, el objeto de tu viaje es una cuestión de extrema importancia para todos aquellos que habitamos el Mundo. Pero has de entender que como rey de esta tierra, no puedo permitir el paso a un humano cualquiera. Si realmente eres quien dices ser, deberás probar tu fuerza combatiendo conmigo con las manos desnudas.

Inkinu tiró al suelo su equipaje y se puso en guardia. Su gigantesco adversario soltó un fabuloso gruñido y arrancó a correr hacia él ayudándose de sus manos. La embestida fue terrible pero el héroe no fue arrollado, saltó antes de recibir el impacto y se agarró con fuerza a la cabeza negra que a penas podía cubrir con sus brazos. Furioso, el dios continúo su carrera dirigiéndose hacia un árbol con la intención de aplastar al joven. Éste reaccionó con un impulso y se aupó al cuello de la bestia que se dio de bruces contra la áspera corteza. Ambos cayeron, el hombre se levantó presto, pero el simio agarró su pierna derecha y levantándole sin esfuerzo le alzó por encima de sí para estrellarle después contra el suelo. A su alrededor la corte simiesca llenaba el bosque con sus chillidos, Inkinu estaba aturdido por el impacto y no pudo reaccionar cuando su rival se abalanzó encima suyo. El mono empezó a castigarle violentamente con sus manos, una, dos, tres veces. El héroe pensó en los suyos, en la Tierra Segura, en sus primos, en los ancianos, en sus padres, en Ninphäli. Haciendo un esfuerzo supremo consiguió agarrar con sus manos el brazo derecho del monstruo cuando este arremetía por cuarta vez. Ambos rivales pusieron a prueba sus músculos, la extremidad peluda se tensaba con una fuerza inconcebible, pero el hombre resistía. A punto de ceder, hizo un último esfuerzo y desvió el golpe brutal hacia el suelo, los nudillos del animal se clavaron en la tierra. Con una velocidad extraordinaria agarró de nuevo la gran cabeza y le propinó un certero golpe con su frente para luego hundir sus dientes en la gran nariz de la que brotó la sangre copiosamente. El dios aulló de dolor, Inkinu aprovechó para zafarse y se puso en pié. Tenía una ceja rota y escupió varios dientes. Los dos se encontraron de nuevo cara a cara y se lanzaron una intensa mirada de odio. Esta vez fue el gran cazador el que embistió, pero el dios golpeó su pecho y alzó su voz emitiendo un sonido profundo. De las copas más altas cayeron varias decenas de monos sobre el héroe que se defendió repartiendo certeros puñetazos y patadas, a pesar de que tumbó a muchos de sus enemigos, el esfuerzo fue en vano, eran más de cien contra uno y consiguieron reducirle en poco tiempo. Quedó al fin tumbado boca abajo, completamente cubierto de estas bestias que presionaban su cabeza contra la tierra. El Dios-mono se acercó sonriendo, pisó la nuca de Inkinu y apretó con saña. Entonces habló:

- Bien, bravo joven, bien. Eres ágil y recio. Te será permitido cruzar. Pero que esta lucha te sirva de lección: mi pueblo no tiene la habilidad de crear tierra segura, de encender fuego. Sólo vosotros, los seres parlantes, podéis comunicaros con la Diosa Antigua y regenerar el Tiempo, pero a nosotros los monos nos corresponde la fuerza, y ni el más fiero de los vuestros podrá nunca equiparar su poder al del simio. Si te he hecho prender ha sido sólo para evitar la inevitable muerte que habrías alcanzado si el combate hubiese llegado a su fin. Parte ahora, y mantén presente en tu mente este día. Que tu humillación y tu odio sean la semilla de la fuerza que necesitarás para guiar a los tuyos.

El orgulloso hombre, aun con la boca llena de tierra y el cuerpo mutilado respondió:

- Algún día llevaré tu cabeza a mi aldea.

- Algún día, joven cazador, algún día.

Y de nuevo el dios rugió, con un sonido que recordaba a una carcajada. Levantó su pié y desapareció entre las copas. Tras él lo hizo toda su corte y dejaron a Inkinu solo, apaleado y exhausto en el suelo del bosque.

A penas recuperó el aliento, se apresuró a recoger sus cosas. Antes de reanudar la marcha sacó el ungüento que Ninphäli le había preparado y curó con él sus heridas que empezaron a escocer como si estuviesen cubiertas de fuego. Tenía varias costillas rotas y cada paso era una tortura, pero apretó los dientes y caminó a buen ritmo. No había avanzado mucho la noche cuando al fin llegó a la árida llanura que precedía al Fin del Mundo. La Luna estaba casi llena e iluminaba aquel basto paisaje de arena y rocas donde apenas crecían algunos polvorientos y sucios hierbajos. La tremenda algarabía del bosque cesó, ya sólo se oía el más absoluto de los silencios a penas roto de cuando en cuando por el vuelo de un insecto. Los lagartos inmóviles observaban al hombre pasar, Inkinu sabía que al alba llegaría al Fin del Mundo y eso le daba fuerzas. No se detuvo cuando divisó una figura inmensa en el horizonte, pero según se fue dibujando la forma que allí se encontraba, incluso la intrépida alma del gran cazador se amedrentó. Frente a él se erguía el gran Nagash, el dragón gris del desierto, de piel escamosa, colmillos afilados, mirada serena y alma retorcida. No había posibilidad de huir del monstruo, tampoco podía esconderse en ningún lugar de aquel erial, así que mantuvo su trayectoria hasta que se halló a pocos metros del fabuloso ser. Pudo entonces ver al mal en toda su majestuosidad, desprendía una luz plateada y la intensidad de su mera presencia hacía temblar el suelo. Dicen que el valor no es la ausencia de miedo si no la capacidad de sobreponerse a éste, y así debe ser porque no hay corazón humano que pueda permanecer impasible ante la presencia de un gran dragón. Inkinu tembló, el dolor de sus llagas a medio sanar se intensificó, la debilidad debida al hambre y al agotamiento se hizo patente en todo su cuerpo, a punto estuvo de desfallecer, pero su voluntad era la más fuerte que pueda tener un hombre, así que miró a la bestia a los ojos y habló:

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu. Salí de la Tierra Segura el Día de la Desgracia, crucé el Bosque de Caza de los Hombres y el bosque del Dios-mono. Con éste luché y aunque fui derrotado y acarreo esa vergüenza, probé mi valor y me fue concedido permiso de paso. Ahora, a las puertas del Fin del Mundo, te pido a ti, gran Nagash, Señor de la Tierra Seca, que me dejes proseguir mi marcha para que pueda llegar al Santuario de la Diosa Primera y aprender allí la manera de regenerar el Tiempo.

