guiado por las apariencias

30/9/08

El horror.



Triunfos VIII y III del tarot de Kobe.

1

Sigo leyendo sobre el tarot. Hoy curioseando en Internet he encontrado una baraja que realizó un arquitecto esloveno llamado Boris Kobe, mientras estaba prisionero en el campo de concentración nazi de Dachau. Realmente no tiene desperdicio y merece la pena dedicarle un rato: prisioneros peleándose o golpeándose unos a otros, escenas de hecatombe, hombres famélicos forzados a desnudarse en público, cuerpos que se desploman rendidos por la enfermedad y el trabajo extenuante… Es un tarot completo con sus cuatro palos (las cartas de juego convencionales) y sus triunfos (las cartas adicionales que comúnmente se identifican con el tarot). Las correspondencias con el tarot tradicional (el tarot de Marsella) son confusas, pero las cartas sí mantienen el principio de la doble lectura aportado por Etteilla: los triunfos tienen un dibujo del derecho, su lectura positiva, y otro del revés, su lectura negativa. Lo curioso en este caso es que en ambas posiciones observamos siempre escenas de horror. Los matices más amables de las cartas al derecho son mínimos: por ejemplo, en el octavo triunfo del derecho, un cocinero le niega la comida a un prisionero, en el dibujo invertido el cocinero directamente golpea al preso.

Cuando llega el horror, se terminó la esperanza. La suerte y la voluntad juegan un papel nimio. No hay lección en el horror.

Según la Poética de Aristóteles una historia dramática (prácticamente cualquier historia contada por el hombre) se basa en la presentación de un personaje que tiene un objetivo y que realiza una serie de acciones para conseguirlo, terminando la narración con su éxito o su fracaso. En cuanto la épica más arcaica, basada en personajes interiormente estáticos, deja paso a personajes más complejos (presentes ya en los poemas homéricos), esas acciones desarrolladas no sólo conducen al protagonista de la trama a su objetivo, si no que además producen en él una transformación. Ulises envejece, Hamlet supera sus miedos, Don Quijote abandona el Mundo de las Ideas, Hans Castorp pasa a la acción… Tal vez la película que más lúcidamente plantea el problema del horror de la Solución Final (no me gusta llamarla "el Holocausto", porque no ha sido el único, ni el último), sea El Pianista de Roman Polanski. El viaje, la tremenda odisea, de su protagonista, empieza con él tocando el piano y termina exactamente de la misma manera. El pobre pianista realiza el más largo de los viajes para acabar exactamente en el mismo punto. Ha cumplido su gran objetivo: sobrevivir, pero no ha habido una evolución interior. La única lección que nos deja el horror es la esperanza de olvidarlo.


* * *


2

Hace unos meses mandé un correo a mis amigos, empezaba así:

Una vez, Ángel González preguntó en clase cual era la imagen del siglo XX. Yo no respondí (me daba vergüenza), pero pensé en la bomba atómica. En la bomba atómica confluyen los fascismos (es su golpe de gracia), el capitalismo (las tiraron los Estados Unidos) y el comunismo (se tiraron para amedrentar a los rusos). Además es masificación (de la muerte, en concreto), ciencia e industria; cosas muy propias del siglo. También es, y esto es fundamental, el acto publicitario más brutal de la Historia. ¿Por qué acto publicitario? Las bombas de Hiroshima y Nagasaki no se tiraron para acabar con los japoneses (era una nación ya derrotada y su capitulación hubiese sido tan sólo cuestión de meses), se tiraron para mandar un mensaje a Rusia y a todos: a partir de ahora mandan los Estados Unidos de América. Son una demostración de poder inútil a nivel estratégico y militar. Por eso tiraron dos, porque tenían dos tipos: la de explosión de Uranio 235 (Little Boy, Hiroshima) y la de implosión de Plutonio (Fat Man, Nagasaki); querían probar y enseñar las capacidades de los dos modelos: Un enorme espectáculo de luz y sonido, broche de oro a esa gran demostración del horror que fue la guerra del 39 (por parte de todos los bandos).


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3

Bien, según el ministro de finanzas alemán, la presente crisis económica augura el final de Estados Unidos como primera potencia financiera. Eso sí, pase lo que pase, el país norteamericano seguirá siendo, con mucho, la primera potencia militar del globo. No puedo evitar sentir miedo; mucho.

En el Mundo, gran cantidad de gente vive ya bajo el yugo del horror, aunque esa condición me atormenta, por puro egoísmo, me produce aun más angustia pensar que esa situación pueda expandirse y, sobre todo, atacar a los míos y a mí.

Por desgracia, a ciertos niveles no se puede escapar del horror. Nos rodea en la miseria que sustenta nuestra obsceno modo de vida y en el mal puro de los hombres capaces de cometer atrocidades.


* * *


4

El Mundo contemporáneo terminó de descubir el horror en 1888, gracias a Jack el Destripador (Goya lo había descubierto 89 años antes). Dios no existe y tampoco podemos confiar en la persona: existen hombres mucho peores que malos, hombres capaces del horror, no justificable ya por la existencia del Demonio. Luego llegaron las guerras mundiales. ¿Y ahora qué? Desde 1945 esa ha sido la gran pregunta de la Posmodernidad, una era que toca a su fin sin haber aportado ninguna conclusión clara.

Os traduzco la más famosa de las cartas enviadas por Jack a las autoridades. Va dirigida a Charles Lusk, presidente del Comité de Vigilancia del Distrito de Whitechapel en el momento en el que el asesino estuvo activo. Reproduzco las faltas de ortografía:


Desde el infierno:

Señor Lusk

Siñor.

Le mando la mitad del riño que tomé de una mujer lo guardé para usted lotro pedazo lo freí y comí y estaba muy fueno. Puede que le mande el tuchillo ensangrentado que lo sacó si tan sólo espera un poc más.

Firmado:

Cójame cuando pueda Sennor Lusk.


Desde el infierno.


* * *


5

Y para no resultar demasiado desasosegante me remito de nuevo a mi adorado Goya. Porque él supo ver el horror (estuve viendo la semana pasada los Desastres de la Guerra), al tiempo que nunca perdió su sensibilidad frente a la ternura. Horror y ternura: esas es la moral que yo entiendo, bien y mal son términos lejanos, lo que queda es horror y ternura. Y la risa, claro, la risa más allá de la esperanza, porque la risa crece en el terreno del vacío, del absurdo, del final. Porque el horror es la última broma, en la que sólo Dios, que no existe, y los desesperados, tienen estómago para hacer sonar sus carcajadas.

Siento haber sido tan inconexo.

Saludos.

El Tejón.

Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer



Manola. (Leocadia Zorrilla).






2 comentarios:

per ver tutto dijo...

Una buena recopilación de horrores.
A mi no me parece inconexa aunque soy más optimista, espero que los cambios mundiales lleguen sin guerra global.

nihil dijo...

tienes razón, q no se puede mantener nuestro modo obsceno de vida, entre la miseria y basura q generamos, resulta además insostenible, con el gigante chino (q uno nunca sabe si está durmiendo, viene o va, anda enfadado o cuánto más seguirá creciendo pacíficamente) y con la situación de áfrica, de donde quizás algún día empiecen a subir, hartos ya de masacrarse... me gusta eso del horror y la ternura, frente a esos conceptos manidos del bien y el mal, q no me resultan satisfactorios como explicación de nada o casi nada.