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15/5/13

Muerte en Venecia (sobre un video de Almudena Mestre)


y si no nos muriésemos?
cómo podríamos sentir las imágenes?
cómo podríamos mirarlas, aunque sea por un instante,
sin prejuicios ni juicios
extraños ante su instantaneidad eterna.

y si no envejeciésemos?
cómo podríamos vencer, aunque sólo sea un poco, la mezquindad?
cómo podríamos hacer sacrificios,
rendirnos al desasosiego que producen las cosas bonitas.

cómo podríamos entender la maravilla de haber acariciado un cuerpo joven
cómo podríamos valorar los recuerdos
cómo podríamos amar a aquellos a los que de forma misteriosa elegimos.

yo estuve una vez en venecia,
escuchando una música salida de ninguna parte
yo he sido un príncipe invisible
y me he arrastrado consumido por la estupidez de la culpa.
todo lo bueno, todo lo intenso de mi vida se lo debo a la vejez y a la muerte
cada destello de lucidez, vencedor de la melancolía.

no hay suerte mayor que llegar a viejo
comprender el valor de lo que fue
entender el poder de una fotografía
de un fantasma precioso
resto de un pasado que al revés que el presente y el futuro
existirá para siempre.

pido a la inmensidad vacía de sentido
que me deje llegar al momento en el que intuyo que mi vida debe terminar
que no me lleve antes ni después
que me de la gracia de avanzar cada paso de ese camino
con todos los errores, con todo el miedo.

La vida no se hizo para ser feliz.
cómo podría entender esto si no supiese que un día estaré muerto.
yo tengo fe en la muerte
gracias a eso puedo acostarme satisfecho, cada jornada,
cada día acepto todo lo que dejo sin hacer
todo lo que dejo sentido y que ya no podré sentir por primera vez,
gracias a que a cada instante muero,
puedo aceptar la pérdida,
puedo entender que no se puede entender.

Tesoros que tengo porque ya no los tengo,
un desierto de granos de arena minúsculos
y en cada grano una ciudad sobre las aguas
música olvidada
abrazos
lágrimas en la lluvia.




19/9/08

El año que vivimos peligrosamente.

El trabajo que estoy haciendo hoy y ayer me aburre de sobremanera. Me doy descansitos para sobrellevarlo; miro mi recién estrenada cuenta de Facebook (es gracioso redescubrir gente del pasado, si leéis esto podéis buscarme por "Germán Huici" y haceros mis amigos), miro el correo (siete veces al día), miro el Marca (seis veces al día), miro el País (tres veces al día), busco alguna tontería en el youtube… Acabo de poner "Year dangerously" y me ha salido esta escena de El año que vivimos peligrosamente, al verla se me ha puesto el corazón a cien por hora… ¡Sólo con un video!

Tengo que empezar a controlar mis emociones… Como me gusta esa película.



11/9/08

La rosa que creció en el asfalto.



Lo creáis o no, 2pac Sakur es uno de los talentos más extraordinarios de todos los tiempos. Vivió a penas 25 años, pero fueron suficientes para escribir cientos de canciones y poemas maravillosos. Siempre es ambiguo, complejo y formalmente un genio apabullante, tiene un aura intensísima y utiliza unas metáforas que, francamente, despiertan mi envidia. En este video se queja de la falta de piedad de los blancos estadounidenses con los negros estadounidenses. Dice que si te encontrases una rosa que ha crecido en el asfalto simplemente dirías: "¡Joder, una rosa ha crecido en el asfalto!", no debería importarte si sus pétalos están mellados o su tallo retorcido, porque una rosa crecida en el asfalto es un milagro. 2pac dice que los chicos que consiguen crecer en los ghettos son como esa rosa.

Bonito ¿verdad? Yo una vez encontré una Magnolia en el asfalto. Le dedico este post en este 11 de Septiembre, su día.


4/9/08

Música Pop, bendita música Pop.

Mi disco de este verano ha sido Who's Next de los Who (un clásico en mi vida). Who's Next sale de Lifehouse: un proyecto fallido que Pete Townshead intentó retomar varias veces pero que nunca consiguió realizar. Lifehouse debería haber sido una ópera rock cuya música fuese en consonancia con el público hasta un nivel extremo. Cada miembro de la audiencia hubiese aportado los gráficos de sus constantes vitales e información sobre su personalidad y su vida, Townshead pretendía componer ayudado de ordenadores, conjugando todos los datos recogidos para conseguir llevar a la audiencia hasta un climax de tal intensidad que terminase produciendo una iluminación espiritual colectiva. Por aquel 1970, Townshead estaba muy colgado con el LSD y con las enseñanzas del santón hindú Meher Baba. El estado que buscaba inducir en el personal era una especie de trance perpetuo, en el que los afortunados "bailarían hasta sumirse en la inconsciencia".

