guiado por las apariencias

27/8/08

Retratos nocturnos.







Afotos: como siempre, pinchad para hacer más grandes y bellas, cual doncellas.

El otro día quedé en mi placita con Pino y Marta y estuvimos sacando unas fotos. Me gustan las fotos nocturnas sin flash, con las pieles saturadas y los contornos difusos. Últimamente estoy volviendo a recuperar el gusanillo de la fotografía, así que todos los meses colgaré algunas muestras. Éstas me gustan especialmente, mis dos amigas son dos personas extraordinarias y las que me sacó Pino son fantásticas (tienes que conseguirte una reflex, futura estrella de la foto). También me he encontrado una camarita Lumix que no está mal, sobre todo porque hace videos; así que me voy a bajar un programa de edición y a ver si monto algo. Nuevos planes, como siempre; un año más viejo, un año más perdido.

Sobre mi cumpleaños decir que creo que maduro hacia atrás. Cuando estuve en la playa, mi madre, que no sabe que decir de mí para que la gente no me tome por el cantamañanas que soy, le vendía al personal mi difuso plan de irme a Nueva York. Una chica que había vivido allí se puso a aconsejarme sobre el lugar:

- Ten cuidado porque en Nueva York es fácil acabar pintando la mona. Por otro lado te puede venir muy bien para aprender muchas cosas sobre el mercado del arte.

- No, a mí el mercado no me interesa nada, yo soy un ser absurdo.

Dije exactamente eso. Primera mirada de incomprensión.

- Y entonces ¿a qué vas?

- Pues…

- ¿A pintar la mona?

Risas. Segunda mirada de incomprensión, esta vez de mí hacia ella.

"Pintar la mona", creo que se ajusta mucho a lo que entiendo por vivir la vida. Creo que es algo que sé de siempre, pero según crezco lo tengo más claro. Se supone que con la edad debería ir entendiendo que es mejor ajustarse a caminos más "seguros" y establecidos, pero como cuando he pretendido seguir esas vías he fracasado estrepitosamente, me temo que voy a seguir pintando la mona a ver a donde me lleva. De momento estoy aprendiendo a echar el tarot y de todas las actividades que llevo acabo creo que es la que tiene más futuro profesional…

Para cerrar, gracias a todos por hacer de mi cumpleaños algo tan intenso y maravilloso. Desde el Jueves por la noche en el que vi una de las mejores películas de la Historia con una de las mejores personas de la Historia y recibí uno de los mejores regalos de la Historia; hasta el Sábado por la mañana cuando volví y mandé este mail:

"Pues nada, son las 8 y mañana tengo que currar, así que intentaré ser breve...

Muchas gracias a todos, de verdad. Estoy abrumado por el cariño, la presencia, los mensajes, los regalos y todo lo que me habéis dado hoy. César me dijo el otro día que soy vil, yo lo llamaría más bien sicópata. A veces puedo ser quisquilloso, siempre quiero que las cosas se hagan a mi manera, puedo ser altivo, distante y difícil de entender. No sé si merezco tantos buenos amigos. Pero una cosa sí es verdad, y aquellos que me habéis mirado bien a los ojos alguna vez sabréis que soy sincero, yo nunca moriría por una idea (eso no me honra), pero estoy realmente dispuesto a dar mi vida por alguien a quien quiero. Esto va por vosotros.

Gracias a todos y, por favor, seguid siendo quienes sois.

http://www.youtube.com/watch?v=E2snP7rGP6g"

Y no me puedo resistir a plagiar aquí el mail que recibí después del César, que se quedó de fiesta con los demás cuando yo me fui ese Sábado por la mañana:

"Mientras volvía de la cocina con dos vasos llenos de cubitos de hielo pensaba acerca del último mail de Germán. Germán es vil, sabe que va a ser un tío importante, nos pegamos a él en los días señalados. Está amaneciendo. Sorprende con sus comentarios más inteligentes que los de la media. Majo. Buen chaval. Tengo que leer más. ¿Honrado? Nunca se sabe. Ni yo lo soy. Buen chaval. Luego limpio esto.

-Yo no quiero ser rico, digo al llegar al salón, no quiero dos cuartos de baño en mi casa, ni una cama king size. Ni mirar la hora en oro, ni caminar sobre cocodrilos. No quiero vestir de seda, ni comer cuentas impagables, ni beber exclusividad ante ilusiones de amor. Ni siquiera envidio la tranquilidad que experimentó mi hermana cuando la hicieron indedifefinidadadúm, ni la de aquel compañero que aprobó el examen de "ya tienes un trabajo de mierda para toda la vida".

Ezequiel me mira sin dejar de rascarse la mejilla con el indice, sin duda pensando que ya tenía preparado ese discurso.

-Gran porproblema. Preocupación de todos. Gran preocupación.

-No creo que hagan falta muchas más ganas de las que tengo para estar toda la vida haciendo lo que me gusta. Y si no que se lo digan a éste:

http://es.youtube.com/watch?v=ghkmPuRQ2sY

-Ganarse la vida con cosas que no dan dinero.

-Uhmm... no me importaría llevar puesta la cara de felicidad de aquel negro de cincuentaytantos años que tocaba las congas mientras sus compañeros hacían acrobacias en las calles de un San Sebastián en fiestas.

-Por Tutatis, recuerdo esa cara.

-Sólo se recuerdan las caras importantes.

-¿Quieres otro disparo?".