Las enormes comisuras de la boca del dragón se estiraron hasta articular una amplia sonrisa que puso al descubierto sus brillantes colmillos. Antes de responder, dejó pasar un largo silencio, luego su voz sonó al fin. Era una voz horrenda, aguda y múltiple, como si en su garganta habitaran millones de seres minúsculos que hablasen a coro, un sonido que ensuciaba el alma y degeneraba el cuerpo y que sólo los lagartos podían soportar mucho tiempo:

- Hace miles de años, un hombre de tu mismo nombre llegó a este desierto. Luchamos, y con la ayuda de los dioses consiguió vencerme, convirtiéndose así en el primero de los héroes. Durante cientos de décadas, perdí año tras año mi batalla, derramando sobre la arena mis lágrimas negras de rabia. Yo fui creado poderoso y astuto, un adversario digno, pero fui condenado a la derrota perpetua, y no se me dio una naturaleza sumisa con la que mitigar mis ansias de venganza. Hoy, joven guerrero, para evitar esta contienda que sólo puede llevarme al desastre, te ofrezco un presente que sellará la paz entre nosotros para siempre. Un regalo que me ha llevado eones realizar, pues durante cientos de siglos he reunido cada una de mis lágrimas provocadas por el odio, y cada gota de mi saliva, tan preciosa y escasa en este desierto. Con todo mi dolor, he creado este estanque que hoy te muestro a la luz de la luna llena, éste es mi regalo, valiente Inkinu, no podrás saciar en él tu sed, pues es tan venenoso como mis colmillos, pero podrás observar en su serena superficie el más maravilloso prodigio que jamás halla visto un ser parlante.

Y la bestia levantó su gigantesca cola y tras ella se descubrió un socavón en la tierra, cuya anchura era poco mayor a la del rostro del hombre. Éste, olvidando las advertencias de los ancianos que prohibían posar los ojos en los cuencos mientras estos estuviesen aun llenos, fijó su vista en el tupido líquido negro. Estaba liso como el azabache pulido, y a la luz de Luna, ofreció al héroe una imagen que cambiaría el destino del Cosmos, la imagen de su propio rostro. Inkinu vio a Inkinu por primera vez y cuando tocó su mejilla con la mano derecha el ser del reflejo hizo exactamente lo mismo con su izquierda. Y a través de la mirada que sus propios ojos le devolvían entendió de repente que su rostro no era igual que el de sus primos, ni siquiera igual que el de su padre, que ninguno de los hombres de su aldea era igual entre sí, que nunca lo serían. Sintió entonces una extraña sensación en el estómago, como un agarrotamiento horrible tal vez producido por el hambre, y cuando levantó la vista aturdido por la extraña experiencia, miró a los ojos a la gran serpiente y volvió a sentir miedo, pero sintió también lástima por el demonio cuya mirada era ahora diferente, tal vez similar a la del estanque en algún sentido oscuro y misterioso.

- Parte ahora.

Dijo Nagash, y se desvaneció en el aire polvoriento. El héroe reanudó su camino y al amanecer llegó a la Gran Montaña del Fin del Mundo donde se encontraba el Santuario de la Diosa Primera. Escaló la angulosa pared debilitado por los golpes, la sed y el hambre, y al fin alcanzó la abertura en la roca. Fuera el sol del desierto brillaba ya en todo su esplendor con una fuerza abrasadora, iluminando el interior de la pequeña cueva. Dentro de ésta el gran cazador vio al fin la estatua de la diosa, imponente, eterna, esculpida en piedra roja llegada de fuera del Mundo, por manos no humanas en una era anterior al Tiempo. A pesar del sofocante calor del exterior, el Santuario se hallaba fresco y húmedo, las paredes rezumaban agua y todo estaba cubierto de musgo y líquenes que crecían en la roca. La fuerza de la diosa generaba la vida allí donde sólo puede haber muerte. Y a los pies de la estatua crecían los frutos bulbosos que Inkinu sabía que debía ingerir. Rezó la Plegaria Secreta y comió un puñado, luego calló exhausto a los pies protectores de la deidad.

En su sueño se le apareció ella, con su precioso cuerpo desnudo, casi transparente, suspendido en el aire. Envuelta en su manto de luz nocturna acercó su mano azulada al rostro del hombre y acarició su mentón, luego sonrió. Le habló directamente al alma, sin mover los labios, generando en su mente visiones del futuro. Le mostró como volvería a la Tierra Segura, como al llegar podría al fin descansar y desposar a Ninphäli. Inkinu vio como el día antes de la noche de bodas saldría a cazar y apresaría al mayor de los pájaros del bosque. Pero no comería su carne, si no que lo sacrificaría en honor de ella, levantaría después la Piedra Negra y allí encontraría la efigie del dios de la memoria cuyo nombre no ha de ser pronunciado, renegaría entonces de él y luego todo los hombres juntos entonarían la más importante de las plegarias, aquella que regenera el Tiempo y permite que lo que ha sido degradado vuelva a nacer. La noche de ese mismo día engendraría en el vientre de su esposa un niño, que a los nueve meses nacería sano y fuerte y recibiría el nombre de Inkinu, sellándose así el pacto de vida entre el Hombre y la Diosa Primera, que permitiría a ambos vivir para siempre en eterno equilibrio.

Según acabó la instrucción, el sueño se desvaneció y el héroe despertó. Pero al incorporarse, aun dentro de la cueva, giró su rostro dando la espalda a la estatua de la diosa y miró al cielo luminoso. Recordó la visión de su reflejo y entendió que si el tiempo no era regenerado el mundo comenzaría a expandirse y los hombres ya no tendrían por qué respetar los dominios de los monos. Podrían someterlos y ocupar sus bosques y luego podrían ocupar los bosques nuevos que aparecerían más allá de las montañas. La Tierra Segura se haría más grande, los hombres más numerosos. Incluso crearían tierras seguras diferentes a la original, en otros claros en otros bosques. Y él, Inkinu, sería el descubridor de ese nuevo poder, el responsable de un mundo nuevo, siempre diferente, que envejecería al igual que lo hacen los hombres, pero cuyo tiempo sería precioso por ser exclusivo, porque cada segundo nunca desde entonces se volvería a repetir. Y ya no tendrían que borrar de la Piedra Negra su nombre para inscribir en él el de su hijo, su nombre quedaría escrito para siempre y bajo él un nombre nuevo, diferente, Pactú, el nombre del niño que Ninphäli y él engendrarían cuando volviese a casa.

Y así, se despidió de la diosa siguiendo el Ritual de Respeto, pero nada más salir tensó su arco, apuntó al cielo y mató un pájaro carroñero. Lo comió con ansia y con las fuerzas renovadas cruzó el desierto. Al llegar a la linde del bosque, buscó un árbol de madera firme del que cortó una rama gruesa. Usando su piedra afilada talló una docena de flechas de esta madera, mucho más largas de lo que los ancianos permitían. Acampó esa noche allí y cazó dos grandes lagartos que fueron su cena. Al despuntar el alba se adentró en territorio enemigo. Esta vez, los monos se mostraron aun más intranquilos que en su viaje de ida y no había llegado el mediodía cuando la maleza se estremeció con un crujido ensordecedor y el Dios-mono apareció una vez más ante el héroe.