Como todo esto resultó más complicado de lo que podría pensarse a primera vista (ironía), acabó juntando el trabajo inacabado y formó Who's Next; uno de los mejores albums de rock'n'roll de la Historia. En las canciones del disco se desarrolla parte de lo que hubiese sido la trama de Lifehouse: En un futuro súper polucionado, la gente, para sobrevivir, ha de llevar unos trajes protectores que no se quitan nunca. Para poder relacionarse unos con otros a través de estos trajes, todos están conectados a una red virtual que les produce estímulos, aunque de este modo las personas no sienten experiencias reales (muy parecido a Matrix y preludiando Internet en ¡¡¡1970!!!). Una campesina escocesa, Mary, se entera de que hay una resistencia que va a hacer un gran concierto de rock'n'roll en Londres con el fin de conseguir que las personas recuperen la capacidad de sentir experiencias verdaderas. Mary se escapa, pasa aventuras y acaba en el gran concierto. En plena sesión la policía les acordona y está a punto de entrar cuando la música llega a su clímax. Así, en ese momento, la intensidad es tal, que el trance sonoro les catapulta a un estado espiritual superior que hace desvanecer sus presencias físicas. Cuando los maderos entran se encuentran un local vacío.

Hoy en la universidad había un tipo de seguridad que nos mandaba callar cuando hablábamos. A ver si se me entiende: ¿QUÉ COÑOS ESTÁ PASANDO? Hace sólo 20 años, en Madrid, en los 80', a todo el mundo le hubiese parecido un puto escándalo que un tipo con porra y esposas se pasease y guardase el orden en una facultad universitaria. Los hippies eran extremadamente ilusos, el estrepitoso fracaso de su excesivo idealismo fue la crónica de una muerte anunciada, pero ¿qué mierda de juventud desengañada hemos vivido a cambio? Cuando miro a la música pop reciente, a la de esta década, me pregunto: ¿quien ha salido? Entre los artistas que han realizado impactos mediáticos, comerciales y sociales considerables, y que yo considero que tienen cierto talento y que, al menos, hacen su propia música, me surgen tres: Eminem, The Streets y Amy Winehouse (hablo de ellos porque han petado con algo suyo y bien hecho, no porque sean los que más me gusten). Sinceramente es difícil pensar en muchos más de auténtica repercusión; ¿qué tienen en común estos tres? ¡Los tres se dedican casi exclusivamente a hablar de su vida! Encima, los tres son drogadictos y su vida es la de un drogadicto. No es que crea que halla nada terrible en ello pero ¿en eso ha quedado todo? ¿Del Nirvana -y el término va con segundas- a "menudo pedo me pillé ayer"?

Supongo que la respuesta es sí: en eso ha quedado todo.


En palabras de John Lennon, 1970, tan sólo unos meses después de la separación de Los Beatles:


Dios.

Dios es un concepto

por el que medimos

nuestro dolor.

Lo diré de nuevo:

Dios es un concepto

por el que medimos

nuestro dolor.

Sí.

No creo en la magia.

No creo en el I-Ching.

No creo en la Biblia.

No creo en el tarot.

No creo en Hitler.

No creo en Jesús.

No creo en Kennedy.

No creo en Buddha.

No creo en mantras.

No creo en la (Baghavad) Gita.

No creo en el yoga.

No creo en los reyes.

No creo en Elvis.

No creo en Zimmerman.

No creo en los Beatles.

Sólo creo en mí.

En Yoko y en mí.

Y esto es realidad.

Yo era el tejedor de sueños,

pero ahora he vuelto a nacer.

Yo era la morsa,

pero ahora soy John.

Y así, queridos amigos,

sencillamente tendréis que cargar con ello.

El sueño se ha acabado.


Este post está dedicado con gran admiración a los directivos de productoras musicales y a los poderosos en general, que tanto talento han demostrado para convertir en mierda algo maravilloso en menos de 30 años. Deseo de todo corazón que vuestras almas sufran todo lo que merecen en lo más profundo del oscuro Infierno (que por desgracia no existe).


Y para no acabar de mal rollo: We won't get fooled again, la canción que debía de llevar al público a la iluminación. Aunque es un directo de 1979 y están un tanto viejunos, es la puta hostia:


12/8/08

Bien pintado.

La semana pasada fui por segunda vez a ver el ciclo de pinturas de Twombly sobre la batalla de Lepanto. Una exposición que ningún amante de la pintura debería dejar pasar y que está prácticamente vacía. Twombly es un expresionista abstracto tardío, que comienza a despuntar a principios de los años 60', cuando Nueva York está viviendo ya el principio de la hegemonía de Warhol y el Pop. Su relativo anacronismo le ha relegado a un papel secundario (he de reconocer que yo no sabía quien era hasta la exposición), pero viendo los lienzos que se exhiben actualmente en El Prado, resulta evidente su condición de figura capital del Action Painting. Como espectador, sólo Pollock y De Kooning me han transmitido un intensidad semejante.

