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3/4/14

La fe del homo economicus.



La mayoría de las gentes de todas las partes y de todos los tiempos viven intentando disfrutar de vez en cuando de un olor, de un sabor, de bailar, de tocarse. Sólo el puritanismo impone una vida sin días de fiesta, una vida donde los días de penitencia son todos y donde incluso el descanso está medido y regido por la regla. El descendiente ideológico de ese puritanismo, el capitalismo, mantiene esa obsesión por hacer de todo una cuenta, una orden. En él incluso el descanso está cuantificado. Nos estamos forzando a ser fanáticos, tan fanáticos que creemos que esta forma de vivir es inevitable, innegable, insustituible. Somos tan religiosos que nos creemos laicos, porque hemos olvidado que hay alternativas a la fe.

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12/1/14

Seis cosas y poco más


que lo que uno quiere y lo que a uno le parece que está bien coincidan

tener tiempo libre, a veces para trabajar, pero para trabajar en lo que uno quiere

tener un mínimo de confort material

no sentirse culpable nunca

cuidar todo lo posible de la gente en general y sobre todo de los amigos

tomarse muy en serio el empeño de ser libre, de hacer lo que uno realmente quiere hacer dentro de las circunstancias

y poco más

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13/7/12

Nuestro tiempo (para ane)



el destino es una fuerza que nos lleva a ser lo que siempre quisimos ser
a que nos pase aquello que deseamos que nos pase.
el destino nos dirige demasiado a menudo a la desgracia

si lo más importante del mundo que nos rodea fuesen templos de piedra
  ahora mismo caminaríamos entre estos edificios enormes con estatuas de ídolos con cabeza de animal
 y a cada paso los oiríamos crujir y pedazos inmensos caerían retumbando a nuestro alrededor, poniendo en peligro nuestras vidas

  el dolor de la desgracia de miles es insoportable
pero en algún momento de mi camino
 yo me liberé del miedo
 y en esta aventura horrible
me siento en mi sitio
y aunque daría mi sangre
  por evitar el sufrimiento de los niños
un reflejo mío en el espejo oscuro
 desea la batalla
  vive tontamente para la aventura.

 algunos de mis héroes pidieron a gritos inseguridad,
cometieron la frívola estupidez de ponerse en peligro por aburrimiento.
   ya no necesitamos eso.
nos aferramos a la mediocridad
pero los que somos jóvenes y fuertes en realidad tenemos suerte
 de que la muerte nos aceche,
de que el mundo se termine,
  de vivir tiempos en los que puede crearse algo nuevo,
de que los cascotes revienten a nuestro alrededor.

ya no necesito imaginar sueños brillantes:
 mis manos llenas de luz creando algo bello,
   ángeles rubios paralizando el tiempo a mi alrededor.
   porque hoy ya es mañana
 al fin ya es mañana
 así que no necesitamos un motivo para destruirlo todo
  ni tenemos por qué ser rebeldes sin causa

podemos coger los palos y las piedras
 y levantar nuestras vidas nuevas con los dientes
hacer nuestros corazones fuertes
y hacerlo por aquellos que vivieron tiempos que creyeron mejores.

toda mi vida mi amor fue invencible
mi corazón débil.
  mis piernas forzadas a caminar por el suelo
 perdidas de mi cabeza, en las nubes.

pero hoy ya es mañana
 hoy tengo sentido
todos los que son como yo tenemos sentido
  y aun así tenemos miedo
estúpido miedo
 asqueroso miedo.

  Ya no más miedo,
no hay necesidad de seguir soñando.
 Abriendo los ojos nos daremos cuenta
de que vivimos en el colapso para el que nos hemos estado preparando
desde que estábamos en nuestras camas por las noches siendo muy niños,
 desde siempre.
Para bien, para mal,
  ya es mañana.
Para los que son como yo,
  ya es mañana.
Y aquellos que nos acusaban de poner escusas ponen escusas hoy,
pero nosotros ya no podemos poner escusas.

Nuestros corazones fueron débiles,
 nuestros amores fuertes.
Ahora nuestros corazones serán fortísimos,
  bombas imparables,
como volcanes enviando la lava que es nuestra sangre hasta el último rincón de nuestro mundo que es nuestro cuerpo,
anunciando el final del mundo que ya se terminó cien veces,
Porque ya es mañana,
 y por suerte o por desgracia
es nuestro tiempo.

30/5/12

Por qué me voy.



Pienso que este video traduce bastante bien el sentir general de mi generación: Somos jóvenes con una amplia formación académica, criados en un entorno de enorme bonanza económica, con unos hábitos de consumo tal vez excesivos, que pretendíamos seguir el camino trazado en el modelo de vida propuesto por el estado del bienestar. Un modelo de vida que nos permitiría disfrutar de la riqueza dentro de una sociedad que aseguraba oportunidades de integrarse y un mínimo de dignidad a todos, o casi todos.

Como le comento a la mayoría de la gente sobre mi marcha, esa ilusión se ha visto frustrada, el estado del bienestar se derrumba y la sociedad de consumo también, al menos en el lugar donde vivo. Cientos de miles de jóvenes salimos buscando un futuro mejor, el futuro que esperábamos tener aquí, el mismo hueco, pero en otro lugar.

Movimientos como el 15-M traducen la frustración general de ésta, mi generación. Y aunque su corte ideológico es diverso, en sus mensajes mayoritarios se puede apreciar ese sentimiento de profunda insatisfacción que nos sacude. El 15M mayoritariamente pide que no se nos arrebate esa justicia social ahora que más la necesitamos, que se mantenga la cobertura médica, que se mantenga el sistema educativo, que el estado del bienestar que tanto se nos vendió en los tiempos maduros, no desaparezca ahora que vienen los duros.

Bien, esta es la generación a la que por espacio y tiempo pertenezco. Y esto es más o menos lo que le digo a la mayoría de la gente cuando me preguntan por mi marcha a otro país, planeada para dentro de unos meses. Pero, en realidad, es lo que digo sólo cuando no tengo confianza o no quiero discutir, porque, en realidad, todo lo anterior me parece una mierda. 

Repasemos esas ilusiones sociales que hemos tenido, hablaré ahora por mi mismo:

Tengo 30 años, crecí en Madrid, comí bollicaos, vi el equipo A, me enamoré de Cameron Díaz en la Máscara, me acabé el Súper Mario Bross, seguí la Liga e hice más o menos lo que me dijeron... Tanto en el colegio, como en la tele, como en casa me repitieron una y mil veces lo importante que era estudiar, porque eso me permitiría trabajar y así podría tener dinero y una vida feliz. Pero no creo que tuviera más de 14 años cuando empecé a entender que todo eso era mentira.

