guiado por las apariencias

30/7/08

Rojo y negro.

1606. Marquesa Brigida Spinola Doria. Rubens.

(Nota: Estoy que no paro, esto tenía muchas ganas de colgarlo, así que lo voy a colgar sin corregir, siento que esté un poco mal escrito, pero lo que digo me mola. Lo iré puliendo esta semana).


Rojo y negro

El otro día paseaba por la exposición del retrato renacentista de El Prado (estoy yendo todas las semanas, qué grande el pase de prensa), y me quedé un buen rato atrapado delante de La Marquesa Brigida Spinola Doria, de Rubens. Una obra de relativa juventud pero ya bastante acojonante. Pura tensión barroca: la marquesa muestra una actitud distante, regia, acorazada; al tiempo que presenta otros elementos de seducción y fogosidad casi lascivos. Un precioso traje blanco cubre su cuerpo, es una prenda pesada, casi como una armadura de distinción. Un ropaje imponente pero no excesivo, cuyo color blanco lo dota de una cierta sobriedad que contrasta, sin romperse del todo, con los ostentosos broches y cadenas de oro y piedras semipreciosas. El tejido, tal vez raso, está extraordinariamente bien pintado. Las mangas llevan remates dorados y un brocado de hilo de plata que les da un aspecto rígido y metálico, reafirmando esa impresión de armadura, y se abren a las manos en unos puños muy trabajados de encaje que separan agresivamente el vestido de la carne blanca. Una de esas manos sujeta lánguidamente un abanico, instrumento clave de la coquetería cortesana. Todo el magnífico atuendo es un artificio que divide a la persona en dos: el instrumento heráldico y ennoblecedor de la vestimenta, frente a un rostro que sin duda conjuga a la perfección con esa armadura, pero que aporta algunos matices fundamentales. Frente a esa luminosa y casi etérea combinación de dorados, plateados y blancos; la cara de la marquesa presenta sobre una base epidérmica pálida, jugosos accesos de tonos rojizos en los labios cubiertos de carmín, en los pómulos coloreados, en el pelo castaño brillante (que se acerca también al dorado) y, sobre todo, en unos fascinantes ojos rojizos. El matiz de color de esos ojos, inapreciable en la reproducción, es un motivo excelente para pasarse por El Prado estos días. Porque son rojos: sin perder ni un ápice de su coherencia la Marquesa nos observa desde la tela, por los siglos de los siglos, con un par de ojos que son brasas incandescentes. No conozco a nadie con los ojos rojos, pero la marquesa los tiene y sostiene esa mirada de fuego con una naturalidad estudiada que es la esencia de algo que ya no existe: la condición de nobleza. Da la impresión de que una dama de su alcurnia tiene los ojos rojos porque puede, porque una marquesa puede mirarte de rojo si le da la real gana. La máxima condición de la nobleza es la realeza, los más nobles son los más reales, hasta el punto de que en ellos se hace posible lo imposible, por ese exceso de realidad. Es magia, la magia de la pintura; en 1606, cuando se pinta el cuadro, aun era un asunto conflictivo el que personas del tercer estamento se retratasen, que se diesen el derecho de participar de la magia de ser "inmortalizados".

Geniales alardes de técnica pictórica son también el tocado de perlas y plumas, que cierra la figura por su parte superior volviendo a los blancos y plateados; y el cortinaje bermellón que ondea a la espalda de la retratada. La cortina roja es un elemento heráldico esencial en todo retrato de aparato de un individuo de alta alcurnia, se reservaba, de hecho, a aquellos que tenían vínculos con las casas reales. La forma en la que Rubens utiliza este pie forzado es una nueva genialidad: la tela deja de ser un elemento estático, mero telón de fondo para expresar la nobleza del sujeto, para convertirse en un elemento ondeante al viento, móvil, casi llameante, que contrasta con la estaticidad sólida del maravilloso vestido y apoya a esas afloraciones encarnadas de labios, pómulos, pelo y ojos. El marco arquitectónico en el que se sitúa la figura es, así mismo, fundamental: la marquesa, aparentemente quieta, se encuentra a las puertas de una construcción palaciega, en un lugar de paso, lo que nos hace intuir cierta actitud de movimiento, de paseo. Eso da a la escena un carácter inmediato, de hecho genera una escena en lo que podía haber sido un mero retrato estático.

Todos estos contrastes: blanco y rojo, movimiento y quietud y la aun no citada expresión seductora de sonrisa casi maliciosa, aunque muy medida, impropia de un retrato heráldico convencional; llenan el cuadro de una tensión terrible, de un dramatismo que atesora ya, muy a principios del XVII, toda la esencia de la crisis barroca que deriva continuamente en la incocreción y la tensión entre opuestos. Esa dicotomía se hace especialmente patente en la división radical que se establece entre todo el conjunto formado por vestido, cortinaje, joyería y arquitectura, y las pequeñas concesiones que se hacen a la carne. Concesiones breves en cara y manos y muy tamizadas por el maquillaje y la palidez, pero golosamente enfatizadas por esos detalles rojizos, por esos ojos… Y esta división destaca muy especialmente en los elementos que separan carne de aparato: los puños ya citados en el caso de las manos y el cuello tremendamente enrevesado del vestido que es uno de los pedazos de pintura más excelentes que he visto en mi vida. El trabajo de encaje almidonado, exageradísimo, es representado por un Rubens de apenas 30 años con una delicadeza y precisión técnica deliciosas. Ahí está todo: en ese cuello, en ese cuello que es frontera enfatizada. Podría entenderse como una división entre cuerpo y alma, pero el juego barroco convierte ese tópico en algo mucho más retorcido, le da una vuelta de tuerca, porque la espiritualidad, la condición ideal de la protagonista, está mucho más presente en esa vestimenta de luz; dura, clara, regia. Y, en cambio, el supuesto espejo del alma que es el rostro, es un escape para que aflore la picardía, la seducción, con elegancia pero con un contenido lascivo importante muy reforzado por lo enrevesado del planteamiento. El elemento espiritual por antonomasia de cualquier persona y de cualquier retrato, los ojos, son aquí rojos, rojos… es algo verdaderamente fascinante y mágico, sobre todo por la naturalidad con la que se establece esa mirada imposible. Sé que estoy siendo reiterativo en esta última cuestión, pero creo que ha de ser enfatizada, es genial, simplemente genial: cuello, cortina, ojos, tela, abanico, sonrisa, carmín, colorete.