El encanto de que la sala estuviese vacía, más aun en un lugar tan abarrotado como El Prado en Agosto, me ha permitido vivir su pintura con una intensidad especial, íntima y minuciosa. He podido dedicar a las telas todo el tiempo que se merecen, y aun pienso volver para seguir disfrutando. Sin duda, resulta perfectamente coherente encontrar cuadros expresionistas abstractos en el museo de arte "tradicional" de la ciudad. Hasta hace poco tenía muy claro que esta corriente pictórica era la última vanguardia histórica y que, por esa vía, conectaba con el arte tradicional frente a las posmodernidad conceptual anticipada por Dada y consolidada en el Pop. Pero observando las exuberantes manchas multicolores de Twombly, que remiten a las barcas incendiadas de la batalla marítima entre turcos y españoles, me di cuenta de que el principal atractivo de este tipo de pintura enraiza con estadios de la tradición pictórica anteriores incluso a las vanguardias. A pesar de contar con teóricos de peso, como Barnet Newman, el expresionismo abstracto en sus dos vertientes principales (action painting y colour field painting), no es realmente un todo articulado en torno a una base teórica concreta y específica. No existe un manifiesto central y la voluntad de revolución formal definitiva queda en un segundo plano frente a la búsqueda de generar en el espectador una emoción visceral potente, de carácter primario. Es una pintura que busca lo sublime y bebe directamente del Romanticismo; como tan brillantemente lo explica Robert Rosenblum en su famoso libro.

¿Cómo consiguen los expresionistas abstractos este efecto? Lo hacen a través de uno de los recursos más fundamentales (y por ello a menudo pasado por alto) del arte pictórico: la excelencia a la hora de depositar el pigmento sobre la superficie. El goce como espectadores que nos ofrece el expresionismo abstracto es ante todo formal, se basa en acercarnos y alejarnos de la tela para admirar la maestría, la magia, la delicadeza, la violencia, la precisión, con la que la pintura se ha situado sobre el lienzo. No es necesaria en absoluto la mimesis para conseguir esto. Velázquez alcanza una impresión de veracidad tremenda en sus pinturas, y además lo hace con esa inverosímil pintura de "manchas distantes": esos borrones que sólo en la distancia construyen la más perfecta de las recreaciones. Pero Velázquez pinta bien sobre todo por algo aun más sencillo; porque deposita la pasta pictórica con una precisión endemoniada, perfecta. Sus manchas son admirables no sólo por su capacidad de reproducir impresiones visuales, son admirables por su manera de posarse; tan fina, elegante y majestuosa.

Cuando terminé con Twombly bajé a mirar algunos cuadros de la exposición del retrato. Me detuve frente a varios y acerqué mucho la vista para disfrutar de los acabados. La pintura nunca deja de sorprenderme por su multiplicidad de recursos: su capacidad para dilatar la experiencia de la temporalidad, sus posibilidades narrativas y conceptuales, la imitación de la realidad… Al final todo parte del puro proceso de dibujar y pintar. De la maravillosa capacidad de la mano humana, cuyo uso es uno de los principales elementos que nos separan, para bien o para mal, de los animales.

Si algún día alcanzo gloria y fama intentaré promover o patrocinar una página web o una serie de publicaciones que reproduzcan porciones de cuadros mínimas sometidas a muchos aumentos. En la extraordinaria exposición de Tintoretto que el Prado organizó hace unos meses, los carteles mostraban pequeños fragmentos de los lienzos del veneciano aumentados hasta convertirlos en grandes murales que recordaban mucho a pinturas expresionistas abstractas. En una ocasión, aconsejado por el gran Luis Iberni (tus alumnos te recordaremos siempre), acudí a un concierto de Horacio Lavandera, un pianista que es un auténtico genio. El intérprete tocó una selección de piezas contemporáneas, ruidistas y muy complejas; un género que ni comprendo ni aprecio. A pesar de lo nulamente preparado que estaba para apreciar su repertorio, me resultó una experiencia intensísima y fascinante: no me gustó la música, pero fue absolutamente brutal ver como tocaba, como sus manos se posaban en las teclas para producir sonidos a través de un instrumento al que le unía una empatía mágica. Supongo que gran parte de la maravilla del arte se reduce a eso, a admirar lo bien que alguien es o ha sido capaz de hacer algo.