Yo, y la gente de mi entorno, hemos crecido bombardeados por los mitos de la sociedad de consumo, pero también hemos crecido sabiendo (lo reconozcamos o no) que la gente de otros estados se moría de hambre mientras nosotros vivíamos en la abundancia material y que las fronteras de nuestros países estaban guardadas por vallas bien altas y militares armados que controlaban el flujo de inmigrantes y que intentaban que sólo pasasen los justos para realizar aquellos trabajos que nosotros no queríamos hacer. 

Hemos visto a nuestros padres, beneficiados del "milagro español", de uno de los mayores despegues económicos de la historia. Y hemos visto que a pesar de tener casas en la playa, televisores de la hostia, coches, zapatos y juguetes para los nenes, en muchos casos no eran felices, y cuando lo eran no era en absoluto por lo mucho que trabajaban ni por todas las cosas que podían comprar con el dinero que ganaban.

Yo se desde niño que los banqueros son codiciosos, que los políticos, en todas partes, se mueven por la ambición de poder y que la seguridad social es algo que no estába mal, pero que se limitaba a mi país, que era rico y que "cuidaba" de sus habitantes, pero que no hacía una mierda por el resto del mundo. Se desde niño que el trabajo, para la gran mayoría de la gente, acaba siendo una mierda en la que uno emplea la mayor parte de su vida y que consiste, básicamente, en hacer lo que a uno le ordenan a cambio de dinero.

Hoy, mi situación económica no es buena. Gano una cantidad con la que mi madre no entiende que se pueda vivir (sobre todo pagando el alquiler que pago) y me cuesta encontrar trabajo. Pero, todavía, soy independiente, y mi mujer también. Podría quedarme, y desconfío del sueño del inmigrante; sé que es posible que no encuentre allá algo mucho mejor. No me voy por eso que le digo a la gente. No me voy para buscar mi final feliz.

Me voy porque estoy asqueado de este mundo. Porque no puedo con el modelo que se me ha impuesto, desde niño, nunca me lo he creido y nunca me ha gustado. Me voy porque siempre he intentado vivir en los bordes: al margen, dentro lo posible, de ese sueño que en el fondo TODOS sabemos que es una pesadilla. Me voy para no quedarme quieto, para seguir viviendo, y también para encontrar un lugar donde pueda hacer las cosas de la forma más diferente posible a aquella que me enseñaron que estaba pensada para mí.

Estamos perpetuando un mundo asqueroso. Hoy más que nunca la mentira que todos nos repetíamos una y otra vez resulta evidente, grotesca. ¡Basta ya! No deseemos volver a lo que teníamos, seguimos teniendo lo mismo: una sociedad de mierda donde unos pocos nos manipulan a la mayoría para explotarnos, para impedirnos ser dueños de nuestras propias vidas, y ni siquiera ellos mismos son realmente felices mientras nos joden.

No quiero para mis hijos la bonaza económica que yo he tenido, no quiero que ellos tengan la tele, ni los juguetes, ni el colegio, ni la medicina que yo he tenido. Por no hablar de la competitividad, la perspectiva laboral, la polución o el bombardeo mediático. Todo eso siempre me ha parecido una basura y si la crisis me anima a mí y otros a esforzarnos más por buscar otra manera de vivir, bienvenida sea.

Se que no voy a acabar en una maravillosa comuna, rodeado de verdes prados y siendo amigo de los osos amorosos. Tampoco me gustaría, la inocencia jipi me produce nauseas, pero al menos mientras no me conforme con esta basura y siga buscando y aprendiendo, no estaré completamente dentro de aquello que me habían prometido/impuesto. De eso va la vida, al fin y al cabo, de estar "en proceso de", porque llegar nunca llegas, sólo al final, en el que se llega a ninguna parte.

No se cuanto tiempo seguirá mi generación siendo una generación perdida, pero yo voy a esforzarme por no estar allí cuando ellos se encuentren. Voy a intentar seguir siendo una persona perdida, con una pareja perdida que forme una familia perdida, con niños perdidos. Y es por esto, no para encontrar, sino para seguir perdido, que me voy.

A todos los que quiero, les echaré de menos. Pero a los sueños que me vendieron, a esos no, ni tampoco a eso que llaman patria, que es otro nombre de la misma mierda.

Plata y oro. 
El Tejón. 


13/10/11

15 de Octubre.

Chispas ha estado muy enfermo. Es viejo ya. En la clínica le hicieron cosas que no le han gustado nada, como meterle un dedo por el culo para sacarle bolas de caca que tenía atascadas. Se siente humillado y deprimido. Ahora no quiere comer, sólo duerme. Querían que se quedase una noche más en el hospital veterinario, pero le sacamos. Hicimos muy bien, las veterinarias eran muy buenas y excelentes profesionales, pero no entienden que mi gato se va a curar sólo si está bien, si tiene ganas de seguir viviendo; no valoran el poder de las ideas. Si los propios médicos no entienden eso mismo de las personas, cómo lo van a entender los veterinarios…

Nada es gratis. Nada es despreciable. Aquello que tenemos por insignificante, aquello que sacrificamos, es lo que retorna como una fuerza imparable que nos sobrepasa. Europa y Estados Unidos pensaron que las ideas no importaban, que la técnica y el dinero podrían con todo. Hoy mucha gente se rompe la cabeza pensando qué falla, cual es la solución; lo piensan como si fuera un problema de aritmética, tanto los reaccionarios como los progresistas como los revolucionarios. Da lo mismo que reduzcas el déficit, que cambies la ley de partidos, o que acampes en las plazas. Si no recuperamos la voluntad, la capacidad de creer, no podrás conseguir ni la represión, ni la reforma, ni el cambio.

El otro día entendí por qué tengo esa relación de amor odio con la “contra cultura” de finales de los 60’: Por un lado fue el último gran momento de esplendor cultural de Occidente: filosofía, cine, música, literatura… Pero todos aquellos jóvenes no cambiaron nada, porque no quisieron pagar un precio: “if I can’t dance, it’s no my revolution” decían. En una revolución es muy posible que no puedas bailar, que no puedas comer, que mueras… Si no estás dispuesto a sacrificarte por tus ideas, nunca conseguirás honrarlas, vivenciarlas.

Espero que Chispas recupere las ganas de vivir y coma.

Espero que todos recuperemos el coraje y trabajemos por cambiar las cosas.

Hay que dar un paso más, aunque no podamos bailar, aunque nos hallan humillado, aunque nos intimiden, nos sacudan, nos disparen, o nos encierren. Si no, es como si no tuviésemos ganas de vivir.

Ánimo a Chispas y a todos.

A ver qué pasa este Sábado.

23/4/10

Qué bien, pasó de nuevo.

Estuvo en aquel primer video de Björk que vi, aquel que tenía algo que yo reconocía aunque no sabía lo que era. Estaba, está o estuvo en el Demian de Hermann Hesse que leí sin parar en vez de estudiar la selectividad y que hoy considero un libro demasiado inocente. Estuvo en tu cara un día que te vi tan guapa que ni desearte pude. Estuvo en algunas montañas y puestas de sol que si se pintaran o se fotografiaran serían horteras. También en una película de Indiana Jones, cuando oí aquello de “que mis ejércitos sean las rocas, los árboles y los pájaros del cielo”. Fiestas drogado hasta rondar mis límites con música rítmica y gente borrosa. Romeo y Julieta, Joyce, la Música nocturna de Madrid, San Carlos de las Cuatro Fuentes y, también, Camela. Tantas veces en las que por fin yo no estuve. A veces, tu pelo.