Y desde aquí anuncio que mi temporada de caos se acerca a su fin, aun tengo que terminar la carrera (ocurrirá el 12 de este mes), aprender a echar el tarot y alguna cosilla más (a ver si apaño un poco mejor mi futuro profesional mandando La Espera a editoriales o algo así...). Cuando cierre estas cosas será el momento de empezar una nueva novela y dejar de escribir sobre mi propio glande...

Hasta entonces, a pintar la mona (y después, también).


26/8/08

Sobre el amor de Ruskin.

Vittore Carpaccio, El Sueño de Santa Úrsula. (detalle).

John Ruskin se casó con Effie Gray en 1848. Fue un matrimonio auspiciado por su rica familia. La pareja nunca llegó a consumar su unión. Existen diversas teorías respecto al por qué de la incapacidad de Ruskin para mantener relaciones sexuales con su mujer. Al parecer se sintió amedrentado por su feminidad. Algunos dicen que le aterró la visión de su bello púbico, puesto que sólo había contemplado desnudos femeninos en las estatuas antiguas en los que éste se omite, otros mantienen que fue la menstruación lo que perturbó al teórico inglés. Effie consiguió la anulación del matrimonio y se casó con el pintor John Everett Millais. En 1959 Ruskin conoció a la niña de 11 años Rose La Touche y se enamoró de ella. Cuando Rose cumplió 17, le pidió matrimonio, él tenía 50. Los padres de la chica se escandalizaron y consultaron a Effie, la cual les respondió en una célebre carta en la que tacha a Ruskin de haber sido un marido perturbado y represor, lo cual probablemente era cierto. Ruskin fue rechazado. Rose desarrolló con los años una enfermiza obsesión con la religión que degeneró en psicosis. Murió a los 27 en un sanatorio de Dublín, desnutrida a causa de su fuerte anorexia. La muerte de su amada impactó a Ruskin, que ya sufría crisis depresivas graves desde su juventud, y provocó el colapso definitivo de su salud mental. El pensamiento ateo que había ocupado sus años de madurez fue sustituido por una nueva etapa de fervor religioso. Se interesó fuertemente por el espiritismo e intentó contactar con el alma de Rose. En sus viajes a Venecia creyó encontrar la representación de su amada en la Santa Úrsula del ciclo de Carpaccio. Ruskin pasó sus últimos años prácticamente encerrado en Brantwood, su casa de campo, con crisis de demencia cada vez más frecuentes y escribiendo su maravillosa última obra: Praeterita, una autobiografía que quedó inacabada.

¿Consiste el arte principalmente en perseguir fantasmas? ¿Y la vida? Sin duda, para que el arte sea brutal, hay que creérselo. Pero creer es tan difícil en un Mundo en el que todo va tan deprisa, en el que todo resulta tan inestable, tan poco creíble… Supongo que es un buen resumen de la esencia del Romanticismo: los hombres aun quieren creer, pero ya no saben en qué. Es un problema que sigue aun vigente. Siempre me ha llamado la atención el hecho de que hoy en día la palabra "romántico" a nivel popular se relacione principalmente con el amor erótico idealizado. Pero claro; ¿qué hay más variable que una persona, que una vida? ¿qué hay más romántico que creer en una persona, en una pareja?

Creer cuando vives en el imperio de lo fugaz y lo relativo puede llevar a terribles decepciones. Pero si no creemos, la vida se vuelve gris y aburrida. Supongo que no queda otro remedio que moverse entre medias, alternar, esquivar. Buscar a Rose un martes en Venecia en los cuadros de Carpaccio y conformarse un jueves con una siesta apacible acompañado de un par de gatos.

Cuando la luz del sol se te escurre entre los dedos, las cosas pequeñas te salvan la vida. Cuando el alma se pierda, bájate a descansar al cuerpo.

Como siempre, pincha en la imgen para verla más grande.



25/8/08

Lo que sea.


Esto lo escribí el verano pasado:

"Sueño con que el pasado volverá. Día en que sentimos que éramos como héroes, que algún día seríamos héroes. Héroes pequeños. Todo lo que orbita alrededor del espíritu gris de esta ciudad es un sueño de un sueño que un gorila negro, grande y viejo está teniendo mientras reposa en la rama de un árbol. En una selva verde oscuro a miles de mundos de distancia. Y aquí el aire se enrarece por el humo de las personas del siglo XXI. En la nostalgia de la música de finales de los años 60' me llega el llanto de una hippie adolescente y embarazada con un vestido de flores, embebida en su juventud y en su esperanza. Cuando el mundo era joven. Cuando el mundo era joven y tierno como un brote.

Yo y Sergio caminamos por la noche de Madriz. Me acuerdo de todos. De Almudena y de Raquel. De Javier y del Ato. De Arregui y del Yoni. Me acuerdo de aquello que cantaba el Yoni: "Y como no, pongo esta para los ausentes. Amigo del pasado, amigo del presente". Me acuerdo de Pablo y de Julián, de Rumiko y de Eleusía. Los tiempos pasados van dejando migas de algo transparente sobre los hombros. Algo que no se va. Me aterroriza no volver a escribir. Compramos la última lata de cerveza.

Sentados en el suelo. Amanece un sol que no se ve. Llega un momento en el que dejas de tener claras algunas cosas, y después, dejas de tener claro nada. Recuerdo una página del tebeo Akira, en la que Tetsuo se enfrenta a su desmembramiento como persona, consumido por el poder. Restos de sus recuerdos en forma de viñetas se extienden por la página. De amigos, de primeras veces, de miedos, de esperanzas; se desvanecen.