- Detén tu camino, ser parlante. ¿Cómo osas profanar estas tierras? Has comido carne, tu impureza profana la armonía de nuestro territorio y ofende el honor de mi pueblo. Por esta afrenta morirás, aunque ello conlleve impedir que cumplas tu destino.

Inkinu no respondió, tensó su arco y disparó sin vacilar al rostro del animal. Éste se cubrió con la mano, pero la nueva flecha del hombre atravesó la extremidad y llegó a hundirse en el ojo derecho de la bestia. La impresión del resto de primates fue tal que ninguno se atrevió a atacar por no privar a su rey del privilegio de tomarse venganza tras tamaña ofensa. El dios cargó mientras el héroe apuntaba de nuevo. El segundo proyectil se hundió muy profundo en la carne negra pero no detuvo el embiste. Inkinu salió despedido, rebotó contra un árbol y calló al suelo. De allí le recogió el Dios-mono, agarrándole del cuello con su mano derecha. El hombre lanzó una última mirada desafiante e intentó articular palabra, pero la presión en su garganta era ya demasiado fuerte. La mano se fue cerrando inexorable hasta que rompió primero el espinazo del joven y terminó aplastando del todo su cuello, separando su cabeza del tronco. Miles de monos alzaron sus voces salvajes, tomaron los restos del héroe, irrumpieron en los Terrenos de Caza y llegaron hasta los lindes de la Tierra Segura donde arrojaron su trofeo.

¡Ay, amigos míos! Ese fue el triste final del gran Inkinu, el primero de los héroes de nuestro tiempo. Esa noche los hombres entonaron oraciones funerarias y llenaron el viento de lamentos, se decidió que el nombre del héroe jamás sería borrado de la Piedra Negra. Ninphäli, desconsolada, puso la cabeza de su amado frente a las antorchas y dibujó con un tizón negro el contorno del perfil que la sombra proyectaba en el suelo, los ancianos ordenaron que esa imagen no fuese borrada nunca. Y el hijo de Ninphäli ya no sería Inkinu, pues ya no sería Inkinu su padre, se llamaría Pactú y sería un héroe nuevo, capaz de someter a los monos y de quien sabe qué más nuevas hazañas.

Esa noche, todos los primos del fallecido vieron en sueños a Ninphäli y desearon su cuerpo bello y su espíritu noble, y gestaron en su mente dormida imágenes en las que engendraban en la mujer un niño destinado a llevar a cabo gestas fabulosas, un hijo que no llevaría su nombre, pero que sería aun así sangre de su sangre.

Y esa noche los monos recorrieron todo el bosque aullando frenéticos, triunfales. Sólo su dios se sentó en silencio sobre una rama y miró a la Luna, que ya no estaba llena si no menguante. Aturdido por el dolor de su ojo, entendió de una forma instintiva que esa regularidad seguiría rigiendo en el astro pero no lo haría ya en la tierra que pisaban. Y así mismo entendió que los hombres a partir de ese día nunca más regenerarían el tiempo, que empezarían a rendir culto a la memoria, que nunca estarían satisfechos. Y soltó un leve gruñido tristísimo, casi un sollozo, al haber comprendido al fin por qué el día de la partida de Inkinu, tres días antes de la última luna llena del año, era llamado desde siempre el Día de la Desgracia.

Dedicado al gran Iván en el aniversario de su nacimiento que fue, y así lo acabará reconociendo la Historia, justo lo opuesto a un día de desgracia.
Felicidades genio!


24/2/09

Lo nuevo de "Querida Gatis".

Querida Gatis:
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Siento llevar tanto sin escribirte. Lo cierto es que están siendo tiempos revueltos, han pasado cosas. No sé, me siento un poco alejado de tu presencia. Tu persona siempre ha sido en mi vida un punto de encuentro conmigo mismo, una cura para la ansiedad, para esta maldita manía que tengo de pensar a borbotones, sin concierto y sin acierto. Al venir aquí, he dejado atrás eso y una parte de mí que estaba adormecida ha salido a la luz. Escribo cientos de folios, pero siempre inconexos. Ayer escribí sobre lo extraño que es el Mundo, sobre que, cuando miras las cosas dos veces, puedes darte cuenta de que no hay nada intrínseco en ellas que las haga familiares, sólo la repetición. Cada una de las cosas que te rodean a diario, en tu propia casa, pueden ser sorprendentemente maravillosas, o angustiosamente ajenas. A veces echo de menos volver a tus brazos, hundir mi cara en tu pelo y dejar de pensar.
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Lo primero que tengo que contarte es que estoy teniendo bastantes remordimientos. Ya sé que dijimos que nos separábamos sin ningún compromiso, pero aun así me siento mal, porque ando metido en una relación que empieza a ser especial, no se… no me atrevería a decir que me he enamorado, y no es por falta de intensidad, si no porque lo que estoy viviendo es… otra cosa. Ahora voy al 13 puntos casi todos los días, y me he liado con la Mejicana que conocí allí. Ella empieza a tener un problema grave con la heroína, supongo que es una persona melancólica de por sí. El jaco es el mejor compañero de la tristeza, la nutre, la hace lo suficientemente llevadera como para que no sea necesario vencerla. Se llama María, como la Virgen, y tal vez es un poco el mismo tipo de persona. María, en realidad, lo tiene todo: es inteligente, sensible, bondadosa, con una cara bella de rasgos indianos y unos enormes ojos negros, negros de verdad. Su vida es como una broma, tiene la estrella de las personas que gustan a todos, que tienen talento para todo. Canta como los ángeles y escribe unas canciones preciosas, tristes sin ser nunca cursis. Cuando la oyes cantar se te revuelven el corazón y las tripas hasta el punto de que dejas de saber cual es cual. Su padre mató a su madre porque ésta dejó de quererle, ella tenía sólo trece. Su familia es rica pero ella se quedó sola, a cargo de una tía que no quería hacerse responsable. Acabó estudiando interna en Estados Unidos. Luego hizo literatura en Vassar y allí deslumbró, sus profesores le ofrecieron publicarle sus poesías pero ella lo dejó pasar. Se fue a Méjico y se enamoró de un tipo del que estuvo colgada tres años, una mañana él se pegó un tiro en la cabeza. A veces, cuando estamos los dos solos en la cama, desnudos, me coge las manos y llora sin sollozar, sin decir nada, mirándome fijamente. Llora unas lágrimas enormes y compactas que le recorren la cara despacio. Siempre me está tocando y excitando, pidiéndome que le haga el amor, pero cuando lo hacemos casi nunca llega al orgasmo. A veces incluso llora, pero no me deja parar, me llama por mi nombre y me pide que no pare y me toca y me anima y retuerce su cuerpo, y yo sigo hasta el final, siempre. Termino dentro y ella me abraza y me dice que me quiere, aunque no entiendo si es verdad. No hay peligro de que se quede embarazada porque se le cortó la regla hace un año. Pensó que era por la mala vida pero los médicos le dijeron que es sicológico, no quiere dar vida.
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Siento haberme extendido tanto hablándote de María, lo que pretendía en un principio era sólo disculparme, no he podido evitarlo. Supongo que me siento tan desconcertado que necesitaba volcarlo. No sé si finalmente te mandaré esto. Estoy perdido, corazón, perdido. He dejado de lado el póquer, lo cierto es que ahora vivo principalmente de vender cocaína. Raúl nunca fue camarero, se dedica a vender droga y me ha metido en el negocio. Nos ponemos bastante, empiezo a pensar que no lo controlamos del todo. Michael, el músico, se entera, y no le gusta nada la dinámica que estamos cogiendo. Es un tipo sencillo y noble, creo que incluso sufre por nosotros. Nos estamos alejando de él. Es de esas personas tímidas que cuando se acercan a alguien lo hacen con todas las consecuencias y le consideran casi su familia, nos quiere de verdad a Raúl y a mí. Cada vez habla menos, pero se le ve melancólico y cuando toca la trompeta la casa se llena de tristeza hasta tal punto que yo callo y Raúl se empieza a sentir incómodo, como si la trompeta de Michael fuese la voz de la conciencia. No entiendo lo que estoy haciendo, la cocaína es una droga necia, absolutamente vacía, el puro vicio. Pero bueno, la vida es una sucesión de momentos diferentes, al menos la que yo he elegido. Es casi una lección que estoy recibiendo. Todo en nuestro interior y en nuestro exterior es tan inestable… creo que ante eso hay básicamente dos actitudes posibles: buscar puntos de apoyo para atenuar la corriente, o sumergirte en ella y rodar montaña abajo.
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En el 13 puntos leo algunas de mis poesías, me estoy haciendo al escenario, aunque estoy muy lejos de producir las impresiones que consiguen generar Raúl y Manuel. A veces suben juntos y se pelean con versos, Raúl en su tono fatalista y Manuel con su ironía. El otro día Raúl empezó a exaltarse mucho, terminó gritando un poema. Hablaba sobre un gran incendio, los últimos versos decían algo así:

"…nievan cenizas de campos y ciudades,
de madres con sus hijos, de hombres solitarios,
de noches de fiesta y de días de diario,
de cosas de verdad
y de escenarios.
Han ardido la sangre de los poetas y los estómagos de los campesinos,
los recuerdos de los viejos,
la fe de los niños…"

La poesía no era de las mejores, pero tendrías que haber visto como la gritaba, con las venas de la frente hinchadas, ido por completo. Y luego empezó a decir que cuando saliésemos del local sólo encontraríamos cenizas porque todo había ardido y le empezó a sangrar mucho la nariz y tuvo que bajarse del escenario temblando y sentarse en una silla donde se quedó resoplando. Casi se desmaya. Luego todos volvimos a mirar Manuel que seguía allá arriba y que no había movido ni un músculo. Aguanto un instante largo, se encogió de hombros y bajó también. Lo hizo de una forma tristísima que resultó aun más desasosegante que el número de Raúl.
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Cuando se cansan del arte en el bar, se ponen a hablar de política. Lo hacen como si estuviesen en posesión de la verdad, critican llenos de autosuficiencia. A María y a mí no nos gusta el tono, dada la vida que llevamos nos parece mezquino, aunque Manuel ponga un poco de orden con su humor. En esas ocasiones ella y yo nos apartamos y hablamos abrazados y nos besamos, casi como una pareja normal. Me canta sus poesías que nunca recita en el escenario, y mientras la escucho se da cuenta de que me gustan de verdad, de que siento que es la más brillante de todos nosotros. Parece que es lo único que le da cierta felicidad, ver que al escucharla me siento como si estuviese viviendo la Historia, porque soy tan tonto que aun creo en los genios y me dejo fascinar por su voz y por su piel de color tierra. María sonríe como si supiese algo que tú no sabes. Tal vez Dios es así: una chica tierna y poderosa, pero impotente.
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Esnifo demasiado, a veces nada más levantarme. A veces me despierto en casa de María y me pongo a hacer café y cuando vuelvo al cuarto ella se está preparando un chino y a mí me da tanta pena que esnifo, aunque no entienda cual es la relación entre mi pena por María y drogarme. Y mientras la veo hacerlo siento una angustia terrible, pero al mismo tiempo es algo bonito: el alivio tristísimo en su rostro y como me pide que la abrace después. Nunca lava la almohada y llora tanto que deja manchas.
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Con ella me pasa como contigo, que me deja sin palabras.
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Y creo que eso es todo por ahora, espero que tú estés bien. Por mí no te preocupes demasiado, tengo la intuición de que esto no va a quedar aquí, de que saldré de esta fase, aunque no sé como, ni qué perderé por el camino. Esa es la cosa, vivir es cambiar, vas dejando atrás lo pasado, aceptas lo nuevo. Tal vez lo más frustrante es que nunca pierdes lo que esperabas y a menudo sientes su ausencia cuando ya se fue. Y entonces te despides de lo que no está. Porque algo así es la melancolía, un largo adiós a todo aquello que ya está ausente.
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De una forma u otra, siempre tuyo,
El Tejón.
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15/2/09

Malinconia.

De todos los sentimientos sólo la melancolía me da impresión de eternidad. Entonces, tal vez sí hay vida tras la muerte: algo así como un estado de melancolía eterna.
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Cuando Ulises se halla a las puertas del Averno se encuentra con Aquiles. Al verle alaba su grandeza en vida y le recuerda su gran fama heroica. Aquiles responde:
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"―No trates de consolarme por mi muerte, ilustre Ulises; preferiría, como simple labrador, servir a un hombre oscuro, que no poseyera más que escasos bienes, que reinar sobre todas esas sombras."
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Luego Aquiles pregunta a Ulises por su hijo, le pregunta si es valiente. Ulises le responde afirmativamente. Y ya:
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"Tal fue mi respuesta; entonces el alma del magnánimo Aquiles se aleja, y caminando a grandes pasos a través del prado Asfodelo, se alegra de lo que yo le decía, de que su hijo era un héroe valeroso."
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Realmente todo el canto XI de la Odisea es brutal. Describe exactamente lo que yo creo que es la muerte, porque yo no creo en el Paraíso ni en el Infierno, pero sí creo en los fantasmas. En un residuo de la vida tras la vida, un residuo en el que ya sólo queda lo más profundo de nosotros: melancolía y memoria.
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Melancolía y memoria, que son lo mismo.
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Los muertos nos recuerdan, como todo el resto de cosas que hemos dejado atrás.
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Desde el otro lado de la vida, de donde no se vuelve, e inspirado por el video de Alix que he ido a ver ya seís veces igualando así el record de la exposición de Manet del Prado. Cuando vuelva la semana que viene será la cosa artística que más veces he ido a ver.
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Plata y Oro.
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El Tejón.
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10/1/09

Llevaba todo el invierno esperando esto.






