guiado por las apariencias

17/1/09

Un par de diálogos sobre el deseo.

Estoy decidiendo en qué proyecto largo me voy a embarcar. Tengo diversas posibilidades, hace poco se me ocurrió uno nuevo, pero tengo que encontrar el que me ilusione lo suficiente para que una cabeza como la mía se concentre en elgo durante un año, ardua tarea.
Mientras tanto, en otra cosa en la que más o menos ya estoy encarrilado es en la disciplina de escritor. Estoy trabajando a diario y eso, aunque no a cuenta de cambiar mi ajetreada dinámica de vida si no a base de dormir 4 ó 5 horas (esta noche cumplo una semana sin llegar ningún día a las 6, bieeeeeeen). Ayer practiqué un poquito el diálogo, que me gusta a mi mucho de hacerlo.Había estado leyendo a Lacan que dice lo siguiente:
"¿Cómo es posible que estos hombres, soportes todos de cierto saber o soportados por éste, tanto unos como otros, se abandones hasta ser presas de la captura de esos espejismos por los que su vida, al desperdiciar la oportunidad, deja escapar su esencia, por los que se juega su pasión, por los que su ser en el mejor de sus casos, no alcanza más que esa pizca de realidad que sólo se afirma por haber sido siempre decpcionada?"
Es muy Chejov, el otro personaje que me obsesiona en este momento de mi vida. Por aquí quiero tirar en lo que escriba, eso sí yo soy muy romántico, pienso que una parte de nosotros, si luchamos, es capaz de rascar algo limpio y sólido de las terribles leyes del deseo. Si es que soy muy Murakami yo, y muy cursi también... Como la mayoría de los que me léeis.
Plata y oro.

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Ella camina deprisa, él la va siguiendo.
- Cena conmigo esta noche.
- No.
- Entonces, cásate conmigo.
- Vamos Matt.
- "Vamos Matt" no es una respuesta.
Ella se detiene y se da la vuelta.
- ¿No puedes comportante como una persona seria aunque sea por una vez en tu vida? ¿No puedes ser elegante sólo por una vez?
- Es exactamente lo que estoy haciendo.
- Eres insoportable.
Ella vuelve a caminar, él la sigue.
- Eso es un juicio, tal vez un hecho. Pero no es una respuesta.
- Siempre igual, siete años son muchos años para aguantar esta mierda.
- Eso es claramente un hecho.
- ¿Sabes lo que voy a hacer?
- ¿Decirme que sí e ir conmigo al juzgado?
- Voy a casarme con un hombre serio, educado, bueno, que me quiere bien y que mide más que yo. Y voy a dejar que me mantenga.
- Bueno… eh… Yo soy casi tan alto como tú.
- Tú y tus malditas bromas. Bromas sobre nuestros problemas, bromas sobre las desgracias, bromas sobre mi familia.
- No creo que sea físicamente posible no hacer bromas sobre tu familia.
Llegan a la puerta, ella abre pero se queda en el quicio, sin entrar.
- Matt, me he cansado.
- Antes te reías.
- Antes estaba enamorada de ti.
- ¿Y ahora?
- Mira, eres un tipo estupendo. Eres inteligente, divertido, genial, el sexo contigo es… ha sido brutal. Pero yo necesito equilibrio. No quiero vivir pensando en cómo pagaré las facturas del mes que viene, quiero poder tener una casa fija, hijos. Quiero estar con alguien al que pueda presentar a mis padres o a mi jefe sin que los asuste.
- Yo sé comportarme. Lo de tu jefe fue un accidente. Se lo merecía, te estaba tirando los tejos.
- Te emborrachaste y le vomitaste en los zapatos.
- Reconoce que te gustó.
- (Suspiro) No sé si quiero seguir siendo el tipo de mujer que considera romántico perder su trabajo porque su novio borracho le ha vomitado encima a su jefe.
- ¿Y quieres ser el tipo de mujer que aguanta los devaneos de su jefe para conseguir un ascenso? ¿Quieres ser el tipo de mujer que le dice que no a un hombre que te está pidiendo que te cases con él sin tener nada que ofrecerte salvo el amor más grande del Mundo?
- "El amor más grande del Mundo". Venga ya. Fuiste tú quien me enseñó que la sabiduría está en el cinismo. Al final aprendí la lección.
- Pues tú me enseñaste que dos personas que se quieren de verdad, siempre pueden seguir juntas si luchan por ello.
- Era demasiado inocente.
- Y yo demasiado estúpido… cuando te dejé ir la primera vez.
- Adiós, Matt.
- Él no te va a hacer feliz.
- Ya no creo en ser feliz, porque ni siquiera tú me hiciste feliz.
- Al menos yo te di la esperanza de poder serlo.
Ella cierra la puerta.