Cada vez que la experiencia pura no duele, allí está. Más allá de todo prejuicio, más allá de mí, y no se puede explicar ni encerrar porque es lo único libre que tenemos los hombres y lo único que nos da algo de dignidad frente al resto de los animales que nos miran desde su eternidad, incapaces de comprender nuestra angustia.


¿Cómo no voy a ser melancólico si soy adicto a algo que siempre es fugaz y que nunca se acaba?


Hoy, descubriendo a Nach:



"Yo vivo entre millones que se buscam unos a otros; a ver, decidme, ¿a quienes buscáis vosotros?"
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1/2/10

Destino.

Cuando tenía 6 años me perdí un día de primavera en el parque del Retiro. De niño siempre perseguía a las palomas por la calle, persiguiendo a una, ese día me perdí. Al principio pasé un miedo terrible, luego un señor desconocido me vió y se ocupó de mí; me compró un helado y me cuidó hasta que mi madre me encontró. Qué habrá sido de ese señor. Esa tarde habíamos quedado toda la familia para ir al cine, es algo que hicimos muy pocas veces a lo largo de mi infancia. Una vez fuimmos a ver Gorilas en la niebla y otra Indiana Jones y la última cruzada, fueron las únicas dos veces a parte de la del día en que me perdí. Aquel día vimos El imperio del sol. Mi madre me ha repetido muchas veces desde entonces lo curioso que fue que justo me perdiese el día que fuimos todos a ver una película sobre un niño que se perdía. Adoro con toda mi alma esa película. Me identifico mucho con su protagonista, un niño perdido, como los amigos de Peter Pan. Ya sé que todas las personas somos niños perdidos, pero me atrevo a creer que yo me siento aun más así que el resto; sin rumbo. Siguiendo desconcertado la luz de mis esperanzas fantaseadas, cada vez más difusas, aun totalmente luminosas. ¿Es ese mi destino? Creo que no queda nada en este mundo en lo que crea con certeza. Es extraño, pero las únicas dos cosas que intuyo que pueden tener una veracidad absoluta, o al menos absoluta a nivel humano, son el destino y la moral.

En cualquier caso, quien sabe. El otro día en el metro entraron unos músicos en el vagón y tocaron la canción Quizás, quizás, quizás. Al oirla sentí que en su letra estaba escondido el secreto de la vida.



22/12/09

Querida Gatis X

Querida Gatis:

Siento llevar tanto sin escribirte, lo hago en este momento desde un porche, en un hotel en Hawaii. He deambulado un poco por el Pacífico y no ha sido nada fácil acceder a Internet. Al final he tenido muchos problemas con el pasaporte, pero no quería volver. He tenido que acudir a Michael, que me ha conseguido que un amigo me haga un falso contrato de trabajo, aquí en esta isla estadounidense. He vivido un montón estos meses, la visión del océano te cambia profundamente, esa infinitud, ese vacío azul, inmensidad ciega. Uno se siente más pequeñito, no creo que la Ilustración o el Renacimiento hubiesen sido posibles en este entorno. Han sido días apacibles pero también extraños, cargados de una angustia sorda y de un sentimiento cercano a lo místico. Todo empezó en la Isla de Pascua, pasé unas cuantas semanas allá, vi todos los moais y aprendí algunas cosas sobre ellos; su sublime frialdad sobrecoge. Allí, minúsculo, me sentí como un monstruito, como una pequeña alimaña, creo que las personas, con nuestra obsesión por pensar, somos los más grotescos de los animales, caminamos haciendo un ruido absurdo mientras que la realidad calla, dueña de una sabiduría vacía que no podemos comprender. Pensé muy poco esos días, observaba el mar y la roca, el sonido de las olas. Me sentí limpio, lloré sin sentido y sonreí sin sentido, solo. También me invadió la angustia por dejar de entender quien soy, por perderme en ese azul, por sentirme como una bolsita revuelta en su interior a punto de abrirse a la nada circundante, supongo que acercarse a Dios significa morir. Creo que no hay plenitud con personalidad, no se puede ser perfecto y tener nombre, el cielo debe de ser un lugar terroríficamente aburrido. Recordaba una y otra vez, de forma siniestra, una frase del tebeo Akira: “no dejes que la alucinación te consuma”. Cuando alucinamos nos dejamos no ser, cedemos a la locura, pero si lo que vemos no importa, si todo viene y va, ¿para qué estar sujeto a la realidad? ¿qué más da? He estado haciendo funambulismo en el filo de una navaja. La isla se presta a ello, conociéndola un poco se puede uno mantener relativamente al margen de los turistas, he caminado cientos de horas por su hierba y por su roca, bajando a la playa para bañarme desnudo, embriagado de tacto y sonido. A los solemnes muais les he cogido un cariño sencillo y tierno, respetuoso también, como si fuesen una suerte de poderosos padres que me sostuvieron en mi extraño camino.

Por la noche, bebía té y jugaba un par de horas al póker. Lo hacía sin pensar en absoluto, nunca he jugado tan bien. Gané mucho, viví con comodidad; en un bungaló fantástico en un hotel caro. Un lugar elegante, con una comida estupenda, construcciones de madera y servicio discreto y amable. No se puede decir que halla sido exactamente feliz ni desgraciado, he encontrado al tiempo mucha paz y mucha desolación, paz por el vacío, desolación ante el vacío. Me preocupaba especialmente que mi deseo sexual estaba por los suelos, a pesar de pasarme el día viendo a turistas con poca ropa, algunas muy guapas; nada. Creo que esto en concreto me ha venido bien, como una limpia, y ha sido fundamental, un paso en mi vida.

Creo que siempre he tratado de encontrar un sentido épico a mi existencia; en el arte, en la amistad, en la pura experiencia, en todo. Pero al tiempo, he guardado siempre cierto cinismo, cierta sensación de que todo se derrumbaría en algún momento. Creo que sólo una cosa escapó a ese descreimiento; el amor de pareja. De entre todas las cosas que he buscado, ha sido en encontrar a una media naranja en lo que más auténtica fe he depositado, por eso la crisis fue total al perderte, al perdernos, por eso empecé este viaje. ¿Se puede vivir sin esperanza? La esperanza es resistente, tenaz, pero no es lo último. Tras ella queda la melancolía, tras la melancolía, el humor, tras el humor, la angustia, y tras la angustia, tal vez nada, pero esa nada ya no es nada, porque sin nada no hay palabras, ni conceptos ni nada. La paz. Mi amigo Javi me dijo en una ocasión que yo era un tipo muy interesante porque me dedicaba a construir cosas enormes y a destruirlas una vez terminadas, he tardado años en entender lo que eso quería decir.