Y más o menos hasta aquí llegué en mis vueltas en torno al retrato de la Marquesa. Pero ese cuello, ese cuello que divide dos cosas tan importantes, me recordaba a algo. Tardé un rato en descubrir a qué. Hay otro elemento, en otro retrato muy posterior, que divide a una seductora en dos, en cabeza y cuerpo. Es también un detalle pictórico magistral y nos da también muchas claves de un cuadro que es un complejo juego entre alma y carne, desde una perspectiva diferente, "realista" en vez de barroca, pero igualmente enjundiosa hasta el punto de que me obsesiona y me persigue en mis sueños. Es un elemento mucho más sencillo, es justo lo contrario, negro en vez de blanco, el accesorio de una prostituta en vez de una marquesa: el cordón del cuello de la Olympia de Manet. Pero ¿qué separa el cordón de la Olympia? Ambos cuadros hablan de momentos de crisis de la corporeidad. Pero el límite de la Olympia es, si cabe, más difuso. En la Olympia el alma no sólo se esconde o se confunde, más bien se anula. Su cuerpo es carne pura, obscena, y su rostro es una mirada negra en vez de roja. Una mirada lúcida en su vacío, consciente de esa corporeidad, casi vacía de todo, salvo de la inapresable realidad del instante. El cordón de la Olympia es un límite oscuro, detras del cual la cara se convierte en algo terriblemente similar al cuerpo, un cordón del que penden los últimos restos de la ilusión de que un pedazo de nuestro ser se asemeja a los ángeles. Los dos personajes destacan por su realidad, pero la realidad de la mujer desnuda es mucho más liviana y vacía que la realeza de la mujer noble. En el transcurso de tiempo entre ambos cuadros, el enigma de la seducción con su dramática base de contradicción, pasa de ser una intuición barroca del misterio teatral de la vida, a ser una rotundidad siniestra materialmente realista. Un lapso de 260 años en el que la modernidad agota los recursos sólidos de los macrorrelatos del pasado, para adentrarse en la desorientación del relativismo contemporáneo.



1863. Olympia. Manet.



29/7/08

One.


Últimamente no paro de escuchar la versión de la canción de U2 One de Johnny Cash. ¿Qué sería de mí sin Johnny Cash? Joder, realmente, cómo me gusta. Buscando la canción en el Yutube me salió este video. Es bastante sencillo y bonito, son escenas de transeúntes en Londres. Me ha entrado mucha morriña de esa ciudad que me encanta. Me encanta el rollo que tiene la gente allí de no ir nunca guapa del todo. Me encanta el aspecto medio sucio que tiene todo y todos. Me encanta la mala comida y el olor a mala comida. Me encanta la National Gallery, la Tate Britain y la casa museo de John Soane. Me encantan los parques y ese civismo educado tan formal, tan frío, tan terrible y tan lúcido. Me encanta su ironía y su clasismo. Me encanta que las cosas sean elegantes hasta tal punto que nunca son completamente bonitas y, por tanto, nunca son cursis. Me encanta la música. Me encanta el té. Londres es como los buenos amigos: tienen muchas cosas buenas y muchas cosas malas, pero te gustan por unas y por otras. Como los buenos amigos, que a menudo en gran parte te gustan por lo diferentes que son a ti. Estoy deseando volver.



Os dejo la letra de la canción traducida.


Uno.

¿Está mejorando?

¿O sientes lo mismo que yo?

¿Sería más fácil para ti

si tuvieses a alguien a quien culpar?


Dijiste un amor,

una vida.

Cuando es una necesidad

en la noche.

Un amor que tenemos para compartir,

que te abandona, nena, si no lo cuidas.


¿Te he defraudado?

¿O te dejé mal sabor de boca?

Te comportas como si nunca hubieses tenido amor

y quisieses que yo me fuese sin él.


Bueno, es demasiado tarde

esta noche

para llevar el pasado a rastras

hacia la luz.

Somos uno pero no somos el mismo.

Tenemos que cargar el uno con el otro

cargar el uno con el otro.

Uno.


¿Has venido aquí en busca de perdón?

¿Has venido aquí para levantar a los muertos?

¿Has venido aquí para jugar a ser Jesús

con los leprosos de tu mente?


¿Te pedí demasiado?

¿Más que mucho?

Me diste nada, y ahora

es todo lo que tengo.

Somos uno pero no somos el mismo,

bueno, nos hicimos daño y nos lo haremos de nuevo.


Dijiste que el amor es un templo.

El amor, una ley superior.

El amor es un templo.

El amor, una ley superior.


Me pides que entre,

pero luego me haces arrastrarme.

No puedo seguir aferrándome

a lo que tú tienes.

Cuando todo lo que tienes es dolor.


Un amor.

Una sangre.

Una vida.

Tienes que hacer lo que debes.

Una vida con cada uno.

Hermana.

Hermanos.

Una vida pero no somos el mismo.

Tenemos que cargar el uno con el otro

cargar el uno con el otro.

Uno.


28/7/08

Coincidencias.

Este sábado iba en el metro camino del trabajo. A pesar de que entro a las dos y media estaba soñoliento, perdido en la fantasía de cómo conquistaré a la actriz de Stranger than Fiction cuando viva en Nueva York. Estoy intentando hacerme menos pajas mentales, pero el viernes había pasado un día flojo y tenía que currar, así que decidí hacerme una pequeña concesión. Mientras me perdía en mis pensamientos miraba de reojo a los personajes que me rodeaban hasta que una mujer en concreto llamó mi atención con fuerza. Tenía un aspecto extraño, guapa, aunque de rostro duro. Sobre todo muy elegante, vestida informal, con un pantalón vaquero, una camiseta negra lisa, unas zapatillas en diferentes tonos de pardo preciosas, un sombrero panamá que a pesar de ser lo que era no llamaba la atención y una rebeca sobre los hombros de color verde aguamarina. Estaba extremadamente delgada y parecía tener unos cuarenta y pocos bien llevados o unos treinta y pico ajados. Mirándola me asaltó el extraño pensamiento de que el día de mañana me gustaría estar casado con alguien así. Serena, expresión melancólica, porte noble, distante, toda su ropa de buena calidad e impoluta pero un poco gastada. Los caballeros victorianos no estrenaban sus trajes, dejaban que el mayordomo les diese el primer uso. Ella, la imagen de la elegancia.