"Y el viento que nos hizo titanes

Se lleva ahora el cordón de nuestro tiempo

La ilusión se escapa entre los dedos

Los niños se visten con piel de animales y andan perdidos"

Los niños vestidos con piel de animales podrían ser los niños perdidos de Peter Pan. Sergio sonríe, realmente parece polaco. Últimamente las noches de calle me llevan a un momento en el que no quiero quedarme ni quiero volver a casa. Quizás es el calor, o el verano. Pero hago planes sin confianza. Como no consiga acabar la novela de una vez me voy a morir, me angustia y no sé si la angustia es la mejor compañera del escritor.

Perdí una chapa con una cápsula y la palabra "Akira" escrita en japonés. La cápsula era mitad roja y mitad negra, como las cápsulas de ginseng que tomo para mantenerme espabilado. No escribo más que mierda. Me preocupa mucho, he perdido la inspiración. El tiempo pasa, nos cambia. ¿Y si me quita el talento? ¿Y si me lo ha quitado ya?

En el concierto de Björk, hace unos días, mi adolescencia volvió a mí con una fuerza inusitada. No podía evitar cantar a gritos y se me saltaban las lágrimas. Años atrás tenía la pared de mi cuarto empapelada con sus retratos. Música como de cuento, la Hiper Balada. La he visto tres veces ya; cuántas más la veré. Las cosas que me gustan, me envuelven. Me arropan. No podría pasar sin ellas. Björk. Ayer unos cuentos de Guy de Maupassant. La Víbora Negra. Es increíble cuantas hay. Paisajes de Van Gogh. Voy consumiendo bocaditos de cultura y no quiero trabajar nunca jamás. Pero ya está. Ya no es "algún día". Soy uno más. No soy un escritor. Me he perdido por el camino. Por eso no sé nombres de calles, por eso me pierdo, por eso pierdo las cosas. No quiero encontrarme como el uno más que soy. Sentimiento mezquino de altivez soñadora sin fundamento. El Año que Vivimos Peligrosamente. Seinfeld. Lo malos que son los Cartones para Tapices pintados con 30 años y lo increíble que es el Aun Aprendo dibujado a los 80. La esperanza de poder ser aun grande haciendo algo. El sexo, el sexo me obsesiona demasiado. Echo de menos el otro cuerpo, la mujer, la curva, la grasa, el dejar de pensar.

Echo de menos todo lo que pasó. Y ya no sé si echo de menos el futuro.

- ¿Y el presente?

Me pregunta Sergio.

- El presente no sé si nunca estuvo ahí.

Sobre todo te echo de menos a ti. A ti de ayer, a ti de hoy, a ti de mañana. No lo sé."


* * *


Unos meses después conseguí terminar la novela. El resultado fue La Espera, que trata, principalmente, del miedo a los cambios. Creo que es algo que me persigue de siempre, el miedo a cambiar. Vivimos en un Mundo gobernado por el cambio; en la moda, en la naturaleza, en el clima, en las vidas… Durante mi adolescencia pasé una época muy obsesionado con las religiones, supongo que hubiese estudiado historia de las religiones si hubiese existido esa carrera en mi país. La religión ofrece una posibilidad de contrarrestar la temporalidad, de anular el devenir histórico, como tan bien explica mi querido Mircea Eliade en El Mito del Eterno Retorno. Como es absurdo creer si vives en un Mundo en el que Dios no existe, terminé acudiendo a otro recurso para amortiguar lo más posible la sensación de vértigo. Me escondí, como tanta gente de mi tiempo, detrás de la ironía. La ironía puede ser un refugio de soñadores verdaderos. ¿Quienes son más soñadores entre los hombres que los artistas? Los grandes artistas europeos de las segunda mitad del s. XX fueron grandes ironistas… Yo, como los artistas más modernos, guardé mis sueños bajo llave, los recluí en mi cabeza, me volví un maestro absoluto de la masturbación mental, de los cuentos de lechera, que quedaban siempre sólo en eso, en cuentos de lechera, porque el ácido de la risa los aplastaba con la certeza de su imposibilidad.

Afortunadamente, Lo que sea (el nombre que a partir de ahora tendrá en mi vida Dios, el destino, el azar, la nihilidad o lo que sea…), otorgó al hombre una capacidad de cambio a veces sorprendente. Hace unos meses cambié el chip. No puedo decir que sea otra persona, porque la base, el carácter, no cambia, pero muchos planteamientos son radicalmente diferentes. Mi fuerza ya no radica en mi neurótica invulnerabilidad risueña, ahora radica en una nueva, flamante e igualmente neurótica (la base no cambia) capacidad para asimilar los cambios. En los últimos cuatro meses han cambiado radicalmente mis relaciones con varias de las personas más más importantes de mi vida, de las que ya sé que serán de las más más importantes de toda mi vida. En los últimos cuatro meses he perdido muchísimas certezas, muchas cosas que antes eran fijas se han vuelto relativas. Ya no creo en que pensar me valla a llevar a ningún conocimiento medianamente fiable, cada vez sé menos cosas, cada vez estoy más seguro de esas pocas cosas que sé, que las sé sin saber por qué. Supongo que empecé a creer y creer es la única manera saber algo con seguridad.

He aprendido que a veces hay que estar triste y que a veces no puedes evitar sentir una punzada en el pecho que dura horas. Que el fuerte es el que aguanta eso, no el que no lo siente. Que otras veces simplemente eres inmensamente feliz sin motivo. Y voy a aprender a echar las cartas. O Lo que sea


Y tú:

¿Cambias?

¿Crees?

Lo que sea ;)


* * *


Cuando sigo viajando todo va bien,

mis dedos bailan por el teclado y salen palabras.

¡Magia!

Bendita magia.

