guiado por las apariencias

17/6/09

Querida Gatis V

Querida Gatis:

Al fin huí de la Gran Manzana. Casi sin dinero, deprimido y abúlico, me llegó la oferta de Michael de mudarme a su ciudad, Milwaukee, para trabajar de camarero en el restaurante de sus padres. Y aquí estoy, la verdad es que no es un lugar muy excitante, pero resulta acogedor. La gente es amable y más o menos progre (es la única ciudad de los Estados Unidos donde ha gobernado el Partido Socialista).

Michael y yo nos escapamos cada vez que podemos al Norte, a los Grandes Lagos, para acampar y pescar. Wiskonsin está muy poco habitado y tiene una riqueza natural apabullante. Es magnífico estar con Michael solos en nuestra minúscula barquita en medio de esas enormes masas de agua, rodeados de montañas boscosas. ¡Qué diferente de la vida en Nueva York! La Naturaleza cura por dentro, probablemente más que ninguna otra cosa.

Me alegro de que todo te valla bien, me da un poco de vértigo oír que te vas a vivir con un chico, pero bueno, supongo que son cosas que pasan. Es fantástico que te hayan dado el papel, parece que definitivamente vas a ser actriz, actriz de verdad. Al final yo no me hecho escritor ni mi vida se ha precipitado hacia nada concreto, que era lo que buscaba al venirme aquí. A ti, en cambio, permanecer en casa no te ha amilanado y estás en el camino de conseguir vivir según quien eres. Es lo que tiene el viaje, nunca sabes lo que te va a traer, nunca trae lo que esperas, precisamente porque a lo que te lleva no es a lo que tú tenías planeado, si no a encontrarte con lo que traías dentro.

A Michael da gusto verle, se dedica a cocinar, que le apasiona. El restaurante de su familia sirve comida internacional sofisticada, un poco a la francesa, y un día al mes cerramos para experimentar nuevas recetas. Yo le ayudo, me enseña el trabajo de pinche y le sirvo de crítico (aún conservo mi faceta de gourmet). Salsas de papaya sobre carne rellena de frutos del bosque, ensalada de brotes de lenteja con salsa de tomate y cilantro, mollejas de cordero a la plancha con verduras salteadas y salsa de camembert, tarta de zanahoria y chocolate, espuma de tiramisú con helado de café casero. Su destreza es fascinante, tiene mecanizados todos los movimientos pero dentro de ese automatismo improvisa, matiza. El trabajo con las manos puede alcanzar una precisión diabólica y al mismo tiempo estar cargado de imaginación. Yo que soy tan torpón me lleno de admiración y envidia, sobre todo ahora, que estoy harto de tantas ideas.

Su relación con la trompeta es también maravillosa, ahora su música se siente ligera y alegre, llena de ritmo. Cada día tiene más técnica pero la pone al servicio de la sencillez, que sea difícil pero que no se note. Ya no queda casi nada del academicismo que tenía cuando le conocí ni del desgarro de sus piezas del 13 puntos. El 13 puntos… han pasado pocos meses pero ya casi parece otro tiempo, como todo lo intenso de la vida su recuerdo ha marcado tanto nuestros corazones que no parece real, como un sueño.

Lo que admiro de Michael es su capacidad para no pensar. En parte le tiene miedo, pero consigue evadirlo de forma limpia, creando, dejando pasar el tiempo arropado por el bosque. Estoy recibiendo lecciones muy importantes en este terreno. Creo que llevo toda mi vida buscando esos momentos de paz que da salirse de uno mismo, pero siempre los he buscado en el exceso, en pensar tanto, tantísimo, que al final se alcanza la catarsis por agotamiento. Me pasa con la pintura, reflexiono sobre ella, dando vueltas y más vueltas hasta que la agoto y no me queda otra cosa que hacer que acercarme al cuadro y disfrutar de la pincelada. Michael vive en otro universo, él de entrada se va a lo sencillo, a la música, a la cocina, a los medios donde el mensaje es menos concreto y menos evidente, al hacer.

En una de nuestras acampadas me desperté al alba mientras él aun dormía en la tienda, me hice un café y me senté en una piedra a tomarlo. Aunque ya está empezando la Primavera, aun hace un frío terrible y tuve que abrigarme con una manta. Allí, tomando mi café en medio del silencio, escuchando el ruido tranquilo de mis propios sorbos, me invadió una profunda sensación de plenitud, ajena a todo tiempo. Cualquier palabra que usase para describirla la ensuciaría, pero es fácil de entender, todos la hemos sentido alguna vez, la traen a veces las tormentas de verano o los viajes en tren, algunas sonrisas de complicidad o ver jugar a los niños en los parques. ¿Sabes Gatis? Creo que empiezo a estar bien y creo que ahora, y no antes, estoy aprovechando mi viaje para hacerme más listo.

