guiado por las apariencias

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12/1/14

Seis cosas y poco más


que lo que uno quiere y lo que a uno le parece que está bien coincidan

tener tiempo libre, a veces para trabajar, pero para trabajar en lo que uno quiere

tener un mínimo de confort material

no sentirse culpable nunca

cuidar todo lo posible de la gente en general y sobre todo de los amigos

tomarse muy en serio el empeño de ser libre, de hacer lo que uno realmente quiere hacer dentro de las circunstancias

y poco más

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29/12/13

Nada para la vuelta.

Ando sumergido en mi proyecto de escribir un libro sobre el dinero. Cada vez me queda menos, dentro de poco terminaré de investigar, organizaré la tonelada de notas que tengo y empezaré a escribir. Nadie me va a pagar por esto, aunque hubiese podido hacer de ello una tesis doctoral, no lo hubiese hecho. Estoy gastando un dinero que no tengo, aplazando cualquier otra preocupación de mi vida. Tengo fe en que lo que estoy preparando va a estar bien, pero cuando lo acabe sólo tendré un puñado de páginas escritas... y nada más.

En la peli Gattaca dos hermanos, uno diseñado genéticamente y otro hijo natural y por la tanto más débil, compiten en una carrera a nado en el mar. El débil gana, el otro no entiende cómo es posible. "Porque nadé sin preocuparme de cómo volvería, porque no dejé nada para la vuelta".

Siento que ya no soy tan joven, pero hoy más que nunca, nado sin dejar nada para la vuelta. A ratos me da mucho miedo, y angustia; pero también me hace sentir bien conmigo mismo.

Creo que siempre quise vivir sin dejar nada para la vuelta, pero nunca me atreví. Hoy, los tiempos de crisis me animan a comportarme así, dan sentido a una forma de vivir que siempre fue la que quise llevar.

En este 2014, yo os animo a que nadéis sin dejar nada para la vuelta.

Plata y oro.



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29/10/13

Corrigiendo la novela que escribí hace años, me encuentro con Petronio...



- Está bien, te leeré algo. Es un fragmento de Petronio. No es del Satiricón, pero venía en la edición que compré con otros fragmentos sueltos. Va sobre sueños, es bastante bueno.
 
Julián abre la mochila y saca el libro.

- Te lo leo:

"Los sueños que burlan nuestra mente con sombras vaporosas no nos los mandan los santuarios divinos ni las deidades del cielo, sino que cada cual se los forja a sí mismo."

- Vaya, qué moderno.

- ¿Verdad? Pues lo mejor es lo que viene ahora.

- ¿El libro se parece a la película de Fellini?

- Sí. Fellini le da su toque pero conserva la esencia: Una historia de decadencia entre la sátira y el morbo.

- Sigue.

- A ver, "…si no que cada cual se los forja a sí mismo. Pues, cuando el descanso se apodera de nuestros miembros relajados por el sueño y la mente ingábrida…"

- ¿"Ingábrida"?

- "y la mente ingrávida se evade, se representa en las tinieblas cuanto pasó de día. Quien ataca en guerras plazas fortificadas y arrasa mediante el fuego desgraciadas ciudades, ve flechas, tropas en retirada, y muertes de reyes, y campos empapados con la sangre derramada. Quienes suelen defender pleitos se representan las leyes y el foro, y, nerviosos, hasta el tribunal rodeado de público. El avaro esconde sus riquezas y descubre un tesoro enterrado; el cazador bate con su jauría los bosques; el marinero arranca a las olas su embarcación o, varada ésta, se sostiene encima a punto de morir; escribe la querida a su amante, la adúltera hace regalos; el perro, en sueños, sigue ladrando el rastro de la liebre. Las heridas de los desgraciados perduran a lo largo de la noche."

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5/12/11

Dormir, tal vez soñar.

Los recuerdos y las imágenes de Chispas hoy ya son fantasmas. El vacío que deja su ausencia es tan grande que siento vergüenza de echar tanto de menos a alguien que no era humano. Las mascotas tienen la facultad de estar siempre ahí, reductos de la constancia que ofrece la Naturaleza para los enfermos de una vida urbana construida con palabras incapaces de concretar nada.



Adiós compañero. Que la tierra te sea leve.

13/10/11

15 de Octubre.

Chispas ha estado muy enfermo. Es viejo ya. En la clínica le hicieron cosas que no le han gustado nada, como meterle un dedo por el culo para sacarle bolas de caca que tenía atascadas. Se siente humillado y deprimido. Ahora no quiere comer, sólo duerme. Querían que se quedase una noche más en el hospital veterinario, pero le sacamos. Hicimos muy bien, las veterinarias eran muy buenas y excelentes profesionales, pero no entienden que mi gato se va a curar sólo si está bien, si tiene ganas de seguir viviendo; no valoran el poder de las ideas. Si los propios médicos no entienden eso mismo de las personas, cómo lo van a entender los veterinarios…

Nada es gratis. Nada es despreciable. Aquello que tenemos por insignificante, aquello que sacrificamos, es lo que retorna como una fuerza imparable que nos sobrepasa. Europa y Estados Unidos pensaron que las ideas no importaban, que la técnica y el dinero podrían con todo. Hoy mucha gente se rompe la cabeza pensando qué falla, cual es la solución; lo piensan como si fuera un problema de aritmética, tanto los reaccionarios como los progresistas como los revolucionarios. Da lo mismo que reduzcas el déficit, que cambies la ley de partidos, o que acampes en las plazas. Si no recuperamos la voluntad, la capacidad de creer, no podrás conseguir ni la represión, ni la reforma, ni el cambio.

El otro día entendí por qué tengo esa relación de amor odio con la “contra cultura” de finales de los 60’: Por un lado fue el último gran momento de esplendor cultural de Occidente: filosofía, cine, música, literatura… Pero todos aquellos jóvenes no cambiaron nada, porque no quisieron pagar un precio: “if I can’t dance, it’s no my revolution” decían. En una revolución es muy posible que no puedas bailar, que no puedas comer, que mueras… Si no estás dispuesto a sacrificarte por tus ideas, nunca conseguirás honrarlas, vivenciarlas.

