guiado por las apariencias

Mostrando entradas con la etiqueta ¿ahora nos ponemos nihilistas? manda huevos.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ¿ahora nos ponemos nihilistas? manda huevos.... Mostrar todas las entradas

21/10/13

amar también es querer para el otro el terror



amar también es querer para el otro el terror.

el pulso de nuestro engranaje
toma en el sueño la forma del Monstruo que nos persigue,
que nos invita a atravesar la ventana,
en busca del Despertar.

llamamos Cielo a un lugar liso y blanco.
pero yo elijo
la tierra acercándose a miles de kilómetros por hora,
tocarte en el lapso que precede al impacto.

________

27/9/09

A mi estimado David:

A mi estimado David:


Sólo a ti te dedico ésta mi última carta. Aunque supongo que un suicidio tiene siempre un cierto sabor a derrota, intento con él ejecutar mi único acto de auténtica libertad, que es, como incansable buscador de ésta que soy, mi única victoria. Con las manos rebosantes de sangre, hundidos hasta los hombros, negamos a Dios con la esperanza de que no existiese, porque de existir, nada podría evitarnos el más rojo de los infiernos. Cortamos la cabeza del rey y de los nobles, de los simpatizantes, arrebatamos su poder a los burgueses, hicimos rodar cabeza tras cabeza. Cavamos el hoyo de la justicia con la pala del horror. Al final, se esfumó el sueño y despertamos sumidos en la más siniestra de las pesadillas.


Utopía es locura. Realidad; injusticia y desgracia. La libertad; una idea, y como tal perteneciente a una dimensión preciosa pero inalcanzable, cruel. Se les advierte a aquellos que desean, que la obtención de sus anhelos puede ser un castigo peor que la insatisfacción. No existe aquello lo suficientemente bueno como para colmar la expectativa humana, y cuanto más alta es la expectativa, mayor la decepción. Nosotros, los revolucionarios, apuntamos al cielo. Pedimos una vida verdadera. Cosechamos cadáveres. Más sentido tiene el oficio del artista que gracias a la ilusión de la forma consigue hacer verosímil la encarnación del ideal. Felices vosotros los pintores, también los músicos y los poetas, y todos aquellos que viven y venden mentiras preciosas, vuestra es la única libertad posible.


Para el pueblo de Francia sólo tengo mis más humildes excusas y la más burda de las defensas: mis intenciones fueron puras. Pido a Dios, si existe, que nos libre en adelante al menos de las quimeras, que se olvide de todos aquellos que se creen iluminados por Él o por cualquiera de sus máscaras, entre las que incluyo a la Razón. Razón mentirosa, que ha llenado nuestros días de sombra.


Pinta la humillación de mi muerte. Dale a mi tragedia una moraleja. Que gracias a mi desesperado final, entiendan todos lo inútil que es perseguir un sueño.
Con el cuchillo en la mano, mi último recuerdo es para los franceses, el fantasma que dejo vivirá la eternidad consumido por el tormento de haberles fallado.

Tu amigo y compañero,
Marat.

2/12/08

Morir a los 38 años.

Frédéric Bazille. Muchacha con los ojos cerrados.

Los padres de Frédéric Bazille eran ricos. A Renoir le resultaban cómicas las dificultados del refinado Bazille para adaptarse a los avatares de la vida bohemia. En 1870 estalló la Guerra Franco Prusiana y, como la mayoría de pintores del grupo, fue reclutado y tuvo que combatir. Murió de un tiro en la espalda, en el curso de una retirada. Si hubiese sobrevivido su obra habría madurado y habría podido exponer en la primera exposición impresionista de 1872. Hoy sería tan célebre como Degas o Renoir, o tal vez más, porque su talento es enorme.


_____________________________


Mañana doy una charla sobre Impresionismo. La estoy terminando de preparar ahora (a las seis de la mañana) porque hoy pasé el día durmiendo. No sé por qué, ayer me acosté a las 2 (inverosímil en mí) y me he levantado a las 10 y media. He estado atontado todo el día y me ha dolido la tripa también, así que me he echado una siesta por la mañana y otra por la tarde. He dormido doce horas en total. Supongo que me lo ha pedido el cuerpo. Después de cenar me ha dado pereza ponerme inmediatamente a preparar el "power point" que voy a usar y he estado escuchando a Led Zeppelin y leyendo sobre Jimmy Page. Todo ha sido raro, se ve que últimamente no puedo hacer nada con serenidad y si descanso tiene que ser de forma intensa…


__________________________________


Como la mayoría de estrellas de la edad dorada de la música pop que va desde finales de los 60' a la primera mitad de los 70', Jimmy Page fue un consumidor de drogas desmedido. Pero no murió; al contrario que Gram Parsons, Jim Morrison, Keith Moon, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Brian Jones, John Bonham, Marc Bolan y un larguísimo etcétera. A pesar del lamentable estado de salud que llegó a presentar en sus peores momentos de adicción a la heroína, sobrevivió. Y no está colgado como Keith Richards, habla de forma coherente y apacible, y su principal dedicación desde hace más de 20 años son las obras benéficas. Pero, eso sí, desde el final de Led Zeppelin en 1980, no se puede decir que halla ofrecido nada relevante al mundo de la música, como la mayoría de genios de la música pop, alcanzó su cenit mucho antes de los 38 años. Es raro, porque al tiempo es sin duda uno de los más grandes.