[Escrito ayer, al volver de jugar con la nieve, de encontrarme con Leticia dos veces, de ver la exposición de Floridablanca que no tengo ningunas ganas de enseñar, de enfrentarme en la Academia con la escultura original del Ángel Caido que había estado fotografianndo en el Retiro, de ver el Arcimboldo y El Sueño del Caballero, de caminar bajo la nevada. Escrito antes de zamparme una pizza y un helado, de leer sobre Sánchez Castillo, de tomarme unos whiskis y de tener una larga conversación con Ana]:
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Hoy todo lo que pasó fue como tenía que ser y sabía que sería así.

"Conocer" es una palabra que cada vez me produce menos confianza. Sabiduría es tal vez mejor, la sabiduría aflora, lo que se conoce se conoce y es algo que en cierta medida permanece. Sabio se puede ser, al menos a destellos, es complejo ser sabio todo el rato. Pero conocer… ¿qué conocemos? no conocemos nada. Pensar demasiado es un problema, casi una enfermedad, no implica ser sabio ni pensar bien, y es un mal que yo padezco. Pero cuando el cerebro es tan obsesivo, los momentos de simple sensibilidad se vuelven preciosísimos, maravillosos, preciados. Vitales descansos en la agotadora jornada cerebral. Si un ciego pudiese ver durante una hora al día, tal vez sería el mejor de los fotógrafos, porque la intensidad de su visión sería extrema, desesperada. Cuando algo me hace sentir me arrastra hasta límites insospechados. Hoy, la nieve; pocas veces he logrado tener el corazón tan blanco, he sentido tanto que por momentos me he dado la vuelta y todo ha sido pura serenidad, armonía. Eso es sabio. Nunca sería budista zen, pero esa gente sabe de lo que hablan. Como dice David Bowie: "Satori must be something just the same".
Hoy todo fue magia, todo. La nieve es algo que siempre me hace dudar de la esencia entrópica del Universo. ¿Cómo puede ser tan bonita, Dios mío? Aun tengo que trabajar, pero ya llega, ha sido un parto largo, pero se acerca. Al fin me hago mayor del todo, al menos por ahora. ¿Os habéis sentido así alguna vez? ¿Habéis sentido que empezáis a ser quien teníais que ser desde hace tiempo? Es una sensación agridulce porque dejas atrás tantas cosas… A mí siempre me han dado miedo los cambios, tal vez porque a mi manera soy muy bruto y cuando cambio, cambio a conciencia y sin remisión.

La vida es un jardín de confusión
con flores de coincidencia
con sangre en las aceras
con pena que ponerse para estar por casa.

La vida es una fiesta de diario
una comedia trasformada en noticiario
una aventura sin protagonista
un misterio sin pista.

Una enfermedad que se cura en el vacío
un Otoño y un estío
una primavera olvidada.

La vida es la última calada
de un cigarrillo arrugado.
Tonta como un actor
ruidosa como un disparo.

Como toparse contigo
como mancharse de barro.

La vida es un juego sin instrucciones
una lección, una herida, un duelo,
el santo patrón de los camelos.
Una carcajada, un cielo.

Tu risa colgada de una fantamasgoría perversa,
todos los días, todas las caras, ninguna respuesta.
La seda que teje las perversiones,
días sin huella, manos que aprietan, niñas que corren.

La vida,
se me escapó,
la vida.


Plata y oro
El Tejón.
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P.D. Al fin pude colgarlas.
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26/11/08

Poesía express.

Este viernes por la noche voy a hacer un experimento. Voy a participar en el evento de la fantástica Casa de los Jacintos No sólo poesía. Me voy a subir al escenario y voy a improvisar una poesía según me venga a la cabeza. No sé que tal saldrá, pero espero que se me tenga en cuenta el par de huevos que voy a echarle. De momento estoy ensayando, incluso he grabado alguna prueba. Cuelgo la primera que he grabado, más o menos me gusta.

Los que queráis verme ya sabéis; este Viernes en los Jacintos.

Saludos.

El Tejón.

11/11/08

Querida Gatis

Querida Gatis:

Todo está confuso en mi vida después de nuestra ruptura. Me he dado cuenta de que la fuente de mis taquicardias y la razón por la que tuve que ir a la sicóloga después de que rompiésemos no fue el creer haberme enamorado de otra mujer, o haberlo hecho, o el haberte perdido, o la soledad. Mi profunda y aterradora crisis se debió a mi miedo a los cambios. Me sentía perdido porque todo se volvió diferente demasiado deprisa: empezar a trabajar en serio, emanciparme, vivir sin estar enamorado de otra persona… Supongo que el Mundo en el que vivimos ya va lo suficientemente deprisa como para hacernos sentir confusos y desamparados y siempre he necesitado tener muy claro quien soy, quien es importante para mí y cual es mi futuro. Por eso siempre lo he retrasado, por eso siempre he sentido que podía llegar a ser escritor pero nunca me había decidido a serlo. Por eso me ha costado tanto durante muchos años cambiar de planes, de amigos. Pero la vida es una dinámica de cambios, por mucho que nos cueste entenderlo a las personas, la entropía nos domina, el tiempo nos supera y la vida pasa. Pasa y nos cambia. Aunque a la vez todos seguimos siendo la misma persona que fuimos de niños y, quizás, somos ese niño que perdimos por encima de ninguna otra cosa. Porque él fue nuestro yo más puro, aquel que no tenía un pasado que le hiciese sentir que se había convertido en otra persona, en un extraño.

Al darme cuenta de todo eso mi cabeza ha dado un vuelco y ha sentido que todo tenía que cambiar aún más. Como siempre, veo las cosas en blanco y negro, y si lo que debo hacer es superar mi miedo a los cambios, he decidido hacerlo de la forma más radical, lanzándome de cabeza a ellos. Así que no he querido esperar y con los pocos euros que tenía ahorrados he cumplido mi sueño de mudarme Nueva York. Intentaré sacar partido a los contactos de mi padre y ver si consigo algún trabajo relacionado con la historia del arte. Mientras tanto, estoy jugando al póquer por Internet. No es tan difícil como pensaba y aunque aun no saco lo suficiente como para vivir, nunca pierdo.

Vivo en un bloque de apartamentos en Brooklyn. Pago 600 dólares por un cuartito pequeño pero acogedor. Comparto piso con un chico negro, Michael, y otro portorriqueño, Raúl. Michael es joven, de unos veinte años, grandote y apacible, estudia en una escuela de alta cocina y toca la trompeta. Raúl es un tipo bajito y nervioso, con fuertes rasgos indígenas. Creció en Chile y odia su país. Pero también odia Chile y a los Estados Unidos. Es culto y un tanto desequilibrado, siempre está echando pestes de todo, pero el fondo de su mirada es triste y vulnerable.