He estado comiendo realmente poco, todavía estoy muy delgado, más aun que de costumbre. A finales del Otoño (aquí Primavera) pasé además el dengue, una enfermedad que trasmiten algunos mosquitos y que es una especie de gripe fuerte con fiebre alta y dolor en los huesos. El dengue duele duro de verdad, en las muñecas, en las rodillas, se siente como si todo tu cuerpo se quisiese descoyuntar. Sufrí, pero sufrí con una serenidad que de nuevo me asustó. Pasé tanto miedo, tanto miedo cocido en mi propio sudor, sólo, perdido y aterrorizado exclusivamente por una causa; por no tener miedo de morir, por no echar de menos, por estar bien, por ser libre. Pasaron los días febriles sin aburrimiento ninguno, de nuevo completo en la experiencia de escuchar, de tocar, de oler sin juicio alguno el gusto de mi propio sudor.

Luego me recuperé y desde entonces me he ido centrando un poco. La primera persona con la que volví a intimar fue Klauss, un niño alemán que estaba de vacaciones con su padre. Klauss tiene seis años y habla inglés porque su madre es australiana. Se acercó a mí algunos días después de curarme del todo, mientras desayunaba en el comedor del hotel. A pesar de que es sólo un niño, su saludo me intimidó, si hubiese sido un adulto sin duda no hubiese sido capaz de hablar con él, estaba demasiado sumido en mí mismo. Pero Klauss es un muchacho regordete de mirada brillante, los niños pequeños son así de limpios, ya parlantes pero aun no del todo humanos. Debía tener yo un aspecto lamentable, escuálido y con una barba enorme que aun llevo, afortunadamente el padre de Klauss es una suerte de exhippie adinerado y no se asustó demasiado. Klauss y yo nos presentamos y comenzamos a charlar. Me pidió que le contase un cuento y le resumí El retrato de Dorian Gray. Supongo que no es lo más apropiado para un niño pero el caso es que le encantó y a la mañana siguiente, en el desayuno, me pidió otro cuento. Le conté la Isla del Tesoro. Y así fui recuperándome, recuperándome en un sentido literal porque volví a ser yo, volví a tenerme un poco, volví a recordar. Todo ello a través de historias, de historias de otros tan importantes para mí que ya son mías, y ahora un poco de Klauss también. Le conté 1984 mezclado con Un Mundo Feliz, y Alicia en el país de las maravillas, y Frankenstein, y Peter Pan, y Narciso y Goldmundo, y el cuento de los siete hermanos que se convirtieron en cuervos y el de la muchacha sin manos, y el mito de Eros y Psique y el de la caja de Pandora, y la historia de David y Goliat, y la de Sansón y Dalila, y la de Indra aprendiendo el secreto de la Maya de Vishnu. Le conté las aventuras de Ulises en su viaje a casa, y los amores de Romeo y Julieta, y el Drama de Segismundo, encerrado en un torreón por su padre desde su nacimiento. Y el último día le hablé del Tejón, que había cruzado el océano en busca de algo que ni él ni nadie sabe lo qué es, algo que nadie encuentra nunca. Los ojos azules de Klauss imaginaban cada escena, sus oídos acogían cada palabra con fuerza. Lloró un poco el día que nos despedimos. Yo, en cada desayuno que pasé haciendo de cuenta cuentos, fui recuperando el apetito y entre unas peripecias y otras me comía mis buenas tostadas y mis buenas macedonias de frutos tropicales.

Y más o menos así me ha ido, poco después de Klauss me fui yo también de Pascua, visité algunas islas más y acabé en Hawaii, como te dije, donde, de momento, me encuentro agustito, aunque ya estoy tramando un nuevo destino de viaje...

Tengo muchísimas ganas de saber de ti, escribe pronto.

Te mando muchos besos.

El Tejón.

14/12/09

Escribiendo un poquito (para descanasar).

A veces me lleno de ternura

y me pierdo en las texturas de las cosas, en los ruidos suaves, en el tiempo.

Como en la playa, donde un niño levanta piedras y mira la arena debajo aun húmeda, oscura.

Cuento los días de la semana con los dedos de la mano

y confundo las ganas de reír con las de llorar.

Cambio los deseos por anhelos

y la soledad por una melancolía fuerte que saluda desde lejos moviendo los dos brazos.

De repente entiendo cómo calienta la ropa, cómo el agua hierve por las mañanas,

y me escondo en un rincón sin ninguna distancia de todos los recuerdos.

Cuando todo viene, a un tiempo,

nos invade la sensación de presencia,

pero luego se escurre.

Aun amamos.


6/9/09

Dedicado a Gatis, en su cumpleaños.

- Ayer estuvimos hablando de la relación entre los mitos de la Edad de Oro y El malestar en la cultura de Freud… Si entendemos el Jardín de las delicias del Bosco como la representación de una Edad de Oro, siguiendo la hipótesis de Ignacio Gómez de Liaño, encontraremos que el cuadro ilustra perfectamente las cuestiones de las que hablábamos. El panel central representa un mundo edénico, tal y como hubiera sido si Eva y Adán no hubiesen comido del Árbol de la ciencia. Los personajes viven en un estado de placidez inocente, la ausencia de la presión del Súper yo que la vida social impone…

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Ý de repente se quedó callado unos minutos. Luego volvió la vista hacia nosotros. De repente se mostró cercano, había perdido el aura de iluminado que solía envolverle.

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- Me temo que hoy no voy a poder hablarles del Jardín de las delicias, ni de las anunciaciones de Fra Angelico, ni del Adán y Eva de Baldung Grien, ni de la serpiente humanoide de Rafael. No estoy de humor. Como profesor universitario, como persona en general, siempre he pretendido conjugar lo intelectual con lo emotivo, sin dejar de lado el sentido del humor, fundamental para conservar cierta lucidez. Por esto me esfuerzo en abrirles los ojos cada día, en excitar sus cabezas adormecidas, de una manera que pretende ser lo menos convencional posible. Lo que intento, en mi vida y en mi trabajo, es complejo, estoy lejos de conseguirlo, si quiera a menudo.

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Nietzsche se percató hace siglo y medio de que Dios se estaba muriendo. Bueno, lo cierto es que la noticia era impactante, pero tampoco parecía tan grave, al fin y al cabo Dios era en gran medida un coñazo, con sus imposiciones morales y su omnipotencia… Nietzsche proclamó su muerte con alegría, pero es importante recordar que el hombre murió loco. El problema reside en que Dios es sólo la quinta esencia, la personalización suprema, de una práctica muy importante para el ser humano: la creencia. El problema no es dejar de creer en Dios, el problema es dejar de creer. ¿Se puede saber nada sin creer? ¿se puede vivir sin creer?