_____________________________________


Sabía que había una anécdota sobre la muerte de Bazille, algo que me emocionó y que ya no recordaba. La he buscado para contarla mañana, es lo siguiente: Bazille murió el 28 de Noviembre de 1870 en la batalla de Beaune-la-Rolande. El invierno de 1870 fue extraordinariamente frío, lo cual hizo aun más terrible la dureza de las contiendas. En pleno invierno y en plena guerra, el padre de Bazille, un acaudalado terrateniente y vinicultor, acudió al lugar de la batalla y cavó durante diez días en la nieve hasta que encontró el cuerpo de su hijo, perdido entre el resto de cadáveres. Cuando lo consiguió, compró una carreta a un campesino de la zona y lo llevó él mismo a su Montpellier natal para darle sepultura.

Pobre Bazille, le faltó una semana para llegar a los 39.


Jimmy Page.

24/11/08

Jajaja.

Bien, intentemos construir una escena que funcione a modo de alegoría del sentimiento de desarraigo del individuo en el entorno relativista posmoderno (joder, vaya frases me marco a veces).

La cosa sería así: tomamos un individuo, y para acentuar su condición de indefensión y desconcierto, elegimos un niño. Tiene unos diez años, momento en el que la razón y la identidad ya están lo suficientemente desarrolladas y ya se ha adquirido una cantidad de aprendizaje social importante. Colocamos a este individuo en una situación de gran presión social, un evento público, incluso un entorno en el que el que esté expuesto al juicio de la masa anónima: una grabación televisiva, por ejemplo.

Nuestro niño, amedrentado como está por todo ese mundo que le observa, le juzga y le rige sin darle a cambio ningún macrorrelato al que atenerse, intenta protegerse. Se cubre con una máscara, se hace pasar por alguien inmortal, peligroso, por un ser sombrío. Pero su disfraz es ridículo, su estado de indefensión es evidente y su expresión de desconcierto y de temor le delata claramente.

Hasta aquí hemos definido al protagonista, pasemos al antagonista. Ha de ser un personaje muy formal y superficial. Alguien que represente la frialdad del acoso de la vida pública, la angustia de la necesidad inútil de buscar una identidad a través del otro al no encontrarla en uno mismo. Sin duda, un periodista. Por contraste, ha de acercarse al chico derrochando seguridad, ignorando su miedo, sin ninguna ternura. Le interroga, pero no con agresividad; su falso interés es mucho más cruel.

El chico siente verdadero pánico por toda esta presión absolutamente exenta de empatía. La pregunta del periodista le turba. Busca frenéticamente en su interior una respuesta coherente. Por fin, la encuentra: acude a su pasión, a aquello que ama. Ve la luz, comunica al mundo entero su cariño por algo. Con su emotividad intenta hallar una salida a la siniestra realidad incongruente y amenazadora.

Pero nada más expresarse cae en la cuenta de su error. Sus palabras son ridículas, no hay lugar para la pasión en un entorno basado en la imagen fugaz, superficial por principio. El periodista ni se esfuerza en humillarle, su condescendencia es mucho más cruel. Así se cierra todo, el niño perdido con su máscara se queda sólo.

_____________________________________


Bueno, esta patraña de texto no pretende ser más que una prueba de que cuando algo es muy gracioso, lo es por algo. También es una prueba de que intentar explicar una broma puede ser curioso, pero resulta estúpido, porque por brillante que sea un texto dramático, el humor ácido y absurdo (el mejor humor siempre es ácido y absurdo) siempre va más allá. Siempre es menos concreto, más sutil, más incisivo y, sobre todo, más consciente de la absoluta falta de sentido que, en el fondo, tiene todo aquello que nos diferencia de los animales.

El video que cuelgo a continuación lleva más de ocho millones de visitas en youtube. A mí me parece absolutamente brutal y muy muy gracioso.


Plata y oro.

El Tejón.



P. D. ¡Ya llevo 50 entradas! A la derecha hay una encuesta conmemorativa, no seáis costras y votad, coño.




30/9/08

El horror.



Triunfos VIII y III del tarot de Kobe.