Lo bueno de haber cambiado radicalmente de escenario es que mi vida ahora es tan fresca y novedosa que cualquier actividad me llena e incluso me emociona. Como acompañar a Michael a comprar comida y que me explique donde ir para conseguir la mejor carne, o como distinguir las buenas verduras y la buena fruta. O pasear por las pequeñas tiendas de comestibles, por esas calles que parecen sacadas de una película o construidas para ser rodadas. Además, Michael es casi un genio, sobre todo por lo mucho que le gusta lo que hace. Es muy introspectivo y cuando cocina se sumerge por completo. Casi siempre hace él la cena (todo un privilegio) y cuando la está terminando aparece Raúl, que viene de servir cafés en un antro bohemio en el que trabaja, y empieza a quejarse del mundo, de la gente, de todo, a menudo inclusive del menú. Luego cenamos con las ventanas abiertas (ya hace mucho calor) mientras oímos a la gente en sus casas, hablando diferentes idiomas, riendo, jugando, discutiendo, y Raúl nos habla de algún escritor mejicano de los años 70' que a penas es conocido pero que él considera un genio. Y me sigue hablando de la política chilena o de la historia popular norteamericana, mientras nosotros fregamos los platos y Michael toca la trompeta o simplemente fuma asomado a la ventana de su cuarto. Realmente es algo especial, esta es una ciudad que se caracteriza por la convivencia de culturas más colosal de todos los tiempos, pero no es habitual que esas culturas convivan y se mezclen realmente. En Nueva York se tiende a la yuxtaposición más que al verdadero mestizaje. Me pregunto como se conocieron estos dos.

De momento, la verdad, la terapia está dando resultado. Soy bastante feliz. Coger el metro e ir a Manhattan, pasear por Central Park, ir a bares de mala muerte a beber cerveza barata, cenar en restaurantes italianos escondidos en patios interiores… y mirar. Mirarlo todo, es todo tan bonito aquí… Los edificios enormes, la mezcla de personas. Es importantísimo vivir en un sitio bonito, bonito en el sentido amplio de la palabra, no bello, si no atractivo, con encanto. El centro de Madriz lo es. Pero esta ciudad… aun es la capital del Mundo. Y los neoyorquinos, en fin, son americanos, y a veces se les ve un poco infantiles. Pero son infantiles para lo bueno y para lo malo, son gente que aun cree en el mundo en el que viven, son tan diferentes a nosotros…

Están a punto de ser las elecciones y casi toda la ciudad anda loca con Obama. Esta gente confía en su sistema, y eso que está incluso más podrido que el nuestro. Pero ellos salen a la calle con sus banderas y lo hacen con un orgullo, que aunque me repele, es sencillo, simple, de alguna manera, puro. Los estadounidenses son como niños, incluso los más genuinos "newyorkers" con todo su pretendido cinismo. Eso puede ser desesperante, pero también maravilloso. Me di cuenta viendo a toda esa gente negra con camisetas de Obama, probablemente él no será más que otro político, uno genial, pero uno, al fin y al cabo. Pero la forma en la que los negros con sus camisetas se sientan al lado de los blancos estas semanas… hay en ella algo bueno. Hace cuarenta años los blancos y los negros ni siquiera se sentaban juntos en el autobús.

Yo paseo y paseo, miro. Hay unas tiendas maravillosas con todo tipo de objetos, discos, ropa, libros y todo lo que te puedas imaginar, pero no estoy como para gastar. Aun así me paso el día en las tiendas, voy entrando y saliendo y así disfruto de la calle, de la gente y de las mercancías. A veces pienso que vivir en nuestro tiempo y no ir de tiendas es como haber vivido en el siglo trece y no haber entrado en las catedrales. Independientemente de lo horrible que sean la Iglesia bajomedieval o el capitalismo, sus grandes creaciones no dejan de ser impresionantes. El espectáculo de las mercancías es el gran espectáculo de nuestro tiempo junto con el cine. Veo personas perdidas, muchos mendigos, se percibe en seguida que este país es aun más duro que el nuestro con los que no tienen nada. La cultura de la competencia, del fracaso y del éxito está muy patente. Miro y miro; y escribo. Aun no me siento parte de todo esto, mi mirada es la del extranjero, la del turista, pero el encanto de lo que me rodea me va seduciendo poco a poco. Tal vez no tarde mucho en encontrar aquí un verdadero hogar y mi gran cambio se convierta en una nueva rutina que me de una nueva ilusión de seguridad…

Y poco más. Bueno, igual no debería decírtelo, pero también, a veces, te echo en falta. Echo en falta hablar contigo, verte, tal vez abrazarte también. En fin, por ahora mi objetivo es mejorar mi nivel de póquer y darle duro a la escritura. Por ahora sólo llevo un diario de viaje, pero estoy intentando encontrar una idea para una novela.

Te mando muchos besos.

El Tejón.

31/10/08

Miles de cosas.


Hoy ha sido un buen día.

Me he despertado y en el correo tenía una poesía que me ha impactado:

El Amenazado

de Jorge Luis Borges


Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.


Me ha inspirado para escribir otra poesía:


Las personas esquivas hunden sus raíces en el suelo de este tiempo incomprensible.
El humor se esconde pero nunca se pierde,
sigue gobernándolo todo desde su trono transparente
que está sumido en todo y al tiempo detrás de todo.

La palabra tú se convierte en un fantasma,
la palabra yo se convierte en u
na cadena con una bola de metal negro
que arrastro mientras huyo por u
n campo de trigo de una foto en blanco y negro.

Sueño con que el pasado volverá
como una flecha atravesando un cristal
y rompiendo mi reflejo ajeno en mil añicos,
en diez mil años de soledad.

Hay una canción de cuna que mueve mis pasos,
la cantan todas las voces que alguna vez me dieron calor.
El tercer hombre es el que conoce todos los secretos,
por eso sonríe, por eso su corazón puede latir despacio
y su vida rueda y no se arrastra.

Viene una ola de frío polar.
Tiempo para buscar casa,
o para perderse del todo.


Aquí recitada por mi.


Luego me ha salido este texto:


La persona que mas he amado en mi vida me regaló una vez tres cactus preciosos traídos de Holanda, cada uno con una gran flor de un color distinto. Venían en unas macetitas pequeñas y parecían tan resistentes que en un principio a parte de regarlos no les dediqué más cuidados. Con el tiempo uno empezó a ponerse pocho, tardé un poco en tomar medidas y acabó muriendo sin remedio. Compré una maceta más grande y transplanté los dos que quedaban. Era la primera vez que trasplantaba algo, y debí de hacer alguna cosa mal porque otro de los cactus murió. El último de ellos tenía una flor roja redonda, enorme y preciosa. Al menos ese sobrevivió, pero su flor se marchitó. A cambio la salió un brote, el brote es una especia de segundo cactus, que ya es casi tan grande como el tronco original, no tiene flor pero tiene un saludable color verde claro y parece fuerte y sano.