Sin ella ¿qué harían los corazones y los muslos de las chicas que duermen solas?

¿Qué haría yo?

Animal peludo, animal quemado por las luces caducadas de las farolas.

Y la ciudad: ni contigo ni sin ti,

y los amigos: que jubilaron a muchos sueños.

Cuando sonríes con los ojos húmedos

vas por buen camino.

Pero ya no te importa,

porque eres como un coyote,

que se sabe grande y pequeño,

que con una mirada vacía entiende el día y la noche,

que sus ojos son canicas,

que ya nada tiene tanto sentido como Lo que sea.


Ayer no arde porque no existe,

un hombre fuerte con los puños cerrados,

un gato perdido,

una flor blanca sobre un puente de cemento, sobre una carretera de asfalto, sobre una autopista de metal, sobre un mundo de humo negro

y Lo que sea


Y el sueño de un beso

y Lo que sea

y un puñetazo en caras de piedra

y Lo que sea

y una traición a un hermano

y Lo que sea

y la noción de que hay Terror

y Lo que sea

y ver que somos tontos por hacer planes

y Lo que sea

y mármol congelado sobre nuestros hombros

y Lo que sea

y sabor a ti

y Lo que sea

y fe

y Lo que sea

y un suspiro de un niño que es como yo y que justo ahora muere de hambre

y Lo que sea

y mi alma gemela que fue una campesina egipcia de los tiempos de Amenofis Cuarto

y Lo que sea


Y volcando la caja de Pandora

se vacía de Esperanza

y en ese vacío negro

como una mancha en un resquicio

queda el humor.

Que puede ser punzante o sedante o reconstituyente

o Lo que sea.


18/8/08

Me voy.

Pareja, por el Señor Tejón, año 2003. (Dibujo como el culo).

Me voy a Galicia hasta el Viernes. Esta semana con las fiestas en mi barrio ha pasado un montón de gente por aquí y casi no he podido dedicarme a mis cosas pedantes, pero por otro lado he visto a un montón de amigos y he tenido un montón de conversaciones intensas. De eso también vive un Tejón, casi más que de ninguna otra cosa. No me da tiempo a escribir nada nuevo, pero me gustaría dedicar algo bonito a todos, por eso cuelgo este texto antiguo que hice hace bastantes años y que durante mucho tiempo fue el que más me gustaba de mi repertorio. Os lo dedico a todos, que esta semana habéis sido muchos. Añado una poesía que escribí anteayer en honor a Capitán y le envío un abrazo tremendamente especial a Raquel. Y como el texto va de ideales se lo dedico en concreto a Almudena, porque cuando pienso en ideales siempre me viene su presencia, que es ideal de talento, bondad, inteligencia y belleza, y también ideal de otro tiempo en el que todo era sencillo y feliz.

Ala, a cascarla.


* * *


Asustas.


Me asusta tener la cabeza vacía. Cuando me siento delante de la pantalla o la hoja en blanco y no puedo escribir nada o lo que escribo es basura, el mundo se me viene encima. Tengo que escribir, tengo que inventar, que crear. Necesito, necesitamos darle un sentido a las cosas, pero las cosas, el cosmos, no parece tener un sentido concebible por nuestras pequeñas y oscuras cabecitas. Por eso tengo que hacer nuevos sentidos, falsos como todos los sentidos dados a las realidades, fugaces, variables, tan sólo instantes brillantes, burdas bromas al silencio del Espacio que, al menos en el momento que ven la luz, parecen tener sentido. Mañana se habrán fundido en las sombras de la duda, del olvido, de lo viejo. Da lo mismo que sean historias poesías o ensayos, todos son destellos de un cuchillo que se agita en la noche tratando de rasgarla como si fuera una manta negra. Qué torpes se me antojan todos nosotros, los individuos, personajes minúsculos agitando nuestros puñales, intentando atravesar la oscuridad intangible, prístina.

Imagino una Diosa que tiene la cara de Kate Winslett y que me observa pura y noble intentando hacerme comprender. Soy ciego para su imagen, o, mejor, llevo una cinta en los ojos, una cinta que arde y me quema. No puedo verla a través de la tela pero sé que es preciosa. No tiene 20 años y un cuerpo esculpido, tiene treinta y cinco y está hecha de luz y su cara es cándida como si este adjetivo se hubiese inventado para ella. En mi mito de la caverna nadie se quita la venda, nunca. Nacemos con ella y aunque la diosa es buena no podemos hablarla, ni tocarla, ni sentirla, ni escucharla mientras me explica que tiene miedo como yo o nos reímos de algo. Todo en el bosque que me rodea, desde dónde ella observa, es azul y nocturno, todo funciona sin sentido en la paz de las noches sin personas. Pero mi cinta es de fuego y quema mis ojos y me da ilusiones de un mundo cálido.

Miro a través del fuego y me abraso y me hago viejo. Quemo mi ojo; mi globo blanco, marrón y negro hace un ruido desagradable mientras arde y se consume, pero miro, intento ver a través y sólo veo la llama y describiéndola escribo cosas sin sentido. Mientras se queman los ojos, se va descubriendo lo azul y todo pierde su significado.