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Cuando creemos estar seguros de algo decimos que lo sabemos “a ciencia cierta”, pero la ciencia no tiene nada de cierta. A un nivel fundamental no hay respuesta satisfactoria a la pregunta por qué. Si yo pregunto “¿por qué cae la manzana?” me es da igual que se me responda “porque Dios la hace caer” que “porque la fuerza de gravedad la hace caer”. Si nos liamos a dudar nos avocamos al vacío, no es algo en absoluto liberador, y no sólo eso, es pura mentira. No podemos vivir en consecuencia con la duda, quedaríamos paralizados, terminaríamos dudando de las palabras y dejaríamos de hablar y de pensar. Si nada es seguro, aquella cosa que brilla en el cielo no es el sol, el concepto “sol” es mera convención, no hay sol, pero es que tampoco hay cosa, ni cielo, ni brillo. La duda paraliza, aunque sea la base de la concepción occidental de la razón, es una eterna insatisfacción, la filosofía es, en gran medida, una forma de dar muchas vueltas para terminar llegando al mismo lugar.

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Por eso al individuo occidental contemporáneo, a mí, a nosotros, lo que nos queda es la pura ilusión. Sabemos que no hay sol, pero si no queremos vivir como angustiadas sombras aplastadas por la duda, neuróticos profundos, almas perdidas, tenemos que echarle ilusión, fantasía. Intentar rescatar lo que podamos de ese periodo pasado en el que podíamos creer sin que la duda nos perturbase, la infancia. Avanzar, aunque sea sin sentido, porque precisamente la lucidez es ese estado en el que por un lapso de tiempo no necesitamos darle sentido a las cosas. Ese estado en el que al fin… creemos.

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Hoy es el cumpleaños de mi exmujer. Durante casi diez años creí que estaríamos juntos para siempre. Lo creía como creo que el sol es esa cosa brillante suspendida en el cielo. He pasado con ella sus últimos diez cumpleaños, pero este no. La sensación de ausencia es terrible, me atenaza y me hace sentir perdido. Como considero que vivo creyendo, me considero una persona religiosa, como considero que mi religión es absurda, me refiero a mi deidad con la perífrasis “lo que sea”. Pues bien, mi exmujer y yo aun somos amigos íntimos, les puedo asegurar que doy gracias a “lo que sea” todos los días por ello. Hoy tengo otra pareja. Como afortunadamente soy un ferviente devoto de “lo que sea”, vivo convencido de que pasaremos juntos el resto de nuestra vida, así lo sienten mi corazón y mi instinto.

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Vivo volcado a encontrar los rastros de “lo que sea”, esas maravillosas epifanías guían mis pasos y pongo toda la fuerza y disciplina que la vida me ha otorgado al servicio de impedir que la duda, la razón, me perturbe en ese empeño. Así trabajo, estudio y vivo. Y no tengo ningún interés en ganar adeptos a mi fe, pero les aconsejaría que probasen por su propio interés. En realidad es el camino que, con mayor o menor conciencia de ello, seguimos la mayoría de nosotros desde el romanticismo. Somos románticos, las conclusiones de los filósofos posmodernos no han conseguido evitar esto, las cabezas humanas no están capacitadas para vivir en un mundo relativista.

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Y, bueno, a veces hay crisis de fe, es inevitable. Por eso me despido. Me voy a casa, con mi mujer. De el Paraíso perdido de Milton ya hablaremos la semana que viene. Aunque al fin y al cabo de eso hemos estado hablando.

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Les deseo que sean capaces de vivir siguiendo sus corazonadas, de creer, en lo que sea.
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Antes de irse se acercó al ordenador y puso esta canción. Con los años he recordado a menudo esa clase, o lo que fuese aquello.




Nota: cuanto homenaje a Gatis en este blog, no es para menos. El caso es que por fin vuelvo a colgar algo, y además tengo más cosas en la recámara. Supongo que no puedo evitarlo durante mucho tiempo. Aun así a ver si cambio mi enfoque un poco (este texto no es el caso, pero bueno)...
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Y otra cosa: justo mientras no estaba es me han salido dos seguidores además de Marco (gracias, genio, siempre serás el primero). Bueno, creo que no os conozco, pero en vuestro honor he puesto un gadget de seguidores. Voy a intentar convencer al resto de mis amigos para que también se hagan seguidores de mi blog...
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28/4/09

A veces pasan cosas.

Dicen los científicos que en los experimentos hay siempre lo que ellos llaman un "margen de error". Un 0'1 ó 0'01 ó 0'001% que no sigue la pauta. Pues bien, yo profeso gran admiración por los científicos, gracias a ellos hay Internet y existe este blog, entre otras cosas. Pero, a título personal, lo que realmente despierta mi interés es ese 0'0001%.

Dedicado a E.M.



Plata y oro, reina, plata y oro.

30/3/09

El día de la desgracia.


Era el Día de la Desgracia del año en el que Inkinu cumplía 16 años. Como su padre había hecho antes que él y antes de éste el padre de su padre, Inkinu debía tensar su arco con todas sus fuerzas y disparar la flecha que los ancianos habían tallado para él. Después, caminaría hasta el Santuario de la Diosa Primera, y allí aprendería la manera de regenerar el Tiempo. Era preciso que no comiese ni bebiese nada hasta su vuelta, así que antes de partir su madre le preparó un abundante festín para que aguantase las tres jornadas de camino que necesitaría para llegar a su objetivo, más allá de los bosques del Dios-mono y de la Tierra Seca, en el Fin del Mundo. Todos observaron en silencio como preparaba su arma y aclamaron con admiración cuando disparó el proyectil que se perdió lejos, entre los árboles. Su padres le despidieron llenos de orgullo, las lágrimas manaban de sus ojos, sus primos cantaron a su tótem pidiendo buenos augurios y Ninphäli, su prometida, le besó en la mejilla y le dio una vejiga sellada llena de ungüento que ella misma había preparado.


Cuando cayó el sol del primer día, Inkinu se hallaba ya en los límites de los Terrenos de Caza, en la frontera con el bosque del Dios-mono. En plena noche se adentró en territorio desconocido, la espesa maleza filtraba la luz de la luna llena, caminó con la mano prieta en el arco mientras a su alrededor el bosque le recordaba con su estruendo que allí era un intruso perdido. Guiándose por las estrellas consiguió mantener el rumbo, pero se sintió amedrentado, invadido por la sensación de estar siendo acechado. Cuando llegó el alba pudo ver a los hijos del dios de aquellas tierras que le observaban desde las ramas, en silencio. Poco antes del atardecer, los simios comenzaron a mostrarse intranquilos, algunos le arrojaban ramas o frutos y ya no le observaban sólo desde los árboles, si no que empezaron a bajar al suelo y a caminar siguiendo su paso, rodeándole. El miedo estuvo a punto de hacerle cometer el error fatal de utilizar su arco, pero en el momento en el que la tensión parecía ya inaguantable un violento chasquido de madera partiéndose sonó encima de su cabeza y una enorme forma negra aterrizó delante suyo cortándole el paso. El majestuoso Dios-mono, soberano de aquel lugar, debía de pesar siete veces más que Inkinu, su pelo era negro como el carbón y su rostro arrugado de redondos ojos rojos imponía un respeto ancestral más allá de toda torpeza humana.