1

Sigo leyendo sobre el tarot. Hoy curioseando en Internet he encontrado una baraja que realizó un arquitecto esloveno llamado Boris Kobe, mientras estaba prisionero en el campo de concentración nazi de Dachau. Realmente no tiene desperdicio y merece la pena dedicarle un rato: prisioneros peleándose o golpeándose unos a otros, escenas de hecatombe, hombres famélicos forzados a desnudarse en público, cuerpos que se desploman rendidos por la enfermedad y el trabajo extenuante… Es un tarot completo con sus cuatro palos (las cartas de juego convencionales) y sus triunfos (las cartas adicionales que comúnmente se identifican con el tarot). Las correspondencias con el tarot tradicional (el tarot de Marsella) son confusas, pero las cartas sí mantienen el principio de la doble lectura aportado por Etteilla: los triunfos tienen un dibujo del derecho, su lectura positiva, y otro del revés, su lectura negativa. Lo curioso en este caso es que en ambas posiciones observamos siempre escenas de horror. Los matices más amables de las cartas al derecho son mínimos: por ejemplo, en el octavo triunfo del derecho, un cocinero le niega la comida a un prisionero, en el dibujo invertido el cocinero directamente golpea al preso.

Cuando llega el horror, se terminó la esperanza. La suerte y la voluntad juegan un papel nimio. No hay lección en el horror.

Según la Poética de Aristóteles una historia dramática (prácticamente cualquier historia contada por el hombre) se basa en la presentación de un personaje que tiene un objetivo y que realiza una serie de acciones para conseguirlo, terminando la narración con su éxito o su fracaso. En cuanto la épica más arcaica, basada en personajes interiormente estáticos, deja paso a personajes más complejos (presentes ya en los poemas homéricos), esas acciones desarrolladas no sólo conducen al protagonista de la trama a su objetivo, si no que además producen en él una transformación. Ulises envejece, Hamlet supera sus miedos, Don Quijote abandona el Mundo de las Ideas, Hans Castorp pasa a la acción… Tal vez la película que más lúcidamente plantea el problema del horror de la Solución Final (no me gusta llamarla "el Holocausto", porque no ha sido el único, ni el último), sea El Pianista de Roman Polanski. El viaje, la tremenda odisea, de su protagonista, empieza con él tocando el piano y termina exactamente de la misma manera. El pobre pianista realiza el más largo de los viajes para acabar exactamente en el mismo punto. Ha cumplido su gran objetivo: sobrevivir, pero no ha habido una evolución interior. La única lección que nos deja el horror es la esperanza de olvidarlo.


* * *


2

Hace unos meses mandé un correo a mis amigos, empezaba así:

Una vez, Ángel González preguntó en clase cual era la imagen del siglo XX. Yo no respondí (me daba vergüenza), pero pensé en la bomba atómica. En la bomba atómica confluyen los fascismos (es su golpe de gracia), el capitalismo (las tiraron los Estados Unidos) y el comunismo (se tiraron para amedrentar a los rusos). Además es masificación (de la muerte, en concreto), ciencia e industria; cosas muy propias del siglo. También es, y esto es fundamental, el acto publicitario más brutal de la Historia. ¿Por qué acto publicitario? Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no se tiraron para acabar con los japoneses (era una nación ya derrotada y su capitulación hubiese sido tan sólo cuestión de meses), se tiraron para mandar un mensaje a Rusia y a todos: a partir de ahora mandan los Estados Unidos de América. Son una demostración de poder inútil a nivel estratégico y militar. Por eso tiraron dos, porque tenían dos tipos: la de explosión de Uranio 235 (Little Boy, Hiroshima) y la de implosión de Plutonio (Fat Man, Nagasaki); querían probar y enseñar las capacidades de los dos modelos: Un enorme espectáculo de luz y sonido, broche de oro a esa gran demostración del horror que fue la guerra del 39 (por parte de todos los bandos).


* * *


3

Bien, según el ministro de finanzas alemán, la presente crisis económica augura el final de Estados Unidos como primera potencia financiera. Eso sí, pase lo que pase, el país norteamericano seguirá siendo, con mucho, la primera potencia militar del globo. No puedo evitar sentir miedo; mucho.

En el Mundo, gran cantidad de gente vive ya bajo el yugo del horror, aunque esa condición me atormenta, por puro egoísmo, me produce aun más angustia pensar que esa situación pueda expandirse y, sobre todo, atacar a los míos y a mí.

Por desgracia, a ciertos niveles no se puede escapar del horror. Nos rodea en la miseria que sustenta nuestra obsceno modo de vida y en el mal puro de los hombres capaces de cometer atrocidades.