Hoy sólo puedo pensar en mi diosa, si viniese a vernos sería parecida a Cristo, quizás en chica. Pero es buena, no viene porque no puede. No lo puede todo mi diosa, carece de voluntad. Nos da la vida, nos mira, impotente sonríe. Brillando entre azul y blanco, con las manos en las mejillas, sonriendo con toda la ternura, con toda la pena. Es tan bonita… me gustaría no tener alma y no tener cuerpo para poder ser como ella. Sin sentido podríamos serlo todo: mi novia, mi madre, mi esposa, mi amiga, mi hermana, mi desconocida de mirada que me marca en un segundo para toda la vida, mi hija, mi dulce hija. Cómo un místico me siento enamorado de ti, de Dios, pero no quiero subir, trascender, iluminarme. Quiero hacerte el amor y desayunar contigo, olerte cuando sudes y calentarme con tu cuerpo del frío. Vivir en el pecado y la blasfemia que supone mi deseo y, al ser como tú; ser libre, no tener sentido, amantes perfectos.

Cegado en la locura del escrito me veo caminando hacia ti, te toco. Tu cuerpo es de vapor de hielo. Tan bonita, con unos pómulos que me hacen saltar las lágrimas de puro resguardo, con la ilusión de la bondad misma en tus facciones, sin palabras en tus labios que yo me duelo llenando de besos. Me consumo en tu no ser, muero, expiro, con un sonido de aspirar de aire. En la noche de tu bosque misterioso me borro, más que morir, me voy, me voy del todo. Mi carne, mi energía, ya no están, como las tuyas. No soy más que un ente azul, la representación de mi imaginación de algo que no existe. Sobre el paisaje oscuro nos elevamos, miedo es lo último mortal que siento. Ahora, encima de las copas de tus árboles, bailamos.

Bailamos un vals, ¿por qué no? Somos libres. Sonreímos como locos, nunca dejaremos de querernos. Al ritmo de nuestros compases el horror de los hombres sigue allá abajo. Impotentes, perfectos, soñamos su salvación imposible con melancolía. Giramos y giramos en nuestro vuelo con una locura que recuerda a los libros de Howard Phillis Lovecraft. Vueltas y vueltas y vueltas.

En mi cuarto, frente a la pantalla zumbante me muero de frío que no existe mientras escribo esto. Estoy tiritando y apuro un pitillo que no quería fumar. Me pregunto si siento y me acuerdo de la gente que quiero, me alejo tanto de ti. Vuelvo a sentir el fuego.

Que triste estoy pensando en todos, ruines amantes somos. Cargados de miedo y esperanza; en los bloques de ladrillo, en los tubos de escape, en la pantalla de mi máquina. Ya está amaneciendo y anocheciendo en otros lugares y chicas hacen el amor por primera vez y personas sufren torturadas. Es demasiado para mi pobre cabeza, casi no puedo soportarlo. Escuece y me da nauseas.

Si pudieses, te pediría que me escribieses, pronto. Si pudieses, juntarías las palabras que me recordasen el romance de esta noche y nunca podría tenerte, pero nunca tendría celos de que bailases con otro. Sería como un enamoramiento de verano, el primero, el más intenso, falso y puro. Tus cartas lo mantendrían en un resquicio de mí y siempre podría volver a él, como si del mito de la creación de la esperanza se tratase. La rara esperanza de los hombres que tan poco sentido tiene. Como del héroe de una gesta hablarían de mí las leyendas y los viejos contarían que si la esperanza nos sigue moviendo a pesar de todo, es porque una vez tú y yo bailamos sobre las copas de los árboles y, vacíos, fuimos amantes perfectos.


* * *


¿Qué fue del niño?

¿Qué fue del viento?

¿Qué fue del susto que nos dio el tiempo?

¿Qué fue del perro?

¿Qué fue del amo?

¿Qué fue del amor que duraría mil años?

¿Qué fue del sol?

¿Qué fue de las hadas?

¿Qué fue de las mentiras que tú me contabas?

¿Qué fue de mí?

¿Qué fue de ti?

¿Qué fue de todos?

Yo nunca quise volverme el dios que un día inventó los polos.


Ayer la vida se fue por un sumidero,

dejó por respuesta la forma perfecta de un gran agujero.


Ya sólo queda el tacto caliente de nuestras manos

el pelo, la carne, el hedor y la sangre de nuestros hermanos.


Sonrisas de palo que salvan semanas que olvidan los años,

ya nadie se atreve, ya nada me sabe, ya no sé hacer daño.


Yo quiero morirme, todos los días, algunos momentos,

Porque echo de menos todas las cosas y todos los cuentos.


Y la lección del agua que corre en el río;

a mí no me sirve. No quiero ser sabio, no quiero ser frío.


15/8/08

Señor A, Señor Z


El Señor Z es lo que se entiende por un ser despreciable. Bebe demasiado, habla demasiado. Su mujer se casó con él por pura confusión; la pobre aguantó siete años, continuos desprecios y alguna bofetada. Cuando al fin se fue se llevó al hijo de ambos. El Señor Z ha visto muy poco al niño desde entonces. El Señor Z tiene la mirada turbia y una risa siniestra que le asalta cuando se siente incómodo. El señor Z se siente incómodo casi constantemente. El Señor Z trabaja en un banco, odia a su jefe, odia a sus compañeros y odia a los clientes. Es hombre de pocos amigos y no cuida en exceso a su familia, aun está peleado con su hermano por aquel asunto de la herencia de su madre. El Señor Z está solo, muy solo, y sufre por ello. Y aunque es el principal responsable de su situación, su soledad es tal que debería dar pena. Pero no da pena, su aspecto es demasiado desagradable, demasiado consumido en su miseria. El Señor Z despierta sentimientos mezquinos incluso en las mejores personas.