La analogía musical no es, de hecho, inocente. Esta concepción puramente formal de la pintura se pone en relación con la música ya desde el cubismo y la primera abstracción, con casos paradigmáticos como los de Kandinsky o Mondrian. Si intentamos vaciar a la pintura tanto de su contenido narrativo como de su intención conceptual, la comparación con la música o la danza resulta muy enriquecedora. Como resulta así mismo muy interesante pensar en cual es su principal diferencia con esas otras disciplinas: la estaticidad. La música y el baile cabalgan en el tiempo, pueden jugar con el, pero siempre subidos a su grupa, azuzando o templando su ritmo. La pintura se ve con el reto de ofrecer una experiencia estática. Esa estaticidad es lo que la hace tan lenta. Vivimos en el mundo de la velocidad, donde lo estático es completamente anacrónico. Es la clave de la crisis de la pintura, de su incomprensión, pero esto tiene tanto calado que lo dejo sugerido para próximos textos… Quedémonos, por el momento, con Twombly, con sus pinceladas magníficas en colores combinados magistralmente y con esa sala vacía que os invito a visitar en la que podréis sentir la ilusión de que arrancáis al tiempo algunas pequeñas paradas dentro de su ritmo frenético.


Y como no he encontrado buenas fotos de la exposición os dejo con un video (se ve como el culo, pero bueno) de Pollock pintando. Me encancta esto que dice: "Puedo controlar el flujo de la pintura. No hay accidente, así como no hay principio ni final". El action painting es pintura pura con su oficio y su excelencia formal; está muy lejos de las performances y es completamente absurdo que sea alabada por ese sector de la crítica posmoderna que adora lo puramente conceptual y desprecia la pintura tradicional con su componente artesano.


29/7/08

One.


Últimamente no paro de escuchar la versión de la canción de U2 One de Johnny Cash. ¿Qué sería de mí sin Johnny Cash? Joder, realmente, cómo me gusta. Buscando la canción en el Yutube me salió este video. Es bastante sencillo y bonito, son escenas de transeúntes en Londres. Me ha entrado mucha morriña de esa ciudad que me encanta. Me encanta el rollo que tiene la gente allí de no ir nunca guapa del todo. Me encanta el aspecto medio sucio que tiene todo y todos. Me encanta la mala comida y el olor a mala comida. Me encanta la National Gallery, la Tate Britain y la casa museo de John Soane. Me encantan los parques y ese civismo educado tan formal, tan frío, tan terrible y tan lúcido. Me encanta su ironía y su clasismo. Me encanta que las cosas sean elegantes hasta tal punto que nunca son completamente bonitas y, por tanto, nunca son cursis. Me encanta la música. Me encanta el té. Londres es como los buenos amigos: tienen muchas cosas buenas y muchas cosas malas, pero te gustan por unas y por otras. Como los buenos amigos, que a menudo en gran parte te gustan por lo diferentes que son a ti. Estoy deseando volver.



Os dejo la letra de la canción traducida.


Uno.

¿Está mejorando?

¿O sientes lo mismo que yo?

¿Sería más fácil para ti

si tuvieses a alguien a quien culpar?


Dijiste un amor,

una vida.

Cuando es una necesidad

en la noche.

Un amor que tenemos para compartir,

que te abandona, nena, si no lo cuidas.


¿Te he defraudado?

¿O te dejé mal sabor de boca?

Te comportas como si nunca hubieses tenido amor

y quisieses que yo me fuese sin él.


Bueno, es demasiado tarde

esta noche

para llevar el pasado a rastras

hacia la luz.

Somos uno pero no somos el mismo.

Tenemos que cargar el uno con el otro

cargar el uno con el otro.

Uno.


¿Has venido aquí en busca de perdón?

¿Has venido aquí para levantar a los muertos?

¿Has venido aquí para jugar a ser Jesús

con los leprosos de tu mente?


¿Te pedí demasiado?

¿Más que mucho?

Me diste nada, y ahora

es todo lo que tengo.

Somos uno pero no somos el mismo,

bueno, nos hicimos daño y nos lo haremos de nuevo.


Dijiste que el amor es un templo.

El amor, una ley superior.

El amor es un templo.

El amor, una ley superior.


Me pides que entre,

pero luego me haces arrastrarme.

No puedo seguir aferrándome

a lo que tú tienes.

Cuando todo lo que tienes es dolor.


Un amor.

Una sangre.

Una vida.

Tienes que hacer lo que debes.

Una vida con cada uno.

Hermana.

Hermanos.

Una vida pero no somos el mismo.

Tenemos que cargar el uno con el otro

cargar el uno con el otro.

Uno.


28/7/08

Coincidencias.

Este sábado iba en el metro camino del trabajo. A pesar de que entro a las dos y media estaba soñoliento, perdido en la fantasía de cómo conquistaré a la actriz de Stranger than Fiction cuando viva en Nueva York. Estoy intentando hacerme menos pajas mentales, pero el viernes había pasado un día flojo y tenía que currar, así que decidí hacerme una pequeña concesión. Mientras me perdía en mis pensamientos miraba de reojo a los personajes que me rodeaban hasta que una mujer en concreto llamó mi atención con fuerza. Tenía un aspecto extraño, guapa, aunque de rostro duro. Sobre todo muy elegante, vestida informal, con un pantalón vaquero, una camiseta negra lisa, unas zapatillas en diferentes tonos de pardo preciosas, un sombrero panamá que a pesar de ser lo que era no llamaba la atención y una rebeca sobre los hombros de color verde aguamarina. Estaba extremadamente delgada y parecía tener unos cuarenta y pocos bien llevados o unos treinta y pico ajados. Mirándola me asaltó el extraño pensamiento de que el día de mañana me gustaría estar casado con alguien así. Serena, expresión melancólica, porte noble, distante, toda su ropa de buena calidad e impoluta pero un poco gastada. Los caballeros victorianos no estrenaban sus trajes, dejaban que el mayordomo les diese el primer uso. Ella, la imagen de la elegancia.