Seguí mirándola hasta que el Metro llegó a su parada y se dispuso a bajar. Se quitó la rebeca de los hombros para ponérsela y poder así caminar con más comodidad. ¿Por qué llevar chaqueta en un día de tanto calor? En la operación pude ver que la camiseta que llevaba era de tirantes, sus brazos hasta los hombros quedaron al descubierto unos instantes. Su delgadez era enfermiza, la fibra muscular se marcaba de forma desasosegante en sus articulaciones escuálidas. Debía de padecer una enfermedad terminal o ser heroinómana o anoréxica. Pienso que lo último es lo más probable. Pero había algo peor: tajos en el brazo, recientes, a penas cicatrizados, profundos y anchos, como hechos con un cuchillo basto de carnicero. He leído que las anoréxicas llegan a automutilarse en su cruzada contra su corporeidad.

La visión de esos cortes me impresionó mucho. Volví a mirarle a la cara que quedaba ya de perfil a mí, mientras ella esperaba a que la puerta se abriese para salir. Se la veía segura y triste, bella, ojos verdes, aristocrática, mandíbulas marcadas y prietas. Daban ganas de salvarle la vida. Se abrieron las puertas, suspiró, se colocó bien la rebeca y salió del vagón.

Escribí el grueso de este relato en el mismo asiento del tren; frenético e impresionado. Llegando ya al aeropuerto, donde trabajo, apuraba las últimas palabras de todo lo que sentía que necesitaba contar. Lo último que escribí fue esto:

"Me da miedo que esa mujer se quite la vida esta noche".


* * *


Esa misma noche hablé con mi amiga Raquel. Se le avecina una relación tormentosa. Me dijo que hacía poco le había dicho a otra personas las palabras: "luz, más luz". Las había dicho citando a Shakespeare, El Sueño de Una Noche de Verano. "Luz, más luz" fueron también las últimas palabras de Goethe antes de morir. Son palabras que no me gustan porque me recuerdan a torres de marfil, a espíritus demasiado etéreos, lejanos a los tejones que somos nocturnos y rechonchos y amamos la penumbra y el calor corporal de nuestras madrigueras. Aun así investigué; "luz, más luz" es, efectivamente, una cita de Shakespeare. Pero no de El Sueño de Una Noche de Verano si no de Romeo y Julieta, como no podía ser de otra manera. Mi obra preferida de uno de mis autores preferidos. No sólo mi obra preferida, sino "esa obra" en concreto.

Malditas coincidencias. Últimamente las coincidencias me han acosado y me han traído una lección: es demasiado duro pensar que no tienen sentido alguno, es demasiado duro pensar que tienen un sentido. Las coincidencias llevan consigo la lección de que, a menudo, lo más sabio es dejar lugar en la vida al enigma, negarse a entender, negarse a controlar, decir "vale". En el fondo de ese pensamiento está el sentido del recurso que utilizo últimamente al yuxtaponer textos cuya relación no acabo de entender pero intuyo. Como esa ansiedad de luz de Raquel, de Goethe, de Capuleto el padre de Julieta y de otros… esa ansiedad de luz en relación con la chica del metro de los cortes en el brazo. Creo que tiene que ver con El Alef de Borges, con un concepto que arrastro desde que leí Dublineses de Joyce: muy en el fondo, todos somos iguales y somos lo mismo y hay una unidad oscura y miserable pero sanadora que nos une. Espero que esa chica del metro esté bien.


* * *


Os dejo con dos historias de autodestrucción. Una mía, que es de lo que más me gusta de lo que he escrito. Otra de un tipo, amigo de un amigo, del que últimamente me están llegando textos. Me parece bastante bueno, firma JP. Si tenéis tiempo, echadles un vistazo.

Saludos

El Tejón.


Esto es un sombrero Panamá.



Ésta es la chica de Stranger tha Fiction.


23/7/08

Brutal.


John William Waterhouse. Eco y Narciso.

Según el diccionario de la RAE:

brutal.

(Del lat. brutālis).

1. adj. Propio de los animales por su violencia o irracionalidad.

2. adj. Dicho de una persona: De carácter violento.

3. adj. Propio de una persona brutal. Una paliza brutal.

4. adj. Muy grande. Una oscuridad brutal.

5. m. ant. bruto (animal irracional).


Me gusta decir "brutal". Es la palabra que utilizo para adjetivar las cosas y personas que más me gustan. Aquellas que me arrancan los sentimientos más intensos, por los que vivo con ilusión, por los que me muevo. Lo brutal como categoría estética hunde sin duda sus raíces en lo sublime y en el Romanticismo. La idealización "Rousseauniana" de lo salvaje tiene ya mucho de ese sentimiento de concebir lo brutal como positivo. Movimientos del s. XX como el Fauvismo o el Art Brut (por poner sólo los dos ejemplos etimológicamente más evidentes) vienen a confirmar que esa necesidad purista de buscar la emoción de carácter más rotundo y desbocado no ha desaparecido, aunque sí se ha pervertido y descafeinado, desde que el bueno de Burke la enunciases hace 250 años.

Para mí lo brutal no es exactamente lo sublime. Tiene en común con el concepto romántico que la emoción producida por el estímulo, o por su simple recuerdo, me llena hasta el punto de desbordarme, rebasa mi capacidad de sentir cualquier emoción en reposo hasta el punto de agitarme, de dejarme sin aliento en cierta medida. Pero el estímulo no ha de ser desmedido en sí mismo, sólo ha de ser lo suficientemente extraordinario a mis ojos. A la hora de juzgar una obra de arte suelo aplicar un criterio aristotélico desde una perspectiva emocional: es bueno aquello que cumple con excelencia los objetivos pretendidos a priori por su creador, inclusive si ese código es en sí mismo una creación original. Si lo pretendido es crear una obra fríamente académica, según los criterios perfectamente asentados y convencionales de la pintura decimonónica, y el resultado es un Gérôme, es brutal. Si lo que se pretende es reinventar el cine negro desde una perspectiva épico familiar, con un lenguaje visual revolucionario y perfectamente coherente a un tiempo, y el resultado es El Padrino, es brutal.