- Estás muy lejos de casa, joven ser parlante. ¿Qué te trae por mis tierras?

Su potente voz parecía salir de todo el bosque y no sólo de su garganta, pero el coraje del héroe humano era grande y no vaciló en su respuesta.

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu, partí del Mundo de los Hombres el Día de la Desgracia en busca del Santuario de la Diosa Primera, fui purificado por los sacerdotes y no he probado alimento alguno desde entonces. Así como yo respeto tu excelso poder, Señor de los Bosques, respeta tú mi empresa, que no es otra que la de conseguir que me sea revelada la manera de regenerar el Tiempo.

- En efecto, joven ser parlante, has cumplido los rituales. Así mismo, el objeto de tu viaje es una cuestión de extrema importancia para todos aquellos que habitamos el Mundo. Pero has de entender que como rey de esta tierra, no puedo permitir el paso a un humano cualquiera. Si realmente eres quien dices ser, deberás probar tu fuerza combatiendo conmigo con las manos desnudas.

Inkinu tiró al suelo su equipaje y se puso en guardia. Su gigantesco adversario soltó un fabuloso gruñido y arrancó a correr hacia él ayudándose de sus manos. La embestida fue terrible pero el héroe no fue arrollado, saltó antes de recibir el impacto y se agarró con fuerza a la cabeza negra que a penas podía cubrir con sus brazos. Furioso, el dios continúo su carrera dirigiéndose hacia un árbol con la intención de aplastar al joven. Éste reaccionó con un impulso y se aupó al cuello de la bestia que se dio de bruces contra la áspera corteza. Ambos cayeron, el hombre se levantó presto, pero el simio agarró su pierna derecha y levantándole sin esfuerzo le alzó por encima de sí para estrellarle después contra el suelo. A su alrededor la corte simiesca llenaba el bosque con sus chillidos, Inkinu estaba aturdido por el impacto y no pudo reaccionar cuando su rival se abalanzó encima suyo. El mono empezó a castigarle violentamente con sus manos, una, dos, tres veces. El héroe pensó en los suyos, en la Tierra Segura, en sus primos, en los ancianos, en sus padres, en Ninphäli. Haciendo un esfuerzo supremo consiguió agarrar con sus manos el brazo derecho del monstruo cuando este arremetía por cuarta vez. Ambos rivales pusieron a prueba sus músculos, la extremidad peluda se tensaba con una fuerza inconcebible, pero el hombre resistía. A punto de ceder, hizo un último esfuerzo y desvió el golpe brutal hacia el suelo, los nudillos del animal se clavaron en la tierra. Con una velocidad extraordinaria agarró de nuevo la gran cabeza y le propinó un certero golpe con su frente para luego hundir sus dientes en la gran nariz de la que brotó la sangre copiosamente. El dios aulló de dolor, Inkinu aprovechó para zafarse y se puso en pié. Tenía una ceja rota y escupió varios dientes. Los dos se encontraron de nuevo cara a cara y se lanzaron una intensa mirada de odio. Esta vez fue el gran cazador el que embistió, pero el dios golpeó su pecho y alzó su voz emitiendo un sonido profundo. De las copas más altas cayeron varias decenas de monos sobre el héroe que se defendió repartiendo certeros puñetazos y patadas, a pesar de que tumbó a muchos de sus enemigos, el esfuerzo fue en vano, eran más de cien contra uno y consiguieron reducirle en poco tiempo. Quedó al fin tumbado boca abajo, completamente cubierto de estas bestias que presionaban su cabeza contra la tierra. El Dios-mono se acercó sonriendo, pisó la nuca de Inkinu y apretó con saña. Entonces habló:

- Bien, bravo joven, bien. Eres ágil y recio. Te será permitido cruzar. Pero que esta lucha te sirva de lección: mi pueblo no tiene la habilidad de crear tierra segura, de encender fuego. Sólo vosotros, los seres parlantes, podéis comunicaros con la Diosa Antigua y regenerar el Tiempo, pero a nosotros los monos nos corresponde la fuerza, y ni el más fiero de los vuestros podrá nunca equiparar su poder al del simio. Si te he hecho prender ha sido sólo para evitar la inevitable muerte que habrías alcanzado si el combate hubiese llegado a su fin. Parte ahora, y mantén presente en tu mente este día. Que tu humillación y tu odio sean la semilla de la fuerza que necesitarás para guiar a los tuyos.

El orgulloso hombre, aun con la boca llena de tierra y el cuerpo mutilado respondió:

- Algún día llevaré tu cabeza a mi aldea.

- Algún día, joven cazador, algún día.

Y de nuevo el dios rugió, con un sonido que recordaba a una carcajada. Levantó su pié y desapareció entre las copas. Tras él lo hizo toda su corte y dejaron a Inkinu solo, apaleado y exhausto en el suelo del bosque.

A penas recuperó el aliento, se apresuró a recoger sus cosas. Antes de reanudar la marcha sacó el ungüento que Ninphäli le había preparado y curó con él sus heridas que empezaron a escocer como si estuviesen cubiertas de fuego. Tenía varias costillas rotas y cada paso era una tortura, pero apretó los dientes y caminó a buen ritmo. No había avanzado mucho la noche cuando al fin llegó a la árida llanura que precedía al Fin del Mundo. La Luna estaba casi llena e iluminaba aquel basto paisaje de arena y rocas donde apenas crecían algunos polvorientos y sucios hierbajos. La tremenda algarabía del bosque cesó, ya sólo se oía el más absoluto de los silencios a penas roto de cuando en cuando por el vuelo de un insecto. Los lagartos inmóviles observaban al hombre pasar, Inkinu sabía que al alba llegaría al Fin del Mundo y eso le daba fuerzas. No se detuvo cuando divisó una figura inmensa en el horizonte, pero según se fue dibujando la forma que allí se encontraba, incluso la intrépida alma del gran cazador se amedrentó. Frente a él se erguía el gran Nagash, el dragón gris del desierto, de piel escamosa, colmillos afilados, mirada serena y alma retorcida. No había posibilidad de huir del monstruo, tampoco podía esconderse en ningún lugar de aquel erial, así que mantuvo su trayectoria hasta que se halló a pocos metros del fabuloso ser. Pudo entonces ver al mal en toda su majestuosidad, desprendía una luz plateada y la intensidad de su mera presencia hacía temblar el suelo. Dicen que el valor no es la ausencia de miedo si no la capacidad de sobreponerse a éste, y así debe ser porque no hay corazón humano que pueda permanecer impasible ante la presencia de un gran dragón. Inkinu tembló, el dolor de sus llagas a medio sanar se intensificó, la debilidad debida al hambre y al agotamiento se hizo patente en todo su cuerpo, a punto estuvo de desfallecer, pero su voluntad era la más fuerte que pueda tener un hombre, así que miró a la bestia a los ojos y habló:

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu. Salí de la Tierra Segura el Día de la Desgracia, crucé el Bosque de Caza de los Hombres y el bosque del Dios-mono. Con éste luché y aunque fui derrotado y acarreo esa vergüenza, probé mi valor y me fue concedido permiso de paso. Ahora, a las puertas del Fin del Mundo, te pido a ti, gran Nagash, Señor de la Tierra Seca, que me dejes proseguir mi marcha para que pueda llegar al Santuario de la Diosa Primera y aprender allí la manera de regenerar el Tiempo.