Seguí mirándola hasta que el Metro llegó a su parada y se dispuso a bajar. Se quitó la rebeca de los hombros para ponérsela y poder así caminar con más comodidad. ¿Por qué llevar chaqueta en un día de tanto calor? En la operación pude ver que la camiseta que llevaba era de tirantes, sus brazos hasta los hombros quedaron al descubierto unos instantes. Su delgadez era enfermiza, la fibra muscular se marcaba de forma desasosegante en sus articulaciones escuálidas. Debía de padecer una enfermedad terminal o ser heroinómana o anoréxica. Pienso que lo último es lo más probable. Pero había algo peor: tajos en el brazo, recientes, a penas cicatrizados, profundos y anchos, como hechos con un cuchillo basto de carnicero. He leído que las anoréxicas llegan a automutilarse en su cruzada contra su corporeidad.

La visión de esos cortes me impresionó mucho. Volví a mirarle a la cara que quedaba ya de perfil a mí, mientras ella esperaba a que la puerta se abriese para salir. Se la veía segura y triste, bella, ojos verdes, aristocrática, mandíbulas marcadas y prietas. Daban ganas de salvarle la vida. Se abrieron las puertas, suspiró, se colocó bien la rebeca y salió del vagón.

Escribí el grueso de este relato en el mismo asiento del tren; frenético e impresionado. Llegando ya al aeropuerto, donde trabajo, apuraba las últimas palabras de todo lo que sentía que necesitaba contar. Lo último que escribí fue esto:

"Me da miedo que esa mujer se quite la vida esta noche".


* * *


Esa misma noche hablé con mi amiga Raquel. Se le avecina una relación tormentosa. Me dijo que hacía poco le había dicho a otra personas las palabras: "luz, más luz". Las había dicho citando a Shakespeare, El Sueño de Una Noche de Verano. "Luz, más luz" fueron también las últimas palabras de Goethe antes de morir. Son palabras que no me gustan porque me recuerdan a torres de marfil, a espíritus demasiado etéreos, lejanos a los tejones que somos nocturnos y rechonchos y amamos la penumbra y el calor corporal de nuestras madrigueras. Aun así investigué; "luz, más luz" es, efectivamente, una cita de Shakespeare. Pero no de El Sueño de Una Noche de Verano si no de Romeo y Julieta, como no podía ser de otra manera. Mi obra preferida de uno de mis autores preferidos. No sólo mi obra preferida, sino "esa obra" en concreto.

Malditas coincidencias. Últimamente las coincidencias me han acosado y me han traído una lección: es demasiado duro pensar que no tienen sentido alguno, es demasiado duro pensar que tienen un sentido. Las coincidencias llevan consigo la lección de que, a menudo, lo más sabio es dejar lugar en la vida al enigma, negarse a entender, negarse a controlar, decir "vale". En el fondo de ese pensamiento está el sentido del recurso que utilizo últimamente al yuxtaponer textos cuya relación no acabo de entender pero intuyo. Como esa ansiedad de luz de Raquel, de Goethe, de Capuleto el padre de Julieta y de otros… esa ansiedad de luz en relación con la chica del metro de los cortes en el brazo. Creo que tiene que ver con El Alef de Borges, con un concepto que arrastro desde que leí Dublineses de Joyce: muy en el fondo, todos somos iguales y somos lo mismo y hay una unidad oscura y miserable pero sanadora que nos une. Espero que esa chica del metro esté bien.


* * *


Os dejo con dos historias de autodestrucción. Una mía, que es de lo que más me gusta de lo que he escrito. Otra de un tipo, amigo de un amigo, del que últimamente me están llegando textos. Me parece bastante bueno, firma JP. Si tenéis tiempo, echadles un vistazo.

Saludos

El Tejón.


Esto es un sombrero Panamá.



Ésta es la chica de Stranger tha Fiction.


18/6/08

She was such a lady!