El Señor A es maestro de filosofía en un instituto. Casi siempre sonríe y cree en su trabajo. Aunque sus alumnos se ríen de él, como lo hacen de todos los profesores, la gran mayoría no puede evitar respetar en lo más profundo su dedicación. Es un hombre ya mayor, apacible, grave y un poco melancólico, pero con una sonrisa que cuando aflora llena su entorno de sincera ternura. El Señor A arrastra el peso de preocuparse constantemente por aquellos a los que quiere; ayuda a su mujer enferma, ayuda a sus hijos, ayuda a sus amigos, ayuda a sus alumnos. El Señor A es un hombre sabio, mira siempre a los ojos y habla despacio. La primera nieta del Señor A nació con una malformación en el estómago, lloraba constantemente; sólo los brazos de su madre y de su abuelo conseguían calmarla. Así es el Señor A, el tipo de persona cuyo contacto trae serenidad.

Cuando estalló la bomba en el cine la gran mayoría de la gente entró en estado de histeria. El Señor A no pudo soportar la visión de los cuerpos muertos y mutilados a su alrededor, se sentó de rodillas en el suelo agarrándose la cabeza con la manos y se puso a llorar. Se hizo sus necesidades encima. El Señor Z reaccionó deprisa, alcanzó la salida y ayudó al chico musculoso a mover los cascotes que bloqueaban el camino. El chico musculoso fue el primero en abandonar la sala, seguido de todos los que habían ayudado a retirar los escombros, salvo del Señor Z. El Señor Z regresó sobre sus pasos y volvió a la puerta hasta seis veces; llevó primero a la chica de los ojos cerrados, luego cargó con el niño inconsciente acompañado de su madre, ayudó a la novia del chico sin brazo y luego al chico sin brazo y recogió al Señor A del suelo para sacarle también. El Señor Z y el Señor A estaban muy cerca de la salida cuando detonó el segundo artefacto y el techo se desplomó sobre sus cabezas. Los dos murieron en el acto.

No hay moraleja.


12/8/08

Bien pintado.

La semana pasada fui por segunda vez a ver el ciclo de pinturas de Twombly sobre la batalla de Lepanto. Una exposición que ningún amante de la pintura debería dejar pasar y que está prácticamente vacía. Twombly es un expresionista abstracto tardío, que comienza a despuntar a principios de los años 60', cuando Nueva York está viviendo ya el principio de la hegemonía de Warhol y el Pop. Su relativo anacronismo le ha relegado a un papel secundario (he de reconocer que yo no sabía quien era hasta la exposición), pero viendo los lienzos que se exhiben actualmente en El Prado, resulta evidente su condición de figura capital del Action Painting. Como espectador, sólo Pollock y De Kooning me han transmitido un intensidad semejante.

El encanto de que la sala estuviese vacía, más aun en un lugar tan abarrotado como El Prado en Agosto, me ha permitido vivir su pintura con una intensidad especial, íntima y minuciosa. He podido dedicar a las telas todo el tiempo que se merecen, y aun pienso volver para seguir disfrutando. Sin duda, resulta perfectamente coherente encontrar cuadros expresionistas abstractos en el museo de arte "tradicional" de la ciudad. Hasta hace poco tenía muy claro que esta corriente pictórica era la última vanguardia histórica y que, por esa vía, conectaba con el arte tradicional frente a las posmodernidad conceptual anticipada por Dada y consolidada en el Pop. Pero observando las exuberantes manchas multicolores de Twombly, que remiten a las barcas incendiadas de la batalla marítima entre turcos y españoles, me di cuenta de que el principal atractivo de este tipo de pintura enraiza con estadios de la tradición pictórica anteriores incluso a las vanguardias. A pesar de contar con teóricos de peso, como Barnet Newman, el expresionismo abstracto en sus dos vertientes principales (action painting y colour field painting), no es realmente un todo articulado en torno a una base teórica concreta y específica. No existe un manifiesto central y la voluntad de revolución formal definitiva queda en un segundo plano frente a la búsqueda de generar en el espectador una emoción visceral potente, de carácter primario. Es una pintura que busca lo sublime y bebe directamente del Romanticismo; como tan brillantemente lo explica Robert Rosenblum en su famoso libro.

¿Cómo consiguen los expresionistas abstractos este efecto? Lo hacen a través de uno de los recursos más fundamentales (y por ello a menudo pasado por alto) del arte pictórico: la excelencia a la hora de depositar el pigmento sobre la superficie. El goce como espectadores que nos ofrece el expresionismo abstracto es ante todo formal, se basa en acercarnos y alejarnos de la tela para admirar la maestría, la magia, la delicadeza, la violencia, la precisión, con la que la pintura se ha situado sobre el lienzo. No es necesaria en absoluto la mimesis para conseguir esto. Velázquez alcanza una impresión de veracidad tremenda en sus pinturas, y además lo hace con esa inverosímil pintura de "manchas distantes": esos borrones que sólo en la distancia construyen la más perfecta de las recreaciones. Pero Velázquez pinta bien sobre todo por algo aun más sencillo; porque deposita la pasta pictórica con una precisión endemoniada, perfecta. Sus manchas son admirables no sólo por su capacidad de reproducir impresiones visuales, son admirables por su manera de posarse; tan fina, elegante y majestuosa.

Cuando terminé con Twombly bajé a mirar algunos cuadros de la exposición del retrato. Me detuve frente a varios y acerqué mucho la vista para disfrutar de los acabados. La pintura nunca deja de sorprenderme por su multiplicidad de recursos: su capacidad para dilatar la experiencia de la temporalidad, sus posibilidades narrativas y conceptuales, la imitación de la realidad… Al final todo parte del puro proceso de dibujar y pintar. De la maravillosa capacidad de la mano humana, cuyo uso es uno de los principales elementos que nos separan, para bien o para mal, de los animales.