Espero que Chispas recupere las ganas de vivir y coma.

Espero que todos recuperemos el coraje y trabajemos por cambiar las cosas.

Hay que dar un paso más, aunque no podamos bailar, aunque nos hallan humillado, aunque nos intimiden, nos sacudan, nos disparen, o nos encierren. Si no, es como si no tuviésemos ganas de vivir.

Ánimo a Chispas y a todos.

A ver qué pasa este Sábado.

17/9/11

Wish you were here.


Dicen que si uno se hunde en el agua y contiene la respiración todo lo que puede para sobrevivir, siente una sensación de liberación cuando al fin cede y aspira, dejando que sus pulmones se encharquen. Me cuesta entender cómo se sabe esto, supongo que algunos de aquellos cuyos pulmones acaban llenos de agua son rescatados justo antes del momento fatal y narran su experiencia una vez recuperados… Cuento esto porque me da la impresión de que el paso a la locura debe parecerse en cierta medida a esa experiencia: todo el día andamos sumergidos en el lenguaje, luchando por sostener esa frágil entidad que es la lógica, manteniendo la fe en el sentido, oponiéndonos a la imaginación. Es duro estar cuerdo, nadie lo está del todo. Es difícil no abandonarse a las alucinaciones, a la libertad de dejar ver a los ojos lo que se les antoje ver y no lo que deben ver; como vivir en un sueño.

El terreno de la locura tiene sabor de lucidez, aunque no podamos ejercer control alguno sobre lo que ocurre en esos parajes donde acechan los monstruos y los ángeles, nuestra única posibilidad de prescindir del límite, de su tosca ineptitud, es allá. Todos necesitamos volvernos un poco locos ocasionalmente, aunque sea de forma “semi-domesticada”; por eso nos embriagamos o nos sumergimos en la experiencia estética.

Pero la locura también es sufrimiento y necedad. Porque si el iluminado tiene un pie entre dos mundos, el loco se ha ido del todo y allí donde está, está solo. Ningún conocimiento, ninguna sensación, ninguna emoción tiene valor alguno si no se pueden compartir. El loco ha cambiado el papel secundario que todos jugamos en la guerra del mundo de los sujetos; por ser al fin protagonista, pero protagonista en una celda vacía, donde a penas él mismo está presente. Al final, en su encierro, la relación se ha invertido; y la lucidez ya no es la locura, si no la cordura. El loco, en momentos puntuales, como por destellos, entiende la áspera realidad: que la alucinación le ha consumido, y que sólo puede darle cierta coherencia moldeándola con la torpe herramienta que son los miedos más profundos, los dolores que conforman el código primario de nuestro ser.

Sin debilidades no seríamos nada, no seríamos nadie, no amaríamos. A nadie se le añora tanto como al loco, porque aun está ahí y al tiempo no está. La locura: en realidad, aunque la temamos, todos la comprendemos; como cualquier emoción o acto humanos. Porque, como enseñan Joyce y Borges, todos somos lo mismo; sólo estamos en puntos diferentes.

Wish you were here de Pink Floyd está dedicada a Syd Barrett, que tuvo que dejar la banda a causa de una crisis psicótica de la que nunca despertó.

PINK FLOYD - Wish you were here (1975 Spanish Edition Lp) (hq sound) by FJ2009 from FERNANDO J on Vimeo.




So, so you think you can tell
Heaven from Hell,
blue skies from pain.
Can you tell a green field
from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?

Did they get you to trade
your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
Did you exchange
a walk on part in the war,
for a lead role in a cage?

How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls
swimming in a fish bowl,
year after year,
running over the same old ground.
What have we found
The same old fears.
Wish you were here.

Así que crees que puedes distinguir
el Paraiso del Infierno,
el cielo azul del dolor.
¿Puedes distinguir una pradera verde
de un frío rail de acero?
¿Una sonrisa de un velo?
¿Crees poder distinguir?

¿Acaso te hicieron canjear
tus héroes por fantasmas?
¿Cenizas calientes por árboles?
¿Aire caliente por brisa fresca?
¿Frío comfort por cambio?
¿Cambiaste
el ser figurante en la guerra,
por un papel protagonista en una jaula?

Como deseo, como deseo que estuvieses aquí. Somos solo dos almas perdidas
nadando en una pecera,
año tras año,
recorriendo el mismo viejo campo,
¿Qué hemos encontrado?
Los mismos viejos miedos.
Ojala estuvieses aquí.

6/9/09

Dedicado a Gatis, en su cumpleaños.

- Ayer estuvimos hablando de la relación entre los mitos de la Edad de Oro y El malestar en la cultura de Freud… Si entendemos el Jardín de las delicias del Bosco como la representación de una Edad de Oro, siguiendo la hipótesis de Ignacio Gómez de Liaño, encontraremos que el cuadro ilustra perfectamente las cuestiones de las que hablábamos. El panel central representa un mundo edénico, tal y como hubiera sido si Eva y Adán no hubiesen comido del Árbol de la ciencia. Los personajes viven en un estado de placidez inocente, la ausencia de la presión del Súper yo que la vida social impone…

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Ý de repente se quedó callado unos minutos. Luego volvió la vista hacia nosotros. De repente se mostró cercano, había perdido el aura de iluminado que solía envolverle.

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- Me temo que hoy no voy a poder hablarles del Jardín de las delicias, ni de las anunciaciones de Fra Angelico, ni del Adán y Eva de Baldung Grien, ni de la serpiente humanoide de Rafael. No estoy de humor. Como profesor universitario, como persona en general, siempre he pretendido conjugar lo intelectual con lo emotivo, sin dejar de lado el sentido del humor, fundamental para conservar cierta lucidez. Por esto me esfuerzo en abrirles los ojos cada día, en excitar sus cabezas adormecidas, de una manera que pretende ser lo menos convencional posible. Lo que intento, en mi vida y en mi trabajo, es complejo, estoy lejos de conseguirlo, si quiera a menudo.