Casi todo lo que sé de cine lo aprendí de crío. De niño y de adolescente me tragaba de todo: serie B, western, los estrenos comerciales, cine independiente, lo que fuese. Sobre todo mucho cine clásico americano que, por mi padre, en mi casa era toda una institución. Hoy sólo veo pelis concretas de directores que me interesan mucho, entre las cosas que he dejado, una de las que más añoro son los musicales. Los musicales no presentan conflictos muy profundos, son la pura perfección formal. Cuando te gusta un medio disfrutas con todo lo bueno de ese medio. En pintura, ahora, me encanta ver a Goya y a Velázquez con toda su enjundia, pero también me derrito ante la pura pintura de un Ghirlandaio o de un Corregio. Hoy se ha muerto Syd Charisse, las piernas más grandes de la historia del cine. En su honor cuelgo este vídeo en el que todo es perfecto: cómo bailan, cómo está rodado, la ropa, la canción interpretada por Sammy Davis Junior... Un día de estos tengo que sacar tiempo y volver a ver musicales, algún día.

El Tejón se quita el peludo sombrero en honor a una de las más grandes y le dedica esta entrada a otra de las más grandes, de las más grandes de mi vida. Ojalá la vida fuese tan perfecta y sencilla como los musicales.

Para Gatis, para siempre.

16/6/08

Camela vs. David Delfín.

Camela vs. David Delfín.

El otro día fui invitado (fui colado más bien) al acto más cool en el que nunca me he visto. La flor y nata de la sociedad madrileña se dio cita en el Matadero de Legazpi para homenajear al diseñador David Delfín, que iba a ser premiado por la ciudad de Madrid con un distintivo que se da todos los años a un diseñador. Acudieron el señor alcalde Don ALberto Ruiz Gallardón y algunos personajillos más de cierto "status" público como Eva Hache, Alasca, Bimba Bosé, etc.

Huelga decir que, en principio, el evento me resultaba igual de apetecible que ser emasculado por una pandilla de roedores rabiosos. Pero iban algunos buenos amigos, me insistieron y, principalmente, no había nada de comer en mi casa, yo cada día estoy más delgado y el catering prometía ser fastuoso. Nada más llegar vimos al alcalde y como las malas noticias nunca vienen solas, nos enteramos de que si queríamos comer y beber teníamos que esperar a que le dieran el premio al Señor Delfín. Bueno, hasta el momento la experiencia no era muy grave, charlamos animadamente un ratete y en seguida nos reunimos frente a un escenario donde un par de personajes iban a lamerle un poco el culo al homenajeado antes de que al fin nos dejaran cenar. Y comenzaron a hablar.

Primero se subió una mujer de hermoso talle y limitado conocimiento de nuestra lengua que comenzó citando a Adolf Loos. Adolf Loos, arquitecto Austriaco, fue adalid del funcionalismo, la relación (peregrina) con Delfín consistía en que, al igual que Loos defendía que el diseño no debía ser meramente decorativo, David Delfín, dotando de contenido conceptual a sus creaciones, trasciende así mismo el puro ornamento. "Pobre Adolf Loos", pensé, pero al fin y al cabo yo nunca he leído nada escrito por este personaje, y mis conocimientos sobre él estaban muy por debajo de lo que aporta la Wikipedia (acabo de leerme el artículo), así que seguí allí, papando mierda, en espera de la nutritiva recompensa. Pero, ay de aquellos que venden su alma al diablo por tan nimia prenda, pues su mezquindad a menudo es castigada.

La referencia utilizada a continuación me tocó de un modo mucho más profundo y aun me revuelve las tripas. La ponente, vocalizando trabajosamente las palabras que leía en un papel (que tengo mis dudas de que ella misma hubiese escrito) osó citar a John Ruskin. ¡A John Ruskin! Se me dispararon las alarmas: mi pobre Ruskin, el ser más inocente, purista, idealista, romántico, disparatado y, sobre todo, sincero, que puede haber vivido, citado al servicio de lo más falso, vacío, necio y mediocre. Se me pusieron (literalmente) los pelos de brazos y piernas de punta. No quería dejar mal a mis amigos, pero necesitaba salir de allí. Estaba rodeado de gente y empecé a decir: "me quiero ir, me quiero, ir", pero aun me retuvieron unos minutos más.

Justo acabó la mujer y se subió otro tipo, un profesor de estética de la Autónoma al que tenía la fortuna de no conocer llamado Fernando Castro. Éste, que sí hablaba castellano y sí había escrito él mismo sus palabras, acabó de joderme. Primero citó a Lacaan y luego la frase de Joseph Beuys: "el silencio de Duchamp está sobre valorado". Joder, la mierda: Lacaan, al que tanto citan los seudoposmodernos, expresa como nadie los problemas del hombre de nuestro tiempo, pero lucha por buscar soluciones, se preocupa y habla con criterio y profundidad (son cosas que no hace falta ni decir). La frase de Beuys, efectivamente boga por un arte con contenido, frente a la desolación duchampiana, pero Beuys tenía realmente contenido, tenía verdaderas preocupaciones sociales y espirituales. David Delfín, no. David Delfín es un mal diseñador de moda que añade a sus creaciones ciertos mensajes manidos, aburridos y simples, con cierto aire provocativo, para poder vivir del cuento. Joder, que quiera vivir del cuento, pase, pero NO SE CITA A BEUYS Y A RUSKIN EN RELACIÓN CON SEMEJANTE ESTUPIDEZ. Lo de Beuys fue demasiado, salí corriendo.