A menudo me resulta especialmente brutal aquello en lo que la intención es tan compleja que queda escondida, pero el resultado es tan apabullante que resulta evidente que sea lo que sea lo que pretende, se consigue. Estas obras despiertan además la curiosidad, la voluntad de interpretar y, aun más importante, el misterio. ¿Qué busca exactamente Miguel Ángel en la escalera de la Biblioteca Laurenciana? ¿Y El Bosco en El Jardín de las Delicias? ¿Y Velázquez en Las Meninas? ¿Y Borromini en San Carlos de las Cuatro Fuentes? ¿Y Giorgione en La Tempestad? ¿Y Goya en los Caprichos y los Disparates? Pues no lo sé, en algunos casos tengo mis teorías, incluso algunas certezas, pero las obras misteriosas son las más complejas porque acarrean la contradicción de no dejar ver exactamente qué son, pero al mismo tiempo nos llenan de la certeza de que lo son. Son, por consiguiente, brutales, muy brutales.

Pero he dicho que lo brutal es un concepto emocional. Todo lo que me gusta puede ser brutal. La Naturaleza es, a diferencia de las creaciones humanas, siempre coherente, la Naturaleza me apasiona, es, sin duda, brutal. Lo brutal puede surgir del accidente, las coincidencias acostumbran a ser brutales. También los lugares abandonados, o con un encanto no pretendido: como la enorme fábrica de cementos situada en medio de un bosque entre el mar y la montaña que vi en Portugal, era, sin duda, brutal. Naturaleza, ruinas, accidentes: lo brutal remite de nuevo, con mucha conciencia, al Romanticismo.

Brutal puede ser una noche de fiesta, un reencuentro con un amigo, el sexo (por supuesto), un concierto, un libro, un instante, una luz, una nube. Cualquier cosa que se sienta intensa. Algunas personas, muchas de las que conozco, son, también, brutales: Por su aspecto, por su personalidad, o simplemente por mi relación con ellos, por los años de amistad y las experiencias pasadas juntos.

Lo brutal es un sentimiento emocional e intelectual. Entonces, ¿por qué remite a un vocablo que el diccionario de fine como: "Propio de los animales por su violencia o irracionalidad"? Para empezar porque es emocional antes que intelectual. La información es procesada por la cabeza, pero sólo es brutal si se siente en las vísceras. Las emociones dan la impresión de remover estadios más salvajes de nuestro ser que el raciocinio. Pero además, lo brutal es aquello, que al llenarnos, al superarnos, nos libera por unos instantes de la opresión de la autoconciencia, nos despersonaliza y nos acerca, fugazmente, a la pureza inconsciente de los animales. La experiencia de lo brutal es una experiencia catártica.

Como experiencia catártica, lo brutal encuentra su máximo exponente en el humor, en el humor salvaje, irreverente, sutil, sencillo y profanador de los pilares más básicos de nuestra realidad y nuestro yo.

* * *


Hace ya muchos años que utilizo esa palabra: "brutal". Pero no había sido consciente de lo importante que es en mi imaginario hasta hace unos meses. Muchas de las personas que más aprecio utilizan la palabra "brutal" para definir aquello que les apasiona. Y aunque, cada vez más, usemos esa palabra de forma melancólica, como el destello fugaz de una forma de vivir perdida o soñada, yo pienso que en lo brutal sigue estando el germen de lo mejor de la vida.


"Un día que hoy está construido con vapores y niebla, moramos entre los árboles mudos en su Misterio insondable. Con la piel de color granate, con los huesos bañados en licor, con las manos tornándose hojas de metal bruñido. Merendamos un amor de carcajadas y tuvimos la certeza de que un peñasco perdido era el sonido más maravilloso del Mundo. Y ahora que escribo en nosotros, sólo hay yo, sólo hubo yo, y el futuro es aun más bromista que el pasado. Y en la perdición de mi obsesión se abre el camino de la ventana de las miradas de los otros que son yo y como yo, que son tiernos y son brutales.

Un día Eco decidió matar a Narciso. Cansada de repetir las palabras del muchacho, se le acercó por la espalda y le empujó adentro del estanque. El bello efebo, embebido como estaba en la contemplación de su reflejo, no tuvo tiempo de defenderse. La sorpresa fue tal que apenas chapoteó, se hundió sin remisión en las profundidades del lago. Eco se fue de vacaciones, conoció hombres, paseó por el campo, se emborrachó por las noches. Estudió historia del arte y acabó escribiendo una columnilla sobre eventos culturales en una revista de provincias, casada, enamorada y con un par de críos que fueron la luz de sus días. Eco escribía también cuentos, sin mucho interés de publicarlos. Cuentos en los que todos sus amigos apreciaban su capacidad para crear personajes coherentes, para entender al otro. Y es que los ojos de Eco fueron cándidos hasta el final y su mirada de chica, de mujer, de madre y de abuela, atesoró siempre la lucidez serena de aquellos seres extraordinarios que no se han pasado la puta vida mirándose el ombligo."


Con los ojos muy abiertos, se busca lo brutal.


Os dejo un cuadro de Gérôme, pinchad para verlo grande. Es el juicio de Friné. La historia (directamente sacada de la Güiquipedia, que ya no me apetecía escribir más) es la siguiente:

"Friné fue acusada de impiedad, un delito muy grave en Grecia (recuérdese que fue el delito por el que se sentenció a muerte a Sócrates), a causa de su continua comparación con la diosa Afrodita, comparación debida a su belleza. En efecto, Friné era la modelo de los escultores para representar a la diosa del amor, fertilidad y belleza femenina (se considera que la escultura llamada la Venus de Cnido es una representación de Friné). Otra de las graves acusaciones que sobre Friné pesaban era la de haber violado el secreto de los Misterios eleusinos.

Por petición de Praxíteles, durante el juicio fue defendida por el orador Hipérides.

Hipérides fue incapaz de convencer a los jueces con su discurso, así que, como último recurso, recurrió al amor (en griego: Eros, o acaso φιλíα) y a la belleza e hizo desnudarse a Friné ante los jueces, convenciéndoles de que no se podía privar al mundo de tal belleza, la cual era un monumento vivo a la diosa.

Con esta estrategia, consiguió conmover a los jueces, quienes la absolvieron de manera unánime."

¿A que es brutal?


17/7/08

Ayer Chispas cazó un periquito.