El otro día volví a follar, no lo hacía desde que estuve con María y tenía ganas. Estaba en un parque pasando la mañana del martes (mi día libre), leyendo Juventud de Konrad (que es brutal), y apareció una madre con su niño de año y pico. Me quedé mirando al crío, era divertido. Aun le costaba andar y perseguía torpemente una pelota. Me encantan los niños pequeños, por los mismos motivos por los que le gustan a casi todo el mundo. La mujer tenía treinta y tantos, estaba delgada y era algo más alta que yo, con la piel muy blanca, el pelo muy negro, los ojos muy grandes y expresión ausente, como de pasmada. Se dio cuenta de que estaba observándoles pero no le dio importancia. En un momento dado el pequeño cogió la pelota con las dos manos y la tiró, llegó rodando hasta mis pies. Ella se acercó a mí y se disculpó, le pregunté como se llamaba el niño, hablamos de la edad que tenía y de sus primeras palabras, luego me preguntó por mí, le hablé de España… Todo muy convencional, pero agradable, nos caímos simpáticos. Cuando se fue a marchar me dijo que vivía cerca, que si quería acompañarla y ayudarla a subir el carrito me invitaría a algo de beber. Mientras caminábamos hacia la casa me puso ojitos de deseo. Al llegar dejamos al niño en el cuarto y en la cocina la besé antes de que me sirviese la limonada. Estuvimos todo el día haciendo el amor, no comimos, en los intervalos charlamos y estuvimos con el crío, lo hicimos con muchas ganas y muy bien, a veces agarrándonos fuerte y fijando el uno en el otro miradas perdidas, otras serenos, con sonrisas tranquilas. Al caer la tarde me pidió que me fuese porque iba a llegar su marido. Tenía la piel suave y llena de pecas.

Nunca había mantenido una relación sexual tan fugaz y ligera, supongo que todo esto de no pensar me está calando en cierta medida. Pero sólo en cierta medida, porque al día siguiente en el trabajo no podía parar de pensar en ella, en su manera de obrar tan sumamente silenciosa, en su forma de hablar tan suave, en su capacidad de hacer algo tan perverso con naturalidad. Dos días después apareció en el restaurante con su marido, con el carrito y con el niño, ella sabía que yo trabajaba allí porque se lo había dicho. Pensé que sólo quería ponerme nervioso, que se limitaría a retarme con la mirada, pero me saludó alegremente y le explicó a su esposo que habíamos estado hablando en el parque. La buena educación estadounidense es la mejor del mundo, distendida, cercana y cordial. A él no le sorprendió en absoluto que ella se mostrase tan entusiasta por la coincidencia. Charlamos un rato y les invité al postre. Todo el encuentro fue muy morboso, pero ni yo ni ella actuamos de forma extraña. Al día siguiente volvió por la mañana y me dejó una nota disculpándose por si me había causado alguna molestia apareciendo así, decía que casi no pasa tiempo a solas y que le apetecía verme y que era la única forma que tenía de hacerlo. Después se despedía: con amor, Cecilia (ella lo pronuncia “Sesilia”). No sé por qué, me sentí muy triste, sabía que no nos volveríamos a ver…

Y así sigue todo, tan raro como siempre. Escribir no escribo nada de nada. Leo algo, a Freud y a Conrad, pero sobre todo trabajo y voy al campo. El ambiente del restaurante me encanta y estoy deseando que Michael me de la oportunidad de empezar a ayudar a los cocineros. Cosas con las manos, cosas ricas o bonitas, bien hechas, el sonido mínimo del agua quieta cuando pica un pez. La música de la trompeta. A ver si consigo no pensar, no pensar en el por qué de las cosas, en como solventar la sensación de ausencia, no pensar en los amigos pasados, no pensar en María ni en ti, no pensar en la diferencia que hay entre la esperanza y lo que luego pasa, no pensar el silencio de su piel suave.

Un fuerte abrazo.
El Tejón.

3 comentarios:

h_sin_remedio dijo...

yes man. Me encanta, as usual.

Mark dijo...

Los giros que lleva esta historia me gustan, pues cada vez que piensas que le haz encontrado la forma, cambia, respetando su esencia.

Saludos

Pati Diphusa dijo...

Gatis me encanta