Hace poco conocí una persona que se quejaba de que en el mundillo del arte (David Delfín pretende formar parte de ese mundillo), supongo que en el mundillo intelectual en general, la gente ya no sentía, no se emocionaba, todo era mediocre. Cuando me decía eso yo matizaba sus opiniones: yo sí creo que ciertos campos están mal, se debe en gran medida a que el arte de masas se ha impuesto y puede ser magnífico: están el cine, la música pop… Pero lo que sí es cierto es que, progresivamente, en todos los sectores, desde la educación primaria a la alta cultura, estamos tendiendo a una simplificación y necedad tales, que empiezan a resultar siniestras. Los círculos de gente de mi edad supuestamente "intelectuales" siempre me parecen vacíos y pedantes, ni siquiera lo suficientemente irónicos y destructivos (como lo era Duchamp). Yo soy una persona muy romántica, creo en el arte, creo en la sinceridad de los mensajes, creo en el individualismo (en el de verdad; en que cada uno tiene que construirse así mismo, no en el de Nike) y me jode, sobre todo, la simplicidad y la estupidez, y me jode mucho más cuando se ponen las voces de los genios del pasado al servicio de esa estupidez. Al final, la gente joven más interesante, y también la más culta, que he conocido, se mueven al margen de los círculos considerados "intelectuales". Tal vez, porque ante tanta chorrada, la incapacidad de encontrar algún tipo de vía interesante e ilusionante que pueda aglutinar a un cierto número de personas se ha hecho aplastante. Ya nadie se cree las vanguardias, ni Mayo del 68.

Últimamente he estado un poco bajo en general, en mi proceso de reanimación ha habido algo inverosímil que me ha ayudado a recuperar energías: Camela. Camela es un conocidísimo grupo de tres amigos del barrio de San Cristóbal de los Ángeles (que está en Madrid pero no tengo ni papa de donde), que grabaron una maqueta en 1994 haciendo acopio de todos sus ahorros: 200.000 pesetas de las de antes. Un productor les oyó y apostó por ellos a una escala humilde: la de los discos de gasolinera. Camela reventó; son disco de platino, sus videos son superproducciones tremendas, hacen conciertos multitudinarios. Sin duda, generan en uno la duda de qué significaba la palabra "hortera" antes de que ellos aparecieran. Si Platón tenía razón y existe un mundo de las Ideas donde conviven las esencias conceptuales; Camela está allí como esencia del horterismo. Pero, joder, por eso son grandes, porque son algo en su estado puro. Cuando a Paulina Rubio o a Ricky Martin le componen un tema, todo está pensado, como en la obra de David Delfín. Camela hacen esa música ellos mismos, ellos son así. Y, tal vez es parte de algún proceso alucinatorio, pero yo lo noto. Cuando me los pongo en los cascos por la calle me dan una energía descomunal y siento que puedo con todo.

En mi humilde intento de inventarme como persona lo menos sujeta a lo establecido que me es posible. En mi proceso de crecimiento, en mi vida, Camela es ya una pieza más de un puzzle gigante y absurdo que no entiendo pero con el que intento ser sincero. Sin duda muchos pensaréis que estoy loco porque me guste, y tendréis razón. Pero lo que estoy dispuesto a defender a capa y espada es que Camela vale un millón de veces más que David Delfín y que muchas otras cosas que nos rodean y amenazan con su vacío y su necedad. Pongámosle corazón a la vida, hombre. Y a la mierda tantas chorradas.




P.D. Notesé que el último plano del video que he colgado está sacado de la película Sin Perdón de Clint Eastwood, Camela también tiene sus referencias...

17/5/08

Manet acaba de morir.