Ayer Chispas cazó un periquito. Estaba yo perdiendo la tarde (como hoy, tengo mucha ansiedad y no consigo hacer nada), cuando oí un pájaro piar muy cerca. No sabía si se había colado en el salón o se había posado en la barandilla del balcón, tampoco me preocupó. Pero en un momento dado giré la cabeza y vi a mi gatito, Chispas, en posición de acecho. Me encantan los animales, su sencillez… Iván me dijo una vez que los animales no hacen cosas raras. Me gusta muchísimo eso, que no hagan cosas raras como nosotros. Y así, sin hacer nada raro, con una coherencia imposible para un ser un humano, Chispas pasó de su posición de acecho a su posición de ataque y entró raudo en el salón, perdiéndose de mi vista. El pájaro empezó a piar con fuerza.

Me levanté de la silla y fui a la sala, mi mascota naranja y blanca tenía un periquito de un precioso color amarillo limón entre las fauces. Hace unos tres años aún vivíamos en el chalet dónde Chispas creció y podía salir siempre que quería y cazar a sus anchas. Mi gato no es un gato del todo casero, el pobre periquito, evidentemente escapado de alguna jaula, no tuvo ninguna oportunidad. Ante la imagen del depredador con su presa, aun viva y temblorosa entre sus fauces, tuve que plantearme qué hacer. Si dejaba que siguiese la carnicería tendría que aguantar los gritos agónicos del pájaro y limpiar luego la sangre y las plumas. También iba a ser un acto bastante cruento para el aséptico entorno que es una vivienda occidental del s. XXI. En nuestras casas nunca muere nada que no sean insectos u organismos microscópicos, ni siquiera la gente muere ya en sus casas, como ocurría hasta hace no mucho. Pero arrebatarle al gato la que muy probablemente será la última caza de su vida tenía algo de cruel, de triste y de raro. Así que hice lo más normal, lo que las personas tenemos tanta tendencia a no hacer, dejar que la Naturaleza siguiese si curso.

Chispas se llevó su premio al pasillo, buscando un poco de intimidad. Al parecer (lo descubrí ayer), matar un animal a mordiscos no es tan fácil ni tan rápido. Por otro lado creo que un depredador que lleva tiempo inactivo, simplemente no tiene ningún interés en que la agonía de su merienda sea ni fácil ni rápida. Chispas desangró un poco al pájaro, muy poco, y, estando éste debilitado pero aun vivo, empezó a comérselo, bastante contento. El ave piaba con muchísima fuerza, era bastante perturbador, dejé de leer, me salí al balcón del estudio de mi padre pero aun se oía. Somos las criaturas más mortíferas de la creación y las que tenemos más problemas para asimilar la muerte.

Allí, en el balcón, intentando no oír al pájaro y al tiempo contento porque mi gato estuviese viviendo una pequeña aventura en la monótona vida a la que le he condenado, no supe qué sentir. ¿Por qué hacemos, pensamos y sentimos tantas cosas raras? Tantas construcciones complejas, absurdas. Platón tenía cierta razón, hay un Mundo de las Ideas y un Mundo Material, y el Mundo de las ideas tiene más peso y es más esencial en las personas, pero se equivocaba en algo, no es mejor, no es más perfecto, no es puro y no es limpio.

El Viernes pasado volví a ver la exposición de Goya en El Prado, por última vez (qué pena). En los años que cubre la exposición, desde un poco antes de la Guerra de Independencia española, Goya abrió los ojos al terror, al terror humano, tan raro, tan siniestro. Salí de la exposición y escribí, del tirón, esto:

"Retratos de Goya: los adultos como niños y los niños como adultos.

Goya, el caos: Los hombres comen hombres, matan hombres, locos, actores, carnavales, máscaras, desnudeces grotescas, el individuo es débil, la masa difusa y anónima, hospitales, hecatombes, fiestas, pesadillas, sueños. Murió la verdad, Si resucitara?

Nadie cuenta el Mundo de hoy como Goya, fue el primero y aun no superado. La pintura ha sido el medio más lúcido de Occidente y la hemos perdido, ningún medio tan importante se ha perdido tanto como la pintura en los últimos siglos. Es una buena metáfora de nuestra crónica sensación de desarraigo y confusión.

Un consuelo pequeñito en los niños y las chicas monas, dulces, ricas; que escuchan y hablan y son listas como niñas; y en la intimidad que se alcanza con ellas se atisba la ilusión de que no todo es siniestro.

La Verdad ha muerto.

Y si despertara…

El tiro en la cabeza de los fusilamientos, es un pedazo de pintura completamente abstracto: la carne muerta no es, ya no es. ¿Es tan diferente de la viva?

Goya, el más lúcido de los hombres de Occidente. Luego está Picasso, claro, pero con ese aun queda la duda de saber si era humano."

¿Cómo se me ocurren estas mierdas? ¿Por qué las escribo y las cuelgo en una cosa que no entiendo que es Internet y las envío por mail a la gente que conozco para que me lea? ¿Por qué hacemos cosas raras?

Cuando Chispas terminó de comer se acomodó encima de su mantita en el salón, donde le gusta pasar todas las tardes, con toda la naturalidad del Cosmos. Metí el cadáver en una bolsa, limpié un poco la sangre y barrí las plumas. Luego me acerqué a él y le acaricié la cabeza. Tenía su eterna expresión estúpida, impropia de la elegancia que suelen tener los gatos.

"Buen chico, buen chico".

Le dije, y luego añadí unas palabras que salieron de mí como algo muy importante y muy melancólico. Algo que chocaba contra la muerte de la Verdad, contra el Mundo de las Ideas, contra la Naturaleza, contra todas las cosas normales y todas las cosas raras. Dije:

"Te quiero mucho, Chispas".

Es verdad, aunque él nunca podrá entenderlo. Aunque yo no sé si tiene algún sentido.

Acababa de tirar a la basura un periquito destripado al que se le veían las costillas.




15/7/08

La obra de mi vida.

Tras 26 años de observación del ser humano y obsesiva neurosis, he creado algo perfecto. Quiero hacer muchas cosas en el, espero, largo tiempo que me queda, pero desde hace poco sé que cuando en mi lecho de muerte mire atrás, habrá una obra, y sólo una, de la que me sienta plenamente satisfecho. Señoras, señores, tarados y otros mustélidos melinae; les presento…


EL TEST DE COMPATIBILIDAD DE PAREJA DEL SEÑOR TEJÓN (Lo más importante que ha pasado en el Mundo desde la invención del chupete).