Si algún día alcanzo gloria y fama intentaré promover o patrocinar una página web o una serie de publicaciones que reproduzcan porciones de cuadros mínimas sometidas a muchos aumentos. En la extraordinaria exposición de Tintoretto que el Prado organizó hace unos meses, los carteles mostraban pequeños fragmentos de los lienzos del veneciano aumentados hasta convertirlos en grandes murales que recordaban mucho a pinturas expresionistas abstractas. En una ocasión, aconsejado por el gran Luis Iberni (tus alumnos te recordaremos siempre), acudí a un concierto de Horacio Lavandera, un pianista que es un auténtico genio. El intérprete tocó una selección de piezas contemporáneas, ruidistas y muy complejas; un género que ni comprendo ni aprecio. A pesar de lo nulamente preparado que estaba para apreciar su repertorio, me resultó una experiencia intensísima y fascinante: no me gustó la música, pero fue absolutamente brutal ver como tocaba, como sus manos se posaban en las teclas para producir sonidos a través de un instrumento al que le unía una empatía mágica. Supongo que gran parte de la maravilla del arte se reduce a eso, a admirar lo bien que alguien es o ha sido capaz de hacer algo.

La analogía musical no es, de hecho, inocente. Esta concepción puramente formal de la pintura se pone en relación con la música ya desde el cubismo y la primera abstracción, con casos paradigmáticos como los de Kandinsky o Mondrian. Si intentamos vaciar a la pintura tanto de su contenido narrativo como de su intención conceptual, la comparación con la música o la danza resulta muy enriquecedora. Como resulta así mismo muy interesante pensar en cual es su principal diferencia con esas otras disciplinas: la estaticidad. La música y el baile cabalgan en el tiempo, pueden jugar con el, pero siempre subidos a su grupa, azuzando o templando su ritmo. La pintura se ve con el reto de ofrecer una experiencia estática. Esa estaticidad es lo que la hace tan lenta. Vivimos en el mundo de la velocidad, donde lo estático es completamente anacrónico. Es la clave de la crisis de la pintura, de su incomprensión, pero esto tiene tanto calado que lo dejo sugerido para próximos textos… Quedémonos, por el momento, con Twombly, con sus pinceladas magníficas en colores combinados magistralmente y con esa sala vacía que os invito a visitar en la que podréis sentir la ilusión de que arrancáis al tiempo algunas pequeñas paradas dentro de su ritmo frenético.


Y como no he encontrado buenas fotos de la exposición os dejo con un video (se ve como el culo, pero bueno) de Pollock pintando. Me encancta esto que dice: "Puedo controlar el flujo de la pintura. No hay accidente, así como no hay principio ni final". El action painting es pintura pura con su oficio y su excelencia formal; está muy lejos de las performances y es completamente absurdo que sea alabada por ese sector de la crítica posmoderna que adora lo puramente conceptual y desprecia la pintura tradicional con su componente artesano.


8/8/08

Tom Baker era el más guapo.


Hace poco hablaba con mi amiga Lara sobre mi obsesión adolescente por Björk. Aquel Tejón de finales de los años 90' estuvo completamente enamorado de la cantante islandesa; coleccionaba discos, fotos, libros, lo sabía todo sobre ella e imaginaba como la conquistaría si la hubiese llegado a conocer… Lara me dijo que ella nunca había tenido un icono amoroso-sexual en el mundo del famoseo, que siempre le pareció estúpido cuando las otras niñas se colgaban de Bon Jovis o similares. Yo pensé un poco y recordé algo de una conversación anterior que me llevó a decirle:

- Te gustaba Tom Baker.

Tom Baker era un personaje de Campeones, la serie de dibujos japonesa que narraba las aventuras de unos niños que jugaban al fútbol. Casi todas las chicas de mi generación vieron la serie y se sintieron atraídas por alguno de los chavales que salían, hagamos un repaso:

Estaba Oliver Aton, que era el protagonista, un líder nato, talentoso, humilde, formal y trabajador. El chico perfecto que toda madre querría para su hija.

Estaba Mark Lenders, "el gitano de Saitama", incluso más popular que Oliver entre el sector femenino, tío duro, macarra, de familia humilde y numerosa. Era el más fuerte y agresivo, aunque en el fondo tenía un gran corazón.

No podemos olvidar a Benji Price, adinerado y chuleras, portero extraordinario, de sangre fría y con una ética de trabajo loable. Siempre con su gorra calada y sus respuestas irónicas y provocadoras.

Y luego teníamos a Tom Baker. Pareja en el campo de Oliver, no le importaba asumir un rol secundario junto a su amigo. Hijo de un pintor paisajista, le era imposible permanecer de forma regular con ningún equipo porque su padre debía cambiar de domicilio constantemente en busca de nuevos paisajes que retratar. A pesar de esto, su talento era tal que podía equipararse a las estrellas que tan duro entrenaban todo el año e incluso a Oliver. El típico genio natural: de familia bohemia, sensible y enigmático.

Pues bien, cuando le recordé a Lara su predilección por Tom, me dijo:

- Tom era el más guapo.

Yo, que siempre he tenido problemas para diferenciar a los chicos guapos de los feos, le respondí:

- Hombre, Mark tenía muchas fans.

Lara se partió el culo de mí:

- ¡Pero si eran todos iguales!

Efectivamente, como suele ocurrir en las series de dibujos japonesas, los rasgos de los personajes eran casi idénticos; cambiaban los peinados, alguno que tenía los dientes saltones y poco más. Qué maravillosas palabras: "Tom era el más guapo". ¿Hay una definición mejor de lo que es estar enamorado? Yo lo veo así: la gente, como los dibujos japoneses, son más parecidos entre sí de lo que creemos, pero nuestro cariño, nuestra subjetividad, les hace únicos, inimitables y a veces, incluso, los más guapos del Mundo.