Las enormes comisuras de la boca del dragón se estiraron hasta articular una amplia sonrisa que puso al descubierto sus brillantes colmillos. Antes de responder, dejó pasar un largo silencio, luego su voz sonó al fin. Era una voz horrenda, aguda y múltiple, como si en su garganta habitaran millones de seres minúsculos que hablasen a coro, un sonido que ensuciaba el alma y degeneraba el cuerpo y que sólo los lagartos podían soportar mucho tiempo:

- Hace miles de años, un hombre de tu mismo nombre llegó a este desierto. Luchamos, y con la ayuda de los dioses consiguió vencerme, convirtiéndose así en el primero de los héroes. Durante cientos de décadas, perdí año tras año mi batalla, derramando sobre la arena mis lágrimas negras de rabia. Yo fui creado poderoso y astuto, un adversario digno, pero fui condenado a la derrota perpetua, y no se me dio una naturaleza sumisa con la que mitigar mis ansias de venganza. Hoy, joven guerrero, para evitar esta contienda que sólo puede llevarme al desastre, te ofrezco un presente que sellará la paz entre nosotros para siempre. Un regalo que me ha llevado eones realizar, pues durante cientos de siglos he reunido cada una de mis lágrimas provocadas por el odio, y cada gota de mi saliva, tan preciosa y escasa en este desierto. Con todo mi dolor, he creado este estanque que hoy te muestro a la luz de la luna llena, éste es mi regalo, valiente Inkinu, no podrás saciar en él tu sed, pues es tan venenoso como mis colmillos, pero podrás observar en su serena superficie el más maravilloso prodigio que jamás halla visto un ser parlante.

Y la bestia levantó su gigantesca cola y tras ella se descubrió un socavón en la tierra, cuya anchura era poco mayor a la del rostro del hombre. Éste, olvidando las advertencias de los ancianos que prohibían posar los ojos en los cuencos mientras estos estuviesen aun llenos, fijó su vista en el tupido líquido negro. Estaba liso como el azabache pulido, y a la luz de Luna, ofreció al héroe una imagen que cambiaría el destino del Cosmos, la imagen de su propio rostro. Inkinu vio a Inkinu por primera vez y cuando tocó su mejilla con la mano derecha el ser del reflejo hizo exactamente lo mismo con su izquierda. Y a través de la mirada que sus propios ojos le devolvían entendió de repente que su rostro no era igual que el de sus primos, ni siquiera igual que el de su padre, que ninguno de los hombres de su aldea era igual entre sí, que nunca lo serían. Sintió entonces una extraña sensación en el estómago, como un agarrotamiento horrible tal vez producido por el hambre, y cuando levantó la vista aturdido por la extraña experiencia, miró a los ojos a la gran serpiente y volvió a sentir miedo, pero sintió también lástima por el demonio cuya mirada era ahora diferente, tal vez similar a la del estanque en algún sentido oscuro y misterioso.

- Parte ahora.

Dijo Nagash, y se desvaneció en el aire polvoriento. El héroe reanudó su camino y al amanecer llegó a la Gran Montaña del Fin del Mundo donde se encontraba el Santuario de la Diosa Primera. Escaló la angulosa pared debilitado por los golpes, la sed y el hambre, y al fin alcanzó la abertura en la roca. Fuera el sol del desierto brillaba ya en todo su esplendor con una fuerza abrasadora, iluminando el interior de la pequeña cueva. Dentro de ésta el gran cazador vio al fin la estatua de la diosa, imponente, eterna, esculpida en piedra roja llegada de fuera del Mundo, por manos no humanas en una era anterior al Tiempo. A pesar del sofocante calor del exterior, el Santuario se hallaba fresco y húmedo, las paredes rezumaban agua y todo estaba cubierto de musgo y líquenes que crecían en la roca. La fuerza de la diosa generaba la vida allí donde sólo puede haber muerte. Y a los pies de la estatua crecían los frutos bulbosos que Inkinu sabía que debía ingerir. Rezó la Plegaria Secreta y comió un puñado, luego calló exhausto a los pies protectores de la deidad.

En su sueño se le apareció ella, con su precioso cuerpo desnudo, casi transparente, suspendido en el aire. Envuelta en su manto de luz nocturna acercó su mano azulada al rostro del hombre y acarició su mentón, luego sonrió. Le habló directamente al alma, sin mover los labios, generando en su mente visiones del futuro. Le mostró como volvería a la Tierra Segura, como al llegar podría al fin descansar y desposar a Ninphäli. Inkinu vio como el día antes de la noche de bodas saldría a cazar y apresaría al mayor de los pájaros del bosque. Pero no comería su carne, si no que lo sacrificaría en honor de ella, levantaría después la Piedra Negra y allí encontraría la efigie del dios de la memoria cuyo nombre no ha de ser pronunciado, renegaría entonces de él y luego todo los hombres juntos entonarían la más importante de las plegarias, aquella que regenera el Tiempo y permite que lo que ha sido degradado vuelva a nacer. La noche de ese mismo día engendraría en el vientre de su esposa un niño, que a los nueve meses nacería sano y fuerte y recibiría el nombre de Inkinu, sellándose así el pacto de vida entre el Hombre y la Diosa Primera, que permitiría a ambos vivir para siempre en eterno equilibrio.

Según acabó la instrucción, el sueño se desvaneció y el héroe despertó. Pero al incorporarse, aun dentro de la cueva, giró su rostro dando la espalda a la estatua de la diosa y miró al cielo luminoso. Recordó la visión de su reflejo y entendió que si el tiempo no era regenerado el mundo comenzaría a expandirse y los hombres ya no tendrían por qué respetar los dominios de los monos. Podrían someterlos y ocupar sus bosques y luego podrían ocupar los bosques nuevos que aparecerían más allá de las montañas. La Tierra Segura se haría más grande, los hombres más numerosos. Incluso crearían tierras seguras diferentes a la original, en otros claros en otros bosques. Y él, Inkinu, sería el descubridor de ese nuevo poder, el responsable de un mundo nuevo, siempre diferente, que envejecería al igual que lo hacen los hombres, pero cuyo tiempo sería precioso por ser exclusivo, porque cada segundo nunca desde entonces se volvería a repetir. Y ya no tendrían que borrar de la Piedra Negra su nombre para inscribir en él el de su hijo, su nombre quedaría escrito para siempre y bajo él un nombre nuevo, diferente, Pactú, el nombre del niño que Ninphäli y él engendrarían cuando volviese a casa.