* * *


4

El Mundo contemporáneo terminó de descubir el horror en 1888, gracias a Jack el Destripador (Goya lo había descubierto 89 años antes). Dios no existe y tampoco podemos confiar en la persona: existen hombres mucho peores que malos, hombres capaces del horror, no justificable ya por la existencia del Demonio. Luego llegaron las guerras mundiales. ¿Y ahora qué? Desde 1945 esa ha sido la gran pregunta de la Posmodernidad, una era que toca a su fin sin haber aportado ninguna conclusión clara.

Os traduzco la más famosa de las cartas enviadas por Jack a las autoridades. Va dirigida a Charles Lusk, presidente del Comité de Vigilancia del Distrito de Whitechapel en el momento en el que el asesino estuvo activo. Reproduzco las faltas de ortografía:


Desde el infierno:

Señor Lusk

Siñor.

Le mando la mitad del riño que tomé de una mujer lo guardé para usted lotro pedazo lo freí y comí y estaba muy fueno. Puede que le mande el tuchillo ensangrentado que lo sacó si tan sólo espera un poc más.

Firmado:

Cójame cuando pueda Sennor Lusk.


Desde el infierno.


* * *


5

Y para no resultar demasiado desasosegante me remito de nuevo a mi adorado Goya. Porque él supo ver el horror (estuve viendo la semana pasada los Desastres de la Guerra), al tiempo que nunca perdió su sensibilidad frente a la ternura. Horror y ternura: esas es la moral que yo entiendo, bien y mal son términos lejanos, lo que queda es horror y ternura. Y la risa, claro, la risa más allá de la esperanza, porque la risa crece en el terreno del vacío, del absurdo, del final. Porque el horror es la última broma, en la que sólo Dios, que no existe, y los desesperados, tienen estómago para hacer sonar sus carcajadas.

Siento haber sido tan inconexo.

Saludos.

El Tejón.

Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer



Manola. (Leocadia Zorrilla).






15/8/08

Señor A, Señor Z



-->
El Señor Z es lo que se entiende por un ser despreciable. Bebe demasiado, habla demasiado. Su mujer se casó con él por pura confusión; la pobre aguantó siete años, continuos desprecios y alguna bofetada. Cuando al fin se fue se llevó al hijo de ambos. El Señor Z ha visto muy poco al niño desde entonces. El Señor Z tiene la mirada turbia y una risa siniestra que le asalta cuando se siente incómodo. El señor Z se siente incómodo casi constantemente. El Señor Z trabaja en un banco, odia a su jefe, odia a sus compañeros y odia a los clientes. Es hombre de pocos amigos y no cuida en exceso a su familia, aun está peleado con su hermano por aquel asunto de la herencia de su madre. El Señor Z está solo, muy solo, y sufre por ello. Y aunque es el principal responsable de su situación, su soledad es tal que debería dar pena. Pero no da pena, su aspecto es demasiado desagradable, demasiado consumido en su miseria. El Señor Z despierta sentimientos mezquinos incluso en las mejores personas.
El Señor A es maestro de filosofía en un instituto. Casi siempre sonríe y cree en su trabajo. Aunque sus alumnos se ríen de él, como lo hacen de todos los profesores, la gran mayoría no puede evitar respetar en lo más profundo su dedicación. Es un hombre ya mayor, apacible, grave y un poco melancólico, pero con una sonrisa que cuando aflora llena su entorno de sincera ternura. El Señor A arrastra el peso de preocuparse constantemente por aquellos a los que quiere; ayuda a su mujer enferma, ayuda a sus hijos, ayuda a sus amigos, ayuda a sus alumnos. El Señor A es un hombre sabio, mira siempre a los ojos y habla despacio. La primera nieta del Señor A nació con una malformación en el estómago, lloraba constantemente; sólo los brazos de su madre y de su abuelo conseguían calmarla. Así es el Señor A, el tipo de persona cuyo contacto trae serenidad.
Cuando estalló la bomba en el cine la gran mayoría de la gente entró en estado de histeria. El Señor A no pudo soportar la visión de los cuerpos muertos y mutilados a su alrededor, se sentó de rodillas en el suelo agarrándose la cabeza con las manos y se puso a llorar. Se hizo sus necesidades encima. El Señor Z reaccionó deprisa, alcanzó la salida y ayudó al chico musculoso a mover los cascotes que bloqueaban el camino. El chico musculoso fue el primero en abandonar la sala, seguido de todos los que habían ayudado a retirar los escombros, salvo del Señor Z. El Señor Z regresó sobre sus pasos y volvió a la puerta hasta seis veces; llevó primero a la chica de los ojos cerrados, luego cargó con el niño inconsciente acompañado de su madre, ayudó a la novia del chico sin brazo y luego al chico sin brazo y recogió al Señor A del suelo para sacarle también. El Señor Z y el Señor A estaban muy cerca de la salida cuando detonó el segundo artefacto y el techo se desplomó sobre sus cabezas. Los dos murieron en el acto.
No hay moraleja.