El test funciona así: se vota de 1 a 10 (puedes poner “0″ en casos extremos, pero muy extremos tienen que ser), en 6 categorías diferentes. Sólo es válido con parejas, es decir, tienes que tener o haber tenido una relación con la persona a la que lo aplicas. El test mide la calidad de la relación, no tu atracción por esa persona o su atracción por ti. Tampoco hace falta que hallas tenido una relación larga, pero tenéis que haber tenido intimidad y sexo. El resultado es un número sobre 60 (evidentemente, si son 6 categorías del uno al 10). Si dudas, siempre se redondea hacia abajo (6′5 es 6, la vida es dura).

Las categorías son las siguientes:

Atracción sexual: es fácil de entender, sólo tened en cuenta que tiene que ser atracción mutua. Si alguien te atrae mucho y tú a el muy poco, la cosa no debería pasar de un 4 o un 3, por ejemplo.

Práctica sexual: también fácil. Evidentemente es una categoría claramente separada de la anterior (bueno, no tan claramente, pero que no es lo mismo, vamos). Puede que alguien te atraiga muchísimo y luego en la cama fatal (si te ha pasado, lo siento, es una putada), o viceversa…

Intereses comunes: ¿Tenéis cosas de que hablar? ¿se duerme cuando empiezas a hablar de Fórmula Uno? ¿Por qué coño no deja de rajar de metafísica? o, por el contrario, a los dos os encanta el arte y podéis ir a los museos (esto es lo que yo quiero) o sois deportistas y podéis ir al gimnasio juntos y hablar de ciclos de esteroides (¿de qué se habla en un gimnasio?), lo que sea. Intereses comunes del 1 al 10.

Sentido del humor: qué importante ¿verdad? ¿Os reís juntos? ¿Te hace reir? Realmente, qué importante.

Intimidad: este igual cuesta un poco más entenderlo. Hay gente que no te pone mucho, follas mal con ella, no tenéis nada que ver el uno con el otro, no tiene ni puta gracia y además, te saca de quicio. Pero cuando esta a tu lado en silencio haciendo otra cosa, te sientes bien, como en familia, como en casa. La capacidad para tener una buena intimidad en pareja es muchas cosas, pero se hace especialmente significativa en lo a gusto que te sientas junto a alguien cuando los dos estais en silencio, o haciendo la cena. Como en familia, como en casa. Esta categoría me encanta.

Compatibilidad de caracteres: una de las más conflictivas en un mundo como el actual, tan individualista. Hay que entender que puedes encontrar a alguien que te ponga a muerte, folleis de puta madre, compartáis en vuestra vida la pasión por el estudio de los macacos surcaribeños, te partas con él el ojete (¿se pueden hacer bromas sobre el aparato digestivo del mono araña dominicano? ¡Sí! ¡El amor hace milagros!), pero no aguantes ESA PUTA MANÍA DE LLEGAR SIEMPRE TARDE Y NO TENER NUNCA EN CUENTA MIS SENTIMIENTOS Y NUNCA DESPERTARSE PRONTO POR LAS MAÑANAS Y SER INCAPAZ DE PILLARSE UN PEDO… Nunca se sabe qué caracteres van a ser compatibles y cuales no; podéis ser iguales y compenetraros guay, o llevaros a matar precisamente porque sois iguales. Podéis ser opuestos y chocar por ello, o hacer de las diferencias la base de vuestro trabajo en equipo. Si sois equilibrados es fácil sacar nota en esta categoría, pero, personalmente, es en la que veo más chungo sacar un 10.

Y ya está. Los resultados, grosso modo, van así:

Menos de 40: mal, lo siento.

Entre 40 y 50: el estándar de las parejas que más o menos funcionan. Entre 40 y 50 los matices cobran mucha importancia: un 42 es bastante peor que un 46.

50 o más: ya está, lo encontrasteis, felicidades. ¿De verdad es posible? Por favor, ya que inventé el test que os hizo ver que sois el uno para el otro contactad conmigo y dejadme veros. Tiene que merecer la pena.

Pues esto es, la obra de mi vida. Usadla y veréis que, coñas aparte, ayuda entender cosas sobre las relaciones que tengáis o hayaís tenido. Ah, y a la hora de votar, esforzaros por ser sinceros e imparciales dentro de lo posible, que si no, no rula.

Besos y amor y buscad el 50.

El Tejón

14/7/08

Tienen que inventar alguna pastilla para dejar de ser tan cursi.



Por John y Rose
Por Charles y Alice
Por Cathy y Heathcliff
Por Henriette y Henry
Por Joel y Clementine
Por Edouard y Berthe
Porque el amor más grande del tiempo ha sido de humo y de nada
Porque me cago en todos ellos:
devoro sus almas
destruyo sus sueños
robaron mis calmas
auyento sus días
de pasiones vanas
y mato a los niños
y muerdo a las gatas
asusto a los buenos
con ojos de rata
me late de negro
en pecho de lata
y borro los días
de risas baratas
de agujas de fresa
de siestas en bata
de besos vacíos
de sentirme en casa
de querer pequeños
mios en tus faldas
y guardo la suerte
para otra jugada
y pierdo la vida
y pierdo la calma
no queda ya sopa
de recuerdos de nada
de flores caídas
sobre la calzada
magnolias podridas
trajeron distancias
siniestras, jodidas,
cubiertas de nata
sedientas de escarnio
la vida en tu cara
tu rostro marchito
sería aun mi alma
me quedo perdido
me quedo sin nada
mis manos vacías
la lluvia y mis lágrimas
tesoros de fuego
sonrisas de nada
atún en los labios
la rabia es salada
escribo y escribo
palabra y palabra
y cuando termine
acabó la cruzada
ya no más futuro
quebró la esperanza
mi sueño contigo
en una matanza
mi pecho es el cerdo
que grita y que sangra
la vida contigo
en una balanza
perdido, perdido
¿qué fue la añoranza?
no tiene sentido
horizonte de lanzas
de cristal y cuchillos
de finales, de nada
de lirios perdidos
en tus ojos malvas
de pasados de goma
de futuros con calvas
de agujeros negros
de noches sin mantas.