Y así, se despidió de la diosa siguiendo el Ritual de Respeto, pero nada más salir tensó su arco, apuntó al cielo y mató un pájaro carroñero. Lo comió con ansia y con las fuerzas renovadas cruzó el desierto. Al llegar a la linde del bosque, buscó un árbol de madera firme del que cortó una rama gruesa. Usando su piedra afilada talló una docena de flechas de esta madera, mucho más largas de lo que los ancianos permitían. Acampó esa noche allí y cazó dos grandes lagartos que fueron su cena. Al despuntar el alba se adentró en territorio enemigo. Esta vez, los monos se mostraron aun más intranquilos que en su viaje de ida y no había llegado el mediodía cuando la maleza se estremeció con un crujido ensordecedor y el Dios-mono apareció una vez más ante el héroe.

- Detén tu camino, ser parlante. ¿Cómo osas profanar estas tierras? Has comido carne, tu impureza profana la armonía de nuestro territorio y ofende el honor de mi pueblo. Por esta afrenta morirás, aunque ello conlleve impedir que cumplas tu destino.

Inkinu no respondió, tensó su arco y disparó sin vacilar al rostro del animal. Éste se cubrió con la mano, pero la nueva flecha del hombre atravesó la extremidad y llegó a hundirse en el ojo derecho de la bestia. La impresión del resto de primates fue tal que ninguno se atrevió a atacar por no privar a su rey del privilegio de tomarse venganza tras tamaña ofensa. El dios cargó mientras el héroe apuntaba de nuevo. El segundo proyectil se hundió muy profundo en la carne negra pero no detuvo el embiste. Inkinu salió despedido, rebotó contra un árbol y calló al suelo. De allí le recogió el Dios-mono, agarrándole del cuello con su mano derecha. El hombre lanzó una última mirada desafiante e intentó articular palabra, pero la presión en su garganta era ya demasiado fuerte. La mano se fue cerrando inexorable hasta que rompió primero el espinazo del joven y terminó aplastando del todo su cuello, separando su cabeza del tronco. Miles de monos alzaron sus voces salvajes, tomaron los restos del héroe, irrumpieron en los Terrenos de Caza y llegaron hasta los lindes de la Tierra Segura donde arrojaron su trofeo.

¡Ay, amigos míos! Ese fue el triste final del gran Inkinu, el primero de los héroes de nuestro tiempo. Esa noche los hombres entonaron oraciones funerarias y llenaron el viento de lamentos, se decidió que el nombre del héroe jamás sería borrado de la Piedra Negra. Ninphäli, desconsolada, puso la cabeza de su amado frente a las antorchas y dibujó con un tizón negro el contorno del perfil que la sombra proyectaba en el suelo, los ancianos ordenaron que esa imagen no fuese borrada nunca. Y el hijo de Ninphäli ya no sería Inkinu, pues ya no sería Inkinu su padre, se llamaría Pactú y sería un héroe nuevo, capaz de someter a los monos y de quien sabe qué más nuevas hazañas.

Esa noche, todos los primos del fallecido vieron en sueños a Ninphäli y desearon su cuerpo bello y su espíritu noble, y gestaron en su mente dormida imágenes en las que engendraban en la mujer un niño destinado a llevar a cabo gestas fabulosas, un hijo que no llevaría su nombre, pero que sería aun así sangre de su sangre.

Y esa noche los monos recorrieron todo el bosque aullando frenéticos, triunfales. Sólo su dios se sentó en silencio sobre una rama y miró a la Luna, que ya no estaba llena si no menguante. Aturdido por el dolor de su ojo, entendió de una forma instintiva que esa regularidad seguiría rigiendo en el astro pero no lo haría ya en la tierra que pisaban. Y así mismo entendió que los hombres a partir de ese día nunca más regenerarían el tiempo, que empezarían a rendir culto a la memoria, que nunca estarían satisfechos. Y soltó un leve gruñido tristísimo, casi un sollozo, al haber comprendido al fin por qué el día de la partida de Inkinu, tres días antes de la última luna llena del año, era llamado desde siempre el Día de la Desgracia.

Dedicado al gran Iván en el aniversario de su nacimiento que fue, y así lo acabará reconociendo la Historia, justo lo opuesto a un día de desgracia.
Felicidades genio!


14/2/09

Nothing left to loose.

En Indiana Jones y la última cruzada hay un momento en el Indiana Jones se pelea con una secta milenaria que se dedica a defender el grial y no quiere que el prota lo encuentre. No es que sean malos, es que no se fían. La pelea es bastante espectacular y termina con Indi y el jefe de los notas esos en una lancha medio destruida. Como Indi es el más chungo del mundo consigue doblegar al otro, le tiene cogido, pero entonces la barca da con una hélice de un barco mayor que empieza a destruir la madera como si fuera mantequilla. Si no saltan al agua los dos morirán. Indiana quiere que el otro le de una información sobre el caliz o no se qué, pero el otro se niega y le dice que si no le suelta morirán los dos. Indi se hace el chulo:
- Entonces moriremos.
Y el tipo le responde.
- Yo he preparado mi alma para morir. ¿Y usted?
Entonces le deja ir, incluso acaban despidiéndose como amigos...
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Estoy leyendo una novela del Palahniuk, Asfixia. En un momento dado habla de un chico de 12 años que está obsesionado con la pornografía, pero no por su contenido erótico, si no por la ausencia de vergüenza de los profesionales del gremio. En su página web favorita un tío gordo y feo disfrazado de Tarzán deja que un orangután adiestrado le meta cacahuetes por el culo. Ese tío es el héroe del niño, porque si es capaz de hacer algo tan vejatorio y exhibirlo, eso significa que es indestructible. Si por bajo que caigas no sufres, no te pueden derrotar.
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La canción de Kris Kristoferson Me and Bobby McGee, famosa sobre todo por la versión de Janis Joplin, dice: "freedom's just another word for nothing left to loose"; "libertad es otra forma de decir no tener nada que perder".
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La canción Like a rolling stone de Bob Dylan dice: "if you got nothing, you got nothing to loose"; "si no tienes nada, no tienes nada que perder".
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En la canción del Wu-Tang Clan, Reunited, Method Man rapea lo siguiente:
- Got me where I wanna be right now.
- Don't know the time.
- Check the hour on your sundial,
watch me shine.
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- Llévame a donde quiero estar, justo ahora.
- No sé cuando.
- Mira la hora en tu reloj de sol,
mírame brillar.
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A veces siento todo lo anterior a la vez.
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Feliz San Valentín a todos.
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Plata y oro.
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El Tejón.
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