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- Lo siento.
- No, no lo sientes. Se sienten los deslices, las cosas hechas a conciencia no se sienten. Lo hiciste porque querías, sabías lo que pasaría y aun así lo hiciste, durante el tiempo que quisiste y hasta que te hartaste. No lo sientes, sientes que me haya enterado. Sientes que esté cabreado contigo. Sientes el irme a perder. Pero lo que hiciste, no lo sientes.
- Venga, ¿es que nunca has cometido un error terrible? ¿Algo que darías lo que fuese por borrar? Cuando la cagas en la vida no hay nada que hacer porque la vida no perdona, tiene sus consecuencias y hay que joderse. Pero cuando la cagas con un amigo no es así. Porque un amigo te puede perdonar. Mierda, no te pido que lo olvides y que actúes como si no hubiese pasado nada, pero no me digas que ya no somos amigos, dame algo, dame tiempo. Un amigo tiene derecho a redimirse.
- Sí, un amigo tiene derecho a redimirse. Pero es que un amigo no hace lo que tú has hecho. No estoy terminando con nuestra amistad, lo que he hecho es descubrir que nunca existió.
- ¿Sabes? A veces ser demasiado perfecto es un problema. Porque no aceptas los errores ni en ti ni en los demás. Eso es lo que te pasa, Carlos. Lo siento de verdad, haría lo que fuera para compensar parte de lo que te he podido joder, pero tú no admites ni un puto fallo.
- No, lo que me pasa no es eso. Lo que me pasa es que la persona que pensaba que era mi mejor amigo se ha estado follando a la mujer de mi vida.
- Siempre tienes que hacerlo todo tan absoluto. ¿Por qué tiene que ser "la mujer de tu vida"?
- Eso me pregunto yo desde hace tiempo.
- ¿Y qué te crees? ¿Que a mí no me gusta? No eres el único privilegiado capaz de ver que es alguien especial. Pero nadie tiene derecho a tocarla porque es sólo tuya.
- No. Todo el mundo puede hacer lo que quiera con ella, todo el mundo salvo la gente que me quiere y que no le compensa el daño que me va a hacer verla con otro. Y si te resultase tan especial como a mí no te la hubieses follado seis veces para luego pasar de ella. Si te hubieras enamorado… incluso eso sería menos malo.
- A lo mejor me he enamorado y sólo me la he follado cuatro veces porque aunque no pude evitarlo sabía que no podía hacerte eso.
- Ah vaya, no pudiste evitarlo. Supongo que te la encontraste desnuda en el suelo de algún bar, fuiste a saludarla, tropezaste y le metiste el rabo por error…
- Quédate con lo que quieras oír. Pero no me estás escuchando, te he dicho que a lo mejor sí me he enamorado.
Silencio tenso.
- Tú no te enamoras nunca.
- No, yo nunca me he enamorado, pero ya no sé si eso es así.
- Y ha tenido que ser justo ella.
- Joder, eso parece. Dios, lo siento tanto. Pero de verdad, intenta comprender que no eres el único que lo pasa mal. Yo… nunca debería haber empezado. Sólo nos encontramos, nos pusimos a hablar, a veces te encuentras con alguien y… todo es tan fácil que es como mágico. Y según te haces mayor esos momentos de magia se van haciendo tan escasos…
- Ha sido ella porque no la podías tener, porque era la misma persona que me gustaba a mí. Eso no es amor.
- Otra vez la magna autoridad. ¿Quién eres tú para decidir qué es amor y qué no?
- Alguien que sí ha estado enamorado de verdad.
- Pues a lo mejor me he enamorado porque era lo prohibido, o por probar a la persona que llevas dos años poniéndome en un pedestal. A lo mejor sólo he conseguido enamorarme de una forma mezquina y siniestra. A lo mejor mi relación con las mujeres está podrida de raíz y nunca encontraré a nadie con quien ser feliz. A lo mejor sólo siento lo que siento impulsado por el deseo frustrado y todo desaparecería si pudiese tenerla. Pero a día de hoy pienso en ella constantemente, no puedo comer, no puedo dormir, no puedo parar. Tengo ataques de ansiedad y lloro, lloro sin poder controlarme, hasta en la calle. Tengo que esconderme en baños públicos o en cajeros porque me avergüenzo de mí. Y hay tardes que tengo un dolor físico en el pecho tan agudo que siento como si tuviese un trozo de botella rota clavado en el corazón y paso horas casi sin poder respirar porque no puedo concebir la vida sin ella. Y no digo sin follármela; es que no puedo concebir olerle el cuello nunca más. Pero nunca podré hacerlo, porque te lo debo como tu amigo y porque no quiero perderte. Pero al final, mira, que puta mierda, me voy a quedar sin ninguno de los dos.
Juan tiene los ojos húmedos y dos lágrimas le cruzan las mejillas. Carlos se lo piensa un poco y dice:
- Pues parece que sí estás enamorado.
- Pues parece que sí.
Carlos con media sonrisa:
- Bienvenido al Infierno, con el tiempo uno se va acostumbrando, por lo menos se está caliente.
Se miran casi inexpresivos durante dos segundos. Entonces se dan un abrazo.
- Joder, lo siento. Lo siento de verdad.
- Bueno, vamos a beber.
- Sí, bebamos, bebamos hasta olvidar que mañana será otro día.
Se ponen en camino.
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El Tejón.
P.D. Entrada dedicada a Aitor Casero Vicente, el Único, el Glorioso, el Épico, el Magnífico. Guía de multitudes, príncipe de la gran urbe, visionario de nuestro tiempo.
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1 comentario:

srta pepis dijo...

son grandiiosos