Manet acaba de morir:
"Al día siguiente, en Giverny, algunos de los bultos de Monet y Alice estaban aún sin abrir cuando éstos se enteraron de la noticia. Al instante telegrafió a un sastre de la calle des Capucines pidiéndole urgentemente un traje y, el 3 de Mayo, tomó uno de los primeros trenes a París. Llegó a las nueve de la mañana y se dirigió primero a la galería de Durand-Ruel para coger algo de dinero con que pagar el traje; Luego salió disparado hacia la iglesia de Saint.Louis-d'Antin, en Batignolles, para unirse a los demás portadores del ataúd, que eran Antonin Proust, Théodore Duret, Fantin-Latour, Alfred Stevens, Philippe Burty y Zola. Una gran muchedumbre esperaba en silencio en las aceras. Eugène, Gustav y Jules de Jouy encabezaban el cortejo fúnebre, mientras que Degas, Renoir, Pissarro y Puvis de Chavannes marchaban detrás del ataúd. Las calles estaban abarrotadas de gente que quería honrar al desaparecido. Todo Mont-martre parecía estar allí. El amigo de Manet, Jules-Camille de Polignac describió la escena. En un día por lo demás corriente -sin sol, sólo con alguna que otra leve nube que estendía sus tonos grises por el cielo pálido-, la carroza fúnebre iba dejando atrás a dependientas que compraban el almuerzo y a criadas atareadas que cruzaban la calle con delantales blancos. La calle era un festival de colores vivos con montones de lilas, violetas, pensamientos y rosas, que desprendían un olor intenso. Detrás, unas quinientas personas desfilaban lentamente. El cortejo se detuvo delante de la iglesia de Laint-Louis-d'Antin; delante del altar mayor, había un deslumbrante catafalco iluminado. Toda la iglesia estaba tapizada con colgaduras negras, donde resaltaba la letra M. Entró el ataúd cubierto de guirnaldas y coronas de flores, y en ese momento empezaron a cantar los coros, seguidos por el solemne oficio funerario.
En la puerta de la iglesia seguía congregada la inmensa multitud. Polignac oyó comentar en uno de los corrillos que se habían formado: "¡Pues al final fue pérdida de tiempo lo de brearle!". El cortejo reanudó su lenta marcha por el Boulevard Haussmann, las calles La Boétie y Marbeuf hasta Trocadero, camino al cementerio de Passy. Allí el cielo parecía lavado. De repente se abrieron las nubes y un rayo impactó sobre las jóvenes hojas de una hilera de árboles. Tras los solemnes actos en la iglesia, el cementerio parecía un lugar fresco y simple, primaveral. Alguien, olvidándose del duelo exclamó: "¡Qué bien se está aquí!". El cortejo dejó atrás sus parterres festoneados de florecillas blancas y, ante los deudos que se iban acercando, apareció la panorámia completa del cementerio: un lugar bonito, sencillo, rodeado de flores, bajo el suave cielo gris."
El relato está sacado de Vida privada de los impresionistas, de una tal Sue Rose.
Es curioso la intimidad que se puede llegar a sentir con algunas personas con las que nunca has tenido contacto físico. Manet me enseñó a ver pintura a través de su exposición del Prado del 2003, enseñanaza que completó su base con la exposición de Bill Viola de la Caixa un año más tarde. Manet me hizo el regalo del tiempo más lento de los cuadros. Pienso demasiado (eso no quiere decir que piense bien), la pintura me ayuda con este probelma. Poder plantarse ante un cuadro, una imagen fija, y dejar pasar el tiempo... es una experiencia tan distinta al cine o a la lectura... Me encanta esa sensación de ser el propio dueño del ritmo de la narración que me está siendo ofrecida: yo puedo sacar mis conclusiones, deleitarme en el placer formal, perderme en otras divagaciones o, simplemente, dejar de pensar. En Manet ese pensar mucho, disfrutar con la forma y llevarte hasta la extenuación para que al final simplemente te pierdas, está muy presente. Al menos es como yo suelo vivir su pintura. Manet da un descanso a ese pensar a borbotones que impone la vida moderna con su exceso de estímulos. Y a la vez es un grandísimo enrevesado. Supongo que me gusta, no porque haya sido el mejor, si no porque es muy afín a mí. Es de esa gente como Woody Allen, o James Barrie, que me hacen sentir: "si yo fuese listo de verdad haría algo así". Luego, claro, están los Picassos y Freuds que me suscitan otro tipo de fascinación: la de no poder concebir cómo han llegado a semejantes creaciones.
Cuando leí el fragmento que os mando se me escaparon unas lagrimillas. No es raro, casi nunca lloro en la vida real pero con las películas y los libros tengo el llanto muy fácil. Luego volví a llorar al final del libro cuando se van muriendo todos los impresionistas. Una de las muertes me hacía llorar por segunda vez: la de Renoir. Hace unos meses me leí la biografía de este pintor escrita por su hijo, el director de cine, la tal Sue Rose cuenta exactamente los mismo que el libro de Renoir mi Padre. Renoir pintó hasta el último día, con una artritis tremenda tenían que atarle el pincel a la mano deformada con pañuelos. La última mañana estuvo pintando unas flores, cuando terminó dijo: "Me parece que estoy empezando a entender algo". Qué guay ¿verdad?
Y eso, esta es la segunda entrada de mi blog: sr-tejon.blogspot.com , lo he fundado para escribir mis reflexiones sobre arte. Es básicamente un coñazo, así que no os aconsejo que entréis (el texto de la primera entrada es bastante malo, de hecho). Pero bueno, si algún inconsciente se anima, bienvenido sea.
Os dejo un retrato de Renoir artrítico hecho por Picasso a partir de una foto, el Folies Vergere de Manet, y el principio de Magnolia con la canción One de Aimee Mann, porque con el Paul Thomas Anderson también me identifico.
Últimamente escribo, así que estoy de un extraño buen humor.
Muchos besos a todos
El Tejón.

Magnolia, títulos (se ve muy oscuro).