Tú fuiste la Elena
de mi Guerra de Troya
mi niña, mi cielo
mi pan, mi cebolla
ni un guiño, ni un beso
vacía amapola
el ojo del muerto
y la caracola.


11/7/08

Qué estoy haciendo ahora.

Voy a intentar sacar adelante una segunda novela, va a ser duro porque es un poco deprimente, pero hoy he leído algo que me da ánimos. Es algo que escribí hace un año cuando empecé a fraguar el proyecto. En principio me pareció demasiado denso, pensé en dejarlo como ideario del asunto y hacer los capítulos más narrativos. Pero aunque eso sigue en pie y la mayoría de los capítulos van a ser más historietillas, voy a meter éste porque al redescubrirlo me ha gustado bastante. Me ha sorprendido porque ha pasado un año pero creo que se ajusta más a mi estado actual que al de entonces, es como si ahora lo entendiese mejor. La novela se va a llamar El Jardín de las Delicias y va sobre lo que dice este texto.

Besos.




Pero quien sabe.

Es un problema diferenciar entre el cuerpo y la persona y es un problema asimilar que somos la misma cosa. ¿Lo somos?

Julián piensa ante la pantalla del ordenador. Se encuentra en un momento de su vida en el que ha dejado de entender su estado de ánimo. Sospecha que es una suerte de progreso triste.

En casa, solos él y el gato. El cariño por su gato le recuerda hasta qué punto el amor es una invención. El gato es persona en la cabeza de Julián y le quiere. Aunque no sabe si realmente es persona o no.

Tiempo sin relaciones sexuales. El sexo se había convertido en algo tan crucial en su vida… Practicarlo; el sexo en abstracto es importante para todos. Ahora, la falta de contacto físico le desconcierta. Cuestión de acostumbrarse. La calle es tan fría. La gente a distancia, distancia de la ropa, de la voz, de la imagen, del humor, de las frases. Miles, millones de palabras de distancia. Y la gusta la gente. Julián habla aunque no sabe, no sabe hablar, nunca supo, sólo sabe decir lo que piensa. Eso a veces es terriblemente necio, si tienes un día tonto y no llevas ningún discurso preparado…

Piensa en su inteligencia, a base de pensar demasiado se ha vuelto más tonto en muchos aspectos. En un pasado que parece remoto, tenía el don de deslumbrar a los demás. En parte seguridad inconsciente, en parte rapidez. Julián quiso volverse más lento, pensar pensó siempre sin parar, pero antes lo hacía deprisa, al ritmo de las palabras. Ahora lo hace despacio, a un ritmo que él cree real, el ritmo interno de las cosas. Ha quedado desfasado del tempo vertiginoso del mundo que le rodea. Nunca fue capaz de pensar a dos velocidades. Le cuesta cambiar de ritmo, cambiar de esquemas. Cerebro cerrado. Capaz de cambiar mucho en un año, incapaz de cambiar un poco en unas horas. Nadie es listo para todo. Casi nadie, al menos.

El problema es diferenciar entre el cuerpo y la persona, asimilar que somos la misma cosa. ¿Lo somos? ¿Cómo?

El sexo, el conflicto entre la inocencia y la cultura. La primera cultura es la norma sexual. La familia surge en torno a la norma sexual. El otro principio; la muerte. El sexo y la muerte son el principio y el fin de la vida. Mirar a la muerte a los ojos y hacer el amor son los dos mayores momentos de realidad que un hombre puede vivir. Porque escapan a la norma, la norma se crea a partir de ellos; para intentar domesticarlos, domarlos, para intentar esconder que somos animales. Pero es batalla perdida, porque siguen siendo ajenos. Tantos rituales en torno suyo no pueden camuflarlos. El gran teatro del mundo humano se celebra sólo para esconder el sexo y la muerte. 2 + 2 = teatro. (E=mc2)= teatro. La lógica = teatro. Ingeniería, ciudades, moda, política, dinero, poder, historia, arte, literatura = teatro. Y lo más duro de todo: amor = teatro. Julián siente un escalofrío al escribir esto. AMOR = TEATRO. Pero no es tan grave, porque nosotros somos personajes de teatro, no somos reales. Somos de mentira, la parte real es la que folla, caga, come y muere. Y ni siquiera folla, caga, come y muere, porque follar, cagar, comer y dormir son palabras y palabras = teatro.

La muerte la encuentras de bruces. Vives en la más completa inconsciencia de ella, de espaldas a ella. Se dice mucho que nuestra cultura laica vive de espaldas a la muerte, sin prepararse para ella; mientras que las sociedades religiosas viven preparándose para el gran paso, en contacto con él. Verdad a medias, las sociedades religiosas suelen preparar durante la vida una escatología que evada la muerte, que haga sentir que la muerte no es el final. Pero nosotros afirmamos que es el final y por eso vivimos de espaldas a él, porque el final del teatro no se puede concebir ni asimilar, porque no somos vida, somos teatro y al morir no se acaba la vida, pero sí el teatro. No somos más listos, ni más valientes, sabemos que morir es final por lógica, pero no lo aceptamos porque no podemos; y sería mejor inventar una poesía que nos engañase porque poesía y lógica son sólo teatro y una, ayuda más a vivir mejor que la otra.

Pero el sexo no sobreviene. Da igual que encontremos de repente a una persona, la conozcamos muy poco, o nada, y mantengamos en seguida relaciones sexuales con ella. Lo hemos preparado. Preparamos dónde acudir para encontrarlo, cómo comportarnos y qué aspecto tener para conseguirlo. Luego, mientras follas; preparas juegos, gestos, posturas. Pero desnudo junto a otro "animal con teatro", o junto a varios, siempre hay momentos de inconsciencia, de lucidez inconsciente, de liberación del teatro, de catarsis. Ser animal. Que el contacto quede vacío de significado.

A Julián le gusta decir el nombre de la persona a la que se folla mientras se la folla. Al decir su nombre, la palabra más cargada de significado para el otro, por un lado intenta atrapar a la persona porque le da miedo perderse en el sólo cuerpo, por el otro se maravilla de que esa palabra tan íntima pierda su sentido. El nombre del protagonista del teatro de la otra persona y del actor principal del teatro de Julián en la escena que está viviendo; de repente pasan a ser nada, lo cual tiene algo de alivio. Temer el teatro o resguardarse en él, oscilamos entre dos principios opuestos, vivimos así. Apolo y Dionisio no pueden entenderse pero están forzados a convivir. Con refugio religioso o sin él, la naturaleza humana es esquizofrénica.