Me había liado tanto con todo esto que ya llegaba tarde al piso que tenía que visitar (eran las 17:30). Por suerte estaba cerca de casa. He ido corriendo para allá y lo he visto. Estaba bien pero no me ha convencido del todo. Ayer había estado viendo otros pisos con dos de mis futuros compañeros, y hablamos de buscar pisos por la calle. Como no tenía nada que hacer, llevaba el mp3 y me gusta pasear; me he puesto a ello. Ha sido maravilloso, yo suelo caminar siempre sumido en mis pensamientos y me pierdo muchas cosas. Obligarme a mirar minuciosamente la ciudad ha sido toda una experiencia. Ya desde casa he escrito un mail al grupo en el que listaba las siguientes conclusiones:


1) El Morrison Hotel es mejor disco de lo que yo pensaba, Spiritualized son dioses y Gimme Shelter de los Rolling Stones es un temazo.

2) Mirar casas por la calle buscando un piso de 5 habitas es un poco absurdo, porque muchas no tienen portaero y es difícil saber cuantas habitaciones tienen y de cinco hay pocas. He pillado mil telefonos y mañana llamaré, pero como experiencia práctica, lo de peinar zonas, creo que no va a ser muy útil (igual me equivoco).

3) En la calle Segovia hay una tienda de trajes con unos muebles y unas esculturas gigantes y unas cuantas banderas de España con el pollo que es bastante impresionante y que tiene un dependiente que debve llevar en la misma postura desde 1952.

4) Las casas del rastro son acojonantemente bonitas y en la Ribera de Curtidores hay unas especie de corralas con tiendas de antigüedades que son uno de los sitios más maravillosos de Madriz (había una estatua de piedra de una tortuga que era tan alta como yo).

5) En la calle Toledo hay una residencia de ancianos cuya sala de estar se puede ver desde el exterior a través de un cristal. Es bastante curioso.

6) Vivimos en una ciudad con algunas zonas realmente bonitas.

7) Mi abuela debía de tener razón cuando le decía a mi madre que era un niño raro.


En concreto las corralas de los anticuarios me han fascinado. Son un lugar absurdo y extraño, tanto por su tipología como por los miles de objetos que allí se acumulan. En la puerta de una de las tiendas había unas quince estatuas clasicistas bastante feas y otra estaba llena de cuadros de pastiche de los que uno era más o menos bonito (representaba a una mujer como del XIX vestida a la japonesa, yo creo que copiando a un Monet). He tenido ganas de volver a tener pareja y pasarme un día entero con ella mirando casas y también visitándolas, sin ninguna intención de habitarlas. Me ha parecido una actividad divertidísima, fantástica. Creo que es algo que haré de vez en cuando, llamando a pisos que se vendan o se alquilen y yendo a verlos sólo por la experiencia de entrar en los portales, los patios, las escaleras y las habitaciones de las casas más bonitas de Madriz…


Estaba a punto de volver a casa cuando me ha escrito un mensaje Sergio y he quedado con él y con Andrés. Ha estado bien hablar con alguien, no sólo con alguien si no con dos amigos. Está bien que a uno le caigan bien sus amigos, parece un perogrullo, pero no sé si lo es tanto… A las 22:00 ya no podía más y me he ido a casa, estaba muy cansado de tanto andar y mirar. En casa he querido hacerme una buena cena para seguir con la buena dinámica del día. Me he hecho unos carbonara al estilo Tejón: con jamón serrano, mucha pimienta y echando el huevo en la sartén de la cebolla, una vez retirada esta del fuego, para que esté un poquito más cuajado al verterlo sobre la pasta. Me los he comido viendo una obra maestra: Only Yesterday, de Isao Takahata, uno de mis ídolos.

Y eso, ahora termino esta entrada del blog y luego leeré un rato el aburrido libro que tengo que hacer para la revista y, si hay tiempo, escribiré un poco del nuevo proyecto que tengo entre manos. Quien sabe, a lo mejor, incluso, puedo ver algunas canastas del partido de la NBA.

Hay días que simplemente da la impresión de que las cosas avanzan y uno vive con intensidad.


¡¡¡JODÉR, HAY DÍAS QUE SÍ!!!


Plata y oro

El Tejón.



Y un par de cosas, de propina.

2/10/08

Wilde y Santa Helena

Me acabo de leer El Crítico Artista de Oscar Wilde. Es absolutamente brutal. Yo no comparto el punto de vista de Wilde en muchos sentidos pero, joder, qué listo es. A quien le interese el arte debería leerlo, quien pretenda escribir sobre arte necesita leerlo. No sé como no se habla de este diálogo en la universidad, en cien páginas me ha dado muchísimo que pensar sobre el arte mismo y más aun sobre la crítica y la Historia del arte. Pero, por una vez, no me voy a enrollar, el que quiera que lo lea.

De lo que voy a hablar hoy es de Santa Helena. Cuando fui a Londres solo (hablé de aquel mítico viaje en este texto que ya colgué), aun no tenía ni idea de ver pintura. Paseé bastante por la National Gallery, seducido por la magia que desprendían los cuadros, una magia que intuía pero que no sabía disfrutar en toda su magnitud. Algunas obras captaron más mi atención, claro, pero sólo una me atrapó de verdad. Desde mi infancia (de niño esas cosas son más fáciles, no hace falta desaprender lo que no se ha aprendido), creo que fue la primera vez que me pasó, la primera vez que realmente vi un cuadro. La obra era la Santa Helena del Veronés. Al año siguiente, creo, volví a Londres. El cuadro seguía allí y conservaba toda su fuerza. Es extraordinario: sus colores, sus figuras, el tema del sueño y la visión, la solución formal tan sutil para representar el instante milagroso en el que el mundo físico y el mundo ideal se yuxtaponen fugazmente…

Lo curioso es que no parece que sea una obra que halla calado mucho en casi nadie: en el catálogo razonado de la National Gallery (en la edición que yo he consultado, al menos), la Santa Helena no tiene una foto en color, ni una ficha extensa, viene en las últimas páginas, con las obras menores, con una minúscula imagen en blanco y negro y una ficha muy escueta. En los libros sobre pintura veneciana que he leído no se menciona esta pintura, en las monografías del Veronés que he podido ojear (siempre que pasa una por mis manos, lo busco), como mucho se cita de pasada dentro del periodo al que pertenece. Siempre que hablo con alguien que ha estado en la pinacoteca londinense, le pregunto si se fijó en aquel cuadro, hasta ahora no he encontrado a nadie que lo haya hecho. Hasta ayer parecía como si sólo yo y Almudena (que lo vio conmigo en mi segundo viaje), nos hubiésemos percatado de su majestuosidad. Ayer eso cambió.