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Nietzsche se percató hace siglo y medio de que Dios se estaba muriendo. Bueno, lo cierto es que la noticia era impactante, pero tampoco parecía tan grave, al fin y al cabo Dios era en gran medida un coñazo, con sus imposiciones morales y su omnipotencia… Nietzsche proclamó su muerte con alegría, pero es importante recordar que el hombre murió loco. El problema reside en que Dios es sólo la quinta esencia, la personalización suprema, de una práctica muy importante para el ser humano: la creencia. El problema no es dejar de creer en Dios, el problema es dejar de creer. ¿Se puede saber nada sin creer? ¿se puede vivir sin creer?

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Cuando creemos estar seguros de algo decimos que lo sabemos “a ciencia cierta”, pero la ciencia no tiene nada de cierta. A un nivel fundamental no hay respuesta satisfactoria a la pregunta por qué. Si yo pregunto “¿por qué cae la manzana?” me es da igual que se me responda “porque Dios la hace caer” que “porque la fuerza de gravedad la hace caer”. Si nos liamos a dudar nos avocamos al vacío, no es algo en absoluto liberador, y no sólo eso, es pura mentira. No podemos vivir en consecuencia con la duda, quedaríamos paralizados, terminaríamos dudando de las palabras y dejaríamos de hablar y de pensar. Si nada es seguro, aquella cosa que brilla en el cielo no es el sol, el concepto “sol” es mera convención, no hay sol, pero es que tampoco hay cosa, ni cielo, ni brillo. La duda paraliza, aunque sea la base de la concepción occidental de la razón, es una eterna insatisfacción, la filosofía es, en gran medida, una forma de dar muchas vueltas para terminar llegando al mismo lugar.

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Por eso al individuo occidental contemporáneo, a mí, a nosotros, lo que nos queda es la pura ilusión. Sabemos que no hay sol, pero si no queremos vivir como angustiadas sombras aplastadas por la duda, neuróticos profundos, almas perdidas, tenemos que echarle ilusión, fantasía. Intentar rescatar lo que podamos de ese periodo pasado en el que podíamos creer sin que la duda nos perturbase, la infancia. Avanzar, aunque sea sin sentido, porque precisamente la lucidez es ese estado en el que por un lapso de tiempo no necesitamos darle sentido a las cosas. Ese estado en el que al fin… creemos.

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Hoy es el cumpleaños de mi exmujer. Durante casi diez años creí que estaríamos juntos para siempre. Lo creía como creo que el sol es esa cosa brillante suspendida en el cielo. He pasado con ella sus últimos diez cumpleaños, pero este no. La sensación de ausencia es terrible, me atenaza y me hace sentir perdido. Como considero que vivo creyendo, me considero una persona religiosa, como considero que mi religión es absurda, me refiero a mi deidad con la perífrasis “lo que sea”. Pues bien, mi exmujer y yo aun somos amigos íntimos, les puedo asegurar que doy gracias a “lo que sea” todos los días por ello. Hoy tengo otra pareja. Como afortunadamente soy un ferviente devoto de “lo que sea”, vivo convencido de que pasaremos juntos el resto de nuestra vida, así lo sienten mi corazón y mi instinto.

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Vivo volcado a encontrar los rastros de “lo que sea”, esas maravillosas epifanías guían mis pasos y pongo toda la fuerza y disciplina que la vida me ha otorgado al servicio de impedir que la duda, la razón, me perturbe en ese empeño. Así trabajo, estudio y vivo. Y no tengo ningún interés en ganar adeptos a mi fe, pero les aconsejaría que probasen por su propio interés. En realidad es el camino que, con mayor o menor conciencia de ello, seguimos la mayoría de nosotros desde el romanticismo. Somos románticos, las conclusiones de los filósofos posmodernos no han conseguido evitar esto, las cabezas humanas no están capacitadas para vivir en un mundo relativista.

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Y, bueno, a veces hay crisis de fe, es inevitable. Por eso me despido. Me voy a casa, con mi mujer. De el Paraíso perdido de Milton ya hablaremos la semana que viene. Aunque al fin y al cabo de eso hemos estado hablando.

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Les deseo que sean capaces de vivir siguiendo sus corazonadas, de creer, en lo que sea.
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Antes de irse se acercó al ordenador y puso esta canción. Con los años he recordado a menudo esa clase, o lo que fuese aquello.




Nota: cuanto homenaje a Gatis en este blog, no es para menos. El caso es que por fin vuelvo a colgar algo, y además tengo más cosas en la recámara. Supongo que no puedo evitarlo durante mucho tiempo. Aun así a ver si cambio mi enfoque un poco (este texto no es el caso, pero bueno)...
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Y otra cosa: justo mientras no estaba es me han salido dos seguidores además de Marco (gracias, genio, siempre serás el primero). Bueno, creo que no os conozco, pero en vuestro honor he puesto un gadget de seguidores. Voy a intentar convencer al resto de mis amigos para que también se hagan seguidores de mi blog...
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14/7/09

Querida Gatis VII


Querida Gatis:

Camino por Las Vegas, ciudad de neón. Todo aturde aquí. Estoy harto de la soledad del viajero. Escucho a Bob Dylan en el reproductor de mp3 que me regaló Michael como despedida. Música de otros tiempos, de una generación que pensó que todo podía cambiar. Cansado, me pesan ya los pies. El que viaja sin rumbo no hace otra cosa que huir. ¿Huir de qué? Ciudades y personas, adoro a las ciudades y a las personas, pero sigo viajando comiéndome los kilómetros y las experiencias con un ansia que no entiendo. Buscando algo que aun no he encontrado. Buscándome a mí mismo o intentando perderme. Siempre hay un motivo para sonreír, aunque sólo sea por la belleza que impregna todo. Me da miedo pensar que toda esa belleza la pongo yo, que en realidad no está ahí, belleza brillante o belleza melancólica. Quiero dejar este país, dejar esta lengua que entiendo, quiero sentirme aun más extranjero. Ser demasiado romántico es agotador, ser demasiado romántico significa intentar curar el dolor en el exceso, intentar curar la ansiedad del deseo hartándose de desear, intentar luchar contra la imagen que nos devuelve el espejo, el espejo de cristal, el espejo en los ojos de los demás, el espejo del campo, del viento y de los enormes edificios que nos acechan y nos arropan. Ahora tú vas a ser madre, algo tan real, los demás… ya no lo sé. ¿Por qué somos tan necias las personas? ¿Por qué es tan necia nuestra abrumadora inteligencia? Estoy ganando dinero de verdad, jugando, cada vez soy mejor. En la mesa de juego me siento seguro, arropado por la matemática, gran juego humano que reduce el mundo a algo controlable, ilusión de realidad. Contar cartas, leyes de probabilidad, un antídoto contra la soledad.