Difícil estar tiempo sin el contacto de un cuerpo desnudo. Ya han pasado semanas desde que acabó con Sonia, sólo una relación esporádica desde entonces. No es suficiente. Acusa la falta de otro cuerpo. Nunca fue suficiente, pero la escasez actual es menos suficiente que nunca. La costumbre mitigará la ansiedad. La costumbre es el arma más poderosa del hombre.

Julián piensa demasiado, Julián piensa bien pero tarde, Julián se está volviendo un tonto sabio muy poquito a poco, Julián no sabe vivir… ¿Pero quien sabe?

Por suerte, está la risa. La risa es humana y lúcida. Total y absolutamente lúcida. Por un momento: "anda, pero si todo es un teatro". Sin necesidad de tener la muerte o el sexo presentes. Sin necesidad del cuerpo, el teatro se descarga siendo consciente por unos instantes de su propia teatralidad; el absurdo. El humor es la maravillosa profanación de cualquier cosa que parezca sólida, real. Sin necesidad de sexo o muerte. Aunque algunas de las risas más liberadoras se dan a la salida de un funeral o durante el cigarrillo después de un polvo. El humor es el colmo de la eficiencia de la razón, es el único atisbo de su eficiencia a parte de la superpoblación. Y lo curioso es que todo el mundo ríe, hasta el más necio.

Julián recapacita… "¿Por qué empecé a escribir? Salí por la noche, nada especial. Bebí algo. No me siento tan pletórico como para vivir con intensidad una noche sobrio. Volví a casa pronto, a las cuatro pasadas… Mañana tengo que preparar el comentario para explicar El Jardín de las Delicias…". Todo viene de allí, de El Jardín de las Delicias del Bosco.

Julián ve amanecer, Julián ha de escribir mañana, terminar lo del jardín y estudiar. No tiene sueño pero mejor se va a dormir. Julián simplemente no sabe qué pasa. Lo que es peor, sabe que no pasa nada pero su cabeza insiste en que algo pasa y tiene que saber qué es. Julian necesita escribir. Escribir es teatro, escribir se hace en soledad. Julián desea una mujer ideal; que sea entusiasta, con los ojos grandes y que hable de forma desconcertante, como él. Pero como dijo Mick Jagger:

"No siempre puedes conseguir lo que deseas.

Pero si lo intentas, a veces, es posible que descubras

que has conseguido lo que necesitabas".

Abre el cajón, coge el móvil. "Escribir nuevo mensaje de texto", no entiende por qué va a hacerlo.


10/7/08

A la playa con paraguas.

¿Por qué viajamos? A lo largo de mi vida, aun corta pero ya no tanto, he viajado con diferentes objetos. Para conocer otras culturas, para ver entornos diferentes, para conocer gentes de otros mundos, para hablar otras lenguas, para ver arte, para sentir la placidez de la Naturaleza, para visitar a alguien a quien quiero, para descansar, para desconectar. Al final el viaje siempre deja como mayor regalo enfrentarse a lo que uno mismo es y lleva consigo, a través de la toma de perspectiva que da el alejarnos de nuestro entorno habitual. Este último viaje, mano a mano con Ismael, recorriendo miles de kilómetros, por Galicia y Portugal, en el que todo ha salido bien y todo ha sido bonito, ha sido, quizás, el viaje más viaje de toda mi vida. El más viaje porque esta vez el objetivo principal ha sido viajar sin más, moverse, cambiar de entorno, tirar para delante, sentir la tonta ilusión de que, por diez días, hemos sido un poquito libres. Gracias amigo Ismael, por hacer posible que me haya sentido tan joven como nunca, por haber conducido tanto, por tu sentido del humor, por tu complicidad y por haber ido a la playa con paraguas (siento ponerme cursi, pero sé que sabrás perdonarlo).


Ingredientes para un viaje:

300 cigarrillos.

40 cervezas.

3 botellas de whisky.

1 botella de vino bueno.

300 litros de gasolina.

3 tragos de vino malo.

1 tienda de campaña.

2 esterillas y 2 sacos de dormir.

1 sábana del IKEA.

20 paquetes de galletas.

15 canutos.

1 botella de orujo.

1.000 paisajes.

80 pueblos.

18 playas.

10 bolsas de frutos secos.

1 Aitor, 1 Cristina y 1 Elier (a vosotros también va dedicado este post).

1 casa de Cristina.

1 casa La Marejada.

2 campings.

1 poblao.

1 cámara de fotos.

2 visitas al Decathlon.

5 compras en supermercados (del Liddle al Día portugués).

25 discos.

1 canción del viaje (No Time de los Guess Who).

1 Finisterre.

1 Santiago.

1 Oporto.

1 Lisboa.

134 Fotografías.

1 Pavilhão Chinês.

10 terrazas.

5 arreglamientos del Mundo ("no, si lo digo por joder")

6 pasteles de Belem.

3.500 Kilómetros.

1.000.000 de granos de arena.

30 granos en la espalda.

9 picaduras.

12 resacas.

30 señales de "parque de campismo".

360 minutos esperando a camareros.

1.000 risas.

1 amiga, 1 horario y 1 Juanin.

1 mapa de España y 1 mapa de Portugal.

1 punto de información turística.

1 test de compatibilidad de pareja.

4 taquicardias.

2 coches muy tuneados.

12 intentos de ir a un punto de información turística.

3 parejas portuguesas follando en miradores.

25 miradores.

1 gorra Cangol volando por la autopista.

1 buen montón de películas.

1 Disco Xallas.

1 bar de borrachos gallegos.

1 canto infernal de gallo loco en loop durante 6 horas.

1 llegada a Madriz.

1 cena con mi padre.

1 botella de vino y 4 chupitos de orujo en la cena con mi padre.

1 acostarse de nuevo en mi cama.

1 moraleja: que un 50 es muy difícil, pero no vamos a dejar de intentarlo.

1 paraguas.



Como el viaje da para mucho más, pero esto creo que es mejor dejarlo así, cuelgo otros dos textos sobre viajes. Los dos son antiguos, del 2004, pero aunque los veo un poco verdes, me gustan: Cuatro días en la playa y Esas tres semanas.