En un momento de El Crítico Artista, Gilberto, uno de los dos personajes, comienza a ensalzar la capacidad del arte de superar a la vida; de sublimarla eligiendo e idealizando lo mejor de ella, inmortalizándolo, y venciendo así al tiempo y a la entropía. Justifica su tesis con diversos ejemplos de obras maestras, uno de ellos dice así:


"Siempre es la aurora para Santa Helena, tal como la vio Veronés en su ventana. Los ángeles le traen el símbolo del dolor de Dios en el aire tranquilo de la mañana. La fresca brisa matutina alza los finos cabellos de oro sobre su frente."


Joder, qué bien me sentí cuando leí esa mierda.

Saludos.

El Tejón.


Pinchad en la imagen para verla más grande.


8/8/08

Tom Baker era el más guapo.


Hace poco hablaba con mi amiga Lara sobre mi obsesión adolescente por Björk. Aquel Tejón de finales de los años 90' estuvo completamente enamorado de la cantante islandesa; coleccionaba discos, fotos, libros, lo sabía todo sobre ella e imaginaba como la conquistaría si la hubiese llegado a conocer… Lara me dijo que ella nunca había tenido un icono amoroso-sexual en el mundo del famoseo, que siempre le pareció estúpido cuando las otras niñas se colgaban de Bon Jovis o similares. Yo pensé un poco y recordé algo de una conversación anterior que me llevó a decirle:

- Te gustaba Tom Baker.

Tom Baker era un personaje de Campeones, la serie de dibujos japonesa que narraba las aventuras de unos niños que jugaban al fútbol. Casi todas las chicas de mi generación vieron la serie y se sintieron atraídas por alguno de los chavales que salían, hagamos un repaso:

Estaba Oliver Aton, que era el protagonista, un líder nato, talentoso, humilde, formal y trabajador. El chico perfecto que toda madre querría para su hija.

Estaba Mark Lenders, "el gitano de Saitama", incluso más popular que Oliver entre el sector femenino, tío duro, macarra, de familia humilde y numerosa. Era el más fuerte y agresivo, aunque en el fondo tenía un gran corazón.

No podemos olvidar a Benji Price, adinerado y chuleras, portero extraordinario, de sangre fría y con una ética de trabajo loable. Siempre con su gorra calada y sus respuestas irónicas y provocadoras.

Y luego teníamos a Tom Baker. Pareja en el campo de Oliver, no le importaba asumir un rol secundario junto a su amigo. Hijo de un pintor paisajista, le era imposible permanecer de forma regular con ningún equipo porque su padre debía cambiar de domicilio constantemente en busca de nuevos paisajes que retratar. A pesar de esto, su talento era tal que podía equipararse a las estrellas que tan duro entrenaban todo el año e incluso a Oliver. El típico genio natural: de familia bohemia, sensible y enigmático.

Pues bien, cuando le recordé a Lara su predilección por Tom, me dijo:

- Tom era el más guapo.

Yo, que siempre he tenido problemas para diferenciar a los chicos guapos de los feos, le respondí:

- Hombre, Mark tenía muchas fans.

Lara se partió el culo de mí:

- ¡Pero si eran todos iguales!

Efectivamente, como suele ocurrir en las series de dibujos japonesas, los rasgos de los personajes eran casi idénticos; cambiaban los peinados, alguno que tenía los dientes saltones y poco más. Qué maravillosas palabras: "Tom era el más guapo". ¿Hay una definición mejor de lo que es estar enamorado? Yo lo veo así: la gente, como los dibujos japoneses, son más parecidos entre sí de lo que creemos, pero nuestro cariño, nuestra subjetividad, les hace únicos, inimitables y a veces, incluso, los más guapos del Mundo.

Por un lado es un poco siniestro entender que nuestros juicios son tan subjetivos, que el amor tiene tanto de invención, de película. ¿Es aquello que nos parece brutal realmente brutal, o sólo depende del entusiasmo con el que lo juzguemos?

Pero por otro lado, el poder del punto de vista personal es genial, porque no hace falta estar con Scarlett Johansson para estar con la chica más guapa del Mundo (ya sé que es evidente, pero no está de más recordarlo).

Viviendo en un Mundo inhóspito, sin un Dios ni un Sentido más allá de la fría materialidad; somos nosotros los que debemos aportar nuestro calor a las cosas y las personas para convertirlas en bonitas, buenas, inteligentes, brillantes, brutales o vomitivas, según el caso. Somos entonces un poco como minidioses, demiurgos de nuestro mundo de las ideas pequeñito y particular, en el que moldeamos la materia que nos rodea para convertirla en nuestra historia. Y somos también pequeños encadenados en la caverna del mundo material de los otros demiurgos que nos conocen y que, sólo a traves de sus ojos y pensamientos, nos permiten cobrar sentido como personas y personajes.

Feliz estancia en la India, Larita, te deseo que tu India sea la más maravillosa de todas las indias, igual que tu Tom Baker fue el más guapo de todos los Campeones y de todos los Tom Bakers.

Y para todos: creeros vuestras películas aunque sólo sean películas. Según pasa el tiempo es más difícil mantener esa inocencia, pero sin ella nos volvemos más grises y volvemos más grises a aquellos que nos rodean.


* * *



Y sobre infancias, creencias y no creencias, Fade Away de Oasis. Oasis son terribles en directo, he buscado mucho y al final cuelgo este video, que es malo, pero por lo menos van pedo y tiene gracia. La letra, tan brillante como de costumbre, dice esto:

Se desvanecen.


Cuando era joven

pensaba que tenía la llave.

Sabía exactamente lo que quería ser.

Ahora estoy seguro

de que ya has bloqueado todas las puertas.


Vivía en una burbuja,

los días nunca acababan.

No entendía

lo que la vida iba a traerme.

La fantasía era real.

Ahora sé mucho más

sobre lo que siento.


Voy a hacerte entender,

porque no creo que vallas a seguir por aquí:

yo ni siquiera llegué nunca a ver

la llave de la puerta.

Sólo conseguimos aquello con lo que nos conformamos.


Mientras vivimos

los sueños que tuvimos de niños

se desvanecen.


Ahora mi vida

ha pasado otra esquina.

Sólo creo que es mejor

advertirte:

sueña mientras puedas,

quizás algún diga conseguiré que lo comprendas.


Voy a hacerte entender,

porque no creo que vallas a seguir por aquí:

yo ni siquiera llegué nunca a ver

la llave de la puerta.

Sólo conseguimos aquello con lo que nos conformamos.


Mientras vivimos

los sueños que tuvimos de niños

se desvanecen.

* * *

Hace poco terminé un mail con estas palabras: "Pero bueno, es otra de las cosas que tienen las cosas que crees, que con el tiempo se van borrando."

Saludos

El Tejón