El dolor de querer creer y no saber en qué. Ya no busco dejar ningún rastro, ya no. Las palabras se apagan, se extinguen, las palabras, los símbolos, no tenemos otra cosa. Y aun así cuando uno se siente incapaz de ver ninguna épica a su alrededor le asalta como un torrente la ternura, aun puedo. La vida, con todo, es como es, y es preciosa, porque la alternativa es lo plano. O vives o no vives. Recuerdo que en el instituto la profesora de física nos dijo que el frío no existe, existe un nivel mayor o menor de calor. La muerte tampoco existe. Nos calentamos en la hoguera, aunque queme. Por suerte la vida es larga, la vida de aquellos que tenemos la suerte de no irnos prematuramente, está plagada de tiempo, que pesa pero permite mucho si lo tratas bien. Ser agradecido con el tiempo es vivir con los oídos bien abiertos a los demás. Los dos errores más terribles que puede cometer el hombre son dejarse vencer por el miedo y no escuchar a su intuición, no creer.

Si no existiese el arte no tendríamos ninguna prueba de que la gente del pasado también tubo miedo. Menos mal.

Desde la ciudad del vicio,
fiel a sí mismo
El Tejón.


26/6/09

Dulces días de vacaciones.

Desconcertantes entrevistas con profesores de psicología y filosofía, echando una mano al gran persa en su nuevo hogar (una maravilla, por cierto, felicidades genio), suegrente conversación con la genial (y utilizo el término en toda su magnitud) Lara, demasiadas cervezas, carne cruda con mi madre, abrazos nocturnos para Sue. En fin, creo que ayer fue un buen día... aunque a veces no sé como lo hago para estar tan contento, la exposición de Matisse, una de las más brutales que he visto en mi vida, ayudó (tanto que merece una entrada particular que llegará en cuanto pase el fin de semana).

En la película Willow hay dos personajes cómicos que son una especie de duendes, dos pequeños hombrecillos de no más de 20 cm de altura. En un momento dado malos y protas salen en persecución a todo galope y se dejan al par de alimañas atrás, estos tienen la siguiente conversación:

"- Nunca alcanzaremos a esos caballos.

-Entonces seguiremos sus huellas.

- Nunca los podremos alcanzar. Además, si los encontramos, nos atraparán, nos meterán en una jaula, nos torturarán y finalmente nos devorarán.

- Estás sugiriendo que volvamos a casa?

- Nah. Esto es más divertido

- Bien."

Toda una lección de vida.

22/5/09

Miscelanea.

Últimamente me viene a la cabeza una historia extraña. Pienso que lo que estoy viviendo ahora es un recuerdo en la cabeza de mi yo futuro, como un flashback en una película, en algún momento voy a salir de la ensoñación, alguién me dirá: "Señor Huici, le preguntó si no será así". Esas palabras me devuelven a la realidad en la que soy un psicoanalista de 56 años en un congreso, en un mundo futuro que intenta reconstruirse después de las profundas heridas de una tercera guerra mundial. Yo pido que me repitan la pregunta. Sigo siendo un tipo menudo, sigo pensando demasiado, hay cosas que no cambian, pero mi espalda duele aun más y la pasión que alimenta mis actos hoy ha sido sustituida por algo menos intenso pero más constante, tal vez eso que llaman "madurez".

El tema de la juventud vista desde la senectud me lleva a la muchacha con espejo de Giovanni Bellinni. Tal vez el primer desnudo laico del Occidente pos antiguo. Un cuadro de esos últimos años en los que Bellini ya ha abandonado su "maniera seca" y abre su pincel al maravilloso universo de lo blando, de lo táctil. Lo tactil es fugaz, es moderno, es tan fugaz y tan moderno que el desnudo contemporáneo intenta huir de ello centrando sus ojos en mujeres fibrosas, de curvas moderadas y rígidas que buscan escapar al tiempo. La mujer de Bellini es redonda, rolliza, su rostro triste. No me resulta una imagen muy erótica en realidad, la melancolía que impregna la escena desanima a cualquiera, una vez escribí:

Lo que pudo ser se quema
la vida se volvió loca.

No es coincidencia que Jean Clair vea en la melancolía uno de los temas fundamentales de la pintura contemporánea, en concreto de la pintura figurativa, esa que intenta atrapar la imagen, siempre fugaz, eternizándola, inmortalizándola. No creo que sea posible concebir un medio más nostálgico que la fotografía.

La relación entre arte y religión es fundamental para entender la crisis de la pintura y su avocación a la melancolía (de la que nunca estuvo totalmente exenta). La mayor parte de las religiones tienen en las soluciones escatológicas uno de sus puntos fuertes, la religión tiende a ser un antídoto contra la melancolía, contra la conciencia de la mortalidad. La pintura de un mundo religioso nos muestra escenas que nunca morirán del todo, porque nunca nada muere del todo, todo tiene un sentido. La transición hacia lo fugaz es especialmente elocuente en el Rococó; de la épica barroca a al erotismo de las fiestas galantes.

No es coincidencia que ese Mundo de las Amistades Peligrosas, de Casanova, de Watteau, esté tan obsesionado con el sexo. Freud no hubiese existido en un mundo religioso. Es muy probable que la neurosis y la represión sexual ya fuesen las fuentes de la energía que nos llevan a generar la cultura, pero canalizándolas en concepciones absolutas se hace muy difícil descubrir el pastel.

Los egipcios, capaces de construir las pirámides, fueron un pueblo que a penas dejó historias escritas. Sus mitos son bastante pobres dramáticamente en comparación con la epopeya de Gilgamesh o la deslumbrante mitología griega. Los Egipcios no necesitaban historias porque eran eternos del todo, sin principio ni fin. Grecia, en cambio, era un pueblo muy religioso, pero tenía una religión muy peculiar, la otra vida era una existencia residual, fantasmal, anodina. Por eso son los grandes contadores de historias, por eso fueron tantas cosas, por eso sufrían de una ansiedad tan acuciante como la nuestra.