Por un lado es un poco siniestro entender que nuestros juicios son tan subjetivos, que el amor tiene tanto de invención, de película. ¿Es aquello que nos parece brutal realmente brutal, o sólo depende del entusiasmo con el que lo juzguemos?

Pero por otro lado, el poder del punto de vista personal es genial, porque no hace falta estar con Scarlett Johansson para estar con la chica más guapa del Mundo (ya sé que es evidente, pero no está de más recordarlo).

Viviendo en un Mundo inhóspito, sin un Dios ni un Sentido más allá de la fría materialidad; somos nosotros los que debemos aportar nuestro calor a las cosas y las personas para convertirlas en bonitas, buenas, inteligentes, brillantes, brutales o vomitivas, según el caso. Somos entonces un poco como minidioses, demiurgos de nuestro mundo de las ideas pequeñito y particular, en el que moldeamos la materia que nos rodea para convertirla en nuestra historia. Y somos también pequeños encadenados en la caverna del mundo material de los otros demiurgos que nos conocen y que, sólo a traves de sus ojos y pensamientos, nos permiten cobrar sentido como personas y personajes.

Feliz estancia en la India, Larita, te deseo que tu India sea la más maravillosa de todas las indias, igual que tu Tom Baker fue el más guapo de todos los Campeones y de todos los Tom Bakers.

Y para todos: creeros vuestras películas aunque sólo sean películas. Según pasa el tiempo es más difícil mantener esa inocencia, pero sin ella nos volvemos más grises y volvemos más grises a aquellos que nos rodean.


* * *



Y sobre infancias, creencias y no creencias, Fade Away de Oasis. Oasis son terribles en directo, he buscado mucho y al final cuelgo este video, que es malo, pero por lo menos van pedo y tiene gracia. La letra, tan brillante como de costumbre, dice esto:

Se desvanecen.


Cuando era joven

pensaba que tenía la llave.

Sabía exactamente lo que quería ser.

Ahora estoy seguro

de que ya has bloqueado todas las puertas.


Vivía en una burbuja,

los días nunca acababan.

No entendía

lo que la vida iba a traerme.

La fantasía era real.

Ahora sé mucho más

sobre lo que siento.


Voy a hacerte entender,

porque no creo que vallas a seguir por aquí:

yo ni siquiera llegué nunca a ver

la llave de la puerta.

Sólo conseguimos aquello con lo que nos conformamos.


Mientras vivimos

los sueños que tuvimos de niños

se desvanecen.


Ahora mi vida

ha pasado otra esquina.

Sólo creo que es mejor

advertirte:

sueña mientras puedas,

quizás algún diga conseguiré que lo comprendas.


Voy a hacerte entender,

porque no creo que vallas a seguir por aquí:

yo ni siquiera llegué nunca a ver

la llave de la puerta.

Sólo conseguimos aquello con lo que nos conformamos.


Mientras vivimos

los sueños que tuvimos de niños

se desvanecen.

* * *

Hace poco terminé un mail con estas palabras: "Pero bueno, es otra de las cosas que tienen las cosas que crees, que con el tiempo se van borrando."

Saludos

El Tejón


5/8/08

Julia Roberts

El otro día tropecé con una cáscara de plátano. De verdad.

No sé si es algo que todo el mundo ha pensado, pero siempre me había parecido extraño la iconización de la cáscara de plátano como elemento resbaladizo por antonomasia. ¿Realmente resbala tanto una cáscara de plátano? Pues sí, resbala de la leche. A veces los tópicos se basan en realidades. La cosa ocurrió mientras paseaba con Mercedes por la calle Fuencarral, una de mis piernas se escurrió sobre la piel de banana, me desequilibré un poco e hice un ridículo esfuerzo por mantener el equilibrio que tuvo éxito (no me caí). Quedé un poco sorprendido, "¿qué ha pasado?", "he tropezado con una cáscara de plátano". Merceditas se rió un montón, a mí me encantó la experiencia, pero no me asaltó una auténtica carcajada. Eso me preocupa, ya no me río como antes, ni siquiera de mí mismo. Últimamente ando asimilando un montón de cambios, ya dije en uno de los posts anteriores que estoy intentando hacerme menos pajas mentales, también me estoy dejando estar un poquito triste a ratos (siempre he sido un optimista patológico)… Una de las frases mágicas y fuertes de este momento de mi vida es: nunca pierdes lo que esperabas. Al dejar de estar tan protegido por mi mundillo de fantasía y aceptar más la realidad, tenía miedo de perder la intensidad con la que vivo las maravillas virtuales: películas, pinturas, libros, canciones Pop, mis propias paranoias… Pero eso no lo estoy perdiendo para nada, está más fuerte que nunca, o tan fuerte como siempre. En cambio, ya no me río de absolutamente todo, como antes. La ironía puede ser destructiva, igual necesitaba reducir su presencia en mi vida, pero aun así creo que la voy a echar de menos. (Me voy a esforzar por seguir riendo lo más posible, si no, que ascazo de pibe sería).

Creo que esta semana estoy menos inspirado que la anterior (vaya ñosca de post estoy colgando); ¡qué putada! Bueno, aun así tengo un nuevo cuento entre manos e iré repasando lo anterior… Os dejo con una canción que tiene que ver con el montarse pelis y que le dedico al gran Piru en su cumpleaños.

Saludos

El Tejón.