Pero toda verdad a gran escala (y las verdades a gran escla son precisamente mi peor vicio), tiene su envés. Qué poco se ha inventado. En el Primer Periodo Intermedio, en los años de anarquía y profunda crisis espiritual tras el Imperio Antiguo, más allá del 2º milenio antes de Cristo, un poeta acompañado de la música de un arpa recitó el siguiente canto ante el faraón Intef. El Faraón, que por encima de ningún otro monarca de la historia basaba su poder en su carácter inmortal, mandó grabar los versos en su tumba:

“Generaciones y más generaciones desaparecen y se van,
otras se quedan, y esto dura desde los tiempos de los Antepasados,
de los dioses que existieron antes
y reposan en sus pirámides.
Nobles y gentes ilustres
están enterrados en sus tumbas.
Construyeron casas cuyo lugar ya no existe.
¿Qué ha sido de ellos?
He oído sentencias
de Imuthés y de Hardedef,
que se citan como proverbios
y que duran más que todo.
¿Dónde están sus moradas?
Sus muros han caído;
sus lugares ya no existen,
como si nunca hubieran sido.
Nadie viene de allá para decir lo que es de ellos,
para decir qué necesitan,
para sosegar nuestro corazón hasta que abordemos
al lugar donde se fueron.
Por eso, tranquiliza tu corazón.
¡Que te sea útil el olvido!
Sigue a tu corazón
mientras vives.
Ponle olíbano en la cabeza.
Vístete de lino fino.
Úngete con la verdadera maravilla
del sacrificio divino.
Acrecienta tu bienestar,
para que tu corazón no desmaye.
Sigue a tu corazón y haz lo que sea bueno para ti.
Despacha tus asuntos en este mundo.
No canses a tu corazón,
hasta el día en que se eleve el lamento funerario por ti.
Aquél que tiene el corazón cansado no oye su llamada.
Su llamada no ha salvado a nadie de la tumba”.
.
Como soy un cansino que lleva toda su corta vida hablando de lo mismo, es probable que sea algo similar a esto lo que cuente en mi ponencia de ese congreso en el que estoy a punto de despertar. Tal vez la habré acabado precisamente con este poema, espero que para entonces escriba mejor y haya dejado al fin de ser tan cursi.

Mientras, en este recuerdo, llevo ya más de un año con este blog, un año en el que han pasado muchas cosas, un año que coincide con las 100 entradas nada menos. Gracias a todos los que me habéis estado leyendo, gracias en concreto a Marcos y Julio por haberme apoyado en mi nuevo periodo de inactividad bloguera que, en esta ocasión, se ha debido a motivos más felices. Gracias también a la fuente de esos motivos.

Bellini tenía 85 años cuando pintó a esa chica.

Plata y oro, muchachos

y que os sea útil el olvido.

P.D. tras releer: Joder, qué pedante me he puesto esta vez. JJ, lo cierto es que siendo un aniversario tan señalado no podía ser menos.


Bellini. Desnudo con espejo.Kate Moss.

Fragonard. Niña jugando con un perrito.

28/4/09

A veces pasan cosas.

Dicen los científicos que en los experimentos hay siempre lo que ellos llaman un "margen de error". Un 0'1 ó 0'01 ó 0'001% que no sigue la pauta. Pues bien, yo profeso gran admiración por los científicos, gracias a ellos hay Internet y existe este blog, entre otras cosas. Pero, a título personal, lo que realmente despierta mi interés es ese 0'0001%.

Dedicado a E.M.



Plata y oro, reina, plata y oro.

14/4/09

Acumulación originaria.


El flamante blog de diseño del mítico y nunca tópico Maese Miguelín y su pandilla de petulantes secuaces (entre los que me incluyo)!!!







Disfrutad.

30/3/09

El día de la desgracia.


Era el Día de la Desgracia del año en el que Inkinu cumplía 16 años. Como su padre había hecho antes que él y antes de éste el padre de su padre, Inkinu debía tensar su arco con todas sus fuerzas y disparar la flecha que los ancianos habían tallado para él. Después, caminaría hasta el Santuario de la Diosa Primera, y allí aprendería la manera de regenerar el Tiempo. Era preciso que no comiese ni bebiese nada hasta su vuelta, así que antes de partir su madre le preparó un abundante festín para que aguantase las tres jornadas de camino que necesitaría para llegar a su objetivo, más allá de los bosques del Dios-mono y de la Tierra Seca, en el Fin del Mundo. Todos observaron en silencio como preparaba su arma y aclamaron con admiración cuando disparó el proyectil que se perdió lejos, entre los árboles. Su padres le despidieron llenos de orgullo, las lágrimas manaban de sus ojos, sus primos cantaron a su tótem pidiendo buenos augurios y Ninphäli, su prometida, le besó en la mejilla y le dio una vejiga sellada llena de ungüento que ella misma había preparado.


Cuando cayó el sol del primer día, Inkinu se hallaba ya en los límites de los Terrenos de Caza, en la frontera con el bosque del Dios-mono. En plena noche se adentró en territorio desconocido, la espesa maleza filtraba la luz de la luna llena, caminó con la mano prieta en el arco mientras a su alrededor el bosque le recordaba con su estruendo que allí era un intruso perdido. Guiándose por las estrellas consiguió mantener el rumbo, pero se sintió amedrentado, invadido por la sensación de estar siendo acechado. Cuando llegó el alba pudo ver a los hijos del dios de aquellas tierras que le observaban desde las ramas, en silencio. Poco antes del atardecer, los simios comenzaron a mostrarse intranquilos, algunos le arrojaban ramas o frutos y ya no le observaban sólo desde los árboles, si no que empezaron a bajar al suelo y a caminar siguiendo su paso, rodeándole. El miedo estuvo a punto de hacerle cometer el error fatal de utilizar su arco, pero en el momento en el que la tensión parecía ya inaguantable un violento chasquido de madera partiéndose sonó encima de su cabeza y una enorme forma negra aterrizó delante suyo cortándole el paso. El majestuoso Dios-mono, soberano de aquel lugar, debía de pesar siete veces más que Inkinu, su pelo era negro como el carbón y su rostro arrugado de redondos ojos rojos imponía un respeto ancestral más allá de toda torpeza humana.

- Estás muy lejos de casa, joven ser parlante. ¿Qué te trae por mis tierras?

Su potente voz parecía salir de todo el bosque y no sólo de su garganta, pero el coraje del héroe humano era grande y no vaciló en su respuesta.

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu, partí del Mundo de los Hombres el Día de la Desgracia en busca del Santuario de la Diosa Primera, fui purificado por los sacerdotes y no he probado alimento alguno desde entonces. Así como yo respeto tu excelso poder, Señor de los Bosques, respeta tú mi empresa, que no es otra que la de conseguir que me sea revelada la manera de regenerar el Tiempo.

- En efecto, joven ser parlante, has cumplido los rituales. Así mismo, el objeto de tu viaje es una cuestión de extrema importancia para todos aquellos que habitamos el Mundo. Pero has de entender que como rey de esta tierra, no puedo permitir el paso a un humano cualquiera. Si realmente eres quien dices ser, deberás probar tu fuerza combatiendo conmigo con las manos desnudas.

Inkinu tiró al suelo su equipaje y se puso en guardia. Su gigantesco adversario soltó un fabuloso gruñido y arrancó a correr hacia él ayudándose de sus manos. La embestida fue terrible pero el héroe no fue arrollado, saltó antes de recibir el impacto y se agarró con fuerza a la cabeza negra que a penas podía cubrir con sus brazos. Furioso, el dios continúo su carrera dirigiéndose hacia un árbol con la intención de aplastar al joven. Éste reaccionó con un impulso y se aupó al cuello de la bestia que se dio de bruces contra la áspera corteza. Ambos cayeron, el hombre se levantó presto, pero el simio agarró su pierna derecha y levantándole sin esfuerzo le alzó por encima de sí para estrellarle después contra el suelo. A su alrededor la corte simiesca llenaba el bosque con sus chillidos, Inkinu estaba aturdido por el impacto y no pudo reaccionar cuando su rival se abalanzó encima suyo. El mono empezó a castigarle violentamente con sus manos, una, dos, tres veces. El héroe pensó en los suyos, en la Tierra Segura, en sus primos, en los ancianos, en sus padres, en Ninphäli. Haciendo un esfuerzo supremo consiguió agarrar con sus manos el brazo derecho del monstruo cuando este arremetía por cuarta vez. Ambos rivales pusieron a prueba sus músculos, la extremidad peluda se tensaba con una fuerza inconcebible, pero el hombre resistía. A punto de ceder, hizo un último esfuerzo y desvió el golpe brutal hacia el suelo, los nudillos del animal se clavaron en la tierra. Con una velocidad extraordinaria agarró de nuevo la gran cabeza y le propinó un certero golpe con su frente para luego hundir sus dientes en la gran nariz de la que brotó la sangre copiosamente. El dios aulló de dolor, Inkinu aprovechó para zafarse y se puso en pié. Tenía una ceja rota y escupió varios dientes. Los dos se encontraron de nuevo cara a cara y se lanzaron una intensa mirada de odio. Esta vez fue el gran cazador el que embistió, pero el dios golpeó su pecho y alzó su voz emitiendo un sonido profundo. De las copas más altas cayeron varias decenas de monos sobre el héroe que se defendió repartiendo certeros puñetazos y patadas, a pesar de que tumbó a muchos de sus enemigos, el esfuerzo fue en vano, eran más de cien contra uno y consiguieron reducirle en poco tiempo. Quedó al fin tumbado boca abajo, completamente cubierto de estas bestias que presionaban su cabeza contra la tierra. El Dios-mono se acercó sonriendo, pisó la nuca de Inkinu y apretó con saña. Entonces habló:

- Bien, bravo joven, bien. Eres ágil y recio. Te será permitido cruzar. Pero que esta lucha te sirva de lección: mi pueblo no tiene la habilidad de crear tierra segura, de encender fuego. Sólo vosotros, los seres parlantes, podéis comunicaros con la Diosa Antigua y regenerar el Tiempo, pero a nosotros los monos nos corresponde la fuerza, y ni el más fiero de los vuestros podrá nunca equiparar su poder al del simio. Si te he hecho prender ha sido sólo para evitar la inevitable muerte que habrías alcanzado si el combate hubiese llegado a su fin. Parte ahora, y mantén presente en tu mente este día. Que tu humillación y tu odio sean la semilla de la fuerza que necesitarás para guiar a los tuyos.

El orgulloso hombre, aun con la boca llena de tierra y el cuerpo mutilado respondió:

- Algún día llevaré tu cabeza a mi aldea.

- Algún día, joven cazador, algún día.

Y de nuevo el dios rugió, con un sonido que recordaba a una carcajada. Levantó su pié y desapareció entre las copas. Tras él lo hizo toda su corte y dejaron a Inkinu solo, apaleado y exhausto en el suelo del bosque.

A penas recuperó el aliento, se apresuró a recoger sus cosas. Antes de reanudar la marcha sacó el ungüento que Ninphäli le había preparado y curó con él sus heridas que empezaron a escocer como si estuviesen cubiertas de fuego. Tenía varias costillas rotas y cada paso era una tortura, pero apretó los dientes y caminó a buen ritmo. No había avanzado mucho la noche cuando al fin llegó a la árida llanura que precedía al Fin del Mundo. La Luna estaba casi llena e iluminaba aquel basto paisaje de arena y rocas donde apenas crecían algunos polvorientos y sucios hierbajos. La tremenda algarabía del bosque cesó, ya sólo se oía el más absoluto de los silencios a penas roto de cuando en cuando por el vuelo de un insecto. Los lagartos inmóviles observaban al hombre pasar, Inkinu sabía que al alba llegaría al Fin del Mundo y eso le daba fuerzas. No se detuvo cuando divisó una figura inmensa en el horizonte, pero según se fue dibujando la forma que allí se encontraba, incluso la intrépida alma del gran cazador se amedrentó. Frente a él se erguía el gran Nagash, el dragón gris del desierto, de piel escamosa, colmillos afilados, mirada serena y alma retorcida. No había posibilidad de huir del monstruo, tampoco podía esconderse en ningún lugar de aquel erial, así que mantuvo su trayectoria hasta que se halló a pocos metros del fabuloso ser. Pudo entonces ver al mal en toda su majestuosidad, desprendía una luz plateada y la intensidad de su mera presencia hacía temblar el suelo. Dicen que el valor no es la ausencia de miedo si no la capacidad de sobreponerse a éste, y así debe ser porque no hay corazón humano que pueda permanecer impasible ante la presencia de un gran dragón. Inkinu tembló, el dolor de sus llagas a medio sanar se intensificó, la debilidad debida al hambre y al agotamiento se hizo patente en todo su cuerpo, a punto estuvo de desfallecer, pero su voluntad era la más fuerte que pueda tener un hombre, así que miró a la bestia a los ojos y habló:

- Soy Inkinu, hijo de Inkinu. Salí de la Tierra Segura el Día de la Desgracia, crucé el Bosque de Caza de los Hombres y el bosque del Dios-mono. Con éste luché y aunque fui derrotado y acarreo esa vergüenza, probé mi valor y me fue concedido permiso de paso. Ahora, a las puertas del Fin del Mundo, te pido a ti, gran Nagash, Señor de la Tierra Seca, que me dejes proseguir mi marcha para que pueda llegar al Santuario de la Diosa Primera y aprender allí la manera de regenerar el Tiempo.

Las enormes comisuras de la boca del dragón se estiraron hasta articular una amplia sonrisa que puso al descubierto sus brillantes colmillos. Antes de responder, dejó pasar un largo silencio, luego su voz sonó al fin. Era una voz horrenda, aguda y múltiple, como si en su garganta habitaran millones de seres minúsculos que hablasen a coro, un sonido que ensuciaba el alma y degeneraba el cuerpo y que sólo los lagartos podían soportar mucho tiempo:

- Hace miles de años, un hombre de tu mismo nombre llegó a este desierto. Luchamos, y con la ayuda de los dioses consiguió vencerme, convirtiéndose así en el primero de los héroes. Durante cientos de décadas, perdí año tras año mi batalla, derramando sobre la arena mis lágrimas negras de rabia. Yo fui creado poderoso y astuto, un adversario digno, pero fui condenado a la derrota perpetua, y no se me dio una naturaleza sumisa con la que mitigar mis ansias de venganza. Hoy, joven guerrero, para evitar esta contienda que sólo puede llevarme al desastre, te ofrezco un presente que sellará la paz entre nosotros para siempre. Un regalo que me ha llevado eones realizar, pues durante cientos de siglos he reunido cada una de mis lágrimas provocadas por el odio, y cada gota de mi saliva, tan preciosa y escasa en este desierto. Con todo mi dolor, he creado este estanque que hoy te muestro a la luz de la luna llena, éste es mi regalo, valiente Inkinu, no podrás saciar en él tu sed, pues es tan venenoso como mis colmillos, pero podrás observar en su serena superficie el más maravilloso prodigio que jamás halla visto un ser parlante.

Y la bestia levantó su gigantesca cola y tras ella se descubrió un socavón en la tierra, cuya anchura era poco mayor a la del rostro del hombre. Éste, olvidando las advertencias de los ancianos que prohibían posar los ojos en los cuencos mientras estos estuviesen aun llenos, fijó su vista en el tupido líquido negro. Estaba liso como el azabache pulido, y a la luz de Luna, ofreció al héroe una imagen que cambiaría el destino del Cosmos, la imagen de su propio rostro. Inkinu vio a Inkinu por primera vez y cuando tocó su mejilla con la mano derecha el ser del reflejo hizo exactamente lo mismo con su izquierda. Y a través de la mirada que sus propios ojos le devolvían entendió de repente que su rostro no era igual que el de sus primos, ni siquiera igual que el de su padre, que ninguno de los hombres de su aldea era igual entre sí, que nunca lo serían. Sintió entonces una extraña sensación en el estómago, como un agarrotamiento horrible tal vez producido por el hambre, y cuando levantó la vista aturdido por la extraña experiencia, miró a los ojos a la gran serpiente y volvió a sentir miedo, pero sintió también lástima por el demonio cuya mirada era ahora diferente, tal vez similar a la del estanque en algún sentido oscuro y misterioso.

- Parte ahora.

Dijo Nagash, y se desvaneció en el aire polvoriento. El héroe reanudó su camino y al amanecer llegó a la Gran Montaña del Fin del Mundo donde se encontraba el Santuario de la Diosa Primera. Escaló la angulosa pared debilitado por los golpes, la sed y el hambre, y al fin alcanzó la abertura en la roca. Fuera el sol del desierto brillaba ya en todo su esplendor con una fuerza abrasadora, iluminando el interior de la pequeña cueva. Dentro de ésta el gran cazador vio al fin la estatua de la diosa, imponente, eterna, esculpida en piedra roja llegada de fuera del Mundo, por manos no humanas en una era anterior al Tiempo. A pesar del sofocante calor del exterior, el Santuario se hallaba fresco y húmedo, las paredes rezumaban agua y todo estaba cubierto de musgo y líquenes que crecían en la roca. La fuerza de la diosa generaba la vida allí donde sólo puede haber muerte. Y a los pies de la estatua crecían los frutos bulbosos que Inkinu sabía que debía ingerir. Rezó la Plegaria Secreta y comió un puñado, luego calló exhausto a los pies protectores de la deidad.

En su sueño se le apareció ella, con su precioso cuerpo desnudo, casi transparente, suspendido en el aire. Envuelta en su manto de luz nocturna acercó su mano azulada al rostro del hombre y acarició su mentón, luego sonrió. Le habló directamente al alma, sin mover los labios, generando en su mente visiones del futuro. Le mostró como volvería a la Tierra Segura, como al llegar podría al fin descansar y desposar a Ninphäli. Inkinu vio como el día antes de la noche de bodas saldría a cazar y apresaría al mayor de los pájaros del bosque. Pero no comería su carne, si no que lo sacrificaría en honor de ella, levantaría después la Piedra Negra y allí encontraría la efigie del dios de la memoria cuyo nombre no ha de ser pronunciado, renegaría entonces de él y luego todo los hombres juntos entonarían la más importante de las plegarias, aquella que regenera el Tiempo y permite que lo que ha sido degradado vuelva a nacer. La noche de ese mismo día engendraría en el vientre de su esposa un niño, que a los nueve meses nacería sano y fuerte y recibiría el nombre de Inkinu, sellándose así el pacto de vida entre el Hombre y la Diosa Primera, que permitiría a ambos vivir para siempre en eterno equilibrio.

Según acabó la instrucción, el sueño se desvaneció y el héroe despertó. Pero al incorporarse, aun dentro de la cueva, giró su rostro dando la espalda a la estatua de la diosa y miró al cielo luminoso. Recordó la visión de su reflejo y entendió que si el tiempo no era regenerado el mundo comenzaría a expandirse y los hombres ya no tendrían por qué respetar los dominios de los monos. Podrían someterlos y ocupar sus bosques y luego podrían ocupar los bosques nuevos que aparecerían más allá de las montañas. La Tierra Segura se haría más grande, los hombres más numerosos. Incluso crearían tierras seguras diferentes a la original, en otros claros en otros bosques. Y él, Inkinu, sería el descubridor de ese nuevo poder, el responsable de un mundo nuevo, siempre diferente, que envejecería al igual que lo hacen los hombres, pero cuyo tiempo sería precioso por ser exclusivo, porque cada segundo nunca desde entonces se volvería a repetir. Y ya no tendrían que borrar de la Piedra Negra su nombre para inscribir en él el de su hijo, su nombre quedaría escrito para siempre y bajo él un nombre nuevo, diferente, Pactú, el nombre del niño que Ninphäli y él engendrarían cuando volviese a casa.

Y así, se despidió de la diosa siguiendo el Ritual de Respeto, pero nada más salir tensó su arco, apuntó al cielo y mató un pájaro carroñero. Lo comió con ansia y con las fuerzas renovadas cruzó el desierto. Al llegar a la linde del bosque, buscó un árbol de madera firme del que cortó una rama gruesa. Usando su piedra afilada talló una docena de flechas de esta madera, mucho más largas de lo que los ancianos permitían. Acampó esa noche allí y cazó dos grandes lagartos que fueron su cena. Al despuntar el alba se adentró en territorio enemigo. Esta vez, los monos se mostraron aun más intranquilos que en su viaje de ida y no había llegado el mediodía cuando la maleza se estremeció con un crujido ensordecedor y el Dios-mono apareció una vez más ante el héroe.

- Detén tu camino, ser parlante. ¿Cómo osas profanar estas tierras? Has comido carne, tu impureza profana la armonía de nuestro territorio y ofende el honor de mi pueblo. Por esta afrenta morirás, aunque ello conlleve impedir que cumplas tu destino.

Inkinu no respondió, tensó su arco y disparó sin vacilar al rostro del animal. Éste se cubrió con la mano, pero la nueva flecha del hombre atravesó la extremidad y llegó a hundirse en el ojo derecho de la bestia. La impresión del resto de primates fue tal que ninguno se atrevió a atacar por no privar a su rey del privilegio de tomarse venganza tras tamaña ofensa. El dios cargó mientras el héroe apuntaba de nuevo. El segundo proyectil se hundió muy profundo en la carne negra pero no detuvo el embiste. Inkinu salió despedido, rebotó contra un árbol y calló al suelo. De allí le recogió el Dios-mono, agarrándole del cuello con su mano derecha. El hombre lanzó una última mirada desafiante e intentó articular palabra, pero la presión en su garganta era ya demasiado fuerte. La mano se fue cerrando inexorable hasta que rompió primero el espinazo del joven y terminó aplastando del todo su cuello, separando su cabeza del tronco. Miles de monos alzaron sus voces salvajes, tomaron los restos del héroe, irrumpieron en los Terrenos de Caza y llegaron hasta los lindes de la Tierra Segura donde arrojaron su trofeo.

¡Ay, amigos míos! Ese fue el triste final del gran Inkinu, el primero de los héroes de nuestro tiempo. Esa noche los hombres entonaron oraciones funerarias y llenaron el viento de lamentos, se decidió que el nombre del héroe jamás sería borrado de la Piedra Negra. Ninphäli, desconsolada, puso la cabeza de su amado frente a las antorchas y dibujó con un tizón negro el contorno del perfil que la sombra proyectaba en el suelo, los ancianos ordenaron que esa imagen no fuese borrada nunca. Y el hijo de Ninphäli ya no sería Inkinu, pues ya no sería Inkinu su padre, se llamaría Pactú y sería un héroe nuevo, capaz de someter a los monos y de quien sabe qué más nuevas hazañas.

Esa noche, todos los primos del fallecido vieron en sueños a Ninphäli y desearon su cuerpo bello y su espíritu noble, y gestaron en su mente dormida imágenes en las que engendraban en la mujer un niño destinado a llevar a cabo gestas fabulosas, un hijo que no llevaría su nombre, pero que sería aun así sangre de su sangre.

Y esa noche los monos recorrieron todo el bosque aullando frenéticos, triunfales. Sólo su dios se sentó en silencio sobre una rama y miró a la Luna, que ya no estaba llena si no menguante. Aturdido por el dolor de su ojo, entendió de una forma instintiva que esa regularidad seguiría rigiendo en el astro pero no lo haría ya en la tierra que pisaban. Y así mismo entendió que los hombres a partir de ese día nunca más regenerarían el tiempo, que empezarían a rendir culto a la memoria, que nunca estarían satisfechos. Y soltó un leve gruñido tristísimo, casi un sollozo, al haber comprendido al fin por qué el día de la partida de Inkinu, tres días antes de la última luna llena del año, era llamado desde siempre el Día de la Desgracia.

Dedicado al gran Iván en el aniversario de su nacimiento que fue, y así lo acabará reconociendo la Historia, justo lo opuesto a un día de desgracia.
